Durmiendo con el enemigo – Por Gonzalo Sanz Cerbino

Durmiendo con el enemigo

Acerca de los balances historiográficos del PTS

Por Gonzalo Sanz Cerbino (Grupo de Investigación de la lucha de clases en los ‘70 – CEICS)

Los últimos años han visto aparecer numerosos balances sobre la derrota sufrida por la clase obrera y su estrategia revolucionaria en marzo de 1976. El Argentinazo obligó a muchos intelectuales de izquierda a analizar estos años de intensificación de la lucha de clases buscando las causas del triunfo de la contrarrevolución y tratando de obtener de esa experiencia herramientas para actuar en una coyuntura similar. En este contexto se enmarca el trabajo de Christian Castillo1, uno de los principales intelectuales del Partido de los Trabajadores por el Socialismo, PTS, editado a fines del año pasado en la revista teórica del partido, Lucha de Clases.

La invención de una tradición intelectual

Este artículo comienza con un estado de la cuestión, en donde se analizan las principales tradiciones intelectuales que han dado cuenta del proceso. Tradiciones a las que denomina “relatos”, sumándose a ciertas modas posmodernas que sostienen que existen tantas realidades como testimonios haya de ella. Detalle que sólo llama la atención porque se supone que Castillo es un intelectual marxista. El PTS, entonces, elige una de estas tradiciones, en la cual se reconoce y se inscribe.
En primer lugar, el trabajo de Castillo hace un recorte que omite una corriente (la más importante, sin duda) que ha volcado el grueso de su producción a explicar, utilizando las herramientas del marxismo, el proceso revolucionario abierto en 1969 con el Cordobazo. Tradición que ningún intelectual revolucionario puede desconocer. Estamos hablando de los trabajos de CICSO, cuyos principales exponentes son Beba Balvé y Juan Carlos Marín. Una corriente que ha analizado y publicado trabajos sobre las insurrecciones de fines de los sesenta y sobre los hechos armados, siendo los primeros análisis que hablan de un proceso revolucionario durante los ’70.

También omite la producción sobre el tema y los debates que hemos sostenido desde los últimos años, en Razón y Revolución con trabajos de 2 investigación propios y originales que siguen, críticamente, a la producción de CICSO. Castillo no ignora esto, conoce muy bien esa producción intelectual, aunque en su trabajo le dedique apenas un par de notas al pie. Ahora bien, ¿por qué el PTS desprecia esta tradición? Posiblemente para poder justificar su elección de otra tradición intelectual que lo poco que tiene de bueno lo saca de los libros del CICSO. Esta otra tradición es la encarnada en la figura de Pablo Pozzi, historiador y parte del Consejo Asesor del Instituto de Pensamiento Socialista “Karl Marx” del PTS.
Lo más avanzado de la producción de Pozzi sobre los ’70 se encuentra, según Castillo, en el libro Los setentistas3. Castillo retoma de este trabajo la importancia dada a la clase obrera, que volvería, con esta corriente, a estar en el centro de la escena. Sin embargo, cuando revisamos el trabajo de Pozzi nos encontramos con que su análisis, en este punto, parte explícitamente de los trabajos del CICSO. Su caracterización del período, señalando al Cordobazo como punto de inflexión y marcando el inicio de un “auge de masas” que ponía en cuestión el propio régimen de dominación social, coincide con la caracterización hecha por los autores de Lucha de calles 30 años antes4. Salvo que el análisis de Pozzi no avanza más allá de este punto, sin llegar a caracterizar al período como revolucionario, como si lo hace el CICSO.
Sin embargo dentro del llamado “cuarto relato”, o sea, dentro de la producción historiográfica de Pablo Pozzi, nos encontramos con una serie de conclusiones que no sólo son erróneas, sino que son peligrosas, por burguesas. Y más peligroso aún es que un partido que se dice trotskista y revolucionario reivindique estas explicaciones funcionales a la burguesía. El romanticismo burgués explica al PRT Los trabajos de Pablo Pozzi sobre el PRT-ERP5 ilustran sus posiciones sobre el proceso de lucha abierto en el ‘69. En líneas generales plantea una reivindicación romántica, y por lo tanto irracional, épica, de esta organización, en contraposición al “fracaso” de la izquierda partidaria de tradición leninista. El “triunfo” de esta organización se manifiesta para Pozzi en el notable crecimiento de la misma en la coyuntura ‘69/‘74, en contraposición a una izquierda “sectaria” que no crece por estar “divorciada” de las masas. El crecimiento del PRT-ERP sería producto, por un lado, de su heterogeneidad teórica, manifiesta en las múltiples influencias de distintas tradiciones de izquierda: el trostkismo, el guevarismo, el maoísmo, la experiencia vietnamita y el stalinismo. Esta heterogeneidad es contrapuesta a la “ortodoxia” del resto de las organizaciones de izquierda, que en consecuencia no crecerían. Por otro lado, el “éxito” del PRT se encontraría en ciertas características
“culturales”: la procedencia social de sus direcciones, especialmente de Santucho, que le habría permitido generar un vínculo más fuerte con la base. El PRT crecería entonces porque Santucho era negro y “sabía cebar mate” (sic)6. Obviamente, con estos disparates no se puede explicar el funcionamiento de la realidad.

¿Cuál es la base metodológica de semejantes conclusiones? Una concepción fetichista de la historia oral. Según Pozzi, alcanza con encontrar un obrero y apretar “rec”. Se recolectan testimonios a los que no se somete a ningún criterio elemental de contrastación y ponderación: lo que brota de la boca del entrevistado es verdad. Con esta metodología pobre y, sobre todo, idealista, se obtienen resultados como el señalado. Así, con la estrategia populista de “consultar a las bases”, Pozzi desprecia el análisis de elementos más importantes que esos detalles anecdóticos a los que llama “cultura”, en particular, las cuestiones de programa y estrategia. Es curioso que el PTS, tan celoso de ambas cuestiones en la lucha política actual, las desvalorice tanto en relación a la lucha pasada.
Lo que Pozzi no ve, ya que toma como fuente algunos testimonios sueltos sin analizar ni estrategias ni programas ni las acciones concretas de esta organización, es que el problema central, tanto en el PRT como en otras organizaciones similares, eran, precisamente, sus elecciones programáticas y estratégicas. En el caso del PRT-ERP, las tendencias foquistas que lo hicieron privilegiar la construcción de un ejército popular en el momento equivocado, que desvió a la organización y a gran parte de los cuadros provenientes de la pequeño burguesía de la tarea de la hora, que era organizar a la clase obrera detrás de un programa socialista. O sea, los desvió de la tarea de la construcción del partido, elemento organizador y catalizador de la conciencia de clase de las masas. La tarea asumida como central por el PRT, la formación del ejército, los alejó objetivamente de la clase obrera, dejándola al alcance del programa reformista burgués encarnado en el peronismo7.
De hecho, el mismo Pozzi vacila en este punto, al reivindicar la realización de las acciones armadas por parte del ERP, señalando que estas no alejaban a la organización de las masas durante el período 1972-73, pero sí en 1975. Se trata de una reivindicación romántica del foquismo, que en ningún momento es criticado como estrategia.

La gran victoria del proletariado

La producción de Pozzi también nos reserva un capítulo especial para la dictadura militar instaurada en marzo de 1976. En su Oposición obrera a la dictadura8, el autor analiza la acción del proletariado durante los años del Proceso, arribando a la extraña conclusión de que no hubo derrota alguna para las huestes del trabajo.
No sólo eso sino que, mejor aún, el Proceso habría sido derrotado por el proletariado argentino. De esta forma, lo que en realidad es la expresión de la derrota, el que la lucha por el socialismo se haya convertido, masacre de por medio, en la lucha por la democracia burguesa, se transforma en la gran victoria del proletariado. ¿Los resultados de esta victoria? La democracia burguesa, la dictadura de la burguesía en momentos de plena hegemonía. La dictadura militar, triunfo de la contrarrevolución, expresó la alineación de todas las fracciones de la burguesía detrás del programa de extermino de la fuerza antagónica y del relanzamiento de la acumulación por la vía de la concentración y la centralización del capital. La derrota material y moral de aquellos que enfrentaron al sistema explica la recomposición de la hegemonía burguesa en crisis, mediante la liquidación de aquellos sectores que la cuestionaban. Sobre esta derrota de la clase obrera se construyó la democracia alfonsinista, cuya tarea fue completar el desarme material y moral de aquella fuerza y someter a la clase obrera al peor ciclo de ajuste, recesión, desocupación y destrucción de las condiciones de vida de la historia argentina. Curiosa victoria ésta.

Conclusión

Sobre la base de la crítica a la izquierda partidaria leninista, Pozzi, reivindica el programa de la derrota. Como todos los cuadros de la burguesía, endiosa la democracia burguesa del hambre y la miseria. Convierte una derrota en victoria, desviando objetivamente al proletariado de sus metas históricas, mostrándole como norte la democracia, el triunfo de su enemigo. Al igual que otros intelectuales “arrepentidos”, como Bonasso, Mattini o Verbitsky, que han cambiado la lucha contra el sistema por el apoyo a la democracia kirchnerista, Pozzi es un intelectual burgués. Es burgués por su análisis, por sus métodos y por sus conclusiones. El balance de la derrota es imprescindible. Utilizar el análisis científico para hacerlo también. Que un partido revolucionario construya su balance sobre la base de la ideología burguesa es lamentable. Que lo haga ignorando la mejor producción sobre el tema, también. El PTS, hay que decirlo, está durmiendo, sin necesidad alguna, con el enemigo.

Notas

1Castillo, Ch.: “Elementos para un “cuarto relato” sobre el proceso revolucionario de los setenta y la dictadura militar”, en Lucha de Clases. Revista marxista de teoría y política, segunda época, N° 4, Bs. As., noviembre 2004.
2Sobre las organizaciones que actuaron en esta coyuntura se puede ver: AA.VV.: “Para una historia de la pequeña burguesía criolla”, en Razón y Revolución, N° 10, primavera de 2002; Slatman, M.: “El programa del Movimiento de Liberación Nacional a la luz de sus documentos” y Grenat, S.: “Una espada sin cabeza. Los antecedentes de ‘FAL’ (1959-1969), en Razón y Revolución, N° 13, invierno de 2004. El debate sobre las causas de la derrota del proceso puede seguirse en Eduardo Sartelli, et. al.: “¿Por qué perdimos?”, en Razón y Revolución, N° 12, Bs. As., verano de 2004; Inés Izaguirre, et. al.: “Hagamos
historia. Respuesta a ‘¿Por qué perdimos?’” y Eduardo Sartelli, et. al.: “Hagamos ciencia. Una respuesta fraternal a los compañeros del proyecto ‘El genocidio en la Argentina’”, en Razón y Revolución, N° 13, Bs. As., invierno de 2004. Se le ha hecho ya una costumbre al PTS imitar desde las problemáticas hasta el estilo de edición de RyR, actitud que saludaríamos si no lo hicieran sin reconocerlo, es decir, mezquinamente. No han actuado despreciativamente sólo con nosotros: ya Castillo había levantado cierta polémica cuando, a santo de la edición de un libro suyo, se declaraba de hecho el único marxista de la universi
dad argentina.
3Pozzi, P. y Schneider, A.: Los setentistas. Izquierda y clase obrera 1969-1976, Eudeba, Bs. As., 2000.
4Balvé, B., et. al.: Lucha de Calles, lucha de clases, Ediciones RyR- CICSO, Bs. As., 2005.
5La síntesis de estas investigaciones se encuentra en Pozzi, P.: “Por las sendas argentinas…” El PRT-ERP. La guerrilla marxista, Eudeba, Bs. As., 2001.
6Pozzi, P.: “’Los Perros’: La cultura guerrillera del PRT-ERP”, en Taller, Vol. 1, Nº 2, noviembre de 1996, pp. 107-108.
7Un desarrollo más detallado de estos puntos puede verse en Sartelli, E.: La Plaza es nuestra. La lucha de clases en la Argentina del siglo XX, Ediciones RyR, Bs. As., 2005.
8 Pozzi, P.: Oposición obrera a la dictadura, Contrapunto, Bs. As., 1988.

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