El hogar del cartonero

cartonero Cómo la crisis afecta a las fracciones más pauperizadas de la clase obrera

 Nicolás Villanova
Taller de Estudios Sociales – CEICS

 Muchos asentamientos de Capital Federal surgieron a partir del cierre,  durante el 2008, de los ramales ferroviarios que utilizaban los cartoneros  para trasladarse a sus lugares de residencia en provincia. Otros ya se  habían formado durante los años previos a la crisis del 2001. Describimos aquí la vida en dos asentamientos de Caballito y uno de San Cristóbal a partir de observaciones y entrevistas efectuadas los dos últimos meses.
El asentamiento de Yerbal al 1400 se yergue sobre terrenos del Estado. Veinte familias, un total de 60 personas, habitan en él. Los primeros pobladores ocuparon el predio en 1994. Las casas son de madera (restos de puertas y ventanas) con techos de chapa. Cada vez que llueve, se inundan. El asentamiento carece de sistema de agua corriente y de cloacas. El agua se obtiene de dos tanques colocados por una empresa que realiza sus actividades detrás del predio. La electricidad se extrae de los cables de luz, a los que están enganchados. La conexión es precaria. En tres oportunidades, los cortocircuitos provocaron el incendio de algunas casas. Tampoco hay baños, motivo por el cual los residentes deben trasladarse hacia un lugar destinado para esos menesteres en el fondo del predio. Ahí, deben hacer sus necesidades en el interior de una bolsa, que luego es arrojada en un tacho ubicado en la calle. Según los entrevistados, el terreno está lleno de ratas. Durante el 2004, formalizaron una cooperativa de vivienda con el objetivo de mejorar sus condiciones habitacionales. Sin embargo, nunca recibieron apoyo y esta situación legal no les reportó ningún beneficio. Muy similar es el asentamiento ubicado detrás de la cancha de Ferro. Éste asentamiento está conformado por 36 familias, 150 personas, que comenzaron a instalarse hace 13 años. Ellos intentaron formar una cooperativa de vivienda, pero no llegaron a formalizarla.
El asentamiento de Garay y Rincón (predio cercano al Garrahan) tampoco dispone de sistema cloacal o baños. Las viviendas son más precarias aún, puesto que ni siquiera disponen de chapas para los techos, que son de cartón recubierto con nylon al igual que las paredes. Allí viven, unas 20 personas. Algunas se asentaron hace 3 años. Otras, hace 7. En todos los casos, los residentes de estos asentamientos decidieron ocupar esos predios, porque las calles porteñas les permiten obtener una mayor cantidad de materiales de la que podrían recolectar en las zonas del Conurbano de donde provienen.

Las condicione laborales

Los cartoneros recolectan el material en la calle. Por la mañana, recorren supermercados y negocios de los cuales obtienen cartones y papeles y, por la tarde, seleccionan el material de las bolsas de basura que los vecinos sacan a la calle. En posición agachada, las palpan, las desatan o las rompen y extraen, en mayor medida: cartón, papel y botellas plásticas. En pocas ocasiones encuentran metales. El proceso de recolección lleva implícito una clasificación. En el carro se acomodan los materiales de manera que se aproveche mejor el espacio disponible. El cartón es amoldado y manipulado antes de guardarlo. Las botellas sólo son recolectadas por los cartoneros de los asentamientos de Caballito puesto que su comprador las requiere, a diferencia de los galpones que compran a los cartoneros de Garay y Rincón.
La clasificación y venta difiere entre los asentamientos. Los cartoneros de Yerbal 1400 clasifican en la vereda y guardan el material, separado por tipo, en bolsones. A las botellas se les extrae el aire y se las dobla. En general, no separan las tapas del envase, pero sí lo hacen según sean transparentes o de color. La chatarra se coloca en un container aparte. Para enfardar, los cartoneros se suben a los bolsones y los pisotean. La venta es semanal. Un camión de un galpón de acopio, ubicado en Paternal, llega al asentamiento y retira los materiales. Los cartoneros ordenan los bolsones en el camión y se suben a él para dirigirse hasta el galpón donde se pesan los materiales y se les paga. En cambio, los cartoneros de Garay y Rincón venden cada día lo que recolectan para que la policía no requise los materiales. No clasifican en el asentamiento dado que suelen acercarse camiones patrulleros que, en caso de encontrar materiales, se los llevan al igual que los carros, colchones y otros objetos. A su vez, golpean a los residentes y rompen las chozas. Esto explica la mayor precariedad de las viviendas (no utilizan techos de chapa, por ejemplo) que se reconstruyen periódicamente tras las visitas policiales.
La mayoría de los cartoneros tuvieron distintos trabajos en negro: changas, albañilería, pintura, peón de fletes, etc. Un tercio de los entrevistados mantiene este tipo de actividades en forma ocasional. Por otro lado, en la mayoría de los casos, estas changas se hacen un día al mes. Uno de los entrevistados manifestó que en el verano suele emplearse por toda la temporada en trabajos de gastronomía en la costa.
Los días dedicados a cartonear oscilan en función de las responsabilidades familiares. Aquellos que tienen familias que mantener suelen recolectar todos los días. Quienes no tienen ese compromiso descansan los domingos. En las familias existe una división de tareas. Los hombres se dedican a la recolección y, las mujeres, al cuidado de sus hijos y a la mantención del hogar. A su vez, ellas ayudan en la clasificación, en particular las que viven en el asentamiento de Caballito. En cambio, la situación del predio de Garay y Rincón es diferente, ya que las mujeres no se instalaron allí. Es por este motivo, que los hombres suelen llevarle parte de sus ingresos los fines de semana. Un sólo entrevistado manifestó que su mujer lo ayudaba en la recolección, lo cual hace que tenga que viajar casi todos los días, dejando a sus hijos al cuidado de los abuelos.
Con relación a la jornada de trabajo, los cartoneros dedican entre 9 y 12 horas diarias. Usualmente, caminan más de 120 cuadras cargando hasta 100 kg de materiales. Asimismo, no disponen de vestimenta adecuada. Por lo tanto, el riesgo de ser atropellados por automóviles es permanente. En efecto, al momento de entrevistarlos en el asentamiento de Garay y Rincón dos cartoneros habían sido atropellados recientemente, lo que les impedía salir a recolectar. Uno de ellos se encontraba fracturado y el otro rengueaba. La solidaridad de sus compañeros les garantizaba la subsistencia durante ese trance. En este asentamiento, los cartoneros están organizados en dos grupos que comen juntos y, ante una contingencia de este tipo, el grupo garantiza la alimentación de aquel que estando enfermo no ha podido trabajar.

Todo por quince pesos

Con la crisis, la caída del consumo y el aumento del número de recolectores (por el crecimiento de la desocupación) el precio del cartón disminuyó.1En el 2008, el precio del cartón por kg llegó a 0,40 centavos y hoy es sólo de 0,16 centavos. El año pasado, por 50 kg de cartón, que es el promedio recolectado, se pagaban 20 pesos y hoy sólo 8 pesos. Esto no ha ocurrido sólo en la Argentina. Por ejemplo, en Brasil los cartoneros se manifestaron pidiendo que el gobierno fije un precio mínimo al cartón frente su aguda caída.
En la actualidad, los ingresos diarios oscilan entre los 13 y 20 pesos por unidad familiar. Varios entrevistados manifestaron que no llegan a recaudar 100 pesos semanales. Esto significa que tras un mes con jornadas mínimas de 9 horas diarias, descansando (y no siempre) sólo los domingos, un cartonero recibe 450 pesos por su trabajo y el de su familia.
El cartón es el pan y el techo del recolector. Para obtenerlo, las familias se mudan a la Capital soportando condiciones habitacionales peores que en la mayoría de las villas. Muchas veces las familias se separan. El hombre se queda en el asentamiento y, la mujer con los niños, se quedan en sus casas de la provincia, ya sea para preservarse de los ataques de la policía (como en el predio cercano al Garraham) o para no exponerse a la insalubridad del asentamiento. Por ello, las ofertas de dinero que hace el gobierno porteño, para que desalojen los asentamientos, no les sirven a los cartoneros. Éste es su problema inmediato: si se van ¿de qué van a vivir? ¿Cuánto les duraría el dinero recibido? Este dilema se agrava por la baja del precio que no deja margen para un traslado que implica una disminución en lo recolectado.
El problema del precio no afecta sólo a quienes viven en los asentamientos, sino a todos los cartoneros. Con la profundización de la crisis es probable que los precios sigan cayendo (de hecho, a fines del 2001, la actividad se resintió gravemente). Durante el 2002, cierta suba del precio del cartón, junto con la legalización de la actividad, permitió que esta ocupación contribuyera a desagotar el problema del desempleo y la conflictividad social. Hoy, con la caída del precio del cartón, esta tendencia se revierte. Frente a semejante panorama, no es difícil imaginar a estos obreros, cuya situación ya es desesperante, engrosando las filas del movimiento piquetero.


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1 Un artículo publicado en www.rosario3.com, el 1/2/09, señalaba que el incremento de cartoneros se relacionaba con el aumento del desempleo. Según los cartoneros, esto complica la recolección, ya que son demasiadas las personas que recorren la ciudad (según declararon son 3 mil los carros tirados a caballos que hacen la tarea). La competencia entre cartoneros se agudiza también por la merma del material disponible ocasionada en la caída del consumo. Los cartoneros señalaban que se redujo la cantidad de cartón que los comercios desechan.

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