Cacerola, clase y genero – Por Roxana Tellechea

Cacerola, clase y genero. La organización de las amas de casa y los orígenes del Argentinazo.

Por Roxana Tellechea

Grupo de Investigación de la Pequeña Burguesía – CEICS

 

En medio del contexto hiperinflacionario de comienzos de la década del ´80, cuando los precios de la canasta básica familiar aumentaban constantemente y las tarifas de los servicios públicos llegaban a triplicar sus valores, parte de la lucha de las clases oprimidas y explotadas apareció bajo la forma de la movilización de las “amas de casa”. Este
parece ser el origen de lo que en los ’90 se denominará popularmente como “cacerolazo”. Detrás de la homogeneización propuesta por ambas categorías históricas se encuentran, sin embargo, las diferencias de clase. Veremos, entonces, cómo sobre esas heterogéneas bases surgen políticas y organizaciones diferentes.
El movimiento de “amas de casa” comenzó en el conurbano bonaerense a finales de la dictadura, se desarrolló con el Plan Austral y cobró impulso a fines de la década del ’80, en la agonía del Plan Primavera. Una de las organizaciones que tuvo un papel relevante fue Amas de Casa del País (ACP), creada en 1982. También participaron la Liga de Amas de Casa, consumidores y usuarios de la República Argentina (cuya mediática presidenta es Lita de Lázzari), el Sindicato de Mujeres de la República Argentina (SACRA)y la Unión de Mujeres Argentinas (UMA). Cada una de estas asociaciones asumió disímiles posiciones y objetivos con diferentes estrategias: Amas de Casa el País inauguraba su huelga de compras de los días jueves y realizaba cacerolazos de protesta, la Liga recorría el barrio buscando buenos precios y repartía premios a los “buenos” empresarios, la Unión de Mujeres Argentinas tiraba huevos a los autos de los ministros en Plaza de Mayo, el Sindicato emprendía una cruzada para que el ama de casa tuviera una jubilación, etc.

Las diferencias eran objeto de debate entre estas organizaciones. La Liga acusa a ACP, UMA y el Sindicato de ser organizaciones con fines políticos y por lo tanto repudiables. Al ser entrevistada, su vicepresidenta se mostró en contra de los cacerolazos por ser una pérdida de tiempo y distraer la búsqueda de una solución para los problemas concretos. La vicepresidenta de ACP, por su parte, se distancia de la Liga porque “el primer punto de su programa era el buen trato con la doméstica… nosotras le dijimos que iba a ser difícil congeniar porque muchas de las señoras que estábamos en ese momento en la organización éramos domésticas…”. También tuvieron una discusión fuerte con la Liga cuando fueron invitadas a formar parte de la ceremonia de entrega de premios a La Serenísima: “en ese entonces arrancábamos la campaña de pan, leche y carne… yo recuerdo que Alfonsín levantaba la cosecha record… y nosotras teníamos una consigna que era “cosechas record, hambre record” y planteábamos la baja del pan y la leche. En ese marco estas señoras le daba la cuchara de plata ¡a Mastellone!”. También se distancian del sindicato: “ellas fueron perfilando una línea diferente alrededor de la sindicalización del ama de casa. Tomaron
la matriz de la propuesta de Eva Perón en la Razón de mi vida, pidiendo un salario para el ama de casa, y nosotras básicamente éramos críticas de rol de amas de casa. Al contrario, decíamos que lo mejor que le puede pasar a una mujer es salir de su casa, que había sido la experiencia de esos años”. Claramente, lo que divide a la Liga 1 del resto es la cuestión de clase: “amas de casa” burguesas frente a “amas de casa” obreras. Las diferencias se presentan una y otra vez: mientras ACP y UMA piden un salario “digno” junto con la CGT, la Liga hace publicidad para 2 Coto: “Coto nos demostró que aquí hay buenos precios, calidad, novedades y atención”3.
Mientras la diferencia entre la Liga y las demás organizaciones es de clase, la que separa al Sindicato de ACP y UMA es de género: mientras la Liga y el Sindicato defienden el rol de ama de casa en su hogar, ACP reparte actualmente subsidios que son arrancados al Estado gracias a que las mujeres deciden salir de su casa. El trabajo de la Liga actualmente consiste en repartir máquinas de coser para que “la mujer pueda quedarse en su casa y ayudar al ingreso familiar”4 y están disponibles para hacer de administradores de los planes de vivienda del Estado5.
Según la Liga, la diferencia básica es que ellas no se dedican a la política. Ciertamente, las otras organizaciones están ligadas a partidos políticos por lazos más o menos directos: UMA al Partido Comunista y ACP al PCR.
Pero la situación no es distinta entre las chicas de Lita. Íntimamente ligada al Estado, es decir, a la política, paradójicamente la Liga se considera apolítica. Las declaraciones de Lita de Lázzari acerca del Proceso militar o su relación con el menemismo la califican, sin embargo, como un cuadro popular de la derecha argentina que ha participado de todas sus iniciativas, como cuando hacía campaña a principios de los ’80 a favor de las privatizaciones. No es la política la que las separa sino las relaciones de clase y género en que están metidas.
El asunto amerita, entonces, preguntarse qué es un “ama de casa”. En primer lugar es una mujer que cuida sus hijos y/o sus padres, atiende a su marido, mantiene en “orden” su hogar, se preocupa por tener hecha la comida, la ropa, etc. Se encarga de la reproducción cotidiana de la vida. Todo eso puede ser realizado a partir del salario del marido, del salario propio, del de ambos, o de un subsidio al desempleado. Pero también puede hacerse a partir de un ingreso no salarial. Es decir, un “ama de casa” puede ser una desocupada con subsidio del Estado O empresaria ella o la misma esposa de un empresario.

Las propuestas de las diferentes asociaciones indican su carácter de clase. Una mujer de clase obrera que trabaja fuera y dentro de su hogar no tiene tiempo para recorrer el barrio para buscar el mejor precio (como sugiere Lita). Tampoco puede tener la capacidad de ahorro suficiente para realizar una compra mensual en un mayorista o visitar en excursiones el Mercado Central (actividad principal de la Liga en su regional de Wilde). Este tipo de propuestas sólo están disponibles para quienes no las necesitan, dado su nivel de ingresos.

Una mujer de clase obrera ocupada o desocupada tiene pocas posibilidades. Una de ellas es “politizarse” por izquierda y unirse a organizaciones que defiendan sus intereses. No es casual que dos de las organizaciones estuvieran ligadas a partidos que luego van a desarrollar líneas “piqueteras”. Detrás de la imagen, aparentemente simple, del ama de casa se esconden experiencias sustancialmente diferentes.

 

Notas

1Entrevista realizada por la autora a Graciela Tejera, vicepresidenta de la asociación.
2Realizaron un cacerolazo en adhesión a la marcha de la CGT el 9 de octubre de 1986 contra la política económica del gobierno
3Lita de Lázzari en “Suplemento Especial: Espacio de publicidad”, Clarín, 28/05/1992, pág 2.
4Entrevista realizada por la autora a Margarita Seis dedos, vicepresidenta de la Liga de Amas de Casa y Consumidores de la república Argentina

5 “Junto con el Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires, se llevó a cabo un convenio para la construcción de 1000 viviendas. El 17 de agosto 1997, se entregaron a sus adjudicatarios las primeras 50 viviendas terminadas en la Ciudad de Chacabuco (Buenos Aires). El barrio lleva el nombre de la Profesora Elena Zara de Decurgez, Presidenta Fundadora de la Liga de Amas de Casa y la primera Ministro de Educación que tuvo la provincia de Buenos Aires. El proyecto sigue con la construcción de 50 viviendas en la ciudad de Pilar y 50 viviendas en la ciudad de Pergamino, cuya inauguración será este año. Se han firmado cartas de intención con Intendentes de otros partidos de la Provincia de Buenos Aires”. Información extraída de http://www.ligadeamasdecasa.com.ar/index1.html.

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