La receta china

Bruno Magro

Observatorio Marxista de Estadística-CEICS

A partir de 1978, tras la muerte de Mao, el Partido Comunista chino encaró una serie de reformas de carácter gradual, que durarían hasta la incorporación de la Republica Popular de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), a finales del 2001. Bajo el liderazgo de Deng Xiaoping (1904- 1997), padre de la criatura, rápidamente bautizada por economistas burgueses y apologistas de la explotación capitalista como “socialismo de mercado”. A continuación veremos que, una vez más, el ingrediente secreto que caracterizó a esta “nueva receta económica” es la producción de plusvalía a partir de la explotación de mano de obra barata.

Las cifras del “milagro”

El considerado milagro chino fue objeto de apología sobre la base de datos reales. Durante la etapa previa a las reformas graduales, entre 1960 y 1978, la tasa de crecimiento anual promedio fue del 5,3%, mientras que en la etapa post reforma la tasa de crecimiento promedio anual fue del 9,8%. Entre los ‘80 y los ‘90, fue del 10,3%, entre los ‘90 y el 2000 fue del 10,6% y entre el 2000 y 2007 fue del 9,8%, promedio anual. En el 2007, la tasa de crecimiento anual del producto fue del 11,4%, por encima del promedio anual anterior. Las exportaciones chinas, que entre los ‘80 y ‘90 representaban el 0,8% del total mundial, llegando a representar un 10% en la actualidad, también experimentaron un crecimiento exponencial. Entre los ‘80 y los ‘90 su crecimiento promedio anual fue del 17,4%. Entre 1990 y el 2000 fue del 16,7%. Por último, entre el 2000 y el 2007 su crecimiento promedio anual fue del 28,4%. Con respecto a la inversión, el desempeño de la formación bruta de capital fijo, es decir, la inversión sin descontar los gastos por amortización o desgaste de maquinaria, como porcentaje del PIB pasó del 24,5% promedio anual del PIB entre 1965 y 1980 al 41.4% del PIB entre el 2000 y el 2006.

La construcción de un espacio nacional para la acumulación de capital

En 1978, al asumir el liderazgo del Partido Comunista Chino, Deng Xiaoping encaró un proceso de apertura gradual de la economía. Deng, ya en 1976, sostenía que era posible importar los medios de producción capitalistas sin importar, con ellos, sus relaciones sociales de producción. Este proceso de reformas graduales, más que milagro, en realidad buscó construir un espacio de acumulación para los capitales extranjeros (IED) y “proletarizar” a los campesinos chinos para ser explotados bajo el “flamante socialismo de mercado”. Ante la ausencia de una burguesía nacional fuerte, el gobierno de Deng optó por la apertura de la economía china al capital internacional. A fin de garantizarle de una dotación de mano de obra barata, se barrió con todas aquellas instituciones que mantenían a la población atada a su lugar de nacimiento. Con este fin, en 1978 se inició la reforma del sector agrícola. Se reemplazó la administración por comunas de las tierras por el sistema de responsabilidad familiar. Toda la responsabilidad de contratar con el Estado la cantidad de tierra a cultivarse, los productos a sembrar, la cantidad de productos para ser vendida al Estado, los precios y otras condiciones, caían sobre los hombros de los “jefes” de familia. Entre 1984 y 1992, se estimuló la inversión, y la mejora en la distribución del ingreso de las familias que contaban con escasez de mano de obra masculina. Se intentó resolver el desempleo a través de las denominadas empresas del pueblo –Town and Village Enterprises (TVEs). En 1993, se inició otra etapa de reformas. Se buscó proveer de la infraestructura y de las instituciones y entidades financieras necesarias para resolver los inconvenientes surgidos a partir de la reforma agrícola: bajo nivel de inversión agrícola, concentración de las tierras, baja productividad, disminución de las tierras cultivadas y escaso desarrollo tecnológico aplicado a la agricultura. El gobierno liberalizó el sistema de registro familiar (HUKOU), el cual mantenía a los habitantes sujetos a su lugar de residencia. Dicha medida empujó al éxodo a casi 100 millones de campesinos hacia las “nuevas ciudades” creadas por el Estado. El motivo: alto desempleo rural generado por la reforma agraria, la liberalización de la mano de obra, y de la reorganización de la tenencia de la tierra y la introducción de mejoras tecnológicas. La llegada masiva de hombres y, en menor medida, de mujeres “libres para ofrecer su fuerza de trabajo” deprimió aún más los salarios y provocó el colapso de las ciudades, la saturación de viviendas y servicios, el subempleo, y otras miserias urbanas. Este proceso de proletarización se vio reforzado por el “origen campesino” de la mano de obra, la cual no contaba con ningún tipo de organización política ni sindical. Recién en 1992, se implementó una ley que legalizaba la organización de sindicatos. Sin embargo, en 1994 sólo el 12% contaba con sindicatos. En 1995 entró en vigor la Ley del Trabajo, la cual reglamentaba el derecho de los trabajadores a elegir a sus representantes a la hora de las negociaciones colectivas de trabajo. Aún así, los informes oficiales continuaban mostrando una extensión de la jornada de trabajo sin pago de las horas extra y la inseguridad en las condiciones de trabajo. En cuanto a las reformas destinadas a la construcción de espacios geográficos para la explotación capitalista, ante la ausencia de una burguesía nacional fuerte, en 1979 se implementó la Ley de Joint-Venture por Acciones (JVA), la cual autorizaba el ingreso de IED bajo la forma de JVA en las denominadas Zonas Económicas Especiales (ZEE): Shenzhen , Shantou, Zhuhai y Xaimen. En 1983, se creó una Regulación para la implementación de la ley de JVA en la Republica Popular de China. En 1985, doce de estas catorce ciudades fueron designadas como “Zonas de Promoción Tecnológica” (ZPT), con el fin de acelerar la transferencia de tecnologías y se produjo el surgimiento de los “triángulos del desarrollo” el delta del Río Yangtze, el delta del Río Peral, la región de Min Nan, las penínsulas de Liaodong y Shandong, y la región de la costa marítima de Bohai. En 1986, se introdujo una ley que reconocía oficialmente a las empresas de capital totalmente privado, alcanzando el estado constitucional en las leyes civiles chinas. En 1988, se implementó una ley de reconocimiento oficial de las IED bajo la forma de Joint Venture de Cooperativas (JVC). Durante la década del ´90, en un escenario de abundante capital internacional, se introdujeron más reformas con el objetivo de atraer IED intensiva en tecnología y conocimiento, y estimular el desarrollo industrial de maquinaria de alta precisión. Para ello, se otorgaron importantes subsidios y reintegros fiscales, se sancionó la Ley de Empresas (1993) y una ley financiera, se devaluó y fijó el yuan al dólar, y se descentralizó el proceso de aprobación de la IED (1996). En diciembre de 2001, China se convirtió en miembro oficial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tras catorce años de arduas negociaciones y luego de acelerar y profundizar muchas de las leyes implementadas en anteriores etapas. Esta última fase de reformas introducidas por el gobierno chino, se caracterizó por la promoción de IED de alta tecnología y la estimulación de industria de maquinaria de alta precisión y de tecnología de avanzada.

El ingrediente secreto del milagro chino

Según las cifras estimadas por el Bureau Of Labor Statistics1 (BLS) de EE.UU. para el año 2002, la IED alojada en China disponía de la fuerza de trabajo manufacturera más grande del mundo, con 100 millones de trabajadores. China ostentaba, como observamos en el gráfico, los costos laborales más bajos a nivel mundial. En el 2002, las compensaciones recibidas por los trabajadores de las manufacturas chinas representaban apenas el 3% de las recibidas por los sus pares norteamericanos, esto es, 0,57 centavos de dólar por hora trabajada. En cuanto a la Comunidad Europea2 , estas eran casi 30 veces menores a las recibidas por los trabajadores comunitarios. Dentro de Asia, tomando otros países de mano de obra barata, de acuerdo al gráfico, dichas compensaciones eran 10 veces superiores a las percibidas por los obreros chinos. Por último, las compensaciones recibidas por los trabajadores manufactureros brasileños y mexicanos eran 4 veces superiores a las de sus pares chinos. Podemos agregar que, de los casi 30 millones de los obreros de las manufacturas urbanas, 9,5% se encontraban empleados el sector textil, percibiendo un ingreso anual promedio de U$S 877,78, un 65% del promedio anual para toda la manufactura urbana. El sector mejor remunerado fue el sector dedicado a la producción de equipos electrónicos y de telecomunicaciones, un 5,42% del empleo en manufacturas urbanas. Su ingreso anual promedio fue USD 2.129,95, muy por encima de los USD 1.346,86, promedio de la manufactura urbana en su conjunto. Todas aquellas manufacturas intensivas en mano de obra (textiles, fibras, alimentos, bebidas, minería) contaron con una remuneración anual promedio por debajo del promedio anual. En resumen, el Estado chino propulsó el ingreso de la economía china al sistema capitalista a partir de un proceso de reformas de carácter gradual destinadas a la creación de una mano de obra en extremo barata, la creación de espacios geográficos nacionales para la acumulación de capital destinados al capital internacional que comenzaba a llegar al país en 1979. Recién en 1992, la clase obrera china logró ser formalmente reconocida como clase con derechos, es decir, cuando el gobierno dejó de interesarse en la IED mano de obra intensiva y buscó alentar la llegada de IED intensivas en tecnologías. Como trabajadores, debemos estar muy atentos a las prédicas de economistas filántropos y de políticos “progre”, quienes nos proponen un modelo producción, desarrollo y trabajo para todos los argentinos.3 Pues como lo demuestra el sagrado libro de las recetas económicas, el ingrediente que da forma y vida al modo de producción capitalista continúa siendo la explotación de la mano de obra. Algo que los gobernantes chinos y los inversores extranjeros saben mejor que muchos economistas.4

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Notas

1 Banister, Judith: Manufacturing Compensation in China: Manufacturing earnings and compensation in China, agosto de 2005, en www.bls.gov

2 En ella, no se incluye a los 25 países que se sumaron a la CE en mayo de 1994.

3 Ver entrevista a Javier González Fraga en El Aromo n° 41 marzo/abril de 2008

4 Fuentes utilizadas: Pizarro, Juan y Medhi Shafaeddin. From Export promotion To Import Substitution; comparative Experience of China y Mexico, UNCTAD, Junio 2007, www.mpra.ub.uni-muenchen.de/6650; Banister, op. cit.; Baudino, Verónica: “El mito de Corea del sur”, en El Aromo n° 41, marzo/abril de 2008; Arindam Banerjee: FDI in China and Its economic impact, en www.inderscience. metapress.com; The US-China Business Council: http:// www.uschina.org/public/wto/

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