Radiografía de la Resistencia Iraquí

Po Mauricio Fau
Grupo de Coyuntura Política – CEICS

Las noticias que nos llegan desde Irak, teñidas por la imagen dibujada por el imperialismo, nos hablan de un país donde predomina el desierto y la población se encuentra en aldeas rurales, viviendo una vida campesina y arcaica. La visión que pregonan sobre la Resistencia es que se trata de unos pocos suicidas, organizados en guerrillas traídas desde Siria y partidarios de Saddam Hussein. En todos los casos, fanáticos religiosos cuyas acciones se circunscriben al terrorismo en un área restringida. Una mirada un poco más profunda mostrará que estos prejuicios no coinciden con la realidad. Irak tiene 26 millones de habitantes, el 70 % en las ciudades. El 60% es relevada como chiíta, entre los que se encuentra la mayoría de los trabajadores y desposeídos, en el sur del país; el 20% es catalogado como sunnita, en cuyo seno se encuentra a las clases dominantes, en la zona centro, el 17%, al norte del país, es kurdo. Su concentración urbana se explica porque Irak tiene no sólo grandes centros petroleros, sino también la industria del calzado más grande de Medio Oriente y una de las más importantes producciones de aceites vegetales. Irak, además, es depositario de una fuerte tradición política laica, en torno al Partido Baath y ha albergado a un Partido Comunista cuyo tamaño rivalizó con el partido de Sadam. Irak no se diferencia, entonces, de cualquier país “moderno” del Tercer Mundo, ni de varios de los que integran la Comunidad Europea o el ALCA. No está muy lejos de, por ejemplo, la Argentina.
Área de acción y bajas producidas
Según voceros de la Coalición, la Resistencia se limita al centro del país, al llamado “Triángulo Sunnita” formado por tres ciudades al oeste de Bagdad: Faluya, Ramadí y Tikrit. Faluya es el símbolo de la Resistencia que le ha impuesto el toque de queda a las fuerzas invasoras. En la Capital, las manifestaciones de cesantes, de jóvenes -sunnitas y chiítas- y las acciones militares y de sabotaje son constantes y crecientes. Baquba, al norte de Bagdad, está bajo total control de la resistencia. En el sur, las acciones armadas son menos numerosas, pero todos los días hay alguna acción armada en Suyukh, Al Kaba (cerca de Nasiriya), Hillah, y Basora histórico centro obrero y petrolero-.
En los últimos meses han crecido enormemente las operaciones en la zona kurda, al norte del país, particularmente en Mosul -la segunda ciudad más poblada del país-, Abugreb y Hawijah, cerca de Kirkuk -junto a Mosul, las regiones petroleras del noreste-. Mientras que EE.UU. tuvo 115 bajas reconocidas entre el 20 de marzo y el 1º de mayo de 2003 período de la guerra oficial-, las víctimas ascienden a 275 desde entonces y hasta el 11 de marzo de 2004.
Las organizaciones, su número y sus métodos
En cuanto a su cantidad, según dirigentes de la Resistencia, a los 200 mil hombres armados de la Coalición, se enfrentan entre 60 y 100 mil milicianos. Un informe de la CIA reconocía que la resistencia iraquí estaba ganando apoyo popular y efectivos, hasta alcanzar los 50.000, además de incrementar su eficacia (The Guardian, 13-11-03). Se debe tener en cuenta que desde el quiebre de la cadena de mandos del Ejército iraquí hay 400 mil soldados que han sido licenciados sin paga, y que conservan sus armas.
El partido Baath- la organización política que dirigía Saddam Hussein- es una de las principales fuerzas de la resistencia, pero no la única. La Alianza Patriótica Iraquí o Alianza Nacional  Iraquí (ANI), es una coalición de organizaciones políticas de la “oposición leal y nacionalista” iraquí, que, aunque históricamente opositora al régimen de Saddam, priorizó la lucha contra la ocupación. Integran la Alianza Patriótica Iraquí la Corriente de izquierda del Partido Árabe Socialista Baath, grupo fundador y pilar de la resistencia, cuya cabeza, Abd-al-Jabbar al-Kubaysi, es ex dirigente de la rama siria del Baath (opuesta a la iraquí) y presidente de la API; el Movimiento Socialista Árabe, naserista; el “árabe nacionalista, laico y progresista” Partido de la Unidad Socialista; el Partido Obrero Árabe (o Partido del Trabajo
Árabe), “nacionalista árabe y marxista”; el
 Ejército Islámico Kurdo; el Partido Kurdo por la Paz; el Partido Comunista de Irak-Corriente Patriótica; el Grupo del Acuerdo Democrático (ex Baath); el Partido Verde y el Partido de la Justicia y la Reforma. Fuera de la API están la saddamista Resistencia y Liberación integrada por Fuerzas Armadas, las Brigadas al-Faruq (del ex viceprimer ministro iraquí Taha Yasin Ramadán) y la Organización NaseristaGrupo Liberación (Omar Nadmi y Subí Abdul Hamid); el Comité Islámico (CI), sunnita, y el Partido Comunista de Irak-Cuadro Avanzado. El Ejército al-Ansar al-Islam, el Ejército Ansar al Sunna (pequeños grupos en el Kurdistán), y el Movimiento Armado Islámico en Faluya, estarían vinculados a al-Qaeda. Prácticamente todas las organizaciones están armadas, aunque las Brigadas Armadas al-Anbar, declararon una tregua el 16 de julio de 2003 (diario Az-Zaman). Luego de la invasión, con el despido de miles de empleados públicos, el desempleo trepó a 4 millones de personas (7 millones según el Sindicato de Desempleados), el 60 % de la población activa. Esto llevó en mayo de 2003 a la formación de la Unión de Desocupados (UUI), a partir de la iniciativa de 20 desocupados del Partido Comunista de los Trabajadores de Irak. Aunque la Ocupación aplica a rajatabla la ley sindical impuesta por Saddam, que prohibe la organización gremial, la Federación Obrera Iraquí de Sindicatos (IFTU) celebró una convención en Bagdad en Junio de 2003, en la cual se establecieron sindicatos en 12 industrias (algodón, cuero, panaderos, muebles, salud, petróleo, etc.). Como vemos la resistencia no se limita al Baath y Al-Qaeda, sino que abarca casi todo el espectro ideológico. Asimismo se destaca la participación de organizaciones obreras, que tienen su lugar ganado en la trinchera. Según un informe de inteligencia en manos de la CIA, los más numerosos son el grupo armado por el ex Viceprimer Ministro Ramadán, Brigadas al Faruq-Resistencia y Liberación, que contaría con unos 40 mil hombres (Free Arab Voice, 1-5-03), igual que el chiíta Ejército del Mesías del Partido de la Virtud Islámica, del clérigo Muqtada al-Sadr. Otro grupo saddamista, Frente Nacional Iraquí de Fedaiyines, tenía -antes de la guerra- al menos 18 mil combatientes (al-Arabiya). La Alianza Patriótica no da números, pero es probable que reúna entre 10 y 30 mil combatientes. Según Newsweek, las Vanguardias Armadas del 2º Ejército de Mahoma, formado por ex saddamistas y simpatizantes de Hamas, tendría 5 mil milicianos en Ramadi, Tikrit y Bagdad. Además, Colin Powell consideró la presencia en Irak de entre algunos cientos y 2 mil combatientes de países vecinos. La Ocupación tiene detenidos a unos 15 mil sospechosos de ser combatientes. La mayoría del resto de las organizaciones armadas son poco numerosas. En cuanto a los métodos de lucha: se llevan a cabo entre 3 y 70 ataques militares diarios en todo el país, que nos da un cálculo aproximado de entre 6 y 15 mil acciones desde el 1º de Mayo, fecha oficial en que Bush declaró el fin de la guerra. Las acciones son cada vez más coordinadas: muchas tienen las características de operaciones militares. Los objetivos de las acciones son variados: infraestructuras neurálgicas para la exportación del crudo iraquí al mercado internacional, gaseoductos y oleoductos (como la voladura del oleoducto Kirkuk-Ceyhan, el más grande de Irak), militares (como el ataque a convoyes estadounidenses), asesinato de colaboracionistas (los ayatolas Abdel Majid Al Khoi y Baker Al Hakim, éste con 100 muertos), instituciones y funcionarios en la “zona verde” de máxima seguridad de Bagdad, (donde están la CIA y las autoridades de la Coalición y el Consejo Gubernativo, el Hotel Palestine), atentados a la Embajada de Jordania y a las Sedes de la ONU y de la Cruz Roja en Bagdad, ejecución del agregado militar de España, entre las más importantes. El 31 de octubre de 2003, la Resistencia, encabezada por baasistas y la API, proclamó tres días de huelga y de resistencia al ocupante en la capital, mediante el boca a boca y volantes clandestinos. Al día siguiente, Bagdad estaba paralizada. Un mes antes, se había declarado la huelga general en Faluya. El clérigo chiíta Muqtada as-Sadr amenazó con una huelga general si las fuerzas de ocupación no liberan a los miembros de su milicia -Ejército del imán al- Mahdi-. Decenas de militantes y los dirigentes de a UUI, Kacem Madi (presidente) y Adil Salih, fueron varias veces encarcelados por hacer acampes en la puerta del Consejo de Gobierno contra la ocupación y la privatización de empresas, y en reclamo de trabajo o un subsidio de al menos 100 dólares al desocupado. En las refinerías, como en la mayoría de las fábricas, aquellos que aún trabajan lo hacen en turnos de 11 y 13 horas. Los trabajadores de al- Daura ganan u$s 60 al mes, no llevan zapatos, anteojos, máscaras ni ningún equipo de protección. La IFTU ayudó a que los trabajadores de la refinería organizaran un sindicato y eligieran sus líderes. En Basora, ciudad portuaria del sur, los trabajadores han formado un Consejo Central de Trabajo y han realizado manifestaciones. También eligieron comités en la planta de la Industria Estatal de la Piel y en la empresa de aceites vegetales Mamoun, entre otras.
Conclusiones y perspectivas
La guerra no ha terminado sino que se ha profundizado. La resistencia iraquí es un producto genuino de la lucha de clases que se está desarrollando en Medio Oriente. Es numerosa, no se restringe a organizaciones religiosas ni a sadamistas y agrupa organizaciones de izquierda. La clase obrera tiene una creciente participación. Si bien predomina la acción armada puntual, también aparecen las acciones de masas propias de la clase obrera, como la huelga general, el boicot y el piquete. Se destaca el componente obrero que desafía a la Ocupación, de forma heroica, en acciones abiertas. Tanto la fracción ocupada como la fracción desocupada se han convertido en verdaderos “piqueteros”. Sus exigencias gremiales se transformarán, indefectiblemente, en reivindicaciones políticas. A pesar de su número, la resistencia aún no ha logrado unificarse en torno a un programa. Hasta el momento predominan las organizaciones
nacionalistas que reivindican la conciliación de clases. La clase obrera iraquí tiene ya la experiencia de haber apoyado ese tipo de programas en el pasado, con los resultados trágicos que conocemos. Sin embargo, del fracaso probable de la resistencia burguesa a la ocupación imperialista, puede ir abriéndose paso una alternativa obrera. En próximos números de
El
Aromo
ampliaremos este punto

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