¿Quién le teme a Juana Manso?-Por Rosana López Rodriguez

Rosana López Rodriguez (Grupo de Investigación de Literatura Popular-CEICS)
Miserias del feminismo académico (II)

Una mujer progresista

Juana Paula Manso nació en Buenos Aires, en 1819, y falleció en esta misma ciudad, en 1875. En 1840, se exilió con su familia en Uruguay, a causa del régimen rosista. Tiempo después, los Manso se trasladaron a Río de Janeiro, donde Juana se casa con el violinista Francisco de Saá Noronha. En el año 1853, volvió a Argentina, ya sin su marido, donde se establece definitivamente en 1859.
Sus primeras composiciones poéticas las publicó en El Nacional de Montevideo en 1841. Durante su estadía en Brasil, Juana fundó O Journal das Senhoras. Modas, Litteratura, Bellas Artes, Theatros e Critica, considerado el primer periódico feminista latinoamericano. También escribió en La Ondina del Plata, publicación que tuvo una gran influencia en la mujer del siglo XIX. En Buenos Aires editó el Álbum de Señoritas. Periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros, cuyo primer número fue publicado el 1º de enero de 1854. Escribió dos novelas, La familia del Comendador, cuyo tema era la injusticia del racismo y Los Misterios del Plata, un análisis sociopolítico donde se sostiene que todos los males sociales se producen por la falta de cultura.
Manso se ocupó de promover la escolarización en general –y la de la mujer en particular– de diversos modos. En Montevideo fundó un colegio, el Ateneo de Señoritas. Abogó por la educación popular, gratuita, mixta, científica y abierta a todas las clases sociales. Tuvo dos preocupaciones centrales: que la educación alcanzara a las mujeres y que la formación no estuviera apegada a una educación católica dogmática. Apoyó a Sarmiento para que alcanzara la Presidencia de la Nación y con él diseñó el sistema educativo que luego se plasmaría en todo el país. Impulsada por don Domingo Faustino, en 1858 asumió la dirección de una escuela para alumnos de ambos sexos, muy resistida por las mujeres de la Sociedad de Beneficencia (en particular, Mariquita Sánchez de Thompson). Designada vocal del Departamento de Escuelas, realizó famosas conferencias para maestras y, en 1871, fue nombrada por Nicolás Avellaneda miembro de la Comisión Nacional de Escuelas.
Su afán de igualdad de oportunidades se expresaba con un ángulo liberal, que asume la sociedad de clases: “No somos utopistas [las educadoras] sabemos que el nivelamiento social es imposible ya que el dinero siempre dividirá a los hombres en clases”. Pero muchos males podían evitarse con una educación práctica y popular: “La educación debe ser costeada por todos y para todos.”
En suma, Manso fue escritora, editora, publicista, traductora y una militante consecuente por el programa de educación popular y, particularmente, femenina. Utilizó la escritura como medio de lucha, para discutir con los
prejuicios de género y las limitaciones educativas a los que no podían acceder a una educación paga. Luchó por la libertad de culto y para que la educación se desprendiera de la enseñanza de la religión católica. Cuando falleció, su cuerpo permaneció insepulto durante dos días pues se había negado a recibir los últimos sacramentos de manos de un sacerdote católico, a pesar de que “un grupo de damas de alcurnia se había presentado en su casa para advertirle que si no se confesaba, convirtiéndose al catolicismo, le negarían el derecho a ser enterrada en la Recoleta o la Chacarita”.1 De hecho, recién en 1915 sus restos fueron trasladados en al Panteón del Magisterio en el Cementerio de Chacarita.

Disparen sobre Juana

Las actividades de Juana Manso fueron muy resistidas. Sus conferencias para maestras fueron abucheadas y boicoteadas por sus propuestas liberales y de cuño anticlerical. Las reacciones que generaron las conferencias públicas de Manso fueron de una violencia e irritación inusitadas: apedreo a cascotazos, pedido de silencio sobre cuestiones religiosas, acusaciones de herejía. Entre otros, Enrique de Santa Olalla, influyente pedagogo de la época, le escribió una carta en la que la acusó directamente de loca: “Tome, señora, tome por Dios algunos calmantes para atemperar la irritación de su sangre. […] Y no crea Vd. que soy yo quien la califica de loca; es el público, que en mi concepto la conoce mejor que yo”.2 En realidad, el vilipendio personal esconde la disputa entre dos programas políticos. Que la representante del programa opositor (en el ámbito educativo) a Santa Olalla fuera una mujer, la convertía en blanco de un cuestionamiento superficial, la descalificación por género. La burguesía más conservadora y católica, que inclusive la acusaba de pro-yanqui, se oponía al programa político de Manso con toda su fuerza.
De su periódico Álbum de señoritas, sólo pudieron publicarse ocho números. Había asumido la redacción del diario y su publicación con sus escasos recursos económicos, sin colaboradores prestigiosos, auspicios, ni publicidades y sin padrinazgos políticos o apoyo institucional. En suma, “sin la protección de la clase ilustrada” -como ella misma dice-, vio consumirse su intento y su dinero en un periódico que tuvo como “destino más próximo ir para alguna taberna a envolver azúcar y arroz”.3 Manso, que se había propuesto la misión política de que las mujeres “pobres” (según sus palabras) se educaran de acuerdo con las necesidades de su clase y de su país, debió dejar de publicar por efecto de la reacción política que sus ideas y acciones generaron. Juana Manso era una representante de la burguesía liberal, la fracción de la burguesía que aun no había agotado sus potencias revolucionarias y pretendía llevar adelante sus últimas tareas pendientes. Se inscribe en el movimiento político de centralización estatal iniciado por Rivadavia, marcado desde sus inicios por el carácter anticlerical de la burguesía revolucionaria. Como feminista, Manso eligió el programa político más progresivo de su época para resolver el problema de género, dándole a su feminismo un carácter muy avanzado para su época. Sin embargo, las feministas actuales prefieren reivindicar a escritoras derechistas como Juana Manuela Gorriti, como ya anticipamos en El Aromo.4 ¿Por qué no sólo no se levanta la figura de Manso sino que incluso se la cuestiona? Veamos los argumentos de algunas de las feministas académicas.
En primer lugar, Graciela Batticuore, en su libro La mujer romántica, explica la cuestión con la lógica de la dificultad (o imposibilidad) femenina de incorporarse a la vida intelectual. Si el problema es fundamentalmente una cuestión de género y si a las mujeres les ha sido negada históricamente toda intervención pública, entonces, la mejor estrategia para incorporarse a la vida pública como escritoras es la del pudor. Es un problema de cómo decir lo que se sabe sin “ofender”, como “decir sin decir”. Queda claro que la escritora que ha utilizado esta estrategia adecuadamente pues ha logrado el “éxito” profesional con ello, es Gorriti. Dicha estrategia recibe, en los estudios culturales académicos, el nombre de “treta del débil”. Según Batticuore, Manso es vilipendiada porque no asume la postura del débil. O, para decirlo en sus propios términos, no hace uso del “pudor femenino”. No es casual que en su libro, a Juana Manso no se le dedique capítulo alguno, mientras Mariquita Sánchez, Eduarda Mansilla y Juana Manuela Gorriti reciban decenas de páginas de atención. La autoría “impúdica” de Manso resultó demasiado para una sociedad que no aceptaba la autoridad intelectual y política de las mujeres: su “oposición frontal” le generó acusaciones de “querer figurar” y de “querer yanquizar al pueblo argentino”.5
Según Liliana Zuccotti, Manso, por oposición a Gorriti (que usa la “retórica de la mentira”), utiliza la palabra de la verdad, la fuerza de la palabra proselitista. No hace de su voz un “correcto susurro femenino”. El estilo de Manso grita y con ello, su voz se “masculiniza”, condenándose al fracaso. Y otra vez la reivindicación de Gorriti: en la discusión con Mercedes Cabello acerca de su novela Blanca Sol, analizada por Zuccotti, Gorriti recomienda a su amiga que “no se trata de callar, sino del arte del decir cortés. No se trata de dejar de escribir, sino de buscar el cómo”, “El naturalismo, estaría diciéndole Gorriti a Cabello, es cosa de hombres”, concluye Zuccotti, avalando de alguna manera la opción romántica de Juana Manuela. Se trataría, entonces, no de una diferencia política sino estética y de estrategia de inserción en el mercado: “No me canso de predicarle que el mal no debe pintarse con lodo sino con nieblas […]. Además, se crea enemigos, si incómodos para un hombre, mortales para una mujer”, Gorriti dixit.6 Juana Manso expresa una estrategia y una retórica absolutamente opuesta a la de Gorriti. La palabra de Manso, al utilizar el género de la conferencia, reviste autoridad: pretende poseer un saber y lo expone, y con ello lleva adelante una “práctica política, como la campaña electoral de Sarmiento para la presidencia de la República” y busca recaudar fondos para ello (tiene un fin económico). Entonces, así como Gorriti apuesta a “ocultar, callar, elogiar, halagar”, Manso utiliza una “retórica despojada de figuras, de circunloquios, de metáforas, de insinuaciones (…) y dice ‘la verdad’”. “Mentir, decir la verdad son dos formas en que estas mujeres nombran una retórica. La de Gorriti, protegida en las nieblas del romanticismo; la de Manso, fascinada por la brusquedad y la fuerza de la palabra proselitista”.7 Se trata entonces, según el feminismo académico, de una cuestión de estilo, de retórica, de estrategia mercantil. Sin embargo, a nadie escapa que el romanticismo no es un “estilo femenino” que evita la disputa política (si no, que lo digan Sarmiento, Alberdi, Echeverría o Mármol) y que el naturalismo (o el realismo) no es un “estilo masculino” que se presenta como verdad política (Emilia Pardo Bazán8 no era una escritora de filiación romántica, ni qué decir de la criticada Mercedes Cabello). Lo que separa a Manso de Gorriti es una diferencia de programas: progresista el de la primera, reaccionario el de la segunda.

A la derecha de la burguesía, señora…

Podríamos seguir dando ejemplos de feministas académicas que no parecen notar contradicción alguna entre defender la independencia actual de las mujeres y reivindicar como ejemplo a escritoras que expresaban lo contrario. Pero, para muestra, basta un botón, en este caso, dos…9 Estas feministas al considerar que las mujeres se constituyen como escritoras haciendo uso de las “tretas del débil”, postulan la adaptación al orden existente. De allí que la desubicada sea Manso y no encuentre un lugar en el feminismo académico burgués actual porque éste se encuentra ubicado a la derecha de la burguesía progresista del siglo XIX. Indudablemente, dichas feministas encuentran mucho más cómoda a su situación, la “estrategia Gorriti” que la preconizada por Manso. Puede que a ellas les de algún resultado, pero es indudable también que es el camino de la derrota para la masa de las mujeres oprimidas y explotadas.

Notas
1Tomado de AA.VV.: Mujeres de la política argentina, Aguilar, Buenos Aires, 2001, p. 207.
2Véase Zuccotti, Liliana: “Gorriti, Manso: de las Veladas literarias a ‘Las conferencias de maestra’”, en Lea Fletcher (comp.): Mujeres y cultura en la Argentina del siglo XIX, Feminaria, Buenos Aires, 1994, p. 217.
3Batticuore, Graciela: La mujer romántica, Edhasa, Buenos Aires, 2005.
4Véase de nuestra autoría “Miserias del feminismo académico”, en El Aromo, nº 27, abril de 2006, Buenos Aires.
5Idem, pp. 140-141.
6Gorriti, Juana Manuela: “Lo íntimo”, en Martorell, Alicia: Juana Manuela Gorriti y Lo íntimo, Fundación del Banco del Noroeste, Salta, 1991 7Zuccotti, Liliana: “Gorriti, Mando…”, op.cit., pp. 106-7.
8Escritora y feminista española (1851-1921), una de las grandes representantes del realismo y el naturalismo del siglo XIX, considerada del mismo nivel que Galdós, Clarín, y Valera.
9Tómese como otros ejemplos, a Francine Masiello,
Mary Berg o María Gabriela Mizraje.

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