En el punto máximo. El autogolpe en Venezuela – Nicolás Grimaldi

 La Asamblea Constituyente sirvió para que se dé un autogolpe. Para esto, contó con el apoyo de una verdadera burguesía militar gestada bajo su gobierno. Aunque parezca difícil de creer, ciertos sectores de la izquierda apoyaron esta situación.

Nicolás Grimaldi

Grupo de Análisis Internacional-CEICS


En mayo, Maduro anunció la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), con el argumento de “devolverle el poder al pueblo”. Los propios representantes del sector empresarial, Gerson Hernández, de la Cámara Bolivariana de la Construcción, y Orlando Camacho, de FEDEINDUSTRIA, sostenían que la ANC debía “garantizar y reafirmar el derecho a la propiedad privaday que “debe llegarse a alianzas estratégicas con el Estado para garantizar así las obras, bienes y servicios”.[1] Es decir, consolidar a la boliburguesía parasitaria que vive del Estado. En el mismo sentido apuntó el Ministro de Educación, Elías Jaua. También se convocó a los Concejos Municipales, los distintos “sectores sociales”, los empresarios (como ya vimos) y hasta a los sectores de la oposición. Finalmente, se declaró la necesidad de impulsar “la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”, aunque no dejaba en claro si eso significaba impulsar las OLP, que suman más de 800 muertos, muchos en fosas comunes, y 18.000 detenciones. En concreto, con el adorno y el discurso típico de todo bonapartismo, el gobierno de Maduro apuesta por recomponer el Estado burgués.

Por su parte, la oposición rechazó esta convocatoria, por considerarla un fraude, y reclamó la convocatoria a elecciones. Primero, con una protesta el 24 de junio, reclamó a las Fuerzas Armadas que defiendan la Constitución, y se “unan al pueblo”. Es decir, un golpe militar. En segundo lugar, el 16 de julio, realizó una consulta nacional contra el gobierno, en la que se jactó de haber conseguido 7 millones de votos. En tercer lugar, emitió un acuerdo titulado “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad”, donde convocaba a un gobierno de “unidad y reconstrucción nacional” con funcionarios actuales y del pasado. En cuarto, convocó a un “paro cívico” el 26 y el 27 de julio, apoyado por el Frente Unitario Sindical, conformado por petroleros de la FUTPV, Coalición Nacional Sindical, CTV, y la UNT, mientras que se sumó también la patronal nucleada en FEDECAMARAS y CONINDUSTRIA, que reclamaban la anulación de la ANC y la convocatoria a elecciones. Los datos de los organizadores, estimaron una adhesión de más del 90%, principalmente en el sector privado, y en las ramas del comercio y el transporte. En quinto lugar, convocó a una “Toma de Venezuela” el viernes 28, con manifestaciones y piquetes. Es decir, se siente confiada para llamar a la movilización de masas.

 

Golpe consumado

 

A pesar de esta situación, la asamblea terminó realizándose. Las cifras publicadas por el gobierno, arrojaron un total de 8.089.320 de votos, lo que significaba el 41,53% del padrón, representando una recuperación de votos por parte del gobierno superando incluso a Chávez que, antes de su muerte, había conseguido el 55,11% con 8.044.106 votos. Resulta difícil creer que, en la mayor crisis política del régimen, Maduro haya recuperado popularidad en cuestión semanas. De todas formas, observamos que la relación de votantes con los beneficiarios de planes sociales, es de la mitad, mientras que al menos el 60% de la población no participó de la elección. La oposición, por su parte, denunció fraude, y sostuvo que solo votaron cerca de dos millones de personas. El proceso también fue desconocido en el plano internacional, salvo excepciones como Bolivia o Rusia.

El gobierno de Trump está intentando asfixiar al régimen de Maduro: le impuso sanciones a Maduro, congeló sus activos, le prohibió viajes y transacciones comerciales. Luego, aplicaría la prohibición de que cualquier empresa o ciudadano norteamericano compren deuda y bonos del gobierno o PDVSA. Llegó incluso, a hablar de una hipotética intervención militar en Venezuela, aunque días más tarde, el vicepresidente Mike Pence, sostuvo la necesidad de una “salida democrática”.[2] Por su parte, el MERCOSUR, anunció su suspensión del bloque. Estos hechos no convierten a Maduro en un revolucionario. Irán, Rusia y, en su momento, la China restaurada han recibido peores sanciones por parte de EE.UU.

¿Qué ha hecho Maduro una vez instalada la ANC? Definir el golpe de Estado. La ANC se atribuyó las funciones parlamentarias y desplazó a la fiscal Luisa Ortega Díaz, chavista opositora a Maduro, y fue reemplazada por Tarek William Saab. Luego, Maduro presentó un proyecto solicitando que se refuercen las penas contras las protestas “que expresen odio”, llevándolas a entre 15 y 25 años de cárcel. La ANC también propuso adelantar las elecciones a gobernador para octubre, a la cual se han inscriptos más de 70 partidos, aunque en ciertas jurisdicciones la oposición fue proscripta. Esto ha dividido a a esta última, ya que partidos como Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo han rechazado cualquier participación, mientras que partidos como Primero Justicia, AD, COPEI, o UNT, sí lo harán. De todas formas, la ANC podrá vetar candidatos, si considera que han participado en “actos de violencia política”.[3] Por último, la ANC fue apoyada por las FANB. El 8 de agosto, luego de que fuera sofocado el levantamiento del fuerte Paramacay en Carabobo, se hizo presente el ministro de Defensa, Padrino López, junto al alto mando militar, y recibió la bendición de la ANC para “preservar la soberanía y la independencia”.[4] El 27 de agosto, las fuerzas armadas ensayaron ejercicios cívico-militares en el marco del plan Soberanía Bolivariana 2017. Vale recordar que con Maduro, se ha constituido una verdadera burguesía militar que recibió entre 2013 y 2017, el control sobre 14 compañías, destinadas a diferentes rubros.[5]

 

El debate de la izquierda

La ANC en Venezuela, dio origen a un debate interesante entre el Frente Único Izquierda Revolucionaria-Organización Política Hombre Nuevo y la organización hermana de Izquierda Socialista en Venezuela, el PSL.[6] Para IR, el chavismo se trata de “la experiencia más avanzada en América Latina en los últimos 15 años”, principalmente por la nacionalización de empresas y la aplicación de las misiones, en donde la persistencia de la propiedad privada, el modelo “petrodependiente”, la boliburguesía, y la corrupción, “condicionan una perspectiva de transformación”. Es decir, IR reconoce que el chavismo no modificó nada de las condiciones del capitalismo, aunque se aferra a las medidas de maquillaje. Bastaría que IR vea los propios datos oficiales de Venezuela, para ver que mientras 10.374 empresas recibieron 180.567 millones de dólares, las misiones y programas sociales recibieron 173.574 millones de dólares, lo que significa que los mejores años del chavismo apenas arribaron a la meca progresista del “fifty-fifty”. Por esto, IR llamó a apoyar la ANC para fortalecer, según ellos, “la lucha contra la derecha y el imperialismo”. Es decir, en lugar de llamar a fortalecer el campo revolucionario, IR apoya la recomposición del Estado burgués y su carácter más autoritario y militar. Curiosa posición de quienes reivindican el autonomismo. Finalmente, IR sostiene que afirmar que Maduro expresa el mismo contenido de clase que Peña Nieto y Macri, es caer en al absurdo y borrar de un plumazo las caracterizaciones marxistas de los distintos tipos de gobierno en un Estado. A pesar de su casi 20 años de gobierno, IR no reconoce el carácter bonapartista del chavismo. La burguesía latinoamericana intenta enterrar al chavismo, no por representar un interés de clase opuesto, sino para enterrar con él la lucha de la clase obrera que se inicia con el Caracazo de 1989. Pero el chavismo no llegó al poder para desarrollar ese proceso revolucionario, sino para contenerlo, desarmarlo, y recomponer la dominación a través de la alianza de la burguesía con la clase obrera. Es decir, “peronizar” a Venezuela. En ese sentido, el chavismo es un escollo para el desarrollo de la conciencia revolucionaria y la práctica de la misma. Combatirlo, es la tarea de todo el campo revolucionario.

Por su parte, en su respuesta a IR, el PSL llamó a no participar de la ANC y a combatir contra Maduro, reconociendo sus delitos cometidos contra la clase obrera, incluyendo los asesinatos a dirigentes sindicales. El PSL reconoce la existencia del componente obrero de las protestas a diferencia de, por ejemplo, el LTS. A pesar de denunciar a la MUD y de anunciar una intervención independiente en, por ejemplo, la “Toma de Caracas”, la ausencia de una instancia que agrupe, de manera verdaderamente autónoma, al conjunto de los luchadores, diluía esa intervención en el campo de la oposición. En ese sentido, el PSL ha planteado la necesidad de convocar a un “un encuentro de organizaciones sindicales, juveniles y sociales opositoras a Maduro para discutir la preparación de un plan de movilización”. Algo similar ha planteado Marea Socialista, convocando a un encuentro del “chavismo crítico” y la izquierda autónoma no-chavista. La iniciativa es saludable, pero debe poder servir como un polo de reagrupación del conjunto de organizaciones revolucionarias y de dirección de la clase obrera que busca una salida socialista a la crisis. El problema es que no sabemos qué tipo de “encuentro” están planteando ni han puesto fecha para prepararlo. Debería funcionar como una verdadera asamblea de trabajadores, con deliberaciones tácticas y estratégicas y debería convocarse ya. De allí, tiene que surgir el germen del partido revolucionario que luche por instaurar el Socialismo en Venezuela.

Notas

[1]https://goo.gl/rHgFm1; Globovisión, 9/7/2017

[2]El País, 14/08/2017; BBC, 24/08/2017

[3]Telam, 17/08/2017

[4]Página 12, 09/08/2017

[5]https://goo.gl/P7gHQD

[6]https://goo.gl/XUmbD8; https://goo.gl/GAoynY

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