Lejos del paraíso – Nicolás grimaldi

correaLejos del paraíso. El bonapartismo ecuatoriano de cara a las elecciones

 Los sectores que han venido luchando contra Correa, que nunca se delimitaron del chavismo, han decidido apoyar a un candidato opositor reformista. Todas esas organizaciones sociales, que dan una pelea en la calle, deben llamar a un congreso para coordinar su acción política, darse una dirección e intervenir en todos los frentes con un programa revolucionario. 

Nicolás Grimaldi

LAP-CEICS


De los gobiernos bonapartistas en América Latina, el de Ecuador es uno de los últimos que quedan en pie. Sin embargo, en febrero próximo habrá elecciones, en las que no se presentará Rafael Correa. La pregunta, pasa entonces por saber cómo llega el bonapartismo ecuatoriano a los comicios de febrero, y cuál será el futuro político del país.

La lucha contra el ajuste

Desde hace algunos años, Ecuador viene siendo sacudido por importantes movilizaciones opositoras, que cuestionaban la política económica y social de Correa, en las que ha participado gran parte de la fracción obrera ocupada y sindicalizada, a pesar de ser minoritaria dentro del movimiento obrero, que tiene una tasa de sindicalización de alrededor del 2%. Uno de los primeros sacudones que enfrentó Correa fue la “Marcha por la Vida, el Agua y la Dignidad de los Pueblos”, que cuestionaba la política minera del gobierno. Esta marcha arrancó el 8 de marzo del 2012, y terminó en una multitudinaria movilización el 22 del mismo mes en Quito, en la que participaron movimientos sociales y partidos de izquierda. La movilización, recorrió diez provincias, tomando fuerza en el sector de la Villaflora, donde se incorporaron trabajadores sindicales, maestros de la Unión de Nacional de Educadores, estudiantes secundarios y universitarios.

Con este antecedente, el Gobierno sancionó el Decreto 016, que aumenta el control estatal sobre las organizaciones sociales y aprobó un nuevo Código Integral Penal.1 Además, repitió la estrategia del chavismo y comenzó a crear organizaciones paralelas, como la Red Agraria, la Red de Maestros, el Parlamento Laboral, y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

En cuanto a la política económica, en el 2014 impulsó una reforma laboral que implicaba, entre otras cosas, que el Estado dejaba de garantizar el 40% que le corresponde de la seguridad social pagada por el IESS, y solo lo haría en casos excepcionales. Pero no establecía ni cómo ni cuándo, y eliminaba los controles sobre el pago de cargas sociales por parte de la patronal. Esto desató una serie de protestas por parte de los pensionados.

Las protestas contrarias a la política de Correa se fueron acumulando: sendas marchas contra la explotación minera en Yasuní, contra la Ley de Recurso Hídricos, contra el aumento del pasaje público y, la más importante, la marcha del 1° de mayo del 2015. Allí confluyeron trabajadores del Fondo de Cesantía del Magisterio, intervenido por el gobierno, estudiantes secundarios y universitarios por el libre ingreso a la universidad, médicos y jubilados. En 2015, la búsqueda por impulsar una enmienda constitucional para la reelección de todos los cargos públicos, desató una serie de protestas.

El 10 de agosto, la organización más importante de la sobrepoblación relativa, la CONAIE declaró un levantamiento contra Correa y organizó una movilización que recorrió unos 800 km. Luego vino la gran movilización del 13 de agosto en la que, además de sectores de la CONAIE, se reunieron miles de opositores que marcharon en Quito y otras ciudades. Para el mismo día, la Confederación de Organizaciones Clasistas Unitarias de Ecuador (CEDOCUT) y el Frente Único de Trabajadores (FUT), convocaron a una huelga y movilización. En total, se movilizaron cerca de 200 mil personas. Los sindicatos, además de pedir por la no reelección de Correa, protestaban contra la reforma laboral, principalmente en lo que respectaba al pago de las jubilaciones. La enmienda, terminó siendo aprobada, aunque no corre para las elecciones del 2017.

Este año también se produjeron protestas en contra de Correa. En agosto, el 25 más precisamente, se produjo una importante movilización con el trasfondo del cierre de la Unión Nacional de Educadores, uno de los sindicatos más importantes del país, por parte del Ministerio de Educación de la Nación, que sostuvo que el sindicato presentaba irregularidades administrativas, específicamente por no presentar la documentación de renovación de autoridades. En octubre, se produjo una nueva protesta, convocada por CONAIE, el FUT, la CEDOCUT, el Frente Popular, entre otras agrupaciones sociales.  Jorge Herrera, de la CONAIE, expresó que la marcha iba dirigida contra la propuesta oficialista de la Ley Semillas, la criminalización de la protesta social, los nuevos casos de corrupción y el extractivismo. Por su parte, el dirigente sindicalista del Cedocut, Mesías Tatamuez, denunció alto costo de vida y de la falta de oportunidades. Como vemos, Ecuador ha tenido una fuerte conflictividad obrera, que se ha acentuado durante los últimos años. Aunque, en el medio, Correa haya conseguido su reelección en el 2013 con casi 5 millones de votos. Lo cierto es que el escenario, ahora, no es el mismo.

De cara a febrero

Estas protestas se dan también en el marco del crecimiento del desempleo, que pasó de 4,3% en septiembre del 2015, a 5,2% en septiembre de este año, lo que implica la creación de casi 100 mil desocupados en un año. El empleo adecuado pasó de 46% a 39,2%, mientras que el subempleo pasó de 14,8% a 19,4%.2 El subempleo implica a obreros que ganan por debajo del salario básico y que trabajan menos de una jornada legal, pero tienen el deseo y la disponibilidad de trabajar más. Esta situación se da en un contexto de crisis económica que fue profundizándose. El crecimiento del PBI fue de 7.9% en 2011, 5.2% en 2012, 4.6% en 2013, 3.8% en 2014, 0,3% en 2015, y se estima que para este año sufra una contracción del 1.7%. Por este motivo, el Gobierno ha llevado adelante algunos recortes específicos en el gasto, que fue uno de los pilares de la gestión de Correa. Un ejemplo de esto, se dio en el 2014 con el Bono de Desarrollo Humano, cuyo presupuesto pasó de 1.020 millones de dólares a 700 millones, y de 1.901.088 beneficiarios a 1.722.350. Es decir, 178.738 beneficiarios menos, mientras que el número de madres beneficiarias pasó de1.192.071 a 1.032.535. El año pasado, Ecuador recortó 2.220 millones de dólares en gastos corrientes e inversiones.3

Con esta situación, el partido de Correa debe refrendarse en las próximas elecciones de febrero. Las últimas encuestas, arrojan una pérdida de la popularidad y credibilidad de Correa, ya que ninguna supera el 37% que, si bien es alto, significa una caída importante, de casi 30 puntos, en relación a los últimos meses. El Gobierno buscará ser reelecto con su Frente Unidos, formado por 14 organizaciones políticas. Estas eligieron al ex vicepresidente de Correa, Lenin Moreno, como candidato presidencial.

Moreno cuenta con el apoyo de organizaciones sociales rurales y de pequeños productores ligadas al agro, principalmente en el centro del país. Entre ellas aparece la importante regional CONAIE-Chimborazo, la Confederación de Indígenas y Campesinos del Ecuador (FEI), la Red de Organizaciones Sociales, que dice reunir a 1.200 grupos, y unas 40 organizaciones “campesinas”, lideradas por la Coordinadora Campesina Eloy Alfaro.4 También lo apoya la oficialista Central Única de Trabajadores. El principal rival que tendrá que enfrentar en estas elecciones, es el banquero Guillermo Lasso, del partido CREO, que cuenta con el apoyo de la plataforma Compromiso Ecuador, un movimiento de dirigentes opositores, surgido en el 2014, para enfrentarse a las enmiendas constitucionales y a la reelección indefinida.

Lasso ya fue derrotado por Correa en el 2013, elecciones en las que alcanzó 1,9 millones de votos. Si bien no se ha manifestado por un candidato, la Asociación Nacional de Empresarios aparece cercana a Lasso, ya que en su equipo aparece Patricio Donoso, jefe de bloque legislativo de CREO, que fue presidente de la entidad hasta el 2012. Lasso también se reunión con empresarios católicos de Guayaquil, mientras que busca establecer acercamiento con comunidades rurales de la región Oriente y de la Sierra, como demuestran sus encuentros con dirigentes de la CONAIE de la provincia de Zamora.5 Hoy por hoy, tiene el 20% de intención de voto, pero está en ascenso. Detrás de Lasso aparece Cynthia Viteri, del Partido Social Cristiano, que en una segunda vuelta podría llamar a votar por Lasso.

Por su parte, los sectores que han venido movilizándose, también definieron un candidato de cara a las próximas elecciones. Se trata de Paco Moncayo, quien será candidato por Acuerdo Nacional por el Cambio, alianza conformada por los sectores opositores de la CONAIE, FUT, y en el que confluyen partidos de “centroizquierda” como Unidad Popular e Izquierda Democrática, al que pertenece Moncayo. Por ahora, este candidato  posee un 9% de intención de voto. Pero si la conflictividad crece, puede aparecer como un renovador del bonapartismo en crisis.

Gane quien gane 

Las próximas elecciones de Ecuador, marcaran el rumbo de uno de los últimos bonapartismos que quedan en pie en América Latina. Las mismas se dan en los inicios de la crisis económica ecuatoriana, con caída del PBI y aumento del desempleo, entre otras cuestiones. Hasta el momento, las encuestas ubican a Lenin Moreno 10 puntos por encima de Lasso, aunque desde enero a la fecha, su imagen ha caído cerca de 15 puntos, con importantes números de votantes en duda.6 Toda la esperanza del candidato oficialista, ya con un apoyo en merma, se basa en la dispersión de la oposición.

Gane quien gane, tendrá que afrontar la tarea de desarmar el bonapartismo en un contexto de crisis económica. Los sectores que han venido luchando contra Correa, que nunca se delimitaron del chavismo, han decidido apoyar a un candidato reformista, que no ofrece una imagen diferente de la de Correa. Todas esas organizaciones sociales, que dan una pelea en la calle, deben llamar a un congreso para coordinar su acción política, darse una dirección e intervenir en todos los frentes con un programa revolucionario. No se descarta la participación electoral, siempre que logre delimitarse del reformismo. Ecuador está sufriendo la crisis de los bonapartismos, las masas describen una tendencia a la organización contra los gobiernos que llevaron al poder, pero no aparece un partido revolucionario que pueda pelear la hegemonía de esa fuerza. Sin ese elemento, el descontento irá indefectiblemente hacia el Macri ecuatoriano.

NOTAS

1http://goo.gl/1VsBnD

2El Universo, 17/10/2016

3Efe, 19/08/2015

4El Telégrafo, 02/02/2016; El Comercio, 20/08/2016

5El Comercio, 24/08/2016

6El Universo, 28/11/2016

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