Editorial: Sin plan – Romina De Luca

Bulrich“Consideramos que hemos llegado a una situación límite y debemos tomar decisiones e implementarlas”. Esas fueron las palabras del ministro Bullrich al lanzar el Plan Maestro el 24 de abril pasado. Los 108 compromisos o metas dirigidos a alumnos y docentes permitirían resolver todos los males del sistema educativo. Un plan maestro: seis dimensiones estratégicas y 18 áreas de acción prioritarias. Según el gobierno, “ambicioso pero factible”. El proyecto se encuentra hoy en la legislatura y cuenta con un portal (dificilísimo de encontrar) para involucrar a la comunidad en su “debate”.

Nada nuevo bajo el sol. En primer lugar, el proyecto resalta la continuidad con la política educativa del gobierno anterior y explicita tomar sus fundamentos de la Ley Nacional de Educación (LEN). Por eso, el gobierno señala que se trata de “metas” donde la autoridad y responsabilidad de definir los contenidos recae sobre las autoridades jurisdiccionales. Un plan que no alterará, entonces, la fragmentación del sistema. Las líneas prioritarias enfatizan la escolaridad obligatoria de la sala de 3 años, garantizar se cumpla la del secundario y de los niños con discapacidad u ‘originarios’. En materia de “innovación y calidad” se busca aumentar el tiempo de estudios y mejorar los resultados de forma medible. La carrera docente no está ajena del Plan y se fija como prioridad una reforma integral de la formación (inicial y continua) y mejorar las condiciones de trabajo. Todo el paquete iría acompañado de más infraestructura escolar y tecnológica. Además, se fortalecería la articulación de la escuela con el mundo del trabajo. Veamos.

Hoy menos del 40% de los alumnos concurren a sala de tres dada la completa ausencia de infraestructura. De los que sí concurren, 1 de cada 3 lo hace en una institución no reconocida oficialmente. Por eso, la estrategia del gobierno anterior y la de este fue promover y apoyar la gestión social comunitaria reconocida incluso por la LEN. La promesa de construir 3000 salas es eso, una promesa. Mientras tanto, cualquier cosa es declarada un “jardín” en post de ¿cumplir? la obligatoriedad. Va de suyo que la prórroga hasta el 2019 del Plan Fines tiene la misma funcionalidad para garantizar la obligatoriedad del secundario porque, convenio mediante, cualquier espacio de la sociedad “civil” se convierte en una escuela: ONG’s, iglesias, comedores, clubes, sindicatos, sedes partidarias. Dada esta “articulación”, no extraña entonces que, en la agenda del ministro Bullrich, esté la introducción masiva de la enseñanza religiosa en las escuelas. Quienes dicen defender una escuela de calidad y científica nos retrotraen a las tinieblas del Evangelio. No se trata de la iniciativa de un buen católico, como rápidamente se indicó. Todo el sistema está prendido sobre las alfileres de la “para-estatalizacion”. Planean extender la jornada y el tiempo de estudios, pero lo hacen sobre la base de tiempo “no escolar”. El colapso y la falta de escuelas convierten en una quimera el pensar en una “jornada completa”. El sistema encuentra sus mecanismos de engaño: la jornada ampliada o extendida centrada en talleres extra-escolares a realizarse en cualquier espacio de la “sociedad civil”. En ese esquema, la Iglesia es un actor más. Va de suyo que, en el mismo sentido, la “articulación” con las empresas vía pasantías y prácticas profesionalizantes para la escuela técnica se inscribe en la misma tendencia. Todo ello sin considerar, las amplias filas de la población que no ingresan en la escuela primaria, el más de 500.000 niños que circulan por la escuela gracias a la promoción acompañada o asistida sin aprender a leer y la mejora de los indicadores del secundario vía titulación exprés del Plan Fines 2.

Renglón aparte merece el capítulo sobre formación docente. En este mismo número mostramos las iniciativas “reales” que se vienen implementando. Un paquete que solo incrementará la carga de trabajo docente. Prometen extender las pruebas Aprender al nivel superior, improntas que desconocen completamente la realidad de los futuros docentes. Indicadores generales muestran que más del 40% trabaja, su mayoría en empleos obreros (y en negro) con una carga laboral superior a las 30hs semanales. Mueve a risa que hablen de las condiciones de trabajo docentes en un contexto en el que nuestro salario es el verdadero convidado de piedra. En la mayor parte del país, los salarios están congelados desde octubre de 2016 y con dos cargos el docente apenas accede a una canasta de pobreza. Dicen que trabajamos 4hs, deberían leer los Censos Docentes…

Cierto. Estamos frente a una situación límite. La sociedad argentina no da para más y la educación se hunde y degrada con ella. El problema no es nuevo, tiene décadas gestándose. Compañero es hora de dar un paso al frente. Tenemos que organizarnos para salir del letargo y del atolladero. Hay que construir la herramienta política que nos garantice esa nueva vida llamada socialismo.

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