Se dice de mi… – Gustavo Guevara

Se dice de mí…

Gustavo Guevara

El Dr. en Historia y docente de la Universidad Nacional de Rosario y de la UBA, durante la presentación del número 14 de Razón y Revolución en Rosario, setiembre de 2005.

La intervención de Eduardo Sartelli me había disparado algunos tópicos que quería retomar desde una perspectiva distinta, porque él es el director de RyR y yo soy un lector que ha seguido toda la trayectoria. […] En primer lugar, a mí me parece que hay algunas cosas que no deberían pasar livianamente. Hoy, el sentido de la mesa era Razón y hacer un balance de 10 años de Revolución y de 14 números de la revista.

Yo aclaro que toda la relación que tengo con Razón y Revolución es como lector de la revista y después he tenido algunos alumnos que se han identificado con ella, por ahí pasa todo mi contacto. Pero yendo al tema específico de la revista, me parece que 10 años y 14 números en principio no es poco. Puedo dar un ejemplo local para contrastarlo: la Escuela de Historia [de la Universidad Nacional de Rosario] edita un anuario, estamos hablando del respaldo institucional que existe hacia las revistas que son de origen académico. Desde el retorno de la democracia con suerte han aparecido unos diez números. Entonces, si revistas académicas con respaldo institucional y evaluadores internacionales y todas esas cosas, trabajosamente consiguen editar 10 números, aquí, en la mitad de tiempo estamos en 14… Aunque parezca una cuestión meramente cuantitativa, yo no la dejaría pasar inadvertida. […] El otro punto importante, es que cuando Eduardo Sartelli dice que en 1995 Razón y Revolución arranca como una revista estudiantil, me parece que ahí también hay que poner el énfasis, porque yo estoy convencido -y creo que en este sentido se podrían brindar toda una serie de ejemplos- que si la universidad argentina tuvo y tiene un espacio de crítica en la sociedad, se debe justamente a la dinámica que ha tenido el movimiento estudiantil en la historia de este país. […] Y entonces me parece que existiría la obligación de la comunidad de los historia- dores de decir: “hagamos un balance: acá hay una revista que, a diferencia de otras revistas, supuestamente más académicas, ha producido con continuidad, con seriedad, con solidez. Qué balance podemos hacer. Qué podemos decir, qué rescatamos y qué criticamos”. Pero, lo peor que podemos hacer -me parece- es la conspiración de silencio. Ignorar, decir “no existe Razón y Revolución” y seguir funcionando como si nada. […] En este sentido, me parece que el otro aporte que hace la revista es decir “vamos a discutir seriamente, poniendo las cosas por escrito”. El hecho de que las cosas se pongan por escrito permite darle otra entidad a la discusión. […] Diría que una cosa que me parece a rescatar de la trayectoria de la revista tiene que ver con esta pedagogía de la pregunta. La idea de instalar una pregunta y que esa pregunta ayude a cuestionar un sentido común y a deconstruir lo que aparece en la atmósfera como aceptado y digerido. A mí me quedó muy grabada una expresión, que siempre uso, en una reseña que había hecho Eduardo de un trabajo que habla de la evolución. Ahí aparece la discusión si la cebra era una especie de burros negros con rayas blancas o burros blancos con rayas negras. Es decir, me parece que problematizar ciertas cosas se convierte en disruptivo cuando hay un orden que tiende a legitimar toda una serie de presupuestos. Donde todo se resuelve con el simple expediente de: “ya sabemos que en la Argentina hay pobreza, dediquémonos a otra cosa y punto”. No, el problema es que discutamos por qué en un país donde se exporta alimentos tenemos gente que se muere de hambre. Si esos temas no los asumimos como un eje de discusión, podemos seguir funcionando en el pensamiento único. Podemos discutir sobre Trotsky y Lenin pero no asumimos los problemas reales, que son los que hay que asumir. En ese sentido, digo, a lo mejor es afortunado o no hablar de descomposi- ción del sistema social [se refiere al dossier de Razón y Revolución n° 14, “¿Adiós a la Argentina? Nacimiento, desarrollo y descomposición de un sistema social”]. Pero lo que no podemos dejar de hacer es discutir cómo caracterizamos a la situación actual. Y una situación que se va agravando cada vez más. Entonces, en este sentido “¿Adiós a la Argentina?” me parece que ayuda a instalar la idea de la historicidad que tiene la Argentina como sociedad capitalista. No me parece que resuelva todos los problemas, pero instala una discusión que es sin duda muy importante. […] En todo este camino recorrido debe haber muchas cosas más para señalar, pero también me parece que hay determinada coherencia que hay que destacar…

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