Pescado podrido. Reseña critica Volver a matar, de Juan Yofre – Julieta Pacheco

volver-a-matar-juan-b-yofre-731201-MLA20275520043_042015-F En junio de 2009 salió a la venta la tercera edición del libro Volver a Matar de Juan  B. Yofre. Con esta publicación se completa una trilogía en donde el autor intenta  explicar, desde una posición reaccionaria, cuáles fueron las causas del golpe de  Estado de 1976 y quiénes fueron sus responsables.1 En el caso que aquí nos compete  se trataría de dar cuenta de la formación, desarrollo y disolución de la Cámara  Federal en lo Penal (CAFEPE), más conocida como el Camarón. De esta manera,  intenta demostrar que el Camarón habría sido “la gran oportunidad que tuvimos los  argentinos de combatir el fenómeno subversivo con la ley en la mano [bajo] la  aprobación del mandatario de facto Alejandro Lanusse.”2
A continuación señalaremos los límites de una obra que, sin aportar información  que contribuya a la reconstrucción histórica del período y abiertamente  reaccionaria, se encuentra entre las más vendidas. Observaremos también cómo su  sesgado planteo deja de lado la verdadera causa que provocó la formación y disolución de la CAFEPE: la lucha de clases.

La Cámara de Yofre

El Camarón fue creado bajo el gobierno de Lanusse, en 1971. Su objetivo era tratar, en un supuesto marco legal, todas las causas relacionadas con las acciones que contuvieran elementos “subversivos”.3 Según Yofre, la creación de esta Cámara tuvo como causa la necesidad de frenar el avance de la ideología castro-comunista en la Argentina. Esta ideología sería propagada desde Cuba y se reconocería a partir del seguimiento del entrenamiento militar que realizaban en aquel país algunos de los imputados en las causas. Desde su perspectiva, la Cámara ofrecería a los imputados un juicio oral limpio y justo. Para argumentar el correcto accionar de la Cámara, Yofre publica fragmentos de ocho causas e intenta mostrar la legalidad en la que se desarrollaban los juicios. Sin embargo, esta especie de primavera legalista de la Argentina subversiva, se habría visto opacada por la posterior declaración de amnistía a todos los presos políticos acaecida durante el gobierno de Héctor J. Cámpora. Una vez en la calles, estos subversivos habrían “vuelto a matar”, borrando todo el trabajo de la jurisprudencia argentina. En 1974, Perón se habría dado cuenta del error de aquel hecho y habría intentado subsanarlo. Para ello habría modificado el Código Penal a través de la ley 20.642 y su complementaria 20.840. Sin embargo, sería demasiado tarde para saldar el daño, ya que todo el cuerpo jurídico argentino se encontraría desprestigiado y los ex miembros de la CAFEPE se encontrarían exiliados a causa de la persecución de las organizaciones subversivas. Como conclusión, no explícita en el texto, pero que se puede rastrear a lo largo de los diferentes trabajos de Yofre, la única salida y oportunidad de frenar el avance de las organizaciones izquierda habría sido el golpe de Estado de 1976.

Lanusse y Perón un solo corazón

En principio, es necesario clarificar el contexto nacional en el cual se pone en funcionamiento el Camarón. Este es un paso necesario para refutar los argumentos planteados por Yofre, quién parte del supuesto de que el accionar armado es ajeno a la sociedad argentina.
En mayo de 1969, a partir del Cordobazo, se abrió en la Argentina un proceso revolucionario, cuyo rasgo principal fue el avance insurreccional de masas. En este marco, caracterizado por un fuerte crecimiento de la izquierda peronista y no peronista, surgieron varias organizaciones que optaron por el desarrollo de una estrategia militar, entre ellas el PRT-ERP y Montoneros. Sin duda, puede discutirse la pertinencia de dicha estrategia como medio para impulsar la lucha independiente de las masas argentinas. Lo que no puede negarse es la estrecha vinculación de dichas organizaciones con este contexto y con las masas que, por su parte, evidenciaban una tendencia a alejarse de sus direcciones tradicionales. De esta manera, si bien la revolución cubana influyó en la radicalización política y estratégica de las organizaciones armadas argentinas, no fue, como dice Yofre, Fidel Castro el que promovió su nacimiento. Su origen y desarrollo debe buscarse en causas de orden interno y en el análisis particular de la lucha de clases en la Argentina de aquellos años.
Luego de la caída estrepitosa de Onganía, el General Lanusse viene a liquidar el avance popular con una doble estrategia que combinará una fuerte dosis de represión con el llamamiento al Gran Acuerdo Nacional (GAN) y la apertura del juego electoral.4 De modo tal que, en un gobierno ilegal e inconstitucional como el de Lanusse, el desenvolvimiento legal del Camarón no era más que una fachada. Tal como lo atestiguan los procesados en las causas presentadas en el libro de Yofre, los presos eran golpeados y torturados. Situación ampliamente conocida por los jueces que tomaban declaración a detenidos que denunciaban los agravios y las torturas a las que habían sido sometidos.5
Sin restar importancia a los puntos anteriores, el lugar que ocupó la amnistía camporista y el lugar de Perón en el proceso contrarrevolucionario son los dos grandes temas a discutir. En primer lugar, es falso que Cámpora haya liberado a los presos políticos en marzo de 1973. Su liberación no fue una concesión del gobierno, sino una demanda arrancada por las masas que asumían su llegada al poder como una victoria popular. De allí que el Devotazo se realizara “espontáneamente” con anterioridad a la firma del decreto de amnistía firmado por el presidente. La intencionalidad política del autor le impide respetar el orden de los hechos y lo induce a cometer otro error: considerar que, como resultado de la apertura democrática, se produjo un retraimiento de las organizaciones de izquierda, particularmente de las armadas. Esta situación no fue así: su desarrollo e inserción en la clase obrera quedará demostrado en las coordinadoras de junio-julio del ‘75.6
En segundo lugar, Perón llegó para frenar el proceso revolucionario y no para dirigirlo. Entre los instrumentos a los que echará mano para disciplinar a las organizaciones de izquierda y a la clase trabajadora recurrirá a la Triple A y a la modificación del Código Penal.7 La “blandura” con la que habría actuado la jurisprudencia argentina en 1974, no se debe a su desprestigio, sino a que el accionar ilegal y paramilitar de la Triple A ya estaba realizando el trabajo sucio. De modo tal que la reforma del Código Penal promovida por Perón no tiene que ver con un “darse cuenta del error” y tratar de enmendar el daño de la amnistía. Por el contrario, formó parte de una estrategia para detener el ascenso de las masas y de sus organizaciones. La fiereza represiva del golpe militar del ‘76, no resultaría entonces de la desidia de la burguesía peronista que habría liberado a todos los presos políticos que volvieron a matar. Al contrario, los tres años del peronismo en el poder cumplieron con su cuota de sangre para allanar el camino hacia la dictadura.
El Camarón no es parte de una estrategia de guerra “limpia” que podría haber evitado la guerra sucia, como sostiene Yofre. Fue un instrumento más del que se valió la burguesía argentina para frenar el avance de las organizaciones revolucionarias, así como lo fue el GAN, el gobierno de Cámpora, el gobierno de Perón y la Triple A. Todos ellos forman parte de la misma estrategia de aniquilamiento y constituyen las baldosas del camino que lleva al ’76. Desde su sesgada mirada reaccionaria y pro-golpista, no sólo no aporta elementos para el conocimiento histórico, sino que tiende a ocultar y deformar la verdad.

Notas

1Hacemos referencia a Yofre, Juan B.: Fuimos Todos, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2007 y Nadie fue, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2008.
2Yofre, Juan B.: Volver a matar, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2009, p. 7.
3Para más información ver Pacheco, Julieta: “Dictadores de cuello blanco”, en El Aromo nº 47, 2009.
4Sartelli, Eduardo: “Justicia no, socialismo”, en Trelew. El informe, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2009. Recordemos que durante el gobierno de Lanusse, se produce “la masacre de Trelew”, donde son fusilados militantes de organizaciones de izquierda.
5Yofre, Juan B.: op. cit., p. 157 y 158.
6Löbbe, Héctor: La guerrilla fabril, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2009.
7Entre las modificaciones promovidas en esta ley encontramos un aumento de las penas a las acciones que tuvieran que ver con fines “subversivos” y la declaración de ilegales a las huelgas y a las movilizaciones.

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