Para una lucha que no cesa, un mural en movimiento.

Por Nancy Sartelli.

El treinta de enero, junto a familiares y amigos de los chicos que murieron en Cromañón, Razón y Revolución presentó el mural realizado días previos a cumplirse el primer mes de la masacre. Bajo la lluvia y con la tensión que la fecha implicaba, en medio de la bronca y el dolor, se dio lugar a los artistas y participantes del mural para explicar el cómo, el por qué y el para qué de dicha intervención artística.

Génesis de un mural por Cromañón

Razón y Revolución se integra al proceso de lucha desde la primera marcha y de la Asamblea de Jóvenes que se reúne semanalmente en la Plaza Once. Es en esta asamblea donde, por iniciativa de participantes de distintas agrupaciones políticas, se propone la realización de un mural a inaugurarse el treinta de enero. Nos sumamos inmediatamente a la convocatoria. Fuimos a una primera reunión, en donde percibimos cierta debilidad en los criterios organizativos. Por eso insistimos en la necesidad de la discusión política sobre el contenido del mural y sobre la metodología democrática del proceso de realización. Insistimos que un mural propuesto por la Asamblea, debía ser representativo de la misma así como de los familiares y amigos agrupados en las carpas de la vigilia. Un mural surgido “desde adentro” del proceso, para desde allí contribuir a su avance. Fue así que, acordada esta metodología y en líneas generales el aspecto político de dicho contenido, nos pusimos a trabajar para transformarlo en imágenes. Pero el único boceto presentado fue el de Razón y Revolución. Insistimos en señalar a los compañeros convocantes las trabas objetivas que ponían al trabajo al faltar a las reuniones y no presentar los suyos: el acuerdo de aunar las ideas en un solo boceto final cada vez se tornaba más lejano ante la inminencia de la fecha. Lentamente estos compañeros fueron desligándose del acuerdo de trabajo, que además implicaba la necesidad de organización para conseguir la pintura, los demás materiales así como la realización del trabajo en la pared. Por esa razón Razón y Revolución decidió, a cuatro días del día fijado para la inauguración, tomar plenamente la responsabilidad del trabajo en sus manos y responder intelectual, física y económicamente a la tarea mandatada por la asamblea. Ya que la pared elegida coincidía con el sector que ocupan las carpas de la vigilia, fuimos a la discusión con los compañeros, familiares y amigos, carpa por carpa con nuestro boceto, para explicarles su contenido y la importancia de este trabajo en el proceso de lucha, así como la necesidad de que se integraran a su realización. Los compañeros no sólo accedieron a trasladar las carpas sino que se sumaron a la tarea. Fundamental fue la acción tanto de los que nos ayudaron a armar los andamios prestados solidariamente, como de los que se subieron a los niveles más altos, pintando las partes más riesgosas. Así como los que desde abajo nos alentaban, entre mates, chistes y almuerzos que fraternalmente nos ofrecieron compartir. Tres compañeros artistas se sumaron al trabajo, al vernos pintando. Durante cuatro intensos días, en una pared de 15 por 5 metros, diez personas trabajaron aún bajo la lluvia. Junto con la consigna “Los Pibes de Cromagnon, ¡presentes, ahora y siempre!” se encuentra la firma de sus realizadores: los tres nuevos compañeros artistas, Los Pibes de la Vigilia, y los Muralistas Piqueteros de Razón y Revolución.

El movimiento en imágenes: señalando a los culpables

Pusimos en la discusión la característica general de la “masacre” de Cromañón: una consecuencia de la agudización de las contradicciones del capitalismo en la Argentina, que no trae otra cosa que miseria y muerte para la clase obrera, aún en sus momentos de esparcimiento. La clase que domina esta sociedad, en su etapa de descomposición parasitaria, es culpable no sólo de Cromañón, sino de todas las masacres recientes y pasadas que se pretenden catalogar como “accidentes” o “tragedias”. Es por eso que nuestro boceto desde el vamos fue pensado para marcar este aspecto y diferencia: como ejemplos testigo junto al incendio están los mineros de Río Turbio y Santillán y Kosteki, asesinados en Puente Pueyrredón por el gobierno de Duhalde, de la mano del hoy secretario de seguridad, Juanjo Álvarez. Podrían haber estado también los treinta mil desaparecidos, los muertos y sobrevivientes de las inundaciones, los muertos del Argentinazo y tantos otros. Y se retoma lo más avanzado del proceso abierto en Cromañón: los sobrevivientes, familiares y amigos en el señalamiento explícito de los culpables: Kirchner, Ibarra, Chabán, Álvarez, Duhalde, transformando el dolor ante tanta muerte pasada y presente en una única bandera de lucha por la verdadera justicia, la que deviene de la destrucción del sistema capitalista.

Mural contra mural: imágenes que detienen

Días previos a que pintáramos el mural, otro mural se hacía presente. Este, realizado por un grupo independiente de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y el IUNA, ocupó la ochava anexa a la pared que pintó Razón y Revolución y demás compañeros. Este grupo decidió actuar por fuera de la asamblea y realizar su mural sin ninguna discusión colectiva respecto a su contenido. Fue así como, de su interacción por fuera del proceso, tomaron como eje “aquello que la mayoría manifiesta”: JUSTICIA. Una multitud avanza tomando una bandera argentina con esta sola inscripción, mientras las manos se unen en ese reclamo. Un personaje principal los aúna, en expresión de bronca y dolor, a la manera de Carpani con la inscripción “Callejeros”. De todo un proceso que en su punto más avanzado se plantea derrocar a un jefe de gobierno responsable, reivindicar la “justicia” en abstracto no sólo no hace avanzar, sino que echa lastre en uno de los más fuertes prejuicios que la burguesía construye para la clase obrera. Suponer que la verdadera justicia que los muertos de Cromañón merecen se logra dentro del marco de la justicia burguesa “nacional”, y que para ello sólo basta la solidaridad del “pueblo argentino”, es un acto de ingenuidad o, por lo menos, de ignorancia del funcionamiento de la sociedad en que vivimos. La estrategia de “acompañar a las masas” sin entrar en el debate y en la disputa política lo único que logra es contribuir a su estancamiento, a demorar la comprensión de los fenómenos que llaman a la acción y, por ende, la mejor resolución de los mismos.
Una expresión artística que se pone al servicio de la lucha debe analizar conscientemente la realidad en que esa lucha se despliega, para contribuir a su progreso señalando el momento más avanzado de su desarrollo. Como otra forma de conocimiento, pone en metáforas las contradicciones y a su vez, su resolución en movimiento. En la lucha de clases, de la que el arte participa, la honestidad y las buenas intenciones no bastan. Es necesario un programa científico con el cual intervenir críticamente en el proceso.

 

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