Morena Cantero Jrs.: Teatro Vivo

 

Morena Cantero Jrs. es un grupo de producción artística que hace Teatro Independiente. Así pretende recuperar el sentido original del movimiento que batallaba contra el teatro comercial oficial desde los años ’50 y que degeneró en la “Alianza” del teatro comercial actual. Fundado en 1995 por actores que se unieron para montar en Buenos Aires una obra que denunciaba el estrago generado por Yacyretá, su primer estreno fue la versión teatral de El Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friederich Engels. Iván Moschner -egresado del viejo ENAD, uno de sus fundadores- explica que fue pensada para reaccionar contra el clima ideológico imperante en el `95 (Fukuyama y su fin de la Historia).

El grupo fue evolucionando política y estéticamente. Militó contra el ajuste a la cultura del Estado menemista-aliancista.  Participó activamente en la construcción molecular del 19 y 20 de 2001 y 2002. Ello se refleja en nuevas obras (El Eternauta, entre otras) y en la incorporación de algunos integrantes al Partido Obrero -como Iván- o a LuchArte; pero el colectivo se define aún independiente.

Con años de investigación y de ejecución encima montan ahora su Manifiesto en las instalaciones de Grissinópoli, fábrica de grisines vaciada por sus patrones y puesta a funcionar por sus obreros. Su intención es brindar una herramienta de formación más a los luchadores en momentos del intento de aislamiento. Contradictoriamente, Iván señala: “los compañeros van a ver propaganda y ahí les damos una obra de teatro”. Porque MCJ sostiene el objetivo de decir aquello que piensa usando su arte (el teatro) como herramienta de comunicación de un conjunto de ideas a un grupo reducido de personas (propaganda).

Si ud. duda de las posibilidades de hacer una buena obra teatral del texto de Marx y Engels en una fábrica, es porque no conoce a MCJ. El Aromo vio en Las Estirpes (versión libre de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez) todo su talento. Un sólido guión y extrema creatividad resuelven de la mejor manera limitaciones de sala, utilería y vestuario. Todo para brindar una batería de sensaciones, un “cross a la mandíbula”: la historia de un linaje que funda y destruye un pueblo-nación-continente; de una estirpe alienada, corrupta y condenada a cien años de soledad y, como todas las estirpes burguesas, destinada a desaparecer. Narración, música y efectos corales impactan. Todo ese arte, producto del trabajo colectivo de los 25 integrantes.

Para potenciar la calidad artística de tantos miembros con días contados para reunirse (la mayoría vive de otra cosa y con salarios de hambre) MCJ decidió usar un método probado por los obreros más conscientes de la historia: el centralismo democrático. Una vez al año se reúne en Asamblea para hacer un detallado balance y discutir el plan de trabajo próximo. Allí vota un comité ejecutivo encargado de llevar a cabo lo resuelto y una serie de comisiones para ejecutar las tareas prácticas y la dirección artística de las obras. En esa asamblea general anual -y en todas las que acontecen durante el año para resolver problemas coyunturales- discuten las vicisitudes políticas de la sociedad en que militan con su arte. Por eso MCJ está vivo. Porque no es un elenco de actores que se reúne cada vez que un director monta un proyecto (como la mayoría de las compañías). Porque con su método, en tres años ha potenciado colectivamente las capacidades artísticas de cada uno (la mayoría actores sin formación profesional). Y está vivo porque en su práctica artística se relaciona y nutre de la vida de lo más avanzado de su sociedad, la clase obrera piquetera.

Si bien MCJ no decidió aún dar nuevos pasos (políticos y artísticos) para superarse, debate qué tipo de teatro necesita el proceso político actual. Entre las fantasías de los más osados figuran Brecht y la mecánica de Boal y su “Teatro del Oprimido”.

Todo lo vivo se mueve superando sus contradicciones, decía Engels. Superar dialécticamente a Brecht y Goal sería maravilloso, y muy difícil. Sobre todo en condiciones materiales paupérrimas. Sin embargo, el proletariado argentino demuestra condiciones para hacerlo posible. Morena Cantero parece estar capacitado para intentarlo. ¿Lo lograrán?

Deseamos que sí.

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