El hijo de Chasman – Por Rosana López Rodriguez y Eduardo Sartelli Entrevista a Rodolfo Demarco y Fernando Gonet

5(1)_BYNEn el número anterior de El Aromo examinamos Hernanito, de Alejandro Acobino. Con posterioridad nos encontramos con sus protagonistas, con los que charlamos sobre el autor, la obra y la forma en la que encararon la puesta.

Por Rosana López Rodriguez y Eduardo Sartelli (CEICS)

Ustedes conocieron de cerca a Alejandro. ¿Cómo lo ubicarían políticamente?

Rodolfo Demarco (RD): Alejandro era una persona muy escéptica, creo yo. En todo sentido, no solo en el político. Creo que eso se trasluce bastante en Hernanito. Gabriela y Guillermo, los hermanos, cuando vieron la obra, quedaron muy impactados porque tiene muchas citas de la infancia y de la adolescencia de él. Nos decían que con Hernanito quiso hablar de un montón de cosas: política, religión, relación patrón-obrero, industrialización. Metió todo ahí.

¿Cómo se relacionan con él?

Fernando Gonet (FG): Yo lo conocí en una de las primeras obras de Muscari, como actor. Éramos compañeros de elenco, en el año ’95-’96. Él era el presentador del grupo de improvisación Sucesos Argentinos, del que después salió Oski Guzmán. Pegamos onda enseguida y nos hicimos amigos eternos. Nuestro trío, Los Tramontina, en ese momento estaba los viernes y Sucesos los sábados, en un sucucho que se llamaba Remember, enfrente de lo que era Ave Porco, al lado de La Casona. Nos veíamos, nos cruzábamos, porque compartíamos sucucho.1

RD: Yo leí Continente viril cuando estuvimos con La Fronda con el primer espectáculo Living, último paisaje, en el festival FIBA de 2001.2 Él estaba con Continente viril. La leí y me fascinó. Incluso me dije: “Me gustaría trabajar con este tipo alguna vez”. Después nos encontramos acá, yo con La Fronda haciendo Flia y él haciendo Rodando. Ahí nos conocimos. Un día me preguntó: “¿Cuánto medís?” “1,75”, le contesté. Un viernes viene y me dice: “Tengo un personaje a tu medida”. Y así me propuso Hernanito: “Tu personaje es el hijo de Chasman. Tenés que hacer ventriloquía”. Me contó la idea y me partió la cabeza. Como ya dije, yo quería trabajar con él desde que había leído Continente viril. Estuve como un mes y medio o dos ensayando con él en mi casa, solo. El otro actor ya estaba elegido, pero no me quería decir quién era.

En tu caso (FG) tenías que hacer de un obrero evangelista bastante conservador, de pocas palabras. ¿Cómo lo compusiste?

FG: Aco era muy caótico en sus indicaciones de las búsquedas de sus personajes. Era muy genio pero también muy caótico en sus directivas. También reescribía mucho. Me decía: “ahora es un boxeador, ponéle energía de boxeador. Pero no muy agresivo en el tono, sino en la mirada. Acordáte de que es parco, que no habla mucho. Habla si tiene que responder, si le hablan”. Para el tema de la religión me dio un CD de un pai, que era medio chanta. Entre este pai y el boxeador, lo fui armando. Sobre todo tenía muy en claro que era una energía muy contraria a la de Juan Jorge, que hablaba y era hiperquinético.3 Siempre tuve claro que la obra tiene que tener estos dos mundos, estas dos personalidades, estos dos tonos y energías contrastantes. En este oficio hay mucho de instinto. La energía de Salinas es tranquila, igual que la mía. Salvo cuando se enoja. Le puse mi espíritu tranquilo, con algunas cositas que me iba tirando Aco y con la observación de la calle. A veces iba en bondi y prestaba atención a algún chabón con bolso, laburantes de verdad (risas), que vienen de la metalúrgica, del taller. Un tipo ideológicamente tirando al PO o a la izquierda seguro. Pero también al peronismo de la vieja usanza, no al kirchnerismo.

¿Cómo te arreglaste para componer a un ventrílocuo?

RD: Primero fue bravo. Estudié con un librito que me alcanzó Aco. Me habrá llevado seis meses cazarle la onda. Después fue creciendo. Pero es un laburo desagradable. Es un laburo solo, frente al espejo con el muñeco, mirando al muñeco todo el tiempo. Después el personaje es bastante complejo.

Algo que notamos en las obras actuales, es la presencia de un actor todo terreno, no el actor tipo Luppi, que hace siempre de Luppi, ese actor de carácter…

FG: Yo creo que tiene que ver con que se rompieron ciertos límites de los géneros. Hoy el teatro independiente es muy amplio a nivel género, se abrió mucho en ese sentido. Antes era comedia y drama, en los ’80 el under y a partir de los ’90 se diversificó mucho. El teatro argentino es muy rico en cuanto a sus propuestas.

Se nota también una fuerte preparación técnica del actor. Porque que alguien se pase seis meses para aprender ventriloquía…

RD: Eso es pura pasión. No hay otra cosa. Es una locura.

FG: Si uno se pone a pensar en nuestra profesión es una locura. Pero una locura es también lo que implica ponerse en un oficio donde lo económico no está garantizado. Estamos medio locos en el buen sentido. Porque también tenemos familia y no podés vivir solo de esto, tenés que tener otros quiosquitos. Pero te gana otra cosa, que es más pasional, más vocacional, sanguínea.

EA: Ya el solo hecho de representar algo distinto de lo que uno es tiene mucho de locura. Vos tenés relación con un muñeco, pero un muñeco bastante jodido…

RD: Es un muñeco bastante jodido, el guacho. Con Juan Jorge, más allá de la ventriloquía, como personaje no tenía una referencia. No es “hacé un policía”. Es un chiflado, un esquizofrénico. No ves un esquizofrénico por la calle. Entonces era bastante complicado para mí no hacer el típico loco. Y Aco me decía: “Vos estás mucho más cerca del personaje que el Negro (FG) del suyo”. (Risas)

Una característica muy saliente del muñeco es que no te deja mentir…

RD: Sí, es el hermano mayor, además. Es el hermano mayor que sabe todo de uno. Juan Jorge lo tiene como un referente.

Te sale muy bien el personaje…

RD: Y bueno, hay que aportar un poco de uno… Una vez le pregunté a Aco: “¿Por qué me elegiste para este personaje?” “Porque me dabas la dosis justa de oscuridad y fracaso”, me dijo. (Risas)

¿Cómo ubicás políticamente a Juan Jorge y a la dupla con su hermano, que surge como un tercer personaje?

RD: Yo creo que sería del Frente Renovador. Muy veleta, no le creés mucho. El discurso de Juan Jorge es mentiroso, porque se hace el industrializador pero en realidad quiere ser como el papá, quiere ser ventrílocuo.

¿Lo querés a Salinas?

FG: Yo lo quiero bastante. Porque me da entre gracia y ternura. En general me llevo bien con la gente parca o callada. Con la gente muy arriba de energía no me llevo del todo bien. Me llevo mejor con la gente de energía baja. A Salinas me parece que lo quiero en el sentido de que es un tipo común, muy parco, pero muy simple, que le gusta el fútbol y esas cosas. Aparte me río mucho. Por ahí estoy en casa con mi mujer, lavando un plato, me pongo a murmurar y ella me pregunta qué estoy diciendo y le contesto “Kipli” y me largo a reír.4

¿Y Juan Jorge?

RD: Por un lado, me encanta el personaje, amo esta obra. También me genera cierta compasión. Es un pobre tipo.

Es muy interesante el que el personaje vaya conscientemente hacia un desenlace trágico. Porque Juan Jorge quiere ser artista y al mismo tiempo quiere ser otra cosa, quiere un destino más amplio. En el fondo sabe que todo es un fracaso. Es una metáfora sobre la Argentina muy poderosa…

RD: En algún momento se me ocurrió que Juan Jorge se suicida. Hay algo de eso. Sabe que la ventriloquía lo va a matar y a pesar de eso, insiste. Redobla la apuesta. Sobre la metáfora, creo que de eso Aco era muy consciente…

En Absentha hay una veta similar: hay cierta posibilidad de salida a través del arte, pero esa posibilidad siempre termina bloqueada. Llega hasta la lucidez, hasta el reconocimiento de la impotencia, un reconocimiento trágico…

RD: Es un proyecto que generamos en La Fronda. A partir de una idea convocamos a Aco para que escribiera la obra. La idea de introducir la invectiva como eje es de él. Al final dio vuelta todo, pero respetó varias cosas. Queríamos que él escribiera porque nos encantaba como lo hacía.

Notas

1 Los tramontina era el dúo de café concert del que participaba Fernando Gonnet junto a Evert Romero.

2 La Fronda es el grupo de teatro del que forma parte Rodolfo Demarco y que es responsable de la puesta actual de Absentha, la obra de Acobino que se comenta en este mismo número de El Aromo.

3 El personaje de Gonnet es Salinas, un obrero metalúrgico; el de Rodolfo Demarco es Juan Jorge, el dueño de la empresa.

4 En referencia a la pronunciación incorrecta del apellido del escritor inglés Rudyard Kipling por parte de Salinas.

 

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