Empresarios pingüinos. Las entidades industriales ligadas al gobierno

a66veroVerónica Baudino
Grupo de Investigación de la Historia de la Burguesía Argentina
El kirchnerismo le ha dado protagonismo a dos centrales empresariales, la CGE y la CGRA. Dirigentes que apoyaron al menemismo, ahora se declaran “nacionales y populares”. Si quiere conocer quiénes son y las razones de dicha alianza, tiene que leer este artículo…

Las desavenencias entre el gobierno nacional y ciertos sectores de la burguesía antes aliados, principalmente nucleados en la Unión Industrial Argentina, estimularon el intento de apoyarse en viejas corporaciones. La necesidad de asegurarse el respaldo de un sector importante de la burguesía puso sobre el tapete nuevamente a la Confederación General Económica, ahora dividida en dos. Se intenta, de esta forma, recrear la alianza propia del tercer gobierno peronista, en 1973, aunque dado que las condiciones políticas y económicas son diferentes, la viabilidad del proyecto es aún más endeble que en ese entonces. ¿Quiénes son y qué perspectivas tiene este sector empresarial?

La burguesía de Perón

La extensión del proceso de industrialización originó pequeños y medianos capitales nuevos, carentes de representación en las corporaciones denominadas “tradicionales”. En este contexto se fundó la Confederación General Económica (CGE), en 1952, a partir de la unificación de un número importante de federaciones del interior de país ya existentes. Su creación aparece como producto de la acción de Juan Domingo Perón para garantizarse una megacorporación empresaria afín a su programa político, enfrentada a la Unión Industrial Argentina (UIA).
La relación de la CGE con el peronismo se mantuvo en el tiempo. El punto más alto de la relación tuvo lugar durante el tercer gobierno peronista, en 1973. La CGE impulsó el retorno del peronismo como salida a la crisis en ciernes desde el Cordobazo; se alió al sector de la clase obrera representado por la CGE y elaboró el proyecto político medular del gobierno: el Pacto Social. La importancia de la entidad en el proceso “nacional y popular” del período, no obstante, antes que incrementar las diferencias con las fracciones de la llamada burguesía dependiente las disminuyó. Al punto de unificarse con su “archienemiga” UIA en base a la necesidad de neutralizar a las tendencias revolucionarias de la clase obrera y la distribución a los capitales menores de importantes porciones de una renta espectacular. Poco duró la comunión de intereses: la muerte de Perón, la reactualización de la crisis económica y política, producto de una vertiginosa caída de la renta que sostenía el proyecto reformista, las comenzó a distanciar nuevamente. Esto constituyó una patente expresión de la volatilidad de los proyectos asentados en el desarrollo de los capitales nacionales más pequeños qué sólo adquieren cierto dinamismo a razón de ingentes transferencias estatales y protección de mercado interno so pena de sucumbir ante la competencia.
Hoy, el gobierno intenta, mediante el acercamiento a la CGE, recrear dicha experiencia. Se apela a un discurso de desarrollo nacional, autónomo y popular, supuestamente personificado en las fracciones más pequeñas de la burguesía. Aunque éstas están muy lejos de posibilitar el relanzamiento de la acumulación de capital en Argentina y mucho más aun de proveer soluciones a las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Las entidades, hoy

La CGE, carece de la centralidad de otros tiempos y ha quedado rezagada, aunque no desaparecida, del escenario político. El presidente de la misma en 1998 (Guillermo Gómez Galicia, candidato a diputado) fue quien construyó la famosa pista en Anillaco y pugnó por la re-reelección de Menem en 19991. En 2003, el entonces líder de la entidad, Raúl Rivas, se pronunció a favor de la candidatura del riojano en 2003, algo que pocos empresarios kirchneristas quieren recordar. Actualmente, la corporación adquirió nuevos bríos gracias a la intención del gobierno, por lo menos del sector de Guillermo Moreno, de convertirla en su principal interlocutor entre las corporaciones empresarias.
Sin embargo, la propuesta no parece muy auspiciosa. En primer lugar, debido al fraccionamiento que ha sufrido la entidad. Ya no se trata de aquella con la potencia política de los ’70. Lugo de cierto resurgimiento de la mano del kirchnerismo, la CGE se partió en junio de 2007. Por un lado quedó conformada la Confederación General Económica (CGE), liderada por Daniel Milacci, titular de la Cámara Empresaria de Transportes de Pasajeros. La misma, está integrada por representantes de las provincias de Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Corrientes, Jujuy, Misiones y Río Grande.
Por otro lado, se creó la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA), acaudillada por Marcelo Fernández, un industrial textil que ese año asumiría como diputado del Frente para la Victoria2. La misma está compuesta centralmente por cámaras de industrias textiles, indumentaria, calzados y frigoríficos.
Ambos sectores apoyan al gobierno kirchnerista, con lo cual no parece ser el motivo de la separación. Se pronunciaron del lado del gobierno en el conflicto del campo, apoyaron la reelección de Cristina y no pierden oportunidad para elogiar su “modelo de desarrollo”.
Las dos entidades defienden a capa y espada la política de protección del mercado interno. En 2008, la CGERA emitió un documento en el que se solicitaba al gobierno “protección” contra lo que caracterizaban como “competencia desleal”, atizada por la erosión del tipo de cambio que abre las puertas a las importaciones. Se trata de un conjunto de pequeños capitales que no pueden enfrentar la competencia de empresas extranjeras. La insistencia en medidas proteccionistas ha llevado a este sector al enfrentamiento con otros capitales que requieren condiciones diferentes, como con el dueño de FIAT, en 2009. Posteriormente, en 2011, la entidad apoyó la implementación de las Licencias No Automáticas porque, a su juicio, muchos capitales no podían afrontar la competencia externa. Claro que, como siempre, plantean que la medida debe ser “transitoria” hasta que “madure” y se fortalezca la industria nacional, manteniendo viva la ilusión de alcanzar un nivel de acumulación capaz colocarlos a la par de los grandes capitales. Habría que preguntarles si realmente lo creen posible o se trata de un discurso, usado hasta el hartazgo, cuyo único fin es justificar la continua subvención a sus empresas.
La CGE, por su parte, otorgó su apoyo a las medidas de restricción de importaciones debido a que “hacen que se fortalezca el mercado interno generando más y mejor empleo”3. Esta entidad, no obstante, quedó desplazada de la escena pública, opacada por las relaciones del principal dirigente de la CGERA con el kirchnerismo. La conexión directa de su titular con el gobierno parece haber otorgado mayor preponderancia a dicho sector, que aglutinó a las cámaras más importantes de los pequeños capitales nacionales. Su relación con Ricardo Echegaray, actualmente jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y ex presidente de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) y de la Aduana, lo posicionó como un dirigente destacado para hacer llegar propuestas en materia de regulación del comercio. De hecho, muchas cámaras de la carne se afiliaron a la entidad ante esta tentadora perspectiva.
La CGERA se postuló, desde su fundación, como el sector abanderado de los pequeños capitales y defensor del modelo del gobierno ante aquellas fracciones de la burguesía que comenzaron, desde el conflicto del campo, a colocarse en la vereda opuesta al kircherismo. Esta entidad no sólo enfrentó a los sectores agropecuarios sino incluso desde el 2009, a la UIA, criticando públicamente el tono opositor de la Conferencia Industrial organizada por dicha entidad.
En la actualidad, la CGE ha cobrado nuevamente protagonismo gracias a que su vicepresidente, Ider Peretti, es un allegado a Guillermo Moreno y preside el Consejo Argentino de Productores (CAP), entidad con oficinas en el Mercado Central de Buenos Aires4. Recientemente, han fundado, con el aval del ministro, una cámara de exportadores de cereales adepta al gobierno, para intentar competir con la Cámara de la Industria Aceitera-Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-Cec) que nuclea a Cargill, Dreyfus, Bunge, Nidera, ADM y AGD. Las dos CGE son expresión, autoproclamada, de los capitales más pequeños de la Argentina. Es decir, de los más débiles del conjunto de la débil burguesía nacional. Su firme adhesión al gobierno, por el momento, incentivó al mismo a aprovechar su apoyo frente a la oposición. Veamos cuál es el plan.

Proyecto K

El propósito del gobierno, expresado por Guillermo Moreno, es unificar a las dos CGE para contrapesar el peso del sector de la UIA5. Se intenta así dar forma a una entidad empresaria con tintes políticos que ya comenzó a dar algunos pasos mediante la fundación de la agrupación “Ministro José Ber Gelbard”, impulsada por Marcelo Fernández (CGERA), desde junio de 2011. La misma se postula como una organización que supera el nivel sindical para actuar en la arena política defendiendo el desarrollo de la industria nacional de la mano del kirchenirsmo, contra todo plan “antinacional”6. El mismo se ha ido nutriendo de empresarios de varias provincias conformando un polo de apoyo político del gobierno.
Sin embargo, aunque puedan lograr una convocatoria considerable de los pequeños capitales nacionales a su proyecto político pro K, las perspectivas son muy pobres. Al tratarse de, como ya dijimos, una burguesía muy débil, depende exclusivamente de las transferencias estatales para funcionar. Las PYMES cuentan con una batería de subsidios otorgados por el gobierno K, gestionando inclusive las solicitudes mediante el programa “Ventanilla PYME”, manejado, entre otras entidades, por ambas CGE.
Dichos subsidios no sólo establecen una alianza con una fracción de la burguesía, sino que, por su intermedio, establece una serie de lazos con la sobrepoblación relativa, fracción de la clase obrera ocupada en términos no competitivos. Este sector del capital ocupa un 52%7 del empleo registrado, y una suma mucho mayor si se contempla el trabajo en negro. Trazar una alianza con este sector de la burguesía, sin viabilidad para relanzar la acumulación del capital en Argentina, parece entonces una forma de mantener vínculos con un sector muy pauperizado de la clase obrera, sosteniendo niveles de empleo en base a condiciones miserables de vida.

Notas:

1 La Nación, 1/3/1998.
2 BAE, 30/8/2007.
3 La Nación, 2/2/2011.
4 BAE, 3/4/2012.
5 Agencias, 3/4/2012.
6 Revista Veintitrés, 16/6/2011.
7 MTEySS – Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales – Dirección General de Estudios y Estadísticas Laborales – Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial, en base a SIPA.

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