Entre Cristina y Moyano. El contenido de la campaña electoral del FIT – Guido Lissandrello

Hoy el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) se encuentra celebrando lo que no es más que un nuevo fracaso electoral. Sus militantes y dirigentes han ensayado las más diversas comparaciones para sostener esta caracterización triunfalista. Pero todo oculta muy mal un cuadro completamente desalentador que está a los ojos de quien quiera verlo. El “casi” millón de votos cosechado ha puesto sobre la mesa que el frente se estancó y sigue sin superar la que fue su mejor elección, las legislativas del 2013. Sin embargo, para calibrar por completo el balance es necesario hacer un examen cualitativo del voto. ¿A qué electorado se apeló? ¿Qué se le ofreció? Y, en definitiva, ¿qué representan esos votos cosechados? Dar respuesta a estos interrogantes requiere analizar la orientación y el contenido que el FIT le imprimió a su campaña. Veamos.

 Guido Lissandrello

Grupo de Investigación de la Izquierda Argentina-CEICS


 

Un objetivo reformista…

 

Lo primero que corresponde clarificar es el objetivo que el FIT se dio en estas elecciones. Los revolucionarios no le escapamos al terreno electoral de la lucha, sino que, por el contrario, aprovechamos esa coyuntura breve en la cual la población está pensando de una u otra manera quien dirige el país, para desplegar una importante disputa por la conciencia, mediante la agitación de las ideas del Socialismo. La conquista de escaños, como resultado de esto, constituye un beneficio importante y real, puesto que permite levantar una verdadera tribuna pública para el desarrollo de las ideas revolucionarias en el parlamento. Naturalmente, esto último siempre está subordinado a lo primero.

El FIT, sin embargo, invirtió el orden de las tareas, dándole centralidad al mantenimiento y la ampliación de sus bancas. Explícitamente su campaña estuvo orientada a pedir un voto para tener nuevos diputados. En el debate electoral televisivo organizado por el kirchnerista Roberto Navarro, Del Caño señaló:

 

“Nosotros cuando pedimos el voto somos muy claros. Multiplicar al Frente de Izquierda en el Congreso ¿qué permitiría? Por ejemplo, que cuando están estas movilizaciones se multiplicaría su visibilización. O pensemos la represión en Pepsico. [Con] veinte, treinta diputados ¿Sería tan fácil reprimir a los trabajadores? Por supuesto que no sería igual. Entonces nosotros planteamos multiplicar al Frente de Izquierda.”

 

Podría sospecharse que esto fue un exabrupto del compañero, que ya demostró recurrentemente su impericia para las intervenciones públicas. Sin embargo, Pitrola, que estaba a su lado, no lo corrigió. En varios spots televisivos se insiste en señalar que “necesitamos diputados de los trabajadores y la izquierda, para defender el salario, los puestos de trabajo y todos nuestros derechos”[1] o se menciona como una de las “10 razones para votar al FIT” que “dentro de la izquierda el Frente de Izquierda es el que está más cerca de conquistar un Diputado Nacional”.[2]

De modo que, al igual que con su campaña en 2011 de “Un milagro para Altamira”, el FIT fue a mendigar votos para tener más diputados. Pero, más peligroso aún, lo hizo alentando la idea de que el ajuste se frena con la disputa parlamentaria y no con la acción directa. Una evidente concesión al reformismo…

 

… con consignas consecuentes

 

Veamos ahora el contenido concreto de la campaña. Existieron dos consignas que le dieron una orientación general y estructuraron la batalla electoral del FIT. Por un lado, la que esbozó el PO: “En defensa de los trabajadores, siempre”. Consigna que pronto fue adaptada a la política de la identidad del PTS para terminar siendo lanzada como “En defensa de los trabajadores, los jóvenes y la juventud”. No se trata solo de que sea una fórmula abiertamente defensiva, carente de cualquier contenido socialista, sino que incluso pierde toda referencia de clase en favor de representaciones genéricas. No es lo mismo denunciar la opresión de género que defender a las “mujeres”, puesto que sin la evidente delimitación de clase engloba también a las represoras y ajustadoras Cristina y Vidal, o a la militante antiabortista Cynthia Hotton… Lo mismo ocurre con los jóvenes, pues con ese criterio genérico estamos en defensa de los “niños bien” de la Franja Morada, el movimiento juvenil más importante numéricamente hablando desde el retorno de la democracia. Y los “trabajadores” en lugar de la “clase obrera”, perfectamente pode incluir gente que “trabaja”, como patrones, y dejar fuera a los desocupados.

Por su parte, el PTS privilegió la consigna “Nuestras vidas valen más que sus ganancias”. Una formulación marketinera y más cercana al humanismo de Silo que al socialismo. Otra vez, el contenido de clase aparece ausente. ¿Quién es el nosotros y quién es el ellos? No casualmente en los spots aparece acompañada de otra consigna “Que la crisis la paguen ellos”. Es decir, se ha suprimido la referencia a “los capitalistas” que siempre acompañó a esa consigna ya histórica. Nobleza obliga, algunos spots especifican que “ellos” se refiere a los “ricos”, los “grandes empresarios”, los “políticos de siempre” o “tradicionales”, los “poderosos”… Lo que demuestra que efectivamente busca ocultarse la terminología clasista.

La cuestión central es que estas consignas no están vinculadas a una agitación por el Socialismo, una campaña que muestre la posibilidad de una vida completamente distinta, sobre la base de una nueva sociedad. El intento de volverlas más concretas defendiendo una “jornada de trabajo de 5 días, 6 horas, sin afectar el salario” con la cual los jóvenes puedan estudiar y trabajar, aunque es una saludable recuperación del histórico reparto de horas de trabajo, no deja de inscribirse dentro de los marcos del capitalismo. Podrá decirse que se trata de una consigna transicional, pero carece de sentido si no se explicita hacia dónde es esa transición. Lo que hay que explicar es efectivamente cómo la sociedad puede ser sostenida sobre una base diferente que la de la ganancia capitalista.

Detrás de estas formulaciones marketineras, el FIT siguió insistiendo con sus ya tradicionales reivindicaciones sindicaleras. Acompañando la denuncia del ajuste en curso y el énfasis en el “estar” junto a los trabajadores (¿estar para qué?), sus spots y volantes hicieron hincapié en la derogación del impuesto al salario, un salario igual a la canasta básica, jubilaciones de $15.000 pesos, anulación de los tarifazos, becas formativas para la juventud, impuestos a las “grandes fortunas”, entre otras.[3] Todas ellas consignas propias de un reformismo muy poco osado, a las que incluso un burócrata peronista podría suscribir tranquilamente (e incluso con cierta vergüenza). Ello acompañado de una peligrosa denuncia a la “desindustrialización” haciendo énfasis en los “monopolios financieros, industriales y comerciales”[4], las “multinacionales” y la entrega de los recursos nacionales.[5] Un conjunto de reivindicaciones que abren la puerta a la defensa de los intereses de los pequeños patrones nacionales y que, junto con las demandas sindicales, no tienen mucho que envidiarle al voto “en defensa propia” de Unidad Ciudadana y de los personajes que se pasearon por el escenario de Cristina…

 

Bajo la dirección de Cristina

 

Hasta aquí hemos visto el contenido explícito de la campaña, lo que los spots, materiales escritos y los candidatos han dicho. Pero hay un elemento más para incorporar: las acciones concretas, que también hacen al programa que se defiende. Más allá de las consignas y el intento de delimitarse del kirchnerismo señalando que este le votó las leyes del ajuste a Macri y que, por ende, el FIT es la única “oposición consecuente al ajuste”, lo cierto es que el frente, con sus acciones, tendió a mimetizarse con Cristina.

En efecto, se trata de una tendencia que se comenzó a observar, al menos, desde 2015 momento en que el frente quedó bajo la dirección del PTS. Pero este año se manifestó con toda crudeza. Por un lado, y con la sola excepción de Pepsico, en los conflictos sindicales primó el comportamiento “responsable” que condujo a “portarse bien”. Conicet, AGR, AGD, son claras muestras de ese comportamiento que privilegió la imagen por sobre la acción directa. En este punto, la mayor responsabilidad le corresponde al PO, sencillamente por ser la fuerza que mayores posiciones alcanzó en el movimiento obrero.

Más allá de ello, hubo tres hechos que mostraron con claridad la subordinación al kirchnerismo: la marcha contra el 2×1, el affaire De Vido y, más recientemente, las marchas por la aparición con vida de Santiago Maldonado. En todos ellos, la izquierda se colocó a la rastra de Cristina, le lavó la cara a toda su runfla de ladrones, corruptos y asesinos de obreros, y terminó por darle aire a un grupo de ex funcionarios ya extintos. Con el caso 2×1, el FIT validó los “logros” en DDHH del kirchnerismo, con De Vido protegió a sus elementos más corruptos, y con Maldonado se calló los más de 40 muertos de Cristina. Todo para no perder simpatías electorales. Como en los primeros dos casos, el macrismo se metió en el bolsillo al kirchnerismo, la izquierda corrió la misma suerte. Como en las elecciones, Macri se cargó a Cristina, y también hizo lo mismo con el FIT.

 

Para esto…

 

En resumidas cuentas, el FIT montó su campaña electoral abjurando del socialismo, abandonando un discurso clasista, agitando consignas que en el mejor de los casos son sindicaleras y, en la mayoría, simplemente marketineras, y se colocó bajo la dirección de Cristina, marchando con Milani. ¿Qué logró con ello en términos de votos? Un 3,7%. Nada. Absolutamente nada. Los kirchneristas duros votaron a su Jefa y no a una copia que se presenta como más “seria” o “consecuente”. Los que estaban en crisis, votaron a alguna variante burguesa que se mostrara diferente. El conjunto de la clase obrera, por su parte, salió a repudiar a Cristina, que en su debacle arrastró a la izquierda que había atado su suerte a la de ella.

¿Y que se perdió? Mucho, demasiado. Por empezar, la independencia política que se le regaló al kirchnerismo para colaborar en su reconstrucción. Después, la posibilidad de constituir un canal de expresión de aquellos que repudiaban tanto a Cristina como a Macri. Y para terminar, una vez más, se abandonó la agitación del socialismo, se desperdició un momento clave para explicarle a las masas con claridad quienes somos y qué queremos. Finalmente ese magro 3,7% no dice absolutamente nada. Es una ínfima parte, el equivalente a un error estadístico, que votó a una izquierda que habla de “estar” con las “mujeres y la juventud”. Y a eso se arrastró a lo más avanzado de los militantes, activistas y luchadores obreros del país. Es momento de hacer un balance de la experiencia del FIT, dar un paso al frente y construir un partido revolucionario.

Notas

[1]https://youtu.be/_E-rPps6CTo

[2]https://goo.gl/dmVNHj

[3]https://goo.gl/q6qZG1

[4]Ídem.

[5]https://goo.gl/46ctMy

1 respuesta

  1. mariano dice:

    Coincido con el anàlisis . Efectivamente, el enfoque reformista del FIT tiene como objetivo cosechar màs votos, cosa que por ahora no logrò. Pero aunque lo lograra, y consiguieran 20 diputados como quiere Del Caño, sin una clara perspectiva socialista y de clase no tiene mucha utilidad. Evidentemente el FIT tiene màs miedo de despegarse de Cristina que de sacar una cantidad de votos irrelevante otra vez.

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