Una lucha crucial

 

El ataque militar y judicial a los trabajadores petroleros de Las Heras

 

Darío Martini

Colaborador

 

Nuestro colaborador, protagonista de las jornadas de febrero de 2006 en Las Heras, nos acerca una crónica de lo vivido en aquellos días y una reflexión sobre la condena que impuso la Justicia santacruceña a los trabajadores petroleros.

 

 

En febrero de 2006 viajé mandatado por los compañeros del Partido de los Trabajadores Socialista (PTS), junto a una delegación de obreros ceramista de Zanón Bajo Control Obrero. Justo el día después de la pueblada donde murió el policía santacruceño Sayago. Cuando llegamos a Las Heras, nos retuvo un retén de más de cien gendarmes apostados frente a los trabajadores ubicados al costado de la ruta. Inmediatamente se me vino a la cabeza la militarización de los pueblos del interior colombiano, que tenía lugar por ese entonces bajo la presidencia de Álvaro Uribe.

Durante las noches posteriores a nuestra llegada a Las Heras, grupos de individuos que los pobladores señalaban que “policías de civil, que utilizaban camionetas de las petroleras” se detenían para amenazar a los trabajadores de la UOCRA, que pedían el fin de la tercerización y la igualación de sus salarios con el de los petroleros, diciéndoles que iban a ser “boleta”.

Por ese entonces, las noticias inmediatas que teníamos de Las Heras era que ese pueblo era la “capital” del suicidio adolescente. Sus familias petroleras, que componen más del ochenta por ciento de sus diez mil habitantes, están fracturadas desde su formación, ya que el padre y sostén de las mismas trabaja en horarios y turnos insostenibles biológicamente, a un ritmo militar de extracción minera. Esto se desarrolla mediante la explotación del pobre proletario, que tiene, según el gobierno “popular”, el “privilegio” de cobrar sueldos a los que es menester robarles una parte en condición de “impuesto a las ganancias”. Esos salarios se licúan proporcionalmente a sus montos. Nunca estuvo tan bien puesto el verbo, ya que el salario del petrolero y del trabajador de servicios del Gas y del Petróleo se escurre como arena fina entre las manos.

En Las Heras nos encontramos con un enorme y novísimo gimnasio VIP de YPF Repsol, solo apto para el personal jerárquico de la empresa. El pueblo, a la sazón, no tenía ambulancia en el hospital. Cada cuadra tenía un promedio de dos garitos de juego y dos salas de prostitución, otra de las “zonas francas” de lo que en ese entonces llamábamos de manera ignorante “trata de blancas”, que no era otra cosa que tráfico humano.

 

Solidarios e insolidarios

 

La pueblada fue causada por el hastío de la población y por el odio que generaba la tercerización de los trabajadores enrolados en el sindicato adicto a Néstor Kirchner, la UOCRA (dirigida a nivel nacional por un ex agente de inteligencia, Gerardo Martínez). Cuando eso ocurrió, la gendarmería copó el pueblo. Días después, empezaron los arrestos, que fueron de carácter arbitrario y con modalidad de redadas brutales. Ahí nomás y por la labor de los familiares, activistas (y profesionales del Ce.pro.DH que viajaban desde Neuquén, entre los que se encontraba el joven abogado Leopoldo “Polo” Denaday, trágicamente fallecido a comienzos de 2011), nos enteramos que a los detenidos los trasladaban de un lugar a otro, lo que imposibilitaba las visitas y las entrevistas con los abogados. Sobre la base de la tradición represiva de la policía, pero copiando en parte métodos que por ese entonces sistematizaba Estados Unidos en su guerra contra el “terror”, los detenidos eran torturados en el transcurso de esos traslados y de esas torturas salieron las “pruebas” incriminatorias que se utilizaron para aleccionar y juzgar a los petroleros. Estos trabajadores pasaron a estar recluidos en régimen de aislamiento prolongado en precarias unidades penitenciaras, donde soportaban crueles condiciones.

Huelga decir que de todo esto poca gente se enteró. La única forma de saber algo de lo que pasaba en Las Heras era viajando al pueblo, llamando por teléfono a los familiares de los detenidos, o leyendo la prensa de la izquierda clasista y combativa. Ni los medios opositores, ni la prensa oficialista hablaron de los sucesos posteriores a la pueblada.

Pasaba el tiempo y, cada tanto, Santa Cruz nos hacía llegar noticias que nos daban una clara muestra de la idea que tienen los Kirchner de lo que es un gobierno idílico para ellos: el ex ministro Varizat atropellando docentes, maestros golpeados salvajemente por patotas dirigidas por sindicalistas adictos y servicios de inteligencia operando en el terreno para generar disrupciones internas en el movimiento (la verdadera “escuelita” del actual Secretario de Seguridad Sergio Berni). El video de Varizat pasando por arriba a los docentes en su camioneta demuestra el nivel de impunidad que tienen los “caballeros de la mesa redonda”, que como Rudy Ulloa, Lázaro Báez y demás, son todos (ahora) millonarios. Daniel Varizat, quien era Ministro de Gobierno santacruceño, atropelló a cuarenta personas que se manifestaban en plena huelga docente, a los pocos meses del asesinato a manos de la policía sobichista del maestro Fuentealba en Neuquén. Al funcionario santacruceño, su justicia amiga le dio una condena de tres años en suspenso. Pero, en los hechos, Varizat siguió viviendo en Buenos Aires, mantuvo su carnet de conductor y solo debía asistir al psicólogo si el Patronato de Liberados y Excarcelados de Santa Cruz lo convocaba.

 

Macartismo

 

Cuando uno estudia Historia, como es mi caso, no se puede evitar pensar en términos de analogías, como la que iguala el interior colombiano con un pueblo lejano del sur impune kirchnerista. Es que mientras se encarcela a las fracciones disidentes del movimiento obrero se le arman causas a cuanto luchador sindical y social ande dando vueltas (ahora hay una ley anti terrorista, calcada de la legislación bushista) y se persigue a los que investigan el encubrimiento de la corrupción K, no se puede dejar de pensar, salvando las enormes distancias, en el proceso del macarthismo, cuando la disidencia política en Estados Unidos durante los años cincuenta era puesta en la cárcel y aislada socialmente.

Sobre la base de un crecimiento económico de “tasas chinas”, se logró un colchón conformista adobado con “buenas noticias” del aparato de propaganda oficial, que logró en parte aislar a los luchadores populares y hasta ponerlos en el lugar de “díscolos inconformistas” y de “insatisfechos” que, según estos, le hacen el “juego a la derecha”. El engaño no tan invisible, pero si efectivo, dio lugar a que los rasgos macartistas se acentuaran bajo el régimen bonapartista de los Kirchner, y la impunidad de Santa Cruz se nacionalice (como así también la transformación en fuerza represiva interna de la gendarmería).

Los medios masivos de comunicación volvieron a tomar el tema de la precarización laboral luego de la muerte a manos de otra patota amiga del gobierno, la de Pedraza, de un militante de izquierda (aclaremos que a Pedraza no le dieron perpetua, por que para la justicia K, la vida de un policía vale más que la de un militante como Mariano Ferreyra).

 

La lucha continúa

 

Hoy la situación es acuciante: tres de los compañeros que fueron a juicio recibieron cadena perpetua. Las pruebas para condenarlos fueron extremadamente endebles, por no decir inexistentes. La Justicia demuestra de qué lado está. Mientras los represores a los luchadores recibieron todo tipo de beneficios, lo obreros que luchan son encarcelados arbitrariamente.

Por suerte no todo el mundo le da lugar a los prejuicios macartistas instalados por la maquinaria estatal. La labor de la izquierda, que nunca dejó solos a los trabajadores de Las Heras durante todos estos años, comienza a ser tenida en cuenta por amplios sectores de trabajadores, que respaldaron y reconocieron su labor cotidiana en las últimas elecciones, cuando el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) logró cerca del 7% de los votos a nivel nacional, y en Santa Cruz rozó el ocho por ciento. Es que la solidaridad desplegada por la izquierda alrededor de los petroleros de Las Heras fue una clara muestra de que hay una izquierda de verdad en Argentina, no la falsa “izquierda” de los “Derechos y Humanos” que bailó con Moria Casán, festejando los treinta años de la democracia burguesa. La delegación de comisiones internas combativas y candidatos electos del FIT que viajaron a Santa Cruz para solidarizarse con los petroleros, injustamente enjuiciados, es una clara muestra de que hay un sector que se va a hacer sentir y que no va a cejar en sus esfuerzos hasta conseguir detener este ataque a la clase obrera. Acudir a las convocatorias de la izquierda para liberar a los trabajadores de Las Heras y difundir su lucha es una tarea prioritaria que nos tiene que encontrar más unidos que nunca.

 

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