Conceptos básicos… El Estado

logo-conceptos-b__sicosHace unos números, explicamos cuál era la relación clave de la sociedad capitalista: aquella que vinculaba a capitalistas (explotadores, burgueses, propietarios de medios para producir) y obreros (explotados, dueños de fuerza de trabajo). Dijimos entonces que lo normal en este tipo de sociedad era necesariamente la desigualdad, la cual se iría profundizando cada vez más. Ahora bien, eso no era todo. Algo más hay. Sencillamente porque toda sociedad de clases como ésta necesita del apoyo de “algo” para garantizar que las cosas funcionen así. Ese “algo” es el Estado.

Normalmente, desde chicos nos enseñan que el Estado es comparable a un árbitro neutral, que regula imparcialmente las relaciones entre los ciudadanos. También nos dicen que el Estado es de todos. O de nadie, que es lo mismo. La fuente del poder del Estado sería además la Constitución, la cual nos regalaría una serie de derechos, garantías y obligaciones a ser ejercidos responsablemente por todos los ciudadanos, sin distinción de clase, género o “color”. El Estado así aparece para ordenar una sociedad, que sin él, sería puro caos.

Esta idea que a todos nos suena muy familiar, merece cuestionada tan solo observando algunos hechos. ¿Quién mató a cuarenta ciudadanos argentinos aquel 19 y 20 de diciembre de 2001? El Estado, que por medio de su policía y de la sanción de un estado de sitio, iba a negarle a los trabajadores el derecho de levantarse contra un ajuste brutal sobre sus condiciones de vida. ¿Y quién tiene procesados a miles de trabajadores que acorralados por las necesidades de vida protestan en una calle, en un acampe o tomando una fábrica? El Estado que, a través de su justicia, defiende a capa y espada la propiedad de los explotadores e inventa causas para que fomentar que no se proteste. ¿Y cómo es posible que exista el narcotráfico y la trata, a la vista de cualquier hijo de vecino? Con la complicidad del Estado, sin lugar a dudas, que hace la vista gorda participando en la corruptela. Seguramente cualquiera de nosotros tendrá ejemplos similares para aportar, señal de que quizás estemos ante la norma y no la excepción.

La realidad es que el Estado no es neutro ni es de todos. El Estado es un aparato de dominación de clase, en este caso, de la burguesía. Por eso decimos que es un Estado “capitalista”. Es un poder concentrado que necesita la burguesía para mantener el funcionamiento normal de esta misma sociedad desigual. ¿Dónde está y cómo se presenta? En sus instituciones: la policía, los ministerios, la justicia, el derecho, entre muchas otras. ¿Y quién lo dirige y administra? El gobierno, con el presidente a la cabeza.

Ahora bien, el Estado dice que hay algo que no se puede tocar: la propiedad privada. Claro que la idea de un “derecho a la propiedad privada” se levanta sobre una ficción: que todos accedemos a ella por igual. Pero mientras la mayoría sólo accede a lo elemental para vivir –y muchas veces, ni eso-, una minoría concentra lo necesario para producir y vivir del trabajo del otro. Y por eso, se enriquece. Y cada día más. Así, el derecho a la propiedad privada en realidad es el derecho a que muchos no tengan nada y otros acaparen todo. Al Estado eso le parece bien. Es más: si a algún trasnochado se le ocurre cuestionarlo, que se atenga a las consecuencias. Porque ahí va a estar el Estado, sin tener en cuenta los intereses de vida de la mayoría.

Pero como muchos imaginarán, el Estado no es solo represión. La posibilidad de reprimir va a depender de la correlación de fuerzas que los capitalistas tengan con los obreros. Si los obreros cuestionan fuertemente el sistema haciéndolo peligrar, la burguesía puede apelar a soluciones más extremas y violentas. Pero en otras ocasiones -que no son pocas-, puede apelar a soluciones de consenso. Porque el Estado es capaz de contener y cumplir con algunos reclamos obreros, siempre y cuando éstos no cuestionen la base de la sociedad capitalista. Todo sea con tal de normalizar su funcionamiento.

Así no es raro, por ejemplo, que en la Constitución también figuren artículos sobre los derechos laborales. No es rara la jubilación, la obra social, el derecho de huelga, el seguro de desempleo, entre otros, al menos para una cantidad importante de obreros. Pero eso sí, algo tiene que quedar claro: eso es el resultado de una lucha histórica de los trabajadores. Imagínese si un obrero inglés del 1800 iba a tener vacaciones pagas… No. La burguesía tuvo que ceder a lo largo de los siglos y el Estado se vio obligado a tomar como válidos algunos de esos reclamos.

Como se ve, el Estado es clave para que funcionen así las cosas. Si no se piensa en luchar por el poder del Estado, los trabajadores difícilmente puedan dar vuelta la página.

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