La fórmula india – Julia Egan

636084142047901110-jpg_1718483347La fórmula india.  Represión y sobreexplotación del proletariado en la India.

En esta nota, veremos que la fórmula india no es novedosa: sobreexplotación y represión de los derechos sindicales y laborales elementales para regimentar a uno de los colectivos de fuerza de trabajo más grandes del planeta.

Julia Egan

TES-CEICS


En 2010, ante la huelga convocada por el Comité de Coordinación de las Centrales Sindicales1, un portal de internet titulaba “La mayor huelga desde la independencia de India”.2 Alrededor de 100 millones de trabajadores participaron de un día de huelga contra el gobierno central de la Alianza Progresiva Unida (UPA, un frente reformista de centro izquierda formado a raíz de la pérdida de peso del Partido del Congreso Nacional Indio, del que fuera presidente Mahatma Ghandi) y sus aliados en los Estados Federados. Adhirieron a esta medida los sectores bancarios, de seguros, carbón, energía, telecomunicaciones, defensa civil, portuarios, transporte por carretera y petróleo, además de sectores no sindicalizados, como el de la construcción.

Las centrales levantaron una carta de reivindicaciones de cinco puntos: 1. Contención de la inflación; 2.  Medidas dinámicas para la protección del empleo en sectores golpeados por la recesión; 3. Aplicación de todas las leyes laborales; 3. Creación de un fondo de seguridad social de los trabajadores no sindicalizados y 5. Suspensión de la desinversión en las empresas del sector público central. Estas demandas constituirán la base de las futuras huelgas y, como veremos en el próximo acápite, guardan relación con la estructura del empleo en el país y las dificultades a las que se enfrentan los trabajadores indios.

El 23 de febrero de 2011, con una convocatoria en merma, unos 200.000 trabajadores se reunieron en Nueva Delhi, la capital nacional, para marchar hacia el Parlamento. A los reclamos anteriores se sumaron un paquete de medidas de estímulo a los industriales y la creación de empleo, mediante la inversión pública en infraestructura.

Para 2012, la huelga fue convocada por todas las centrales sindicales3 y superó nuevamente a los 100 millones de trabajadores. Se sumaron los obreros de puertos y muelles, centros de salud comunitarios, hornos de ladrillos, fabricación de cigarrillos y acero.

En septiembre del mismo año, se reunió la Convención Nacional de Trabajadores que decidió llamar a una nueva huelga, que se realizó el 20 y 21 de febrero de 2013 y reiteró la misma carta de reivindicaciones. Fue convocada por las once centrales sindicales y otros sindicatos y federaciones independientes y reunió alrededor de 100 millones de trabajadores en el primer día. A las actividades afectadas en la huelga anterior se sumaron correos, empleados públicos de algunos estados, departamentos del gobierno central y plantaciones. Se registraron al menos dos muertos producto del ataque de civiles contra los manifestantes. Tras la huelga, en diciembre del mismo año se realizó una nueva marcha al Parlamento convocada por todas las centrales y contra el gobierno central, donde se reclamó contra el creciente desempleo, la paralización de la producción agrícola y los recortes salariales.

En octubre de 2014, el nuevo Primer Ministro, Narendra Modi, anunció su intención de reformar las principales leyes laborales del país. Como explicaremos más adelante, los proyectos implican que alrededor del 67% de las empresas queden fuera de la regulación legal, ya que se pone un mínimo de empleados a partir del cual corresponde la aplicación de las leyes. Es que se argumenta que su “rigidez” (léase, una mayor protección de los trabajadores frente a la burguesía) desincentiva la inversión y el crecimiento de las empresas, que preferirían mantenerse pequeñas para acogerse de los beneficios legales de ser una pyme. Por este motivo, en los primeros días de diciembre se realizó una protesta a nivel nacional.

En mayo de 2015, se reunió una Convención Nacional de Trabajadores convocada por las doce centrales sindicales reconocidas oficialmente, donde se anunció una huelga para el 2 de septiembre. El pliego de reclamos se mantuvo y se incluyó el rechazo a las enmiendas propuestas a la legislación laboral. La huelga nuevamente convocó entre 150 y 200 millones de trabajadores, aun cuando una porción de la burocracia sindical, ligada al partido de gobierno y partidos de la oposición de derecha, abandonó la medida tras acuerdos salariales insuficientes con el gobierno.

Este año se repitió un escenario similar. Una nueva acción fue convocada para la misma fecha por el grueso de las centrales sindicales, pero la RSS y la BMS (afiliada al partido de Modi) no llamaron a la huelga tras mantener reuniones con el gobierno, que para paliar la situación anunció un aumento del salario mínimo a 9.100 rupias (136 dólares), muy lejos del pedido de 18 mil rupias de los sindicatos. A esto se sumó un importante operativo oficial de amedrentamiento los días previos a la huelga, que incluyó desde amenazas hasta encarcelamiento, como fue el caso de las enfermeras de Delhi, que habían anunciado la huelga indefinida en los hospitales públicos y se las acusó de obstaculizar un servicio público. Aun así, la medida convocó aproximadamente 180 millones de trabajadores en todo el país.

La clase obrera india y la reforma laboral

Aproximadamente 500 millones de personas conforman la fuerza de trabajo india. El índice de desocupación oficial es del 5% y la tasa de trabajadores informales asciende al 92% del total de trabajadores empleados para el período 2009-2010.4 A esto se suma que el 30% de los trabajadores privados están empleados vía contratistas. El salario promedio para un trabajador contratado es de aproximadamente 59 dólares, mientras que para un trabajador permanente es de 83 dólares. La cifra de contratados asciende al 32% en el sector público, que representa el 39,5% de los empleos que existen en la India.5 Los bajos salarios y la inestabilidad laboral son un rasgo tan arraigado en el país asiático que un puesto en el Estado resulta prácticamente una salvación. Recientemente, se han presentado más de dos millones de personas para cubrir solo 370 vacantes por un sueldo de aproximadamente 200 euros.6 La alta tasa de trabajadores contratados y las diferencias salariales y de condiciones de trabajo respecto de los trabajadores permanentes son tan grandes que la igualación de derechos entre ambos está en la agenda de reclamos desde hace varios años. Es decir, que el “milagro” indio se estructuró a costa de un empeoramiento extremo de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera local. He ahí la fuerza del ejemplo a seguir por la burguesía mundial.

En este cuadro entra la pretensión del gobierno de Modi de cambiar aspectos centrales de las leyes laborales, fundamentalmente la Ley de Fábricas, que regula aspectos básicos de las condiciones de trabajo. En primer lugar, con la reforma se pretende que el piso de empleados para estar alcanzado por la Ley de Fábricas pase de 10 a 20 empleados, para las empresas que usan energía eléctrica, y de 20 a 40 empleados, para las que no la usan, aunque cada gobierno local puede establecer su propio rango, sin afectar el máximo de 40. Es decir, que el cuerpo fundamental que regula las condiciones de trabajo de los obreros de la India ya excluía, de por sí, a una fracción de trabajadores de las empresas más pequeñas, que ahora se amplifica. Además, se modifica el sentido del término “fabrica”, que de ahora en más puede ser tomado como cualquier establecimiento dentro de una empresa donde trabajen 40 empleados o más. Esto permite que secciones enteras de una misma empresa, donde se realizan partes específicas del proceso productivo, queden fuera del alcance de la ley.

A esto se suma la flexibilización de las condiciones para extender los horarios laborales, en caso de que sea necesario enfrentar aumentos en la producción. Antes, se necesitaba autorización por escrito del gobierno estadual o del inspector en jefe del área laboral donde se estipulen las condiciones específicas de cada caso. Ahora, se establecerán reglas generales que aún no han sido informadas. Además, la excepción estaba atada a que se cumpla que ningún trabajador haga horas extras por más de 7 días seguidos y las horas extras totales no podían superar las 75 por cuatrimestre. Ahora ese límite aumentará a 115 horas cuatrimestrales.

Otro punto de disputa es la regulación del trabajo femenino. Anteriormente, se limitaba la labor de la mujer al horario de 6 a 19 horas, e inclusive el gobierno estadual podía reducirlo de 10 a 17 horas. Ahora, podrán trabajar de 19 a 6 de la mañana siempre y cuando se cumplan condiciones de seguridad. Por supuesto, todo en nombre del “empoderamiento” y la igualación de los derechos (a ser explotados).

También se modifica la ley de contratos, que rige las condiciones de contratación y se aplicará a empresas a partir de 50 empleados, cuando el limite anterior era de 20 obreros. En cuanto a la ley de disputas laborales, se permite que las empresas de hasta 300 empleados despidan o cierren el establecimiento sin autorización estatal, mientras que anteriormente solo podían hacerlo las empresas que empleaban hasta 100 obreros. A esto se suma un importante cambio en la organización sindical, ya que el piso para formar un sindicato pasa del 15% al 30% del total de los trabajadores. Aun así, los conflictos por violación del derecho a la libertad sindical aparecen a diario y son base del reclamo de cumplimiento de los convenios de la OIT.7

Imágenes del futuro

Como pudimos ver, el tan publicitado crecimiento de la India se estructuró en la super explotación de una de las masas laborales más grandes del planeta, que sobrevive a costa de salarios que apenas rozan los mil pesos y sin ningún tipo de resguardo del sistema de seguridad social o de los sindicatos. Antes de las reformas, menos del 10% de los trabajadores se encontraba protegido por las leyes laborales, ¿qué les queda ahora? La situación del proletariado indio tiene que servir de ejemplo para prepararnos para el futuro que depara el capitalismo a nivel mundial: más pauperización, empeoramiento de las condiciones de trabajo, creciente dependencia de la asistencia y el trabajo público. Inclusive en un país como la India, donde a pesar de mostrar una tendencia decreciente las estadísticas económicas siguen siendo positivas, la burguesía debe valerse de un fuerte ataque a los derechos laborales para poder seguir sosteniendo ese ritmo.

También nos permite adelantarnos a ciertos problemas de índole organizativo. Hace un lustro que los trabajadores de la India vienen ocupando las calles de a cientos de millones al menos una vez al año. Sin embargo, sus demandas nunca fueron siquiera oídas, ni se registró la más mínima impugnación contra el poder político de la burguesía, aunque sea de la forma más elemental. Esto nos muestra que la lucha por la lucha o la acción directa, en sí misma, como un principio inmaculado, es inconducente. Sin una dirección y un programa político, los cientos de millones de trabajadores indios, fragmentados y atomizados, no constituyen una amenaza para la burguesía local.

Notas

1Integrado por siete centrales sindicales.

2Véase Industriall, 8/9/2010, disponible en https://goo.gl/2POcet.

3Esta vez también fueron convocantes el Sindicato de Trabajadores Indios (BMS), la central más grande, ala laborista de la Organización Nacional Patriótica (RSS); la Federación Progresista del Trabajo (LPF); y la Asociación de Mujeres Autoempleadas (SEWA).

4Papola, Trilok Singh: Role of labour regulation and reforms in India. Country case study on labour market segmentation. Génova, Organización Internacional del Trabajo, 2013.

5Véase Industriall: “Precarious work in India”, 2012. Disponible en https://goo.gl/8OYEUM.

6Véase República, 25/9/2015, disponible en https://goo.gl/W5dOiJ.

7Varios de ellos pueden verse en el Informe sobre las violaciones de los derechos sindicales elaborado por la International Trade Union Confederation (ITUC), y su apartado dedicado a la India, disponible en https://goo.gl/I5AY42.

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