Editorial: Los que realmente sobran

logo-hojaPara los trabajadores enero no es un mes de descanso. En el mejor de los casos, el sueldo alcanza para escaparse unos días a la costa. Quien no tiene ese “privilegio”, debe contentarse con los chimentos televisivos de aquellos que en Mar del Plata o en Villa Carlos Paz se llenan de plata haciendo nada. Sea como fuere los que nos gobiernan aprovechan ese único momento que tenemos de distracción, para hacer pasar las medidas más impopulares.

Este año, fue el turno de la nueva ley de ART, nuevos convenios colectivos, aumento de tarifas, etc. Y reapareció lo que vimos el año pasado: los despidos. Los casos de Conicet y el Ministerio de Educación son una muestra de la estrategia de Macri: desalojar el Estado para achicar el “gasto público”. No le resulta muy difícil hacerlo, como el empleo público creció bajo modalidades precarias desde hace varios años, sencillamente con no firmar un contrato de renovación basta para dejar a miles en la calle.

Pero los despidos también se dieron en el ámbito privado, como lo mostraron los casos de Bangho y la gráfica AGR-Clarín. Esa es la otra parte de la estrategia de Mauricio y la que muestra que en realidad no es más que una utopía. La burguesía argentina es completamente ineficiente, produce a costos altos y en pequeña escala. Es decir, es chica y cara. Por eso mismo el sector privado no puede recuperar los puestos que se pierden en el público, que es lo que pretende Macri.

Para los que nos gobiernan, en definitiva, sobramos. ¿Pero es esto realmente cierto? A nadie se le escapa que hay muchísimas tareas por realizar: casas que construir, escuelas y hospitales que arreglar, faltan docentes, médicos y un largo etcétera. Y a esto se le suma un hecho evidente: si hay compañeros que trabajan y otros que no, no hay nada más racional que dividir las horas de trabajo. Pero claro, todo esto parece imposible en una sociedad que se basa en la ganancia, que obtienen unos pocos a costa de la energía, la salud y el cuerpo de la gran mayoría. Por eso ya es hora de que tomemos en nuestras manos las fábricas, los campos, todo lo que nosotros producimos y nos saquemos de encima a aquellos que realmente sobran, los que no hacen nada y se creen dueños de todo. Concentrando en nuestras manos todas esas riquezas que creamos podremos poner en pie una sociedad verdaderamente humana, que nos garantice a todos no solo nuestra reproducción biológica sino también el disfrute de la cultura y del ocio.

Eso que se llama socialismo.

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