Los Saavedra y la historia de la burguesía argentina – Por Fabián Harari

Revolución de Mayo.

Los Saavedra y la historia de la burguesía argentina.

Por Fabián Harari

Grupo de Investigación de la Revolución de Mayo – CEICS
El origen del Estado Argentino parece envuelto en un misterio. Para sortear las complicaciones que trae tener que explicar las duras guerras civiles protagonizadas por su clase y poder predicar la paz social, de Levene a Romero, los historiadores burgueses fecharon el proceso a partir de 1860. Sin embargo, la formación, el desarrollo y la hegemonía de la burguesía en Argentina pueden registrarse a través de la historia de una familia bastante singular: los Saavedra. Un recorrido que abarca algo más de un siglo, desde 1750 hasta 1880 y tres generaciones que documentan esta evolución: Santiago, el terrateniente en la colonia, Cornelio, el primer presidente del Estado Independiente y Mariano, la pieza clave del mitrismo en Buenos Aires.

Santiago y la organización de los terratenientes

Don Santiago Saavedra, el padre de Cornelio, amasó su primera gran fortuna criando mulas y ganado vacuno para abastecer a Potosí, en La Fombera, estancia cercana a dicho centro minero. Hacia 1770 las perspectivas de desarrollo en la región del Río de la Plata lo devolvieron a su Buenos Aires natal. Ubicó en el partido de Arrecifes su estancia dedicada a la ganadería y, luego de dirigir la milicia rural, fijó su residencia en la ciudad.

En 1774 llegó a ser miembro del Cabildo de Buenos Aires. En el mismo año se impulsaron las primeras formas de organización de los llamados hacendados (propietarios y/o productores ganaderos de alguna envergadura). Un año más tarde, Don Santiago participó en la creación del Gremio de los Hacendados, una organización desde la que los propietarios rurales dedicados a la ganadería reclamaron por sus derechos corporativos. Los principales reclamos intentaron obtener ventajas para los propietarios legítimos, evitar el robo de ganado para su venta, prohibir la subdivisión de propiedades rurales, controlar el abasto de carne a la ciudad y sujetar a los peones al trabajo.

Su preponderancia en el cuerpo data de 1791, cuando la hegemonía de los ganaderos del sur -grandes abastecedores de carne- cedieron su espacio a los propietarios situados al norte, más ligados a la producción de cueros. Eran tiempos de las primeras disputas contra los grandes comerciantes que querían monopolizar el comercio exterior. En esos años, Don Santiago se hizo elegir Alcalde de Primer Voto del Cabildo: la máxima autoridad municipal.

Santiago y su organización representan el momento inicial de la burguesía: el momento corporativo y reformista. No se discute aún el poder político sino que se piden reformas económicas dentro del sistema colonial. No presentan los problemas de la clase como generales sino como particulares.
Don Cornelio y la Revolución

Los historiadores peronistas (Norberto Galasso, José María Rosa, entre otros) difundieron la leyenda según la cual Cornelio Saavedra fue un “moderado”, se opuso a la Revolución y quería pactar con el Virrey y con España. Lo suelen contraponer con el ideal “democrático” de Moreno. Sin embargo, Cornelio era el principal interesado en la destrucción del régimen colonial. No por inspiración humanitaria sino porque era propietario de tierras y necesitaba ligarse al mercado mundial de manera directa. El casamiento con su prima Francisca Cabrera le facilitó la estancia de su suegro -el “Rincón de Cabrera”- en Zárate. Gran administrador y sumamente entendido en la problemática agraria, accedió al Cabildo para ocuparse de todo lo relacionado con estas cuestiones.

En 1799 pidió por la abolición de cualquier organización gremial del trabajo, reivindican do que se debía “… proteger a aquella clase de hombres, que no teniendo más propiedad que su trabajo e industria, tiene mayor necesidad de emplear sin limitación alguna los únicos recursos que le quedan para su subsistencia”. Aún no la tiene delante de sí y, sin embargo, su definición de clase obrera tuvo la lucidez necesaria para no caer en las trampas de las “clases populares”, como lo hicieron historia dores posteriores, v.g., Raúl Fradkin e Hilda Sabato.

Luego de la Reconquista (julio de 1806) el poder del Estado saltó en mil pedazos. La población entera se armó y el proceso fue reencauzado a través de la formación de milicias para la defensa. Los cuerpos armados se dividieron entre aquellos que buscaban reconstituir el poder del Estado y aquellos que buscaban su conquista. Cornelio Saavedra dirigió el más grande y dinámico de estos últimos, el Cuerpo de Patricios. Su lugar al frente del gobierno revolucionario fue producto de haber encabezado el movimiento durante los cuatro años de crisis y de su reconocido ascendiente en las masas.

El presidente de la Junta Gubernativa se pronunció por circunscribir la expansión revolucionaria a las posibilidades materiales y financieras. Así como propuso que fuesen las provincias (o sea, sus clases dominantes) las que se integrasen en el tiempo y forma que creyeran conveniente.

En Cornelio Saavedra vemos a esa clase de terratenientes ganaderos lanzarse a la conquista del poder político, por las armas y organizadamente. Su posición frente a esas tareas tal vez parezca “moderada”, pero no carece de realismo y sensatez. No fue menos revolucionario, tan solo buscó una mejor defensa de su clase frente a los peligros de una empresa de éxito improbable. En 1811 el grupo morenista en el poder lo destituyó y lo condenó a un
tortuoso exilio.

Mariano y la construcción del Estado Nacional

Mariano Saavedra comenzó su vida como administrador de la estancia que le legara su padre en Zárate. Exiliado por el rosismo, Caseros lo devolvió inscripto en las filas mitristas. En 1860 fue Diputado Nacional y Convencional Constituyente. En ese mismo año llegó a dos puestos claves en la construcción de la hegemonía burguesa: el Banco de la Provincia de Buenos Aires y la Casa de la Moneda. El primero concentraba y distribuía los recursos en el área de mayor expansión capitalista del país. El segundo, intentaba ordenar la circulación monetaria a nivel nacional. Mariano Saavedra dirigirá estos organismos durante diez años. Nuestro personaje será el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante los conflictivos años de 1862 a 1866. Durante su gestión, el desarrollo del capital lo puso frente a tres problemas: las condiciones para ese desarrollo en el agro, la consolidación de las funciones estatales y la dirección intelectual de la sociedad. En cuanto a la primera cuestión, dirigió las obras de expansión de las vías férreas y atendió personalmente la concesión del Ferrocarril Sud a los capitales ingleses. Asimismo, se ocupó de reglamentar las propiedades rurales y su acceso, creando un Registro Gráfico. Fundó diez pueblos y reglamentó otros cinco. Cada nueva “fundación” implicaba autoridades, tribunales, cuerpo represivo e Iglesia; la burguesía debía extender sus mecanismos de dominación hacia áreas cada vez más extensas. Por último creó el Consejo de Instrucción Pública, que dirigía la enseñanza primaria y dio a la Universidad de Buenos Aires su primer estatuto orgánico.
Familia y clase

De Don Santiago hasta Mariano, del momento sindical a la hegemonía, los Saavedra integraron la dirección de la construcción del Estado Nacional. Cuando la política corporativa mostró su límite, pasaron a la acción directa y a la disputa por el poder. Una vez en él se dieron la tarea de organizarlo. Como vimos, lucharon por objetivos bien particulares, los de una minoría explotadora. Nunca se aislaron de dichos intereses, más bien evolucionaron junto con ellos.

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