Cosechando miseria

Agustina Desalvo

Grupo de Investigación de la Clase Obrera – CEICS

Una imagen del campo argentino quiere creer que los “productores” son los burgueses o pequeño-burgueses titulares de las explotaciones, mientras los obreros o no existen o son sólo “temporarios” (en el sentido de “irrelevantes”). Quiere creer, también, que ambos sufren (si es que se toma en cuenta también al peón rural) por culpa de los “monopolios” o la “oligarquía” terrateniente. Sin embargo, el obrero rural existe, ocupa un lugar central en la producción y sufre, no por las desalmadas multinacionales de la globalización sino por los “productores” más pequeños y atrasados, que los superexplotan, y por las modernas explotaciones mecanizadas (que no tienen nada de gigantes multinacionales ni de viejas oligarquías, sino que son relativamente más grandes que las pequeñas y pueden incorporar tecnología), que los dejan sin trabajo. En este artículo, estudiamos el sector algodonero y el zafrero como reservorios de sobrepoblación relativa latente (SPR). Este concepto hace referencia a los trabajadores empleados en sectores que producen por debajo de la productividad media y que, en el largo plazo, serán desplazados por la mecanización, a medida que avancen las leyes de la competencia capitalista y se profundice la tendencia a la concentración del capital.

Hoy te necesito…

El algodón es el producto agrícola no alimentario de mayor intercambio comercial en el ámbito mundial. Es producido en más de 80 países. Una vez cosechado, el producto puede ser comercializado como algodón en bruto, fibra o semilla. En nuestro país las zonas de producción de algodón son principalmente las provincias del NOA y del NEA. La superficie sembrada en la campaña 2002/03 tuvo como principal provincia productora al Chaco (con el 54%), seguida por Santiago del Estero (aproximadamente 25%) y Formosa, Santa Fe, Corrientes, Salta, La Rioja, Córdoba, Entre Ríos y Catamarca (con el 21% del área restante entre todas)1 . En Santiago del Estero el algodón fue, hasta 1998, el cultivo más importante, llegándose a sembrar 244.000 hectáreas en la campaña 1997/98, con una producción cercana a las 308.000 toneladas. Sin embargo, esta cifra ha caído notablemente a causa de la expansión de la soja. Hacia el 2003 se estimaba que los productores algodoneros rondaban los 14.522, con una superficie promedio dedicada a la actividad de 42 hectáreas. Según información del 2003, en el Chaco, cerca del 56% de los productores producen en superficies menores a las 10 has., un 24% está entre 11 y 100 y el 20% por arriba de esta última cifra. Las pequeñas y medianas explotaciones (menores a 100 has.) concentran una alta demanda de mano de obra, en particular para la cosecha, que se realiza en forma manual, total o parcialmente. En el 20% superior, domina la cosecha mecánica. En el ciclo anual productivo, se emplean no menos de 40 jornales por hectárea cultivada y cosechada. Esta cifra es mayor a la que corresponde a otras actividades o cultivos, como la soja, que requiere de la quinta parte de un jornal por hectárea (0,20%) o de la ganadería, que utiliza un tercio de jornal por hectárea/año (0,33%)2 . La caña de azúcar es un cultivo semi perenne que, una vez plantado, produce por varios años. Crece en primavera y verano, aprovechando el calor y la humedad, y es cosechada a de mayo a octubre. La cosecha consiste en cortar la caña, pelarle las hojas y despuntarla, para luego transportarla a los ingenios donde se industrializa. La industria azucarera es una de las mayores fuentes de empleo del Noroeste Argentino. En el 2003, por ejemplo, empleaba en forma directa a casi 40.000 personas3 . La mayor parte de la superficie de producción se asienta en Tucumán (60% del total nacional); el segundo lugar lo ocupan Jujuy (26%) y Salta (7%); por último, las provincias del Litoral. Existen diferencias de productividad en las distintas provincias. Jujuy y Salta son más productivas: poseen un mayor período libre de heladas, mayor heliofanía (cantidad de horas de sol) y casi el 100% de la superficie se halla bajo riego. En estas provincias, las explotaciones son más grandes y mecanizadas y, por lo tanto, la demanda de mano de obra es menor. En Tucumán, a la mayor aleatoriedad climática, heladas y precipitaciones, se agregan problemas estructurales, dado el menor tamaño de sus explotaciones: según datos de 2003, más del 50% de las explotaciones son menores a 10 hectáreas. Además, los pequeños productores presentan importantes limitaciones tecnológicas. Sólo las fincas de más de 150 hectáreas utilizan sistemas de producción modernos, agroquímicos adecuados y cosecha mecanizada. La escasa capacidad de inversión hace que los pequeños cañeros se encuentren siempre retrasados técnicamente y con problemas para acceder a los insumos necesarios para mejorar la productividad, situación que intentan solucionar agrupándose en cooperativas. También crece en forma importante el contratismo de maquinaria y, por sobre todas las cosas, se expanden las empresas familiares capitalizadas (burguesía media) y la importancia de los “megaproductores”, grandes empresas capitalistas.4 En las provincias del Norte argentino, entonces, existe una cantidad importante de pequeña burguesía y burguesía chica, cuyas explotaciones no tienen un alto nivel de mecanización y demandan más fuerza de trabajo que otras explotaciones de mayor tamaño. Sin embargo, la región también es testigo de la tendencia a la concentración de la producción y la mecanización, sobre todo en el creciente sector de empresas de gran tamaño, que, a medida que avanza, desplaza obreros y actualiza su condición de sobre población relativa, que deja, de este modo, de ser latente.

…mañana no

Veamos, en el sector algodonero y el zafrero, cómo se desenvuelve este paulatino proceso de tecnificación y su consecuente expulsión de fuerza de trabajo. Con respecto al algodón, en 1987 había alrededor de 150 cosechadoras en las principales provincias dedicadas a este cultivo, pero se levantaba sólo un 15% de la cosecha con máquina. Entre 1994 y 1996 se importaron 633 cosechadoras, lo que evidencia una mecanización creciente. Se estima que en 1996, entre el 70 y el 80% de la fibra producida se había cosechado mecánicamente5 . Hacia el 2002 la cosecha algodonera se encontraba mecanizada en un 60-70%. En zonas de 1 a 20 hectáreas, en Chaco, la cosecha se realiza en un 50% en forma mecánica y un 50% en forma manual; en zonas de 21 a 90 hectáreas, los productores poseen cosechadora mecánica, y la mano de obra es estable o contratada temporalmente, la cosecha se realiza en un 70% en forma mecánica y un 30% en forma manual; en superficies de 91 a 800 hectáreas, la cosecha se realiza en un 90% en forma mecánica y un 10% en forma manual. Con el reemplazo de la cosecha manual por la mecánica la productividad del trabajo del cosechero directo se centuplica, pasando de un promedio de 70/80 kilos diarios con la cosecha manual, a más de 9.000 kilos por operario de la cosechadora mecánica. La máquina suple el trabajo, de aproximadamente 70 cosecheros hombres, 175 mujeres y 350 niños diariamente. Aquí vemos claramente cómo la introducción de la máquina genera la liberación de mano de obra, que es ahora “libre” de morirse de hambre en el campo o en la ciudad. Con respecto al azúcar, a partir de 1991, se realizaron mejoras tecnológicas en el sector, luego de la desregulación de la Ley 19.597, que por más de 20 años había regido la producción, industrialización y comercialización del azúcar en todas sus etapas, fijando cupos de producción, cuotas de exportación y precios mínimos. Esto generó la salida de numerosos minifundistas cuya producción será reemplazada por explotaciones de mayor escala. En 1996, plantaban caña en Tucumán cerca de 7.365 productores independientes y ocho ingenios. Es decir, existían alrededor de un 24% menos de unidades que las registradas en el Censo Nacional Agropecuario de 1988. Paralelamente, se observa un aumento en el uso y en el número de tractores, y una mayor cantidad de cosechadoras integrales. Más del 20% de las explotaciones utilizaron la cosechadora integral para levantar su zafra. Asimismo, mientras que a fines de los ´80, la cosecha manual representaba casi el 82%, a mediados de los ´90 descendía al 43%; mientras tanto, el corte y la carga mecánica ascendían 6 puntos respecto de la década 19886 . Desde mediados de los ´90 la mecanización se va imponiendo y esto genera, consecuentemente, desplazamiento de mano de obra. Mientras que a fines de los ´80, cosechar manualmente requería alrededor de 30 jornales por hectárea, la realización mecánica de la tarea generó una disminución de los jornales requeridos a 10 a 15 por hectárea, y la cosechadora integral permitió cosechar con 0,6 jornales. Sin embargo, los cañeros que siguen haciendo la cosecha manualmente representan una porción importante. En efecto, según datos del CNA del 2002, el 62,7% de la cosecha se realizaba manualmente. Se observa entonces una tendencia a la mecanización pero con predominancia aún del trabajo no mecanizado, sobre todo en lugares donde las explotaciones son pequeñas, como es el caso de Tucumán. En Jujuy, por el contrario, donde las explotaciones son más grandes, el mayor porcentaje de la cosecha, el 39%, se realiza de manera semi-mecánica, un 16% completamente mecanizado y el resto bajo formas combinadas. En ninguno de los dos casos la mecanización es total, pero se observan diferencias según el tamaño de las explotaciones.

Tarde o temprano…

El empleo de abundante mano de obra en los sectores atrasados del agro, como algodón y zafra, se explica por los bajos índices de mecanización que existen en ese tipo de cultivos. Se trata de explotaciones que producen en mediana y pequeña escala y que compensan su retraso tecnológico con la utilización intensiva de mano de obra. Sin embargo, a medida que el desarrollo capitalista se profundiza en la agricultura argentina, esos sectores se tecnifican y liberan contingentes de mano de obra antes ocupada. Se trata entonces de sectores que empleaban SPR latente, que producen por debajo de la productividad media. A medida que el proceso de mecanización se va imponiendo, esa masa es expulsada y migra a las ciudades, donde vive del cirujeo o de los Planes Sociales. Otros, permanecen en la periferia rural y siguen manteniéndose como SPR latente, porque son asistidos con programas estatales o provinciales. En definitiva, tarde o temprano, los obreros ocupados en estas ramas atrasadas pasarán a integrar las filas de la desocupación y de los muertos de hambre (véase artículo de Juan Manuel Iribarren en este mismo número). Esa es la lógica del capital, que funciona, también, en el agro. La ilusión de inhibir esta tendencia a la concentración y centralización es tan imposible como indeseable. En efecto, el desarrollo de las fuerzas productivas sienta las bases para que, bajo otras relaciones sociales, el trabajo se realice de modo más eficiente, y por lo tanto implique menos esfuerzo y garantice la satisfacción de las necesidades de millones de seres humanos. Las pequeñas propiedades, por su menor escala y mecanización, obligan a una autoexplotación mayor y son menos eficientes. Por este motivo, lo que está planteado no es retrotraer la historia al pasado y cancelar un proceso de desarrollo por la vía de mantener a productores superados por la historia con subsidios que no son más que plusvalía extraída a los obreros, sino potenciarlo y superarlo, a partir de la expropiación de la propiedad privada y su gestión planificada por un estado obrero.

Notas

1 Almeyra, Ana Castro, et al: Agroalimentos argentinos, AACREA, Buenos Aires, 2003.

2 García, Liliana: “Los cambios en el proceso de producción de algodón en Chaco en las últimas décadas y las consecuencias en las condiciones de vida de minifundistas y trabajadores vinculados”, en 8º Congreso de ASET, Bs. As., 2007.

3 Informe de productos regionales-Azúcar, SAGPyA, 2003.

4 Giarraca, Norma y Miguel Teubal: El campo argentino en la encrucijada, Alianza, Bs. As., 2005, p. 142

5 Forclaz, María A., et al: La mecanización de la cosecha y su impacto sobre el empleo de mano de obra en el cultivo del algodonero en la Provincia del Chaco, UNNE.

6 Giarracca, Norma; et al.: “Trabajo, migraciones e identidades en tránsito: los zafreros en la actividad cañera tucumana.” En Giarraca, Norma (comp.): ¿Una nueva ruralidad en América latina?, CLACSO, Buenos Aires, 2001

 

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