Aromo 100 – Editorial: Vigencia del Socialismo

Ricardo Maldonado

Editor responsable


El año pasado se cumplieron 100 años de la Revolución Rusa. En este se cumplirán 200 del nacimiento de Carlos Marx. Con este número del Aromo llegamos al centenar de ediciones y a 16 años de permanencia ininterrumpida en las calles. Datos indudables, pero que nos obligan a preguntarnos ¿adónde apuntan estás efemérides, estas contabilidades?

Dos siglos atrás nacía el hombre que trabajó incansablemente para dotar al movimiento obrero de un programa elaborado con un método científico, ese método que tiene por función permitir atrapar lo móvil de la vida social con el pensamiento, y poner al pensamiento al servicio de la transformación social. Un siglo atrás otros hombres, en la senda de aquel, lograron que ese programa se hiciera con el poder para protagonizar la más grande revolución y la más estruendosa transformación social que haya presenciado la humanidad. Esa revolución internacionalista no era el fin sino el comienzo, el preludio de la revolución internacional que acabará con el capitalismo en el mundo. Único modo realista de evitar que el capitalismo acabe con el planeta y la vida humana en él.

Hoy nuestra persistencia es solo la señal de otra persistencia; la de las necesidades señaladas hace dos siglos y de las perspectivas de victoria instauradas un siglo atrás. Esto es así porque se mantienen, ampliadas, las miserias provocadas por el capital. Persisten las dinámicas sociales percibidas en germen en Europa más de un siglo atrás y hoy campeando en el mundo. Persiste la polarización cada vez mayor entre la riqueza y la concentración de la clase de los explotadores poseedores del capital y el aumento del número y de la miseria de los que viven de su trabajo, o no tienen medio alguno de vida. Persiste la anarquía económica, la crisis periódica y el derroche. Y persiste, la necesidad hoy más imperiosa que ayer, que hace cien años, que hace 200 años, de abatir una organización social que denigra la vida humana.

Si las razones que hacen necesaria la existencia de una fuerza social revolucionaria persisten, estos números indican la decisión de perseverar hasta acabar con ellas, de construir esa fuerza con un programa adecuado, científicamente adecuado.

Muchos cuentan los años con el método del carbono 14, midiendo la pérdida de capacidad radiactiva de aquello que estuvo vivo pero desde un tiempo remoto no lo está más. Algunos miden el tiempo con nostalgia tanguera, miran el pasado pensando en volver a tenerlo. “Si cuando me acuerdo me pongo a llorar” lamentan. No somos de esa estirpe. No persistimos para ser campeones morales. Lo hacemos para que un programa llegue a los trabajadores, nosotros contamos los años y las ediciones con la tozudez del presidiario que sólo le interesa restar los días faltantes para su liberación. Sí, estamos atrapados en la cárcel de las relaciones del capital, pero no para siempre.

Queda por hacer lo mismo y más. Hay muchos periódicos. Lo que dicen, con sutiles matices sólo accesibles a especialistas, se parecen mucho. Explicar sus diferencias es tarea ardua y para entendidos. Pero no le dicen a los trabajadores lo que hay que decir. No hablan de socialismo, no batallan por una conciencia que está, a todas luces, buscando hacia dónde dirigirse.

Exhibimos con orgullo nuestro número 100. No para festejar lo que ha pasado en estos 16 años, sino para reafirmar, delimitar, repetir e insistir en lo que queda por hacer. Como estas páginas exponen, a lo largo de años hemos desarrollado un programa que es necesario llevar adelante, el programa para la transformación socialista de la Argentina. Estos años fueron años de maduración, estos números fueron de consolidación y solidez. Hoy estamos llegando a un centenar de ediciones para lanzar un llamado, una convocatoria.

Nuestras páginas, hoy y en los números anteriores, repiten un mismo y convencido planteo: el capitalismo en Argentina y en el mundo no ofrece salida a los trabajadores, estos deben tomar la sociedad en sus manos y organizarla para el beneficio general.

Repetimos que el estado no es una construcción neutra en beneficio de todos sino el órgano de dominación de nuestros enemigos. Afirmamos que no luchamos por una pobreza digna, un salario igual a la canasta familiar, ni ninguna migaja burguesa sino por la abolición de la explotación en una nueva sociedad.

La educación se cae a pedazos, no se escapa del marco del estado sino que se escapa de las condiciones dignas de aprendizaje. No es la privatización el problema, sino la degradación.

La población rural es desplazada y no encuentra lugar en las ciudades ya atestadas de desocupados, peligros y miseria. A los trabajadores rurales sin trabajo, empobrecidos y escindidos de su identidad de clase se les propone separarse de su carácter de trabajadores para abonar una conciencia étnica sin futuro

La mujer trabajadora sufre la opresión machista y patriarcal sumada a la explotación patronal. Cada año, centenares de mujeres, sobre todo las más pobres, mueren por femicidios, cada año centenares de mujeres mueren por abortos clandestinos, cada año más mujeres mueren.

Los sectores más débiles de la burguesía nos proponen acompañarlos en su caída o defenderles sus intereses, nos proponen la liberación nacional. El nacionalismo se propone como una unidad contra nuestros enemigos, cuando el nacionalismo es, en verdad, la bandera de nuestros enemigos.

La cultura se detiene en formas que aborrecen de su contenido en una defensa del individualismo, la abstracción y el formalismo. El arte por el arte o la dependencia estatal, no son opuestos sino complementarios. Un arte sin revolución es un arte con las trompas ligadas.

Los grandes grupos acusan de ineficaces a los menos grandes, estos últimos denuncian a los más potentes por su rapacidad, todos ellos sólo ven en los trabajadores una ubre que no da leche para todos y a la que hay que exprimir con mano firme.

El peronismo es un obstáculo absoluto no un intento frustrado por la impericia de los dirigentes. Es y siempre fue un obstáculo y una desgracia.

Los acontecimientos cotidianos nos obligan a persistir: las ofensivas sistemáticas del gobierno para lograr hacer de este país un espacio donde los capitalistas puedan recomponer su tasa de acumulación de ganancias es una necesidad del sistema capitalista y no una decisión propia de su maldad. El apoyo del peronismo a todas sus políticas en los primeros dos años le permitió gobernar tranquilo a pesar de la minoría legislativa. Rodeado de la calidez en el trato de los gordos de la CGT y de la amabilidad de los gobernadores peronistas. Apoyado también en la chequera que con íntimo dolor le entregó CFK y que le sirve a Macri para armar el mismo sistema de miseria y contención a través de planes miserables.

La izquierda disipa su esfuerzo entre la eterna expectativa por un peronismo que no termina de ser lo que ella espera que sea, y una sobreactuación cuando percibe que la dejan sola. Con esa timorata actitud, la izquierda se lastra a sí misma.

La Iglesia apuesta sus fichas (su inserción en los espacios más empobrecidos) a ser el polo de reagrupamiento del descontento (su trabajado papel de policía bueno) y coquetea con Moyano en el intento del camionero de no morder la banquina que ya hizo volcar a varios en Comodoro Py. Esta derruida calesita de los mismos personajes que giran y mientras tanto suben y bajan es el concierto de la política burguesa.

Los cien números indican el paso del tiempo. El tiempo señala lo caduco, lo permanente y lo vigente. Caduca la idea de salvar algo de unos dirigentes que sólo están dispuestos a ofrecer más miseria y degradación, permanecen los efectos y la descomposición de esta organización social basada en la ganancia y se hace más vigente la necesidad de construir una organización política que lleve adelante la batalla por la conciencia socialista.

Finalmente es necesaria nuestra existencia porque alguien debe escribir, debe decir, decirle a los compañeros, siempre, en actos eleccionarios o en luchas sindicales, en debates académicos o pintando un mural, en el aula o en el taller, alguien debe decir la bella palabra que inflamó a millones. Y justifica nuestra existencia la intención que vuelva a hacerlo. Es la barbarie o el socialismo, no hay otra salida para la humanidad que el socialismo.

1 respuesta

  1. mariano dice:

    El escenario actual en Argentina con un peronismo fragmentado, un kirchnerismo en retirada y un gobierno que sigue dia a dia empobreciendo a los trabajadores sería una excelente oportunidad para la izquierda. Lamentablemente los partidos que conforman el FIT no saben como aprovecharla. Su límite es la lucha a nivel sindical y un progresismo moderado; más alla de ese límite no saben como ir ni quieren hacerlo. Ese enfoque puede ser util para mantener sus posiciones, pero no para buscar el Socialismo.
    En cuanto al Aromo, los felicito por los 100 números editados. Como señalé en varias oportunidades, uno puede coincidir mas o menos con sus conclusiones pero no puede negarse la seriedad del trabajo de investigación que realizan, que sigue siendo tan necesario ahora como cuando arrancaron hace 16 años. Pero ese conocimiento que uds crean va a tener que ser puesto en práctica por uds mismos, ya que ningún partido actual está dispuesto a utilizarlo.

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