La verdad que no se imprime. Papel Prensa y los conflictos en el seno de la burguesía.

martinduerMartín Duer
Grupo de investigación de la lucha de clases en los ’70

Hace tiempo que el enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Clarín se viene librando en torno a las atribuciones que a cada uno le corresponde en el directorio de Papel Prensa. El 24 de agosto de 2010 se produjo un momento clave en ese enfrentamiento. Ese día, Cristina Fernández dio a conocer a través de un comunicado transmitido por cadena nacional un informe denominado “Papel Prensa S.A.: La Verdad”. En él pretendía demostrar el carácter ilegítimo del traspaso de las acciones clase A de la empresa -que por entonces era propiedad del Grupo Graiver- a los diarios Clarín, La Nación y La Razón.(1)  El informe, elaborado por la Secretaría de Comercio, procuraba poner en evidencia la connivencia de estos diarios con la dictadura para concretar el traspaso, enfatizando el marco extorsivo en el cual dicha operación se produjo, con lo cual el acto calificaría como crimen de lesa humanidad. En ese mismo evento, Cristina ordenaba a la Secretaría de Derechos Humanos poner el informe a disposición de la Justicia. Por otra parte, anunciaba que enviaría al Congreso un proyecto de ley para “declarar de interés público la producción de pasta celulosa y papel de diario, su distribución y comercialización […] ese proyecto encomendará al Ejecutivo para instruir un marco regulatorio de la actividad [con el fin de garantizar] el tratamiento igualitario para toda la Argentina y precio, condiciones y calidad de papel, para que no deba importarse papel en la República Argentina”.(2)

Ante esta iniciativa, la reacción de los medios de comunicación, tanto oficialistas como opositores, no se hizo esperar. Los primeros la caracterizaron como una acción tendiente a democratizar el funcionamiento de la única empresa nacional de producción de papel para diario, en la medida en que impedía que ella quedara librada al arbitrio de los “monopolios”. Al mismo tiempo, repetían hasta el cansancio las amenazas de muerte a que Héctor Magnetto habría sometido a Lidia Papaleo, viuda de David Graiver, para que accediera a la venta de sus acciones.(3)  Por su parte, los medios opositores, indignados ante esta nueva “embestida oficial” contra la “libertad de prensa”, procuraron despejar toda clase de dudas respecto de la legitimidad de la adquisición de sus acciones.(4)

Ahora bien, en 1984 se celebraron 4 convenios entre el Estado Nacional y los miembros de la familia Graiver a través de los cuales se retribuía económicamente a estos últimos en proporción a la valoración de los bienes de los que fueron expropiados por parte del régimen militar. Entre ellos figuraban las ya mencionadas acciones de Papel Prensa.(5)  Entonces, ¿por qué la cuestión adquiere actualmente el impacto en la opinión pública que, ciertamente, no tuvo 26 años atrás? Un análisis más profundo que el que nos proporciona la “Verdad” del gobierno nos ayudará a comprender qué se esconde detrás de estos conflictos, tanto los del pasado como los de la actualidad.

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Las discusiones en torno a la historia de Papel Prensa pierden su superficialidad ni bien atendemos a las características de los sujetos sociales involucrados y al marco general en que se hallaban inmersos. En su discurso Cristina relató cómo los represores esperaron hasta que estuviera asegurado el traspaso “legal” de las acciones de Papel Prensa a los tres diarios para luego proceder al secuestro de los Graiver. De este modo, el círculo íntimo del fallecido empresario David Graiver pasaba a engrosar la larga lista de víctimas del “terrorismo de Estado.” Sin embargo, este relato oculta el panorama general, del cual debemos dar cuenta para echar luz sobre esta cuestión.

El golpe de 1976 tuvo como principal objetivo cerrar definitivamente el proceso revolucionario abierto en Argentina en 1969. Fue un golpe contrarrevolucionario, tendiente a asegurar la supervivencia de la burguesía como clase y a sentar las bases para la reconstrucción de su hegemonía. Se imponía, entonces, el pase definitivo a la ofensiva, lo cual implicaba la eliminación física de los sectores sociales que cuestionaban dicha hegemonía. Ahora bien, para dar semejante paso, era preciso que la burguesía se hallara unificada en un frente común. Fue la fracción más concentrada del capital la que logró este objetivo, reuniendo a amplios sectores de la burguesía y de la pequeña burguesía en las filas del Partido del Orden que protagonizaría el golpe destinado a clausurar el ya mencionado proceso revolucionario. Sin embargo, las dimensiones represivas que adquiere el golpe no sólo se explican por esta necesidad. El rol directriz de este sector implicaba profundizar los procesos de concentración y centralización del capital, es decir avanzar sobre las conquistas de los trabajadores y eliminar capital sobrante. Esto se tradujo en una brutal caída del salario real y en la expropiación de las fracciones más débiles de la burguesía. De este modo, los capitales más concentrados se impusieron, desalojando de la competencia a masas enteras de capitales ineficientes. En este sentido, la dictadura fue también un marco para el despliegue de luchas intestinas en el seno de la propia burguesía.

Desde esta perspectiva, la expropiación del paquete accionario de Papel Prensa y su adjudicación a los tres diarios de mayor tirada del país, son un episodio de este proceso. Que suponía a la vez, la constitución de una prensa adicta al régimen como un paso fundamental en el proceso de reconstrucción hegemónica puesto en marcha en esa etapa.
Para comprender esto último es necesario detenerse en el Grupo Graiver. Este grupo fue construido por David Graiver, que llegó a ser propietario de dos bancos en Argentina, el Comercial de La Plata y Hurlingham, dos bancos en Nueva York, el ABT y el CNB (American Bank and Trust y Century National Bank), la BAS en Bruselas (Banque pour l’Amérique du Sud), un banco en Tel Aviv (Swiss-Israel Bank) y de otras firmas a nivel internacional. En 1973, logró apropiarse, con la ayuda del por entonces Ministro de Economía José Ber Gelbard, de la totalidad de las acciones clase A de la empresa Papel Prensa S. A., lo cual equivalía al 26% del capital total.

Así, Graiver se postulaba como heredero natural de Gelbard en la conducción de la CGE y en tal sentido reunía las características del “burgués nacional” con quien Montoneros pretendía establecer una alianza con el fin de construir el “socialismo nacional”(6) . De hecho, Graiver y Montoneros mantuvieron estrechas relaciones, a tal punto que estos últimos confiaron a aquél parte del dinero que habían obtenido como rescate por el secuestro de los hermanos Born.(7)  Pero esta “burguesía nacional”, la más ineficiente, ya no tenía (ni tiene) cabida en la estructura social de la argentina.

Por lo tanto, la expropiación de los bienes de los que era propietario el Grupo Graiver y el secuestro de sus miembros por parte de la dictadura no fue un caso más de “víctimas” del “terrorismo de Estado”. Fue la expresión de una disputa interburguesa, de un choque entre fracciones contrapuestas, donde el Grupo Graiver estaba situado en el bando perdedor.

Ayer y hoy

Hemos visto que al revelar su carácter de clase, el conflicto entre el Grupo Graiver y los diarios apoyados en la dictadura se nos aparece bajo una perspectiva completamente distinta de la que nos ofrecen los argumentos del oficialismo y de la oposición. Llegados a este punto, debemos retomar la pregunta del inicio ¿por qué este episodio adquiere hoy tanta repercusión? No resulta creíble que el gobierno K haya tomado recién ahora conciencia del “carácter ilegítimo” que tuvo la adquisición de las acciones de Papel Prensa por parte de Clarín y compañía, o que esté empeñado en hacer valer los intereses públicos en el seno de la empresa, garantizando la provisión de papel de forma igualitaria. Tampoco podemos caer en los lugares comunes de la oposición y decir que estamos ante un gobierno autocrático que “va por todo”. La respuesta la encontraremos si nos remontamos al “conflicto del campo” del 2008 que produjo un quiebre en el frente burgués, situando al gobierno y al Grupo Clarín en bandos contrapuestos.

Hoy, como ayer, estamos presenciando el espectáculo de una disputa interburguesa en la cual los intereses de la clase obrera no están en juego. En efecto, el gobierno apeló a todo su arsenal mediático para denunciar la ilegitimidad de la apropiación de las acciones de Papel Prensa; Clarín y La Nación contraatacaron llenando sus páginas con los “reveses” que el gobierno sufría en la Justicia por Papel Prensa. Pero cuando los trabajadores de Papel Prensa entraron en escena, paralizando y bloqueando la planta por casi dos semanas en reclamo de un aumento salarial no encontraron el mismo eco. Y cuando los diarios arriba mencionados abordaron el conflicto gremial, “informaron” que los accionistas mayoritarios –es decir, ellos mismos– denunciaban que la medida de fuerza no tenía fundamento por cuanto que estos trabajadores percibían salarios que “se encontraban entre los más altos de la industria”, sino que también ponía en riesgo la provisión de papel para diarios, exigiendo por ello el cese de “la inacción oficial para encauzar el conflicto”.(8)  Los diarios, evidentemente, dieron cuenta del conflicto con la objetividad que les permite el hecho de ser al mismo tiempo los dueños del 72% de la empresa paralizada.

En el comunicado del 24 de agosto Cristina decía: “Una editorial de Clarín del domingo sostiene: ‘El Gobierno avanza en Papel Prensa para controlar la palabra impresa’ [….] Y yo quiero en esto coincidir con Clarín.” Nosotros también coincidimos y agregamos que quien controla la palabra impresa está en condiciones de imponer su verdad. Y esto es lo que en definitiva está en juego en este conflicto particular: la imposición de la “verdad” de una fracción burguesa por encima de la de la otra. Gane quien gane esta pulseada sigue pendiente que la verdad de la clase obrera pueda acceder a Papel Prensa.

Notas:

(1) “Papel Prensa: el Gobierno denunciará a Clarín y La Nación”, El Argentino, 25/8/10.
(2) El audio completo del discurso de Cristina Fernández se encuentra en www.inacionalypopular.org/2010/08/acto-de-difusion-del-informe-papel.html.
(3) Para el tratamiento que recibió en los medios oficiales la cuestión de las amenazas de Magnetto a Lidia Papaleo, ver www.youtube.com/watch?v=BxCm1tUbv1E y www.youtube.com/watch?v=4mKDnS4U4Dg.
(4) Es particularmente significativa, en este sentido, la entrevista que mantuvo Joaquín Morales Solá con Isidoro Graiver, hermano de David, el 5/10/10 en el programa Desde el llano. En ella, Isidoro plantea que “la decisión de vender Papel Prensa fue exclusiva de la familia Graiver.” La entrevista completa se encuentra en www.tn.com.ar/politica/117716/isidoro-graiver-la-decision-de-vender-papel-prensa-fue-exclusiva-de-la-familia-graiv?autoplay=true&video=117717-
(5) Expediente Nº 2784/84 “Papel Prensa S. A. s/presuntas irregularidades en su constitución, administración y transferencia de acciones”, fs. 316 y vta.
(6) En este sentido, Roberto Perdía, miembro de la conducción nacional de Montoneros, afirmó: “Coincidimos en la conveniencia de fortalecer los acuerdos con este personaje, como un paso más en nuestra pretensión de consolidar una alianza de largo alcance con este sector”. En “Quién fue David Graiver”, La Nación, 2/9/10.
(7) Para un análisis detallado de la relación entre David Graiver y Montoneros, véase Gasparini, Juan: “David Graiver: el banquero de los Montoneros”, Grupo Editorial Norma, Bs. As, 2007.
(8) “Sigue paralizada y bloqueada la planta de producción de Papel Prensa”, Clarín 9/10/10.

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