El Festival de Cine y la lucha en el terreno de la cultura.

 

 

Fabián Harari

 

Del 2 de octubre al 2 de noviembre los compañeros de Ojo Obrero organizaron el I Festival de Cine de la Clase Obrera, con el objetivo de difundir expresiones culturales que se reclaman revolucionarias, para luego invitar al público al debate: una verdadera tarea intelectual. Desde la sede de Asamblea Popular Plaza Congreso pidieron nuestro aporte y asistimos como panelistas. En el primer encuentro la temática giró en torno a las reivindicaciones de los pueblos originarios a través de las  películas La guerra del miedo y Cuando la justicia se hace pueblo (Grupo promedio de comunicación comunitaria, México), Resistencia Lafkenche (P. Henriques, Chile), Marici Weu (Indynmedia Video, Argentina). La segunda proyección fue Acratas (V. Martínez, Uruguay): relata la historia de anarquistas expropiadores emigrados en Montevideo. La tercera puso sobre la mesa el Argentinazo, con mirada brasileña, en O Panelazo, A rebeliao argentina (C. Pronzato, Brasil) y el levantamiento boliviano en La guerra del Gas, del mismo director.

El Festival entero se destacó por la ausencia de obras de ficción, lo cual expresa el atraso de las producciones de la clase obrera con respecto a las burguesas. En los documentales señalados se observa una mimetización del director con respecto a su objeto de estudio, una coincidencia que no explicitan ni fundamentan. No hay un trato científico del objeto, condición inherente al documental. En el caso de las comunidades indígenas, parecen ser una continuidad de las del siglo XV y no se reseña ningún debate interno, luchas previas, ni evolución social o política alguna. El terrorismo anarquista no tuvo críticas por parte de sus camaradas y al parecer no fue un fracaso. Quien no conoce en profundidad cada tema está excluido y debe conformarse con imágenes épicas, testimonios desgarradores y arengas políticas que tan sólo confirman lo mal que está el mundo y la disposición de mucha gente para cambiarlo. La exasperación llega en O Panelazo, donde el proceso parece brotar de la noche a la mañana y, junto a las imágenes del 20 de diciembre, aparecen las arengas de los esbirros D´Elía y Alderete. Otro ejemplo preocupante: Cuando la justicia… reivindica una policía comunitaria para perseguir miembros de la propia comunidad que roben comida.

Afortunadamente, después de las proyecciones vino el debate. Entonces queda la posibilidad de develar las deficiencias de las producciones y analizar el contenido político de las propuestas. En el caso de la lucha de los pueblos originarios el debate giró en torno a la supuesta continuidad, y/o homogeneidad, de esas sociedades y la posibilidad de una salida autónoma a partir del separatismo que el desarrollo de relaciones capitalistas hace ya inviable. El debate sobre el anarquismo contextualizó el movimiento anarquista y se debatieron los límites de la acción individual en relación a la formación de un partido de masas. Para el Argentinazo y el Bolivianazo se remarcó que ni en un caso se trató de un “cacerolazo” ni en otro de “La guerra del gas”, sino de insurrecciones, acciones directas contra el poder político y que no fueron gestadas de la noche a la mañana sino que son el punto de confluencia de 6 o 7 años de lucha.

La iniciativa, el debate, la lucha ideológica, deben ser saludadas y acompañadas. Es de esperar que la próxima edición encuentre producciones a la altura de las tareas.

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