Estamos trabajando para usted

revCada vez que cansados de soportar salarios de hambre, de ser suspendidos o despedidos, de sufrir las arbitrariedades de los patrones, salimos a la calle a gritar “basta” y ponerles un límite, suele instalarse un debate sobre el “derecho a la protesta”. Los autoproclamados progresistas, suelen decir que el derecho de uno termina donde empiezan los de otros. Por eso, nuestro derecho a reclamar no debería chocar con el derecho a circular de los demás. Reclamemos, sí, pero en la vereda, con un petitorio o por redes sociales. Nada de cortar la calle y alterar la circulación.

En realidad, el asunto está mal encarado. Acá no hay dos derechos (el de protestar y el de circular) sino dos intereses de clase bien claros. Por un lado, el de la clase dominante, la minoría de capitalistas que defienden la sociedad tal cual como la conocemos hoy, que quieren siempre mayores ganancias y, por tanto, más explotación. Por el otro, el de la clase obrera, la mayoría de la población, que es la que sufre el avance del capitalismo y el empeoramiento progresivo de su vida.

Solemos escuchar una y otra vez que los cortes de calle son “extorsivos”, porque quien quiere ir a trabajar, se perjudica. En realidad los piquetes no nos perjudican a nosotros, perjudican a los patrones. Claro, ellos son vivos y te lo trasladan a vos con inventos como el “presentismo”. Pero compañero, dígame, con una mano en el corazón ¿a usted le gusta ir todos los días a trabajar? En una sociedad capitalista, no existe el derecho a trabajar en abstracto. Los que no somos dueños de nada, salvo de nuestras manos, no tenemos demasiadas opciones: o trabajamos o nos morimos de hambre. No es una elección, es una necesidad.

Hay cientos de compañeros que además no tienen derecho a parar sencillamente porque no tienen sindicato o porque, más allá de la ley, su patrón los amenaza con descuentos salariales, recuperar horas, etc. El piquete les da la “excusa” frente a su patrón para poder adherirse.

Así y todo, es cierto que existen trabajadores que sencillamente no quieren parar. Pero cuando el paro es votado por el conjunto de los trabajadores, el derecho a carnerear, a romper la huelga, no es otra cosa que el derecho de uno por sobre el del colectivo. La lucha no es individual. Por eso mismo, cuando se conquistan mejoras estas no son solo para los obreros que lucharon, sino para todos.

Cuando los trabajadores deciden ir al paro, movilizar o cortar una calle, se enfrentan al capital y, si ganan, ponen un freno al avance sobre las condiciones de vida del conjunto. Si pierden, se fortalecen los que quieren quitarnos conquistas económicas, sociales y políticas. Por eso mismo importa poco si los manifestantes son 10, 100 o 1000. Su legitimidad no está dada por el número, sino por su carácter corporativo. Expliquemos. Cuando los manifestantes salen a la calle lo hacen en defensa de toda la clase, que logra con ellos ponerle un freno a la explotación y elevar el nivel de vida. Allí está su legitimidad.

Cada vez que salimos a la calle defendemos dos derechos. Por un lado, el derecho a mejorar nuestras condiciones de vida, poniéndole un límite al avance que intentan los patrones. Por el otro, el derecho a transformar la sociedad, a cambiar de raíz nuestra forma de vida. El fin de la esclavitud o el fin de la servidumbre fueron el resultado de hombres y mujeres que se manifestaron para crear una realidad completamente nueva. Quienes se oponen a esto, quieren frenar la historia, quieren condenarnos a un mundo de miseria eterno.

La próxima vez que vea un corte, un piquete o una movilización, recuerde esto, compañero. Así como se banca no poder circular porque están arreglando una calle, construyendo una nueva estación de subte o un metrobus, una movilización no son más que compañeros trabajando para vos. Trabajan para una vida nueva.

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