Tareas urgentes de nuestro movimiento

Vladimir Íllich Lenin (1870 – 1924)

La socialdemocracia rusa ha declarado ya en múltiples ocasiones que la tarea política más inmediata del partido obrero ruso debe ser el derrocamiento de la autocracia, la conquista de la libertad política. Esto declararon hace más de 15 años los representantes de la socialdemocracia rusa, los miembros del grupo “Emancipación del Trabajo”; lo declararon también hace dos años y medio, los representantes de las organizaciones socialdemócratas rusas que en la primavera de 1898 formaron el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Pero, a pesar de estas reiteradas declaraciones, el problema político de la socialdemocracia en Rusia vuelve a plantearse en la actualidad. Muchos representantes de nuestro movimiento manifiestan sus dudas en cuanto al acierto de la mencionada solución al problema. Dicen que la lucha económica tiene una importancia predominante, relegan a un segundo plano las tareas políticas del proletariado, empequeñecen y restringen esas tareas e incluso manifiestan que esas disquisiciones sobre la formación de un partido obrero independiente en Rusia son simple repetición de palabras dichas por otros y que los obreros deben sostener de modo exclusivo la lucha económica, dejando la política para los intelectuales en alianza con los liberales. Esta última declaración del nuevo símbolo de la fe (el tristemente célebre “Credo”) se reduce ni más ni menos que a considerar menor de edad al proletariado ruso y a rechazar de plano el programa socialdemócrata. En realidad, Rabóchaia Misl (sobre todo en el Suplemento) se ha manifestado en el mismo sentido. La socialdemocracia rusa atraviesa un período de vacilaciones y dudas que hacen, incluso, que llegue a negarse a sí misma. De un lado, el movimiento obrero está desligado del socialismo: se ayuda a los obreros a librar la lucha económica, pero de ningún modo se les explica a la vez, o se les explica insuficientemente, los fines socialistas y las tareas políticas de todo el movimiento en su conjunto. De otro lado, el socialismo está desvinculado del movimiento obrero: los socialistas rusos comienzan de nuevo a hablar cada vez más de que la lucha contra el gobierno debe ser sostenida exclusivamente por los intelectuales, pues los obreros se circunscriben a la lucha económica.

A nuestro juicio, son tres las circunstancias que han preparado el terreno a estos lamentables fenómenos. En primer lugar, en los comienzos de su actividad los socialdemócratas rusos se limitaron al simple trabajo de propaganda en círculos. Al pasar a la agitación entre las masas, no siempre pudimos evitar caer en el otro extremo. En segundo lugar, en la fase inicial de nuestra actuación tuvimos que defender muy a menudo nuestro derecho a la existencia en lucha contra los partidarios de Naródnaia Volia, que concebían la “política” como una actividad divorciada del movimiento obrero y reducían la política a una simple conspiración. Al rechazar tal política, los socialdemócratas cayeron en el otro extremo, relegando a un segundo plano la política en general. En tercer lugar, al actuar desperdigados en pequeños círculos obreros locales, los socialdemócratas no prestaron la debida atención a la necesidad de organizar un partido revolucionario que coordinase toda la actividad de los grupos locales y permitiese montar con acierto la actividad revolucionaria. Ahora bien, el predominio de una actividad dispersa va unido de modo natural al predominio de la lucha económica.

Todas estas circunstancias dieron lugar a la inclinación hacia un solo aspecto del movimiento. La corriente “economista” (en la medida en que aquí se puede hablar de “corriente”) motivó los intentos de erigir esta estrechez de miras en una teoría particular, los intentos de utilizar para este fin el bersteinianismo de moda, la “crítica del marxismo” de moda, que preconizaba las viejas ideas burguesas bajo una nueva bandera. Estos intentos originaron el peligro de debilitar los vínculos entre el movimiento obrero ruso y la socialdemocracia rusa, como combatiente de vanguardia por la libertad política. De ahí que la tarea más urgente de nuestro movimiento consista en reforzar estos vínculos.

La socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo. Su cometido no estriba en servir pasivamente al movimiento obrero en cada una de sus fases, sino en representar los intereses de todo el movimiento en su conjunto, señalar a este movimiento su objetivo final, sus tareas políticas, y salvaguardar su independencia política e ideológica. Desligado de la socialdemocracia, el movimiento obrero se achica y se trasforma por fuerza en un movimiento burgués: al sostener exclusivamente la lucha económica, la clase obrera pierde su independencia política, se convierte en un apéndice de otros partidos y traiciona el gran precepto: “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma.” En todos los países hubo un período en el que el movimiento obrero y el socialismo existieron por separado, siguiendo caminos distintos, y en todos los países esta desvinculación debilitó el socialismo y al movimiento obrero; en todos los países, sólo la unión del socialismo con el movimiento obrero creó una sólida base tanto para uno como para el otro. Pero en cada país esta unión del socialismo con el movimiento obrero fue lograda a lo largo de un proceso histórico, siguiendo una vía particular, de acuerdo con las condiciones de lugar y tiempo. En Rusia, la necesidad de la unión del socialismo con el movimiento obrero fue proclamada hace ya mucho en el terreno teórico, pero en la práctica esta unión sólo va haciéndose efectiva en nuestros días. Este proceso es muy difícil, y no tiene nada de extraño que vaya acompañado de diferentes vacilaciones y dudas.

¿Qué enseñanza se desprende para nosotros del pasado?

La historia de todo el socialismo ruso indica que su tarea más urgente es la lucha contra el gobierno autocrático, la conquista de la libertad política; nuestro movimiento socialista se ha concentrado, por decirlo así, en la lucha contra la autocracia. Por otro lado, la historia muestra que en Rusia la separación entre el pensamiento socialista y los representantes avanzados de las clases trabajadoras es mucho mayor que en otros países, y que, de perdurar esta separación, el movimiento revolucionario ruso está condenado a la impotencia. De aquí se deduce lógicamente el deber que está llamado a cumplir la socialdemocracia rusa: llevar las ideas socialistas y la conciencia política a la masa del proletariado y organizar un partido revolucionario ligado indisolublemente al movimiento obrero “espontáneo”. Mucho se ha hecho ya en este sentido por la socialdemocracia rusa, pero aún es más lo que queda por hacer. A medida que crece el movimiento se amplía el campo de la actividad de la socialdemocracia, el trabajo es cada vez más diverso y aumenta el número de militantes del movimiento, que concentran sus energías en la realización de diferentes tareas parciales planteadas por las necesidades cotidianas de la propaganda y la agitación. Este fenómeno es completamente natural e inevitable, pero obliga a prestar singular atención a que las tareas parciales y los distintos procedimientos de lucha no se conviertan en algo que se baste a sí mismo y a que la labor preparatoria no adquiera el rango de trabajo principal y único.

Nuestro cometido principal y fundamental consiste en coadyuvar al desarrollo político y a la organización política de la clase obrera. Quien relegue este cometido a un segundo plano y no subordine a él todas las tareas parciales y los distintos procedimientos de lucha, se sitúa en un camino falso e infiere grave daño al movimiento. Relegan este cometido, en primer lugar, quienes exhortan a los revolucionarios a luchar contra el gobierno con las fuerzas de círculos aislados de conspiradores, desligados del movimiento obrero. Relegan este cometido, en segundo lugar, quienes restringen el contenido y el alcance de la propaganda, agitación y organización políticas; quienes estiman posible y oportuno invitar a los obreros a intervenir en “política” solamente en momentos excepcionales de su vida, solamente en casos solemnes; quienes sienten excesivo afán por sustituir la lucha política contra la autocracia, por el simple reclamo a la autocracia de ciertas concesiones y se preocupan muy poco de que la reivindicación de concesiones se transforme en una lucha sistemática e irrevocable del partido obrero revolucionario contra la autocracia.

“¡Organizáos!”, repite a los obreros en los más diversos tonos Raboscháia Misl, y con ella todos los partidarios de la corriente “economista”. Como es natural, nos solidarizamos por entero con esta llamada, pero añadiendo sin falta: organizáos no sólo en sociedades de ayuda mutua, en cajas de huelga y en círculos obreros, sino también en un partido político, para la lucha decidida contra el gobierno autocrático y contra toda la sociedad capitalista. Sin esta organización, el proletariado no es capaz de elevarse hasta el nivel de una lucha consciente de clase; sin esta organización, el movimiento obrero está condenado a la impotencia; con las cajas de huelga, los círculos y las sociedades de ayuda mutua exclusivamente, la clase obrera no conseguirá jamás cumplir la gran misión histórica a la que está convocada: emanciparse a sí misma y emancipar a todo el pueblo ruso de su esclavitud política y económica. Ninguna clase ha logrado en la historia instaurar su dominio si no ha conmovido a sus propios jefes políticos, a sus representantes de vanguardia, capaces de organizar el movimiento y dirigirlo. También la clase obrera rusa ha demostrado ya que es capaz de promover a tales hombres: la lucha de los obreros rusos que en los últimos 5 o 6 años últimos ha alcanzado vasto desarrollo, muestra que la clase obrera posee una gran masa de fuerzas revolucionarias y que las persecuciones del gobierno, por feroces que sean, no sólo no disminuyen, sino que acrecientan el número de obreros que tienden el socialismo, hacia la conciencia política y hacia la lucha política. El congreso de nuestros camaradas en 1898 planteó con acierto la tarea, y no repitió palabras ajenas, no expresó una simple inclinación de “intelectuales”… Y nosotros debemos emprender con decisión el cumplimiento de estos deberes, planteando en el orden del día el problema del programa, de la organización y de la táctica del partido. Ya hemos dicho cómo concebimos los puntos fundamentales de nuestro programa, pero, naturalmente, éste no es el lugar para desarrollar con detalle esos puntos. Tenemos el propósito de dedicar a las cuestiones de organización una serie de artículos en los próximos números. Este es uno de nuestros problemas críticos. En este sentido nos hemos quedado muy a la zaga de los viejos militantes del movimiento revolucionario ruso; es preciso reconocer abiertamente esa falla y dedicar nuestras fuerzas a una organización más conspirativa del trabajo, a una propaganda más sistemática de las normas de nuestro trabajo y de los procedimientos para desorientar a los gendarmes y para no caer en las redes de la policía. Hay que preparar hombres que no consagren a la revolución sus tardes libres, sino toda su vida; hay que preparar una organización tan numerosa, que pueda aplicar una rigurosa división del trabajo en los distintos aspectos de nuestra actividad. Por último, en lo que atañe a las cuestiones tácticas, aquí nos limitaremos a lo siguiente: la socialdemocracia no se ata las manos, no limita su actividad a un plan cualquiera previamente preparado o a un solo procedimiento de lucha política, sino que admite como buenos todos los procedimientos de lucha con tal de que correspondan a las fuerzas del partido y permitan lograr la mayor cantidad de resultados posibles en unas condiciones dadas. Si existe una fuerte organización del partido, cada huelga puede convertirse en una demostración política, en una victoria sobre el gobierno. Si existe una fuerte organización del partido la insurrección en una localidad aislada puede transformarse en una revolución triunfante. Debemos recordar que la lucha reivindicativa contra el gobierno y la conquista de ciertas concesiones no son otra cosa que pequeñas escaramuzas con el adversario, ligeras refriegas en las avanzadillas, y que la batalla decisiva está por venir. Tenemos enfrente la fortaleza enemiga, bien artillada, desde la que se nos lanza una lluvia de metralla que se lleva los mejores luchadores. Debemos tomar esta fortaleza, y la tomaremos si todas las fuerzas del proletariado que despierta, las unimos a las fuerzas de los revolucionarios rusos en un sólo partido, hacia el que tienden todos los obreros activos y honestos de Rusia. Sólo entonces se verá cumplida la gran profecía del obrero revolucionario ruso Piotr Alexéiev: “¡Se alzarán los brazos vigorosos de millones de obreros, y el yugo del despotismo, protegido por las bayonetas de los soldados, saltará hecho pedazos!”.

* Publicado originalmente en el número 1 de Iskra, órgano central del P.O.S.R., en diciembre de 1900. En Lenin, V. I.: Obras Completas, tomo 4, Bs. As., Cartago, 1958, pp. 361-366.

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