ECD14 – EDITORIAL: La burocracia no es la solución

Por: Romina De Luca

Estamos frente a las puertas de una nueva reforma educativa. El Plan Maestro trazó la agenda general que se va cristalizando en toda una serie de medidas parciales. La burocracia sindical celeste (Yasky, Alesso, Baradel, etc.) se presentan como la oposición (tibia, hay que decirlo) a la política educativa de “la derecha”. Dicen que, como buen empresario, Mauricio Macri buscaría privatizar el sistema educativo, tal como Menem en su momento. Por eso, las medidas del gobierno atacarían a la escuela pública y las conquistas del Estatuto. Cierto es que, parte de ese diagnóstico es compartido por la izquierda. El fantasma de la privatización forma parte de su caballito de batalla histórico y si hoy aparece algo censurada esa posición tiene que ver únicamente con su afán por diferenciarse algo de la burocracia. Machacan entonces sobre la defensa de la escuela pública, el ataque a los derechos de los docentes (vía Plan Maestro, reformas de la secundaria, entre otros) y cómo hoy las reformas adaptan la escuela a las necesidades empresarias, por ejemplo, proporcionándoles mano de obra barata/gratuita (estudiantes pasantes). El paquete de medidas laborales, previsionales, impositivas sumado a la reforma educativa tendrían un único destino: precarizar el trabajo docente y vaciar a la escuela pública.

Lo cierto es que ni la degradación educativa ni la ofensiva precarizadora empezaron con la asunción de Macri. En tal caso, Mauricio es una vuelta de tuerca más profundizando lo ya existente. Mueve a risa escuchar declaraciones de Eduardo López (UTE-CABA) quien aduce que el proyecto de Mauricio es la desescolarización y la eliminación de docentes y de escuelas precarizando derechos. Baradel realizó declaraciones en el mismo sentido, al igual que ex ministros (Sileoni, por mencionar uno) y los pedagogos K, otrora estrellas. Carecen de memoria quienes hasta ayer defendían el Plan Fines II que igualó a tutores con docentes, precarizó las condiciones de trabajo instaurando contrataciones cuatrimestrales sin antigüedad ni derechos laborales, que equiparó escuelas con parroquias, el adalid de la desescolarización. Olvidan las innumerables declaraciones de CFK atacando a los docentes. Nos llamó: huelguistas crónicos, trabajadores privilegiados, que trabajan poco, y toman de rehenes a los alumnos en sus huelgas, que gozan de una estabilidad que no tienen el resto de los trabajadores y la lista sigue. Que había que evaluar a los docentes e instaurar el presentismo es un camino que ya señaló Cristina. Solo basta revisar las aperturas de sesiones en el Congreso del 2008 para acá. Todos esos puntos que hoy son identificados como novedosos en el Plan Maestro (precarización laboral, gestión comunitaria que disfraza la crisis de la infraestructura escolar, contrataciones cuatrimestrales, degradación curricular, etc.) se guisaron en la década K y fueron aplaudidos y aceptados por quienes hoy dicen estar en la vereda de enfrente. La burocracia es parte del problema y difícilmente sea la solución.

Hay que decirlo, una parte de los sectores combativos defendieron esas mismas políticas. Cuando el oportunismo del árbol hizo perder el bosque, algunos solo midieron la ganancia política que obtendrían al organizar a los precarizados (tutores, no estudiantes, cuidadores, etc.), defendieron la gestión comunitaria, rechazaron la discusión sobre la degradación curricular. Una supuesta derechización de la docencia los hace correr tras la burocracia reclamando paros y planes de lucha. La atomización impera y ni siquiera se coordinan acciones entre todos los sindicatos del arco opositor, tendencia solo quebrada a propósito del paro frente a las Aprender el pasado 7 de noviembre. Pero la organización de la lucha contra la nueva reforma aún espera una dirección.

Obviamente, el gobierno de Macri viene a profundizar las tendencias a la degradación educativa y laboral. Para hacerlo se va a valer de la maquinaria construida por Cristina. Por eso, hoy más que nunca necesitamos demarcarnos de la burocracia y empezar a discutir las bases de la reforma actual y la profundidad del problema educativo. Tenemos que organizar a nuestros compañeros y marcarles un camino.  No podemos seguir atomizados. La tarea requiere una vía independiente que debe empezar a proyectarse en un gran congreso educativo que discuta la reforma en marcha y sus antecedentes. Solo así vamos a poner en pie un plan de lucha consciente que supere el mero consignismo.

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