Editorial – Una paritaria de contenidos

en El Correo Docente 21

Romina de Luca
Conti-Santoro


El ciclo de la paritaria parece llegar a su fin con el acuerdo firmado en la provincia de Buenos Aires. Ello no implica que no existen conflictos aun latentes: Chaco, Santa Cruz, por mencionar dos. En otras provincias, se cerró por decreto o se acordó declarando lo convenido insuficiente. No queremos en esta oportunidad dedicarnos a ello. En estas páginas señalamos la necesidad de recomposición histórica del salario; hemos mostrado la degradación del mismo a lo largo de 110 años; explicamos el contenido de la canasta familiar y mostramos cómo no es más que un indicador de pobreza; expusimos la insuficiencia de la consigna “salario igual a la canasta familiar” y dijimos que hay que pelear por un salario testigo equivalente, a por lo menos, dos canastas familiares (como regía en la década del ’30); revelamos que la carrera detrás de la inflación es una persecución imposible.   

Pero hoy queremos detenernos en otro punto: la paritaria de contenidos o pedagógica. La Escuela 2030 avanza a toda marcha. Las provincias presentan sus planes de adecuación, modifican los regímenes académicos para los distintos niveles. Ellos nos hablan de capacidades prioritarias, lanzan el Aprender Matemática, Aprender Conectados, el Proyecto Escolar de Aprendizajes Prioritarios, lanzan un Bachillerato en Robótica y Programación y la Tecnicatura en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, se “suben” a la ola y promueven el programa Mujeres Programadoras. Nos hablan de talentos y lanzan la Agencia Nacional de Talentos, promueven competencias socioemocionales y competencias transversales y nos hablan de educar por proyectos, de respetar trayectorias, de la diversidad. Algunos son simplemente nuevos nombres para viejas recetas. Otros, tal vez busquen dar respuesta a las demandas de algunos empresarios que se quejan por la falta de competencias técnicas para cubrir ciertos empleos; valga de ejemplo la preocupación por la robótica. Hace tiempo piden que el Estado resuelva “su” necesidad de formación focalizada. Para la mayoría, habilidades blandas: adaptabilidad, flexibilidad, capacitar para la incertidumbre y el rebusque (emprendedurismo). Mientras el gobierno lanza un paquete completo, nos habla de la crisis educativa y propone recetas, proyectos y formación flexible nuestro sector se ciñe en la parálisis. Quienes tienen la iniciativa hoy, a pesar de lo que digan, no son capaces de resolver la crisis constitutiva de la sociedad capitalista en descomposición y su expresión escolar. Apenas gestionan la crisis. ¿Y nosotros? No podemos seguir apelando al infantilismo. El conjunto de la docencia aguarda una intervención seria, a la altura de las circunstancias. Para eso, hay que abandonar las fórmulas vacías. Caracterizar a las reformas como “antieducativas” y rechazarlas no nos dice nada del contenido que nosotros queremos imprimirle a la educación de los trabajadores. Vuelve a ser válido aquello que dijimos en algún momento. Llegó el momento de preguntarnos ¿cómo vamos a recomponer generaciones sumergidas en el analfabetismo funcional? ¿Cómo vamos a superar la fragmentación? ¿Vamos a defender una escuela polivalente o una formación universal? ¿Local o nacional? Empecemos a imaginar ahora una escuela de transición, porque está claro que la actual no da para más. Nuestros enemigos de clase lo advierten. Somos los docentes, como trabajadores intelectuales los que debemos pensar el contenido de una escuela científica, laica, feminista y socialista. Una vez más: Congreso Educativo Nacional para debatir y proponer. De una vez por todas hay que batallar por una paritaria de contenidos. Ellos tienen los suyos ¿y nosotros?

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