Perón y el trabajo de menores – Por Marina Kabat

Perón y el trabajo de menores.

Las escuelas industriales, la libreta de trabajo de menores y la regulación del sistemta de aprendizaje son generalmente reconocidas como uno de los logros de Perón. Sin embargo, se olvida que este sistema también incrementó en dos horas la jornada legal de trabajo en respuesta a un reclamo empresario.

Por Marina Kabat

Grupo de Investigación de los Procesos de Trabajo – CEICS

 

La campaña empresarial por la ampliación de la jornada de trabajo

 

Desde 1924 la ley 11.317 regulaba el trabajo de mujeres y menores. Para los jóvenes fijaba una jornada de 6 horas diarias o 36 semanales. A su vez, prohibía el trabajo de menores que no hubieran completado la educación prima- ria, aunque podían obtener autorización para trabajar mediante trámite legal si fuera indis- pensable para la subsistencia del menor o su familia. Esta ley instituía el sistema de libretas de trabajo. Desde su sanción, la UIA y otras entidades patronales se convierten en sus acé- rrimas opositoras. La UIA decía que el hora- rio de los menores afectaba el funcionamiento de las fábricas, reduciendo el rendimiento de los adultos a los que debían auxiliar. Además, perjudicaría a quienes buscaba proteger por- que iba a disminuir el empleo de mujeres y menores.

En una editorial de La Prensa que los indus- triales reproducen en sus periódicos se relata cómo hombres, mujeres y niños viven de la se- lección de desperdicios aprovechables y se afir- ma que ellos eran empujados a esta situación por la ley que impediría el empleo de menores de 16 en las fábricas. A su vez, consideraba ne- cesario que el gobierno impidiera esta ocupa- ción, para forzar a este sector de la población a asalariarse:

 

“Lo que hace falta, pues, es auspiciar la refor- ma de la ley en el sentido en que se permita tra- bajar aunque sea en tareas livianas adecuadas a la edad, a los menores que necesitan ganarse la vida, sobre todo a los de 16 a 18 años. El Es- tado comete un grave error en impedirles que aprendan un oficio o que se dediquen a labo- res que les permitirían vivir honestamente”1

Por qué los prefieren jóvenes

La industria ya mecanizada en la mayoría de las

ramas no necesitaba trabajadores   calificados,

 

sino sangre joven. Obreros resistentes y velo- ces. Tomemos el ejemplo de la industria del calzado y las denuncias de su sindicato. En la firma Ceselli “para obtener mejor rendimien- to al lado de cada obrero coloca un aprendiz a fin de eliminar en su oportunidad al operario y obtener así mayores beneficios con un míni- mo sueldo”2  En otras fábricas también se veía este desplazamiento de adultos por menores, así en la casa Anda:

 

“a raíz de haberse transformado por completo el sistema de trabajo se ha producido, de he- cho, una abultada rebaja de los jornales, con el agravante de que una crecida cantidad de an- tiguos y competentes obreros han sido suplan- tados por mujeres y niños por considerarse a éstos más dóciles y domesticables a demás de pagárseles a éstos salarios más irrisorios”.3

 

No  sólo  tenían  salarios  más  bajos,  sino  que eran preferidos porque podían resistir mejor el ritmo de trabajo impuesto en la industria. Pero, esta desmesurada intensidad del traba- jo, a su turno, los agota a ellos también, en- vejeciéndolos  prematuramente.  Contra  esta perspectiva  se  rebelan,  entre  otros,  los  obre- ros de la firma Titán. La tarea de producción diaria sería tan excesiva que: “Con el sistema predominante sólo podrán trabajar los obre- ros de determinada edad, que se los pueda ha- cer correr como a caballos de carrera y que, como tales, pocos años podrán quedar en sus puestos”.4

Lo mismo ocurre en la casa Rossi que habría duplicado su producción en el transcurso de dos años, con la misma cantidad de personal. El diario socialista, interpela a los trabajado- res a reaccionar antes que “se vean remplaza- dos uno a uno por otros obreros más jóvenes e inexpertos dando lugar a que los señores Rossi Hermanos sigan extrayendo de éstos últimos lo que no daban más los primeros.”5

La defensa sindical

La UIA publicó un estudio que  demostraría la existencia de 700.000 jóvenes de 14 a 19 años que no estudian ni trabajan, situación que achaca a la ley de menores. El periódico El obrero del Calzado afirma que “La Reforma de la ley 11.317 sería un espléndido negocio”. Allí cuestionan el estudio de la UIA:

“Si alguien pensase que ante tal magnitud de esta suma de menores huérfanos de instruc- ción, a los propietarios de industrial se les ha-brá ocurrido una medida salvadora para edu

car a esta infancia en peligro de    malograrse,

estaría totalmente equivocado. No efectuaron esta investigación con un objetivo humano, patriótico o social (…). Su propósito esta mo- vido sólo por una pasión de avidez inmodera- da, tendiente a conseguir la modificación de la ley 11.317 de modo que se les permita explo- tar más extensamente a los menores adscriptos a sus fábricas y talleres.”

El sindicato dice que la UIA debiera preocu- parse genuinamente por estos jóvenes, ya que era el trabajo de sus padres el que la enrique- cía.  Por  el  contrario,  los  empresarios  ataca- ban el núcleo humano de la ley que limita el trabajo de menores a 6 horas velando por la salud intelectual y física de los aprendices y atendiendo al principio pedagógico de que la fatiga aniquila la capacidad de aprender. Se- ñalan  que  es  falso  que  no  puedan  emplear jóvenes,  porque  las  fábricas  trabajan  8  ho- ras, pudiendo emplear a los menores en dos turnos de cuatro horas cada uno. Al mismo tiempo citan la cantidad de permisos para tra- bajar otorgados por el Departamento Nacio- nal de Trabajo a menores de edad: 15 mil en 1937 y en 1938, 16 mil; en 1940 los permisos ya sumaban 20 mil. De esta manera, los jóve- nes eran explotados al margen de la ley, por medio del sistema de “permisos” especiales. El periódico añade que, si los empresarios no los contrataban en mayor número, era sólo por que ya no cabían más en sus establecimientos y que lo único que buscaban al impulsar la re- forma de la ley 11.317 era el aumento de su horario de trabajo.6

Mientras permanece en vigencia, los trabaja- dores intentan velar por el cumplimiento de

esta ley. Pero su violación encabeza la lista de las normativas infringidas por los industriales. En marzo de 1941 el sindicato afirmaba:

 

“Es indispensable lograr el cumplimiento de la  ley  11.317,  que  protege  el  trabajo  de  los menores. A nuestro gremio se halla incorpo- rada  un  vasto  sector  juvenil  que  trabaja  en condiciones terribles, con salarios miserables y sin ninguna protección. El cumplimiento de la ley 11.317 debe ser reclamado, pues, como peldaños hacia mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los jóvenes obreros del calzado, cuya suerte si no preocupa a los patrones debe ser motivo de de constante atención de todos nosotros”.7

 

Los empresarios acusaban a la ley de entor- pecer e imposibilitar el aprendizaje profesio- nal. Al impedir, supuestamente, el empleo de jóvenes, aquellos no se formarían, por lo que habrían comenzado a escasear los obreros ca- lificados. Sin embargo, el sindicato describe una situación muy diferente. Los jóvenes eran empleados en grandes cantidades, pero en ta- reas parcelarias que no los acercaban en nada al aprendizaje de un oficio. Tanto las mujeres como los jóvenes

 

“se ven frente al grave problema de no vislum- brar  un  horizonte  halagüeño  para  su  futuro que les permita capacitarse técnicamente para las distintas ramas de la industria y poder ad- quirir los conocimientos técnicos y prácticos que es un factor indispensable para aprender el  oficio  y  ser  un  obrero  especialista. Y  esto ocurre dado el gran desarrollo alcanzado por la manufacturación del calzado (…). por la ra- cionalización que en su desmedido afán de lu- cro no tiene reparo en esclavizar a jóvenes en minúsculas operaciones, con el sólo propósito de poder alcanzar mayores beneficios de sus ya cuantiosas ganancias”.8

 

Los empresarios para eludir la ley 11.317 con- tratan jóvenes mayores de 18 años, “a los cua- les  se  les  pagan  salarios  miserables,  sin  otro norte  para  su  porvenir  que  el  ya  expresado con anterioridad”. En cuanto a los   menores

de ambos sexos, se les hace trabajar ocho  ho-

ras a la par de los adultos. Por todo lo relatado, el sindicato convoca una asamblea de jóvenes aprendices, para organizarse, lograr el cumpli- miento  de  la  ley  11.317,  “por  el  derecho  al aprendizaje y mejores salarios”.9

 

Reforma de la ley

Entre 1943 y 1946 una serie de decretos mo- difican la ley 11.317, permiten el trabajo a los

jóvenes que no terminaron la primaria y am- plían la jornada de trabajo. La jornada de los menores de entre 16 y 18 años pasa a ser   de 8 horas diarias y hasta 48 semanales. Aque- llos que tuvieran entre 14 y 16 años podían trabajar hasta 4 horas diarias debiendo concu- rrir a contraturno a la escuela primaria o a la una escuela profesional. Se crea la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Pro- fesional y se regula el sistema de aprendizaje, así como las condiciones laborales de los me- nores. Así, desde 1945 un aprendiz no ganaría en su primer año menos del 30% de un peón de su industria y no menos del 50% durante el segundo año. Por su parte, un menor ayudan- te obrero de 14 a 16 años no ganaría menos del 50% y si tuviera entre 16 a 18, no menos del 70 % de lo que gane el peón adulto. Es- tas reformas fueron muy bien recibidas por el empresariado que consideró que sus reclamos finalmente eran atendidos. La reglamentación oficial del trabajo de menores desarrollada en- tre 1943 y 1946 parece favorecer a los empre- sarios más que perjudicarlos.

Esta equiparación de la jornada de    menores y adultos establecida por el gobierno   militar y mantenida luego por Perón constituye un deterioro grave de las condiciones laborales de los menores, a las cual algunos gremios no se resignan (por ejemplo, los obreros del calzado mantienen en sus petitorios la jornada de 6 horas para los menores). Pero, por otra parte, la regulación del aprendizaje, es un beneficio efectivo, aunque inicialmente acotado. El mis- mo se profundizó luego merced a las luchas obreras que logran incorporar a los convenios de trabajo cláusulas que establecen el ascenso, por antigüedad, de los aprendices a medio ofi- ciales. De esta manera, también en lo que res- pecta al trabajo de menores, encontramos en Perón una política bonapartista que actúa en un contexto de paridad de las fuerzas sociales. Así los empresarios mantienen una jornada de 8 horas para los menores (importante en un contexto de escasez de trabajadores) mientras que los obreros consiguen regular pautas sala- riales y canales de promoción de los aprendi- ces; aunque esto, no sin importantes  luchas.

Notas

1Reproducido en La industria argentina del calza- do, 2/1940.

2La Vanguardia, 3/7/33. .

3Ídem, 24/7/33.

4Ídem, 31/5/1934.

5Ídem, 30/1/1934.

6El obrero del calzado: 10/1940 y  8/1943.

7Ídem, 3/41.

8Ídem. 9Ídem, 3/41.

 

 

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