El Racingazo. El espejo de una coyuntura de la lucha de clases

en El Aromo n° 17

 

 

Sebastián Cominiello

 

 

Dentro del estudio del proceso de veinte años que culminó con el Argentinazo, la crisis que vivió el Racing Club de Avellaneda, entre 1998 y 1999, bien puede considerarse un espejo de la situación nacional e ilustrar acerca del clima de época. En el marco de nuestra investigación sobre los escraches, apareció este hecho, cuya significación sólo puede entenderse en el marco de la coyuntura en la que se produjo, al mismo tiempo que revela las características que la distinguieron.

A principios de 1998 la situación económica del club era catastrófica: a la fecha, tenía un pasivo de $60.000.000 (en ese momento, dólares), resultado de los malos manejos de anteriores conducciones (Destéfano y Otero). Con Daniel Lalín como presidente electo de la entidad, durante el transcurso de los meses de enero a abril se produce la presentación del pedido de quiebra de la Asociación Civil Racing Club, contando con la oposición de la mayoría de la asamblea de representantes y de la comisión directiva. Sin embargo, este pedido de quiebra es aceptada el 14 de julio de ese año por el titular del Juzgado Civil y Comercial nº 16 de La Plata, el Juez Enrique Gorostegui, que designa como síndico a la contadora Ripoll. Al día siguiente renuncian 6 miembros de la comisión directiva, dando comienzo a una crisis política sin fin. La síndico a cargo, realiza un informe para que el juez determine si se procede a liquidar la institución (el remate de todos sus bienes y su consecuente desaparición) o si puede continuar y afrontar la deuda. El 7 de noviembre de 1998 la contadora informa que la deuda disminuyó a $32.000.000 y que los otros 30 millones pasaron a revisión. El 14 de diciembre de ese año se cumple el límite para resolver la quiebra, pero el juez Gorostegui lo extiende hasta el 1 de febrero del año siguiente para investigar la actuación de los tres últimos gobiernos del club. El período se caracterizó por las continuas peleas entre la síndico y el presidente residual Lalín, la síndico y los jugadores y diferentes intentos de salvar club de la crisis, todos ellos fracasados. Uno de los más importantes acreedores del club es el mismo Lalín, con una cifra de $6.304.464, lo que agrega sospechas de corruptela generalizada.

El 10 de febrero, con varios días de retraso se le dio curso a la apelación del ex síndico concursal, Francisco Pérez Díaz, que el año anterior, como acreedor, había solicitado la liquidación de la entidad para cobrar sus honorarios. El expediente pasó a la Cámara de Apelaciones que a su vez pidió un informe a Ripoll para determinar la continuidad del club o no. La crisis iba llegando a su punto más agudo. El jueves 4 de marzo de 1999, la Cámara de Apelaciones de La Plata decidió la liquidación de Racing Club, con el consecuente cese de actividades. A las 18 horas, al conocerse la determinación de la Cámara, unos 3000 hinchas fueron a manifestar a la puerta de la sede en Avenida Mitre al 900, exigiendo respuestas sobre la situación del club al presidente Lalín, cantando y cortando la calle. Alrededor de las 22 horas llegó Lalín para explicar la situación. Mientras hablaba se lo silbaba e insultaba hasta que recibió en la cabeza un redoblante que le hizo estallar los anteojos, hiriéndolo en la cara. Al mismo tiempo se escuchó una explosión y todo se transformó en revuelta. La gente quería entrar en la sede y la policía reprimió. Los manifestantes retrocedieron, siempre cantando en contra de Lalín y la comisión directiva. Un hincha le comentó a un periodista “Y que no aparezca ningún dirigente por acá porque…”. Casi un “que se vayan todos”. Más tarde marcharon hacia el estadio de fútbol del club. Había comenzado la etapa de movilización autónoma de las bases: ante la inoperancia de la dirigencia y el vacío institucional, los socios comunes y corrientes adquirían un protagonismo inesperado.

El viernes 5 continúan las protestas. A las 18:30 horas unos 200 hinchas comenzaron la marcha desde la sede de Av. Mitre hasta la AFA, en Viamonte 1366. Para cuando terminaron de cruzar el puente Pueyrredón la cantidad de manifestantes se duplicó. Siempre escoltados por la policía, se desparramaron a lo largo de la avenida Bernardo de Irigoyen. Cuando llegaron a la sede de la AFA, había unos 3.000 manifestantes. Se cantaron insultos a Julio Grondona, hubo unos 50 minutos de batucada y poco después se marchó hacia el Obelisco, donde se decidió concentrar en Plaza de Mayo el sábado a las 16 horas. Ese día se reunieron en la plaza cerca de 1.000 hinchas para protestar ante la Casa Rosada y entregar en mesa de entradas un petitorio al Presidente Menem, pidiendo que intercediera en favor de la institución. Luego hicieron una marcha por el Obelisco, las oficinas de Lalín, pasando frente a la Legislatura de Buenos Aires y nuevamente al Obelisco. A esa altura ya eran unos 1.500 manifestantes. Cuando llegaron al Obelisco, cerrando la jornada, izaron una bandera de Racing y “El Tano”, uno de los reconocidos hinchas del club, pronunció un discurso. Comunicó cuáles serían los próximos pasos a seguir: el lunes, otra marcha al Congreso para presenciar el encuentro entre Humberto Roggero (PJ) y los diputados hinchas de Racing; el martes, otra vez en la AFA, para la reunión del Comité Ejecutivo. Y para concluir dijo: “Les vamos a romper las b… hasta que juegue Racing”. Todo un plan de lucha.

Lo más llamativo se produjo el domingo. Veinte mil hinchas se reunieron en el estadio a las 17 horas, horario en que tenía que tener lugar el encuentro con Talleres. Las principales agrupaciones de hinchas (Los Racing Stones, La Barra del 95 y La Guardia Imperial) y sus dirigentes, manejaron los tiempos de la concentración, llamaron a una marcha para el lunes a la tarde e impusieron un abrazo simbólico a la cancha. Toda una asamblea de bases.

El lunes 8 el foco de la crisis se trasladó, por la mañana, a la Casa Rosada. Allí, reunidos con Ruckauf estuvieron varios jugadores, el técnico Gustavo Costas y los dirigentes Luis Buchner y Eduardo De María. No tardaron en ponerse en marcha los mecanismos políticos para que se transformara en ley la declaración de interés histórico nacional a la sede central de Racing y a su estadio. Al atardecer, en el Congreso un grupo de hinchas aguardaba en la puerta, cuando se produjo el encuentro entre Ruckauf y otros legisladores con jugadores del plantel y los citados dirigentes.

El martes, la Cámara de Apelaciones de la Provincia de Buenos Aires emitió una resolución aclaratoria de su fallo liquidatorio del jueves 4 de marzo, en donde explicó que no se ordenó el cese de actividades de la entidad y por lo tanto que Racing podía comenzar a jugar el campeonato. Instantáneamente se reunieron hinchas frente a la sede a festejar, pero los integrantes de La Guardia Imperial repartieron volantes con la consigna “…llamamos a todos los hinchas a atender en el futuro, de manera rigurosa, la gestión de los dirigentes del club…”. La crisis había terminado, pero la movilización había comenzado a generar conciencia.

No puede negarse que la suerte de Racing dependió en buena medida de sus hinchas, que apelaron a todas las formas de acción que poblaban las calles argentinas por ese entonces: corte de calles, manifestaciones, asambleas, marchas, enfrentamiento con la policía, amenazas a la  dirigencia, escraches. Casi un compendio de los métodos piqueteros. Métodos que efectivamente dieron resultado. ¿Fueron concientes los hinchas de que estaban apelando a la acción directa? ¿Que estaban imitando a las organizaciones piqueteras que comenzaban a surgir por todo el país? No tiene importancia. Lo supieran o no, ese método estaba en la calle, comenzaba a imponerse como la única metodología ganadora. Una conciencia que no haría sino crecer en los meses siguientes, demostrando que no era el resultado de la confabulación de punteros duhaldistas, como se dijo luego para explicar la caída de De la Rúa, sino la conclusión lógica de una experiencia real de lucha de las masas, que estaba en el ambiente y que aplicaban todos los que querían obtener un resultado.

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