Educación. Escuela 2030

El gobierno ya propuso su reforma educativa y tiene un nombre, “Escuela 2030”, y ya tiene en vistas la aplicación en escuelas piloto. ¿Cuál es la idea? La Escuela 2030 se propone “educar para el trabajo del futuro”, bajo la premisa que el sistema educativo debe asegurar una buena inserción laboral. Para eso habría que atender a tres grandes cambios en el sistema productivo: el desplazamiento de circuitos productivos, la automatización y el cuentapropismo.

Los documentos de Argentina 2030 establecen que “es imposible predecir los empleos del futuro pero sí podemos dotar a las personas del manejo de herramientas, capacidades y destrezas para que se adapten”. Los lineamientos se orientan entonces al “desarrollo de capacidades” y “proyectos de vida”. Lo importante no sería tanto los contenidos disciplinares a estudiar, sino “aprender a aprender”. Incluso se propone armar propuestas de integración de dos o más disciplinas. Se habla así de un conjunto de “saberes emergentes” de lo cotidiano, del interés del alumno y del espacio local, que se combinarían de modo incierto con los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios. La fórmula tiene una consecuencia: se licúa el rol del docente. Traducido a la política concreta, la reforma promueve el trabajo autónomo del alumno con “facilitadores” que acompañen su proceso.

La Escuela 2030 propone encarar una renovación “institucional” completa, profundizando la Ley Nacional de Educación. La idea obviamente es que el proyecto escolar gire en torno a la institución, cambiando el tiempo y espacio. Si bien habrá mayor tiempo de cursada, eso no se va a hacer en la escuela ni necesariamente con docentes. La Escuela 2030 propone ir a clubes, comedores, ONGS, instituciones artísticas, culturales y sociales, organismos públicos para realizar “prácticas” educativas, pasantías, etc. No es una novedad: el artículo 33º de la LEN kirchnerista y el 123º ya lo anticiparon. Se trata de una escuela paraestatal ya inaugurada por el FINES (también kirchnerista) y que hoy avanza hasta abrazar al resto del sistema.

El resultado es claro: un espacio escolar degradado. La “renovación institucional” profundiza la descentralización del sistema y la fragmentación. Se alienta la adaptación pedagógica e institucional a criterio de cada escuela. El resultado: un plan de estudio por proyectos o problemas, por grupos de interés, trayectorias flexibles, horarios flexibles, evaluaciones flexibles o por créditos acordado en cada escuela. En otras palabras, una atomización completa, donde se enseña poco y nada. Lo que se viene es la municipalización de la educación generalizada que también afectará a Buenos Aires.

Hace décadas se ensayan reformas similares y los resultados son siempre los mismos: mayor degradación, una escuela que cada vez enseña menos y peor. La Escuela 2030 no va a ser la excepción con su propuesta de adaptabilidad y flexibilidad, con esquemas de tutores por doquier y semi-presencialidad. No podemos aceptar que la escuela sea una simple forjadora de mano de obra, encubierta bajo la idea de “educar para el trabajo”. Una escuela así es una escuela culturalmente vaciada. A eso nos condena el capitalismo.

Es hora de tomar el toro por las astas. No alcanza con rechazar la reforma del gobierno: necesitamos nuestro propio proyecto porque hay un problema real, que la escuela falla. Hay que llamar a un Congreso Educativo de todos los trabajadores de la educación, de alumnos y de las familias para sacar a la educación de este atolladero. Es nuestra tarea construir una escuela pública, científica y de calidad, que sirva para la transformación social.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *