Porotos K. Reseña de la película Porotos de soja, de David Blaustein y Osvaldo Daicich – Agustina Desalvo

soja_imagen El jueves 21 de mayo se estrenó Porotos de Soja, de David Blaustein y  Osvaldo Daicich. Blaustein es conocido por documentales como  Cazadores de utopías y fue funcionario del gobierno de la ciudad de  Buenos Aires donde ofició de Director del Museo del cine hasta el 2007.  El film, que ya fue transmitido por el canal oficialista, estuvo en cartel en  el Complejo Tita Merello. Por medio de imágenes y entrevistas, los  autores documentan el conflicto entre “el campo” y el gobierno desde el  momento de la fijación de las retenciones a las exportaciones en mayo del  2008. La obra pone a prueba la resistencia del espectador más mentado  que deberá soportar una extensa propaganda oficialista, improvisada en  su factura y carente tanto de profundidad analítica como de vuelo estético.
Blaustein y Daicich compilan testimonios e imágenes de marchas y manifestaciones a favor y en contra de las retenciones. Por un lado, los sojeros; por otro Barrios de Pie y las organizaciones kirchneristas. A los directores, este contraste les basta para autocalificarse como “pluralistas”, a pesar de la forma en que la izquierda no sojera es censurada. Los intelectuales convocados para “orientar los relatos”, el economista Alfredo Zaiat y el filósofo Ricardo Forster, se limitan a repetir argumentos propios del sentido común o mejor dicho, propios del gobierno bajo el cual se alinean. En el mismo sentido va, por supuesto, el testimonio de Edgardo Depetri, de Frente para la Victoria, único representante político entrevistado.

Largo y aburrido

El documental en cuestión dura 1 hora y 37 minutos, pero su linealidad y monotonía lo hacen a uno creer que su extensión es mayor. Diferentes interlocutores relatan los hechos: Rafael Sunde, de la Federación Agraria Argentina (FAA), tiene una destacada participación. Desde su explotación agropecuaria nos cuenta su versión de los acontecimientos, en un campo desolado donde sólo se oye el cantar de los pájaros. Expresa que se llaman a sí mismos pequeños y medianos productores y que proponen distinguirse de las otras organizaciones del campo. Enfatiza su presencia en la tierra, que no es rentista y procura diferenciarse de lo que llama “rentista desclasado”. Es decir, aquel a quien el documental muestra en un bar jugando al chinchón, mientras el “verdadero productor” está en el campo, sobre su tractor trabajando… Seguramente Sunde pase más tiempo en su escritorio frente a su notebook, que arriba de aquella máquina, en la que se lo presenta firme al volante.
El film muestra, por un lado, mujeres rubias, acompañadas de sus perritos, con antejos de sol y escarapelas, que agitan banderas argentinas y son entrevistadas en motos último modelo; hombres que hablan por celular o manejan sus 4×4. Por otro lado, militantes de organizaciones oficialistas: en una de las primeras escenas, desocupados de Barrios de Pie se suben a micros y camiones y agitan cantando “Vamos Cristina la puta que lo parió”. En el acto de la presidenta se venden choripanes y se ven pancartas que dicen “Sí a la democracia, sí a las retenciones”. En los del campo, por el contrario, se observan carteles que rezan “No soy oligarca, soy productor”. En el acto de Cristina, vemos a una niña en hombros de su padre, obreros con cascos amarillos, banderas argentinas. Todos ovacionan a la presidenta.
El documental también reproduce una conferencia del grupo Carta Abierta, que se formó a partir del conflicto del campo en apoyo de las posiciones del gobierno y que está integrado, entre otros, por Forster, uno de los relatores del film. El grupo se define como un “espacio de participación para la discusión y la intervención en las políticas públicas, en defensa de un gobierno democrático popular amenazado, preservando siempre la libertad de crítica”1. Esta imagen de un gobierno popular amenazado por la derecha es, precisamente, la que el film intenta construir a fuerza, no de pluralismo, sino de machacar una y otra vez con las mismas ideas y sus mismos exponentes.
Otra de las entrevistadas es Mariana Moyano, licenciada en comunicación y colaboradora del oficialista Página 12, periódico que le ha publicado sus elogiosos comentarios a la oratoria de Cristina2. Mariana Moyano señala algo obvio: que los medios transmitieron lo que querían, en función de sus intereses económicos. Mientras la escuchamos, vemos marchas por la nueva ley de radiodifusión y algunas imágenes de la cobertura televisiva.
Pero lo que Mariana no se pregunta es qué intereses defiende Página 12, este film y toda la prensa kirchnerista. Dentro de una disputa interburguesa critica a los medios que apoyaron a la fracción contraria, sin ver que la propia utilizó (y utiliza en este documental) las mismas armas. En refuerzo de Mariana, como si faltaran figuras kirchneristas, Moyano caracteriza la cobertura mediática como discriminatoria. Finalmente, el relator estrella, Zaiat, afirma que existió una gran desinformación y que mucho de lo expuesto en el documental no había sido dado a conocer en forma pública…Ante lo cual uno no puede dejar de preguntarse cuál es la trama secreta que el film vino a develar. Encima de oficialistas, presumidos. Porotos oculta más de lo que muestra y lo que exhibe ya es por todos conocido.

Una vez más, el convidado de piedra

Los autores dicen haber promovido el “pluralismo” manteniendo “…un abanico bien amplio en las opiniones que recopilábamos.”3 Sin embargo, el film está claramente direccionado: al mostrar qué opina el “campo”, no hace más que reforzar la propia posición; quienes relatan los hechos son intelectuales oficialistas y la gran mayoría de los entrevistados, también. La izquierda no aparece representada (sólo se entrevista a un manifestante del PC, izquierda kirchnerista). Los trabajadores rurales ni siquiera son mencionados. La clase obrera es, una vez más, el convidado de piedra.
Porotos de soja es un producto de propaganda oficialista, que defiende el “modelo K” y la “democracia” de una “nueva derecha” que vendría a atacarla. En este sentido, Forster sostiene en el film que “la Federación Agraria Argentina no es la misma de antes, ahora está con la Sociedad Rural, se está formando una nueva derecha…” Forster asume así, que la Federación Agraria fue, alguna vez, algo distinto, lo que demuestra su desconocimiento del asunto puesto que la FAA siempre fue lo que es: una organización patronal. Recordamos al filósofo que, ya en el gobierno de Yrigoyen, la Federación Agraria se alió con la Sociedad Rural en pos de la represión de los obreros rurales, y que apoyó la última Dictadura Militar.
Por otro lado, Blaustein y Daicich no hacen más que falsear la realidad y argumentar a partir de ideas erróneas, propias del sentido común más chato. Se jactan de haber retratado al “otro campo”, a su entender, “los campesinos más pequeños de todos, esos que labran cinco o diez hectáreas…”4 Zaiat refiere que son el 80% de los productores y que producen el 20% de los alimentos, que no son soja. Nada más falso. En efecto, según el último Censo Nacional Agropecuario del 2002, las explotaciones que tienen entre 5 y 10 ha representan sólo el 17,6%. Por otra parte, se trata, en su mayoría, de fracciones de la clase obrera integrantes de la sobrepoblación relativa rural, no de “campesinos”. Un ejemplo más se observa cuando Zaiat explica qué son las retenciones. A su entender “son parte de la ganancia extraordinaria destinada al pueblo (escuelas, hospitales, etc.)”. Sin embargo, ¿cuánto ha invertido este gobierno en salud y educación? ¿Cuánto ha gastado en pagos de deuda externa y en subsidios de todo tipo a la burguesía nacional? Las retenciones no se han destinado hasta ahora al “pueblo” sino a subsidiar a la fracción burguesa que el propio gobierno representa: la burguesía industrial.5 La clase obrera no sólo no recibe nada de las retenciones, sino que ahora sus aportes jubilatorios irán a subsidiar a la General Motors.

¡Salvemos a la democracia (K)!

En definitiva, los directores son defensores desesperados de la democracia (K), agitando el fantasma de los golpes de Estado. A lo largo del film, y en más de una oportunidad, se alegoriza “el campo” con el gobierno militar del ’76. De hecho, el documental comienza con un Institucional de la dictadura de 1977, en el que se retrata la riqueza y la abundancia de recursos de Argentina. Esta asociación entre el campo y la dictadura es reforzada a través de un discurso de José Alfredo Martínez de Hoz en un pabellón de la Rural. Es destacable también, el retrato de un manifestante sojero que añora la época del Proceso y pide la vuelta de los militares. Además, en más de una ocasión, Zaiat opone el modelo de la dictadura al modelo K, cuyas medidas reivindica. El documental finaliza con un atardecer. A las imágenes de un campo extenso y solitario sembrado con soja, se superponen a las voces en off de los relatores, cuyas palabras percuten en nuestros oídos hasta el fin.
Según sus directores el film es “hijo de la desesperación”.6 No podría ser de otra forma: ante la crisis, la clase obrera ha de reclamar lo suyo y resulta urgente tratar de convencerla de que participó de un festín del que estuvo ausente. Cual manotazo de ahogado, este intento resulta contraproducente, la mentira burdamente enmascarada revela los intereses de quienes la enuncian.

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1Ver www.conadu.org.ar/wordpress/?p=154.
2Ver Página 12, 30/06/09.
3Ídem.
4Ídem.
5Sartelli et al: Patrones en la ruta, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2008.
6Ver www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-13957-2009-05-21.html.

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