Fábrica de miseria – Por Damián Bil

 

damian bil image 79Efectos de la crisis y perspectivas en la industria argentina

El relato oficial sostiene que durante los últimos años volvimos a la senda de la industrialización. Según este, la contracción industrial en varios sectores sería una situación pasajera. Si quiere saber por qué todo eso es pura fantasía, si quiere entender hacia dónde va la industria, lea esta nota.

Por Damián Bil (OME-CEICS)

Luego del impasse provocado por la crisis de 2009 y un leve descen­so durante 2012, el año pasado los indicadores de la actividad manu­facturera parecieron recuperarse. La ilusión de una Argentina in­dustrial parecía reactivarse. Según el Gobierno, durante el período 2003-2013, la industria creció 6,8% anual y el empleo 5,4%. Se lograron récords en la producción y exportación de algunos productos industriales. Creció la inversión, la productividad y el valor agregado. El Ministerio de Industria asegura que, en proporción, creció más que en otros países de la región e in­cluso que las potencias mundiales. Además, se habría evitado la men­tada “reprimarización”, de la mano de la sustitución de importaciones y de la exportación de productos industriales.

No obstante, desde fines de 2013, este panorama de euforia decayó. Varios sectores comenzaron a mos­trar límites: se observa una caída en el empleo, manifestada en sus­pensiones como en la automotriz (donde ya superaron las 12.000) y crecientemente en despidos. Du­rante abril, se registraron 3.361 despidos en la economía argentina (frigoríficos, minería, madera, me­talúrgica, transporte, automotriz, construcción), un 80% más que el mismo mes del 2013.1 La patronal atribuye la baja de la actividad a las medidas políticas de principios de año, como la devaluación y el alza de las tasas de interés. No obstante, el estancamiento está dando cuen­ta de un fenómeno más profundo, enraizado en los límites históricos de la industria argentina. No es una crisis de tipo cambiaria ni un pro­blema vinculado a los vaivenes de la negociación de la deuda y a los gestos que hay que hacer para lo­grar un acuerdo con los acreedores. Al contrario, por el estancamiento de las exportaciones agrarias y al encontrarse en crisis la industria, escasean las divisas. Por eso, por un lado, es necesario devaluar para bajar los salarios; y por el otro, el Gobierno busca endeudarse para subsidiar a la industria ineficiente que se reproduce en el país.2

El panorama

Varias actividades se contrajeron. El despacho cementero cayó un 4,3% en mayo último, en relación al mismo mes de 2013. En siderur­gia, subió la producción de hierro primario y acero crudo, pero los la­minados se retrajeron: la variación interanual fue de 3,2% para los en caliente, y de 13,2% para los en frío. La industria papelera también decreció en 2013, en un 1,62% y la química lo hizo en 2,9%.

A nivel de las ramas vinculadas con el consumo masivo, la indus­tria textil también sufrió el embate, acumulando una caída entre ene­ro-abril de este año del orden del 3,4%. Las exportaciones cayeron el 10,3% en relación al mismo pe­ríodo del año previo.3 La molienda de trigo cayó un 18% en 2013, y la producción de harina un 13%. La farmacéutica también se contrajo, en un 2,3% durante el primer cua­trimestre del año.

El caso de la automotriz es el más resonante, el que tomó conoci­miento público dado el papel que se le había asignado al sector. A nivel del mercado, hasta mayo de 2014, se patentó un 22,74% menos que en el mismo lapso de 2013, siendo la caída más fuerte desde marzo. La producción cayó en la misma proporción, mientras que la venta a concesionarios lo hizo en casi 41%. La exportación disminuyó 24,3%. Esto es importante, ya que más de la mitad de la producción se expor­ta, en su casi totalidad a Brasil.4

El problema de las exportaciones industriales es clave. El kirchneris­mo se vanagloria de que aumentó la participación de las exportacio­nes industriales a niveles récords. Pero esto muestra límites: durante el período enero-mayo de 2014 las ventas externas de MOI (manufac­turas de origen industrial) cayeron un 12%, lideradas por los sectores otrora más dinámicos en este ru­bro. La dinámica de exportaciones se sostuvo por las de origen agro­pecuario (MOA) que aumenta­ron 9%. Este escenario aun no se manifestó en déficit en la balanza comercial debido a que también ca­yeron las importaciones, sobre todo de vehículos y de piezas y acceso­rios para bienes de capital.5 Pero sí se reflejó en una caída del superávit comercial, que fue 40% menor al del mismo período del año previo. Este punto, en el contexto de la cri­sis y de los intentos desesperados de la administración por contener la salida de dólares, suma un dolor de cabeza más al kirchnerismo.

En este escenario, la burguesía pre­tende medidas para recomponer la actividad. Al reclamo de topes sala­riales, se le agrega la exigencia para bajar las tasas de interés, políticas de fomento del mercado interno y, sobre todo, de exportaciones. Es decir, las mismas medidas que his­tóricamente sostuvieron la acumu­lación de estos capitales en el país y que mostraron su inutilidad a lo largo del tiempo.

El cuento de la buena pipa

El Gobierno asegura que la Ar­gentina se reubicó en la senda productiva, como en el período de la llamada “Industrialización por Sustitución de Importaciones”. No obstante, nada nuevo surgió en estos años. La economía redujo su tamaño relativo en relación con el mercado mundial. La participa­ción argentina en el mercado de las MOI apenas alcanzó el 0,26% en 2012, una participación inferior a la del año 1997. Tampoco revirtió su retraso en términos de escala. Ejemplo de ello es la situación de la automotriz: una sola planta de Toyota en Thailandia o en Japón produce más vehículos que todo el sector automotriz argentino (que cuenta con 11 firmas). El merca­do automotriz argentino es 20 ve­ces menor al norteamericano, un quinto del brasileño, la mitad del coreano, y un 84% del mexicano. La productividad es otra cuenta que continuó deteriorándose: entre 2001 y 2013, la productividad de la industria automotriz argentina se incrementó de 16,5 a 23,2 vehí­culos por obrero. Pese a ello, quedó por detrás de la brasileña (de 21,4 a 27,3) y sobre todo de la norteame­ricana (48,3 a 75).

En cuanto a la matriz exportadora no se constatan grandes modifi­caciones en relación al comporta­miento tradicional de las exporta­ciones argentinas. Por un lado, las consideradas MOI son deficita­rias a lo largo de la historia, sobre todo en esta última década: de un promedio de déficit de 11.185 mi­llones de dólares anuales para los ’90, la balanza de las manufactu­ras industriales alcanzó el prome­dio de 19.000 millones de dólares de déficit anual entre 2003-2012. El superávit comercial, que viene mermando, se sostiene como a lo largo de toda la historia en base a la exportación primaria y de manu­facturas de origen agropecuario. Al revisar los diez productos de mayor exportación durante los cinco pri­meros meses de 2014, se confirma esta situación: seis son primarias o derivadas (harina y “pellets” de soja, porotos del mismo grano y acei­te de soja en bruto; maíz, cebada y trigo duro) con 33,9% del valor exportado en el período; tres son de la minería (aceite crudo de pe­tróleo, oro y mineral de cobre), con 7,23% del valor; y solo una partida corresponde a las MOI: vehículos, con 9,8% del valor total exporta­do. Si bien es cierto que ocupan el segundo lugar, no indica ninguna inserción de peso, sino que básica­mente consiste en ventas al merca­do brasileño gracias a los convenios automotrices del Mercosur.

La crisis industrial no es más que la expresión de la crisis general y de la imposibilidad del capitalis­mo argentino para sostener capi­tales ineficientes. Esto ya estaba preanunciado en los indicadores de rentabilidad. Hasta 2007-08, la tasa de ganancia se mantuvo en ni­veles elevados. Pero a partir de ese momento, desciende hasta 2010 y luego experimenta una recupe­ración muy lenta, sin volver a los niveles previos a 2008.6 Luego de 2008, mientras la renta de la tie­rra fue elevada, alcanzó para sub­sidiar a la industria. No obstante, ese respirador parece quedarse sin energía: las exportaciones primarias durante 2013 se estancaron; y du­rante los primeros cinco meses de 2014 cayeron un 34% en relación al mismo período del año previo, lo que plantea una merma en el ingreso de renta. A eso se le suma el problema de la caída del precio internacional de la soja, la mayor en cuatro años. Por ese fenómeno, los granos aun no liquidados podrían perder entre 625 y 1.000 millones de dólares de valor, afectando los ingresos por retenciones.7 De ahí la desesperación del gobierno por arreglar con los acreedores interna­cionales, situación que se compleji­zó a partir del fallo sobre los fondos buitres. No se trata de un problema de “honrar las deudas”, sino que lo que busca la Argentina es arreglar para volver a pedir, para subsidiar a los capitales ineficientes, de baja competitividad que acumulan en el mercado interno.

En eso consiste el ciclo de la indus­tria en el país: cuando hay rique­za disponible, en forma de renta o deuda, los indicadores crecen y presentan la apariencia de que se superarán las trabas históricas. En el momento de crisis, la realidad pasa factura y muestra el verdadero carácter de la industria local. La so­lución no es relanzar el capitalismo local con deuda que capitalizarán los burgueses para reproducir ca­pitales chatarra, a costa del ajuste interno y la consiguiente miseria de los trabajadores y del despilfarro de la riqueza por ellos creada. La única medida económica viable es concentrar los medios productivos en manos de un estado obrero a ni­vel continental, con la capacidad de reorganizar la producción de forma eficiente y a gran escala.

Notas

La Nación, 13/05/2014. http:// goo.gl/1ARvNc

2 Kornblihtt, Juan: “Esto recién em­pieza”, en El Aromo n° 77, 2014.

3 En base a Fundación ProTejer.

4 En base a ADEFA.

Intercambio Comercial Argentino, INDEC, junio de 2014.

6 En base a cálculos propios a partir de Memorias y Balances de empre­sas seleccionadas, y Coatz, Dragún y Sarabia: “Rentabilidad de la in­dustria argentina a 12 años de la crisis de convertibilidad: mitos y realidades”, en Boletín Techint 343, abril de 2014.

7 La Nación, 10/07/2014, http:// goo.gl/VyuNBY; La Capital (Ro­sario), 11/07/2014, http://goo.gl/ gwq8Co; Infobae, 11/07/2014; http://goo.gl/bpL7F7.

 

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *