Las migajas de Macri

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clase-obreraDesde que Macri asumió la presidencia ha mantenido una clara continuidad con el gobierno antecesor. Uno de los elementos más significativos ha sido el aumento del asistencialismo. La utilidad que le da el macrismo es la misma que le dio el kirchnerismo en su momento: se presenta como un mecanismo para mantener relativamente controlada a una clase obrera ubicada bajo la línea de pobreza (ya sea por desempleo o por salarios bajos) que desde el 2001 ha mantenido una correlación de fuerzas pareja con la burguesía. Es decir, una clase con un alto grado de movilización y fuerza.

Siguiendo esta lógica, junto a organizaciones piqueteras (Pastoral Social, la CTEP, CCC y Barrios de Pie) se fue  armando el proyecto de Ley de Emergencia Social. A principios de diciembre, Diputados le otorgó media sanción, con el voto de todos representantes políticos de la burguesía (kirchneristas, massistas, macristas). Para su aprobación en el Senado, el gobierno se sentó a negociar con las organizaciones piqueteras. De allí salió un acuerdo firmado que compromete al gobierno a ciertas concesiones a cambio de la paz social.

La ley en cuestión, instruye al Ministerio de Desarrollo Social a crear un millón de nuevos puestos de trabajo, bajo el denominado Programa Solidario de Ingreso Social con Trabajo. Es decir, plantea la creación de más cooperativas de trabajo, las cuales someten a los trabajadores a salarios de miseria. Se evita plantear el pase a planta permanente de los trabajadores en cooperativas, largamente precarizados desde la creación de los planes sociales kirchneristas.

Por otro lado, acordaron un aguinaldo que va a los planes sociales de 2.000 pesos, una suba del 47% en los planes sociales, un aumento de urgencia del 15% para la AUH y la posibilidad de creación de una obra social. A su vez, negociaron un aumento mísero: ahora, los trabajadores de “Argentina Trabaja”, “Ellas Hacen” y “Trabajo Autogestionado” van a cobrar 4.000 pesos y un pago adicional de 2.030. El acta de acuerdo también estableció un aumento del 40% de las partidas destinadas a Comederos Comunitarios y del 63% para a Merenderos Comunitarios y la distribución de un millón de canastas navideñas. En el acuerdo entre las organizaciones y el gobierno también se decidió reasignar hasta 30.000 millones de pesos de otras partidas, en los próximos 3 años para las organizaciones firmantes, con el fin de cumplir los objetivos previstos.

A cambio de todos estos “logros”, las organizaciones se comprometieron a no realizar ninguna medida de lucha. En efecto, en el acta firmada, se garantiza la paz social hasta que finalice la emergencia, es decir, hasta que termine el gobierno de Macri. Las organizaciones, se abstendrán de realizar cualquier tipo de manifestación sea cual fuere su naturaleza. Es decir, a cambio de miseria para los desocupados, aceptan la extorsión del Gobierno y le firman la paz social.

El kirchnerismo en sus años de gobierno intentó instalar la idea de que los planes sociales debían tener contraprestación laboral. Idea que el macrismo comparte. En realidad esto implica un retroceso en las conquistas del movimiento piquetero. Antes del kirchnerismo, este había impuesto el pago de un subsidio sin ningún tipo de contraprestación. Con la llegada de Kirchner, con esta idea de “salir de los planes sociales”, se les exigió a los beneficiarios que trabajen. De esta forma, se crearon una serie de programas sociales a los cuales los desocupados tenían que ingresar formando parte de una cooperativa. Estas cooperativas se encargaban de realizar trabajos, fundamentalmente, en dependencias estatales. Los cooperativistas recibían (y reciben hoy) un pago muy inferior a lo que reciben los trabajadores de planta permanente que realizan el mismo trabajo y no cuentan con ningún derecho laboral. Incluso pueden realizar otros trabajos, como la construcción de viviendas, en peores condiciones y con salarios más bajos que los que rigen por convenio para la actividad. El Estado ahorra plata por la vía de precarizarlos. La nueva Ley de Emergencia Social, plantea una continuidad con aquellos planes kirchneristas: tener mano de obra barata a su disposición y repartir migajas para contener a la población más pauperizada.

Los planes sociales y la aprobación de esta ley implican un sinceramiento. El capitalismo no puede dar trabajo a todos. La pobreza cero y la creación masiva de puestos de trabajo no pasaron de ser promesas de campaña producto de los sueños desarrollistas del macrismo. Entonces, aquel subsidio al desocupado que se le había arrancado al Estado en el inicio del movimiento piquetero, se transformó en decenas de programas estatales y de trabajadores baratos. Con este acuerdo de paz social por migajas, las principales organizaciones piqueteras se postulan como garantes de la miseria de millones de trabajadores.

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