Pigna y la (mala) educación – Romina De Luca

Pigna y la (mala) educación. Sobre los remedios propuestos por Caras y Caretas para recuperar la educación argentina.

 

Por Romina De Luca

Grupo de Investigación de la Educación Argentina – CEICS

 

Siguiendo con la tarea autoasignada de discutir los “grandes temas nacionales”, el segundo número de la revista Caras y Caretas está dedicado a debatir sobre la educación argentina. El artículo central del mes de agosto, firmado por Cecilia Fumagalli, se titula “La desdichada historia de la escuela pública y la Argentina desmembrada”. Pretende brindar la clave para recuperar la educación o, como ellos señalan, proporcionar remedio a la “mala educación”. Ya desde el editorial Felipe Pigna indica cuál es su sentido e importancia: “ha llegado la hora de ocuparnos seriamente de nuestra educación sin debates huecos” (p. 4). Se pregunta “¿qué modelo educativo queremos?”. Su respuesta brindaría la clave para superar “la ofensiva antieducativa en los noventa” (p. 4). Lejos de esa declamación de principios, si de algo carece el artículo en cuestión es de seriedad: el debate gira sobre malas caracterizaciones que llevan a propuestas inviables. Peor aún, quienes discuten en este número de CyC, condenados por su pasado y su presente, deben hacer verdaderas piruetas para ocultar que no está entre sus intenciones eliminar la descentralización promovida por la Ley Federal de Educación. Veamos cuál es su planteo.

 

“Desigualdad”

 

Toda propuesta se erige sobre la base de un diagnóstico previo. Caras y Caretas determina que el principal mal que aqueja al sistema educativo es la desigualdad. Diferentes miembros de la “comunidad” educativa coincidirán en ello: Marta Maffei, ex titular de CTERA y actual candidata a diputada del ARI sostiene que la desigualdad deviene de la paulatina desinversión por parte del Estado Nacional; Juan Carlos Tedesco, actual director del IIPEUNESCO (Instituto Internacional de Planificación Educativa, Sede Bs. As.) agrega que la descentralización de los noventa fue clave para llegar a esa situación, pero señalará que “en realidad, la Argentina no descentralizó la educación” (p.13) puesto que esa forma ya estaba prevista en la Constitución y lo anómalo fue, en tal caso, que la nación asumiera la competencia centralizadora del sistema.

El Ministro de Educación, Daniel Filmus, no será la excepción. Frente a la pregunta ¿cuál es el problema de la educación pública hoy?, el ministro responde: “la desigualdad” (p.18). Tedesco y Filmus coincidirán en que la lógica educativa de los noventa fue financiera (p. 13 y 18 respectivamente): la desigualdad se expresaría tanto en los diferentes recursos financieros de las provincias para sostener el sistema, como en la heterogeneidad estructural que éste presenta. Y, otra vez, la culpa recae en los noventa, por la singular forma en que se llevó adelante la reforma: primero se transfirieron los establecimientos a las provincias y luego se promulgó la Ley Federal de Educación (LEF), que iba a proponer una nueva estructura para el conjunto. Pero “como previamente se había descentralizado, cada jurisdicción era (es) libre de hacer lo que quisiera” (p.15).

 

En defensa de la Ley Federal

 

Elaborado el diagnóstico, lógicamente uno supone que se pasa a proponer el remedio para la cura. Pero todo el chiste de Caras… consiste en ocultar que los “referentes” a los que se convoca a opinar, todos ellos más o menos cercanos al gobierno, no quieren superar realmente el estado de “enfermedad”. Lo que se evidencia en la forma en que cada uno de ellos se posiciona en torno  al   debate  descentralización-recentralización o, como se lo denomina actualmente, la renacionalización el sistema. Los únicos que defienden la recentralización son los docentes de CTERA, pero a medias. El gremio propone derogar la LEF, pero colabora con el gobierno en el proyecto de Ley de Financiamiento Educativo, cuya finalidad es llevar al presupuesto educativo al nivel que estipula la propia Ley Federal… Se supone que la ley va a permitir homogeneizar los recursos financieros de las provincias, pero no dice nada sobre el sistema que va a utilizarlos, de modo que es perfectamente compatible con la estructura descentralizada.

El resto de los participantes del “debate”, está en contra de la recentralización, igual que el gobierno. Juan Carlos Tedesco está entre los que con más ánimo cantan loas al nuevo plan de financiamiento educativo y el que mejor representa la idea que la revista de Pigna quiere transmitir al lector: aunque parezca lo contrario, no hay que dar marcha atrás con la descentralización. Esta postura es la que lo hace decir que, en realidad, “lo que pasó nunca pasó” y si efectivamente pasó hay que concentrarse en mejorar lo existente, vía homogeneización de contenidos y recursos. Obsecuente defensa de la gestión Filmus.

Por su parte, el ministro también se posiciona dentro del   dilema descentralización-recentralización. Y claramente va a responder a favor de la primera opción. Específicamente, Caras y Caretas le pregunta: “¿habría que renacionalizar la educación?”. El ministro responde: “cuando fue el Congreso Pedagógico hubo prácticamente una sola resolución que se aprobó por unanimidad, que era transferir las escuelas” (p. 18).  El problema no es la descentralización, dice Filmus, sino la pérdida de capacidad de coordinación por parte del Estado nacional, brindando ligazón al conjunto. Coherentemente señala que es por este motivo que sus políticas se concentran en la homogeneización de conteni1dos y de capacidad financiera. Adriana Puiggrós interviene en la misma dirección. Expresará que la dicotomía descentralización vs. re-nacionalización es un “gravísimo error: hay que tratar de superar el tema entre unitarios y federales” (p.17). Señalará además que está en desacuerdo con quienes proponen re-centralizar. No se podía esperar otra cosa de la ex-funcionaria delarruista, quien actualmente se desempeña como principal asesora educativa en la Provincia de Buenos Aires, bastión dentro del  cual ha confeccionado el Plan Solá 2004-2007, con el cual se propone municipalizar el sistema educativo. Aunque, para no desentonar con la oleada crítica, entiende que “hay que dictar una ley de organización y financiamiento del sistema […] que re-articule lo que desarticuló la Ley de Transferencia” (p.17).

La dificultad que afrontan Filmus, Tedesco y Puiggrós es cómo hacer digerible para una de sus bases de apoyo, en este año electoral, la continuidad de una ley educativa que se ha ganado el descrédito público y cuyo diseño suele identificarse, además, con sus supuestas antípodas ideológicas: el menemismo neoliberal. Peor aún, la idea de descentralizar la educación pero mantener, como quiere Puiggrós, “una política educativa y un proyecto de formación docente nacional” (p.16), no sólo es una reforma cosmética de la LEF, sino que repite exactamente la misma posición que los “técnicos” de entonces le sugerían a Onganía: “puede considerarse conveniente y adecuado que las provincias asuman en forma directa la prestación del servicio educativo primario en sus respectivas jurisdicciones […] este procedimiento debe reunir ciertas características […] asegurar homogeneidad normativa […] niveles de calidad similares […] condiciones similares en cuanto a carrera docente y […] recursos financieros” 2.

 

Centralizar o Descentralizar
El problema reside en que se presenta como remedio lo que ni siquiera constituye un paliativo porque, en realidad, nadie quiere curar al enfermo. En primer lugar, de la misma forma en que no se puede afirmar que la “recomposición salarial” que vende el gobierno modifique un ápice la situación de la clase obrera (de la cual también forman parte los docentes), el aumento de algunos puntos del PBI para la cartera educativa no modificará sustancialmente el estado del sistema. Es un gesto simbólico que debe ser leído a la luz de lo que es: demagogia electoral.  No en vano, los rumores indican que la presentación de la nueva Ley de Financiamiento correrá a cargo del Señor K, y seguramente su esposa, el día del maestro, apenas un mes antes de las legislativas de octubre. En segundo lugar, existe un problema teórico según el cual se confunde descentralización con la desaparición del Estado. El Estado sigue presente en el proceso de transferencia educativa a las provincias. El Estado es el partido orgánico de la burguesía, es el mecanismo de gestión de políticas acorde a sus necesidades e intereses. Si el Estado, como representante de la burguesía, descentraliza, no es porque necesariamente lo prefiera, sino porque ejecuta una política acorde a las necesidades de esa clase. Cuando la burguesía descentraliza el sistema educativo simplemente implementa una nueva estrategia, determinada por la agudización de las contradicciones de la gran industria  y de la descomposición del sistema social. ¿Cuál es esa estrategia? Diluir el poder del sindicato docente en tantas partes como provincias y municipios haya; repartir el poder político que contiene la maquinaria educativa en tantos aparatos punteriles como sea necesario; reducir los gastos estimulando el incremento de la tributación local; entregar a las empresas que lo deseen el control de la formación de la mano de obra. 3En ese contexto, el Estado no debe reasumir un rol que nunca abandonó. Sigue haciendo lo que le conviene a la burguesía. Los tan mentados NAP, que se presentan como la reasunción de tareas otrora abandonadas por el Estado, igual que la nueva ley de financiamiento, son simple engañapichanga electoral. Si Caras y Caretas no se anima a denunciarlo es porque su función es la misma que la de estos intelectuales: decir una cosa aparentando que se defiende lo contrario. Si la educación argentina era mejor ayer que hoy, cuando el sistema era centralizado nacionalmente, no hace falta ser muy astuto para reivindicar la vuelta al pasado, si uno quisiera mejorar la educación. Se dirá que ese sistema también tenía problemas. Es cierto, pero es lo mejor que la burguesía argentina pudo hacer, históricamente hablando. Solo la clase obrera, cuando reemplace a la actual clase dominante, podrá realmente estructurar un sistema educativo superador. Mientras tanto, los docentes, además de exigir la re-centralización nacional del sistema, el aumento del presupuesto y, sobre todo, de los salarios, deben disputarle palmo a palmo a la burguesía qué y cómo se enseña, preparando ideológicamente a sus compañeros de clase para la gran batalla que se avecina.

 

Notas

 

1En relación al primer aspecto, este año se han comenzado a aplicar los denominados NAP

(Núcleos de Aprendizaje Prioritario). Ya hemos mencionado cuales son las políticas que se están diseñando en función del segundo punto.

2 Secretaría del Consejo Nacional de Desarrollo: Educación, recursos humanos y desarrollo económico social. Situación presente y necesidades futuras, Tomo I, Bs. As, Agosto de 1968.

3 Ninguna duda de las virtudes de esa relación le cabe a Juan Carlos Tedesco, quien analiza los “beneficios” que al sistema educativo descentralizado de la ciudad de Campana le otorga la inversión directa que allí realiza la empresa Siderca. Véase su Rendimiento escolar y actores locales: el caso de la Ciudad de Campana, IIPE Sede Bs. As, UNESCO, 1999. en el próximo número de El Aromo examinaremos con detalle este texto.

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