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20 Respuestas

  1. Lucas dice:

    Buenos días. Me gustaría recibir, si es posible, información sobre artículos que se publiquen. Desde ya muchas gracias.
    Salud y libertad

  2. Rocío dice:

    Hola! Estoy interesada en recibir los artículos que vayan publicando, así que dejo mi mail también.
    Abrazo

  3. María Suárez dice:

    Les dejo mi correo para recibir información y artículos. ¿Dónde se puede comprar la edición nueva de Literatura y Revolución? ¿Está en librerías? Gracias.

  4. Florencio dice:

    Buenas noches; quería preguntar cómo hay que hacer para comprar la publicación El Aromo.
    Muchas gracias.
    Abrazo grande.

  5. Diego Gastón Martini dice:

    Hola . Me gustaría recibir, si es posible, información de lo que publican. Desde ya muchas gracias.

  6. Carlos dice:

    Queridos compañeros: en el mensuario de El Aromo nº 88, me llamó la atención, que en la editorial (siempre brillante) de Ianina Harari, publicara que Gabriel Solano (PO), al igual que Del Caño (PTS) y a diferencia de Altamira (PO), se manifestó por NO concurrir a la reunión con Macri luego de su triunfo en el balotage. Me extraño esa falsa publicaciòn de ese dato ya que basta con ver Prensa Obrera (si quieren en su formato virtual de números anteriores : Prensa Obrera nº 1394 de diciembre de 2015), donde no solo hay una, sino dos declaraciones del mismo Gabriel Solano en donde toma una postura totalmente opuesta a del Caño CRITICANDO abiertamente su NO concurrencia (incluso cita el hecho històrico de la presencia de Che Guevara poco después de Cochinos a la reunión de la Alianza para el Progreso en donde utiliza la tribuna política del enemigo para dar uno de sus mas brillantes discursos. Igualar a Solano (PO) con del Caño (PTS) y, además, sabiendo de la posición del PO al respecto de utilizar cualquier tribuna (siempre ninguneada) para debatir con el enemigo de clase y difundir nuestras ideas (de hecho Pitrola estuvo en un almuerzo con Mirta Legrand difundiendo y enfrentando al enemigo en su propio terreno, impecable a los espectadores y a los propios invitados. Ademàs, estas desiciones, como bien saben , no se toman individualmente expresando “lo que piensa empiricamente” cada integrante del Partido, sino se que debaten y se acuerdan previamente como corresponde. Poner al mismo nivel al PTS y al PO (por lo menos en el tema de asistir o no a la reuniòn a DENUNCIAR al macrismo) me parecía cuanto menos un mal chequeo de informaciòn por parte de Harari, pero el daño esta hecho ya. Sería bueno que asumieran su equivocación para no confundir a los lectores. Gracias.

  7. Mario Edgardo Porta dice:

    Nueva Revolución Francesa?
    Les comparto unlink para opinar sobre la nueva tesis sobre la actuar Revolución Francesa, en http://www.debates.teoriaypraxis.org/index.php/es/2015-07-11-18-37-46

  8. lucas pedro dice:

    hola Buenas tardes. recién me tope con su pagina buscando un libro que necesito. (en lo posible en papel)
    es: “El Ferrocidio” de Juan Carlos Cena. desde ya si alguien lo tiene o sabe donde puedo conseguirlo le agradecería mucho. Me gustaria recibir informacion de su editorial y noticias que tengan sobre historia y actualidad.
    saludos.

  9. Victor Contreras dice:

    Hola compañer@s soy Victor de la Rioja, trabajador de la educacion y vendedor de libros y revistas (aqui ofrezco materiales de Ed. Sudestada-revista y Cuadernos de Sudestada, libros- Noveduc -educación- y de una bilblioteca popular de la Rioja, Mariano Moreno, de autores riojanos)., y les escribo por que me interesa ofrecer sus materiales por aquí (no tengo local, lo hago de manera ambulante en profesorados, equipos técnicos educación, domicilios particulares y Ferias del Libro por el interior riojano). Vi, compre aqui en una librero amigo (San Cayetano Libros) dos libros de ustedes (unos de D. Viñas “En la semana” y “Los que mueren” de A. Rivera). Si es posible, como hago con otras editoriales de Bs As, les puedo mandar el dinero, pago por alguna cuenta que tengan. Abrazos!

  10. sergio vazquez dice:

    hola, con relación a la nota Tras los pasos de Néstor del Aromo 92 y la necesidad allí expuesta de realizar un análisis de profundidad de los años Kirchneristas, les envío esta nota publicada en Facebook en diciembre pasado.
    saludos

    Los años kirchneristas

    Hace un tiempo, un compañero me señalaba que, aunque probamos una y otra vez apostando a experiencias políticas más o menos populistas, siempre con la misma esperanza, en el mientras tanto se nos iba la vida. Se refería en ese momento a la discusión referida a la eventualidad de votar a Scioli en las últimas elecciones, como proponía buena parte del “progresismo”. Se me vino a la mente entonces el mito de Sísifo, condenado a subir una pesada piedra hasta la cima de una colina sólo para verla caer una y otra vez, repitiendo la experiencia sin aprender nada de ella. Tal vez sea el momento de hacer un balance sobre esas experiencias, y ésta (la del ocaso del modelo que gobernara la Argentina los últimos años) puede ser una buena oportunidad para ello.
    A modo de introducción

    Hacer leña del árbol caído siempre es una empresa fácil, casi como cuestionar al director técnico del equipo que perdió teniendo el diario del lunes en la mano. Y este es precisamente el momento en el que comienzan a surgir ese tipo de evaluaciones sobre aquello que ha constituido el “modelo” que se instaló en la Argentina desde hace casi una década y media y que representó para muchos, la esperanza de un país distinto después de la debacle del 2001. En ese sentido, lo primero que ha surgido es un cuestionamiento hacia las “formas” del kirchnerismo en el gobierno; no es este el caso, que prefiere bucear en las razones últimas del derrotero K. Con seguridad, la inmediatez de los acontecimientos sobre los que se ocupa este trabajo observa el riesgo de teñirlo de subjetividad, de pasión, de excesiva fruición por algún detalle que retrospectivamente habrá resultado superfluo en un análisis posterior, pero cuenta como contrapartida con la posibilidad de comprender desde adentro aquello que Raymond Williams señalaba como estructuras de sentimiento o estructuras de la experiencia y que comprometen un momento de la historia de las sociedades con su propia práctica y subjetividad.
    En forma casi paradójica, no se tratará aquí de evaluar intencionalidades ni personalidades (salvo excepcionalmente), lo que se trata es de comprender un proceso en el que el análisis de su lento, casi parsimonioso declive se encuentra en el presente teñido de algunos desplazamientos que es esperable que se diluyan en el futuro.

    Una hipótesis de periodización

    “Todo análisis (…) aislado o individual lleva en sí una teoría escondida o reprimida de periodización histórica” , la frase de Fredric Jameson (aunque surgida en otro contexto), da cuenta de la necesidad de resultar explícito al respecto ya que, según esa misma afirmación, tal o cual periodización puede ser imputada de ideológica. En ese sentido, y como afirmábamos en otro lugar, la más exitosa estrategia comunicacional del gobierno K ha consistido en convencer a la sociedad de comparar su presente con la penosa situación de octubre de 2003 (cuando asumiera Néstor Kirchner), es decir, poco tiempo después del momento de mayor deterioro económico y no con la del tiempo en que se iniciara el proceso, es decir, a partir del estallido de la convertibilidad a fines del 2001. Habida cuenta de la contundencia de la afirmación precedente, resulta lógico que deba ser problematizada. En ese sentido, es necesario establecer que, para bien o para mal, no es Néstor Kirchner el gestor del modelo que rige la pos-convertibilidad, sino su antecesor, Eduardo Duhalde. Fue este último, de la mano del ministro Lavagna quien iniciara el proceso de reestructuración capitalista en el marco de la crisis más profunda de la economía argentina, y cuando todavía sonaban fuerte los ecos el “que se vayan todos”. La expansión geométrica de la asistencia social, la devaluación sin precedentes que triturara el poder de compra de los salarios generando una gigantesca transferencia de recursos desde los trabajadores hacia el poder económico (a la vez que las condiciones de competitividad externa imprescindible para la existencia del modelo), la apuesta al mercado interno, todo ello auxiliado financieramente por la cesación de los pagos de la deuda externa a los acreedores privados (que durara 38 meses y se realizara durante la brevísima presidencia de Adolfo Rodríguez Saá), resultan los presupuestos básicos del modelo posconvertibilidad, y ninguno de estos elementos reconoce la paternidad Kirchnerista. La inédita continuidad del Ministro Lavagna al frente de la cartera de economía (2002-2005), constituye por sí una reafirmación de la verdadera raigambre del proceso. Es decir, “el modelo” (en realidad, la reestructuración capitalista en términos de disciplinamiento de la clase trabajadora -aunque ese disciplinamiento también incluye a las fracciones menos competitivas del capital-) exigió, a modo de punto de partida, la expropiación de una buena parte del salario de los trabajadores vía devaluación salvaje.
    Lo antedicho adquiere vital importancia a la hora (otra vez, para bien o para mal) de evaluar los resultados de la gestión K. Su retórica “fundacional” se ve relativizada cuando se percibe la continuidad práctica con la gestión inmediatamente anterior. Bajo ningún pretexto la descalifica, sólo la ubica en su justa locación, aún cuando deba determinarse todavía cuál fue en definitiva su aporte al proceso.
    Desde nuestro punto de vista, el proceso de reestructuración capitalista cierra el ciclo entre octubre/2010 y marzo de 2011. La muerte del Néstor Kirchner, la conflictiva toma de tierras de Soldati y el asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreira cierran simbólicamente un tiempo, el tiempo de la reestructuración, el tiempo de la recuperación de la legitimidad, el tiempo de las concesiones disfrazadas de una épica que sólo encubría el reino de la necesidad del capital ante el desafío de la lucha de clases que hiciera estallar la convertibilidad.
    Existieron en ese momento determinados indicios de ese “principio del fin” del ciclo económico, algunos de ellos, emblemáticos. La propia toma de tierras en el Parque Indoamericano dio cuenta de una especie de coyuntural “agotamiento de la paciencia” gubernamental ante el reclamo, expresado entonces tanto en la represión policial como en la amenaza de Aníbal Fernández de excluir de los planes sociales a quienes osaran reclamar de esa manera. Por otra parte al mismo tiempo y a partir de allí y durante algún tiempo, el Kirchnerismo comenzó a acumular muertos en instancias represivas (tomas de tierras en Soldati y más a delante en Jujuy, aborígenes formoseños de la mano del gobernador Kirchnerista Insfrán, etc.) o en ocasión de “zonas liberadas” por la policía en una suerte de terciarización de la represión, en el caso de Mariano Ferreira. La contemporánea detención irregular del “Pollo” Sobrero (9/2011) abona en el mismo sentido.
    Pero eso no es lo único. La cumbre Iberoamericana de 2010 funcionó en la práctica como una “contra-cumbre” de la de 2005, que lograra entre otras cosas poner freno al ALCA (principal estrategia norteamericana para la región) y resultara entonces en un legítimo (uno de los más “puros”, en verdad) logro del gobierno. En esa oportunidad, en cambio, el mismo gobierno obstruyó la presencia tanto de Chávez como de Evo Morales, a la vez que abandonó a su suerte a Correa quien quedó huérfano y sin aliados en su discurso antiimperialista. Por su parte, la posición oficial argentina resultó entonces (y cierto que, muy coyunturalmente) mucho más condescendiente con la política norteamericana, en contraste con la anterior.
    Las paritarias del 2011 ya mostraron a un gobierno deseoso de poner techo a los reclamos de los trabajadores (circunstancia que se repetiría en 2012 en un valor cercano al 18%, así como en los años subsiguientes), hecho que finalmente fue impedido por la reacción de Hugo Moyano y la CGT. El discurso de Cristina Fernández siempre se había jactado de no ser imparcial a la hora de la negociación colectiva. Esa posición se mantuvo desde el 2010 en adelante, sólo pareció haber cambiado de signo.
    En general, los discursos presidenciales de esa época perdieron cierta dimensión épica (recuperada espasmódicamente hasta los últimos tiempos del gobierno de CFK), más propia de los primeros tiempos. En setiembre 2011, en San Juan, la presidente dejó sentado que el sujeto del proceso económico son los actores privados y no el estado, reduciendo su rol al de mero auxiliar (adiós a los sueños del retorno del I.A.P.I. o de las juntas reguladoras de muchos peronistas nostálgicos de los viejos tiempos de Perón); poco tiempo después, en otro discurso pletórico de corrección política y por si quedaban dudas, ratificó su carencia personal de vocación revolucionaria, restringiendo su accionar al difuso marco del “peronismo”. El nuevo y moderado estilo presidencial no pareciera demasiado a la hora de sustentar la épica pretensión re-fundacional del clima del bicentenario. En adelante la épica constituiría sólo un recurso de campaña. Es más, desde entonces el discurso apeló en forma permanente a los logros de la primera gestión (2003-2007), casi como única referencia positiva. Se defiende las seudo nacionalizaciones de YPF, Ferrocarriles ; la Asignación Universal por Hijo, Etc., sin embargo, la base de sustentación de la defensa de la gestión siguió siendo el proceso de reconstrucción del sistema durante los cuatro primeros años.
    Con todo, ni aún así el modelo hubiera sido posible en el largo plazo; debió mediar la sorprendente inversión de los términos de intercambio que favoreciera a las exportaciones locales de alimentos para agregar los dólares que resultaran el combustible insustituible del proyecto en ciernes. Sin el “viento de cola”, es probable que el “modelo” hubiera tenido una vida más limitada y seguramente no tan decorosa. En realidad, el ajuste que no pudo realizarse por baja nominal de los salarios en el 2001 y que generara una resistencia tan fenomenal como inesperada, se realizó vía devaluación en el 2002, de la mano del único sujeto en condiciones de llevarlo a cabo, es decir, el peronismo. El asesinato de Kosteki y Santillán bajo responsabilidad de la Policía Federal en el contexto de una sociedad sensibilizada y aún poderosamente movilizada desde el “argentinazo” de diciembre de 2001, impidió la continuidad de Duhalde, y es ahí, con el proceso en marcha, con los salarios hechos trizas y la Argentina creciendo ya al 6%, cuando aparece Néstor Kirchner como artífice, no del modelo, sino de su viabilidad política.
    Néstor Kirchner, un político casi desconocido, del sur, por lo tanto menos golpeado por el “que se vayan todos” que por entonces licuaba toda representatividad, con una base propia inexistente en el definitorio conurbano bonaerense que presuponía (erróneamente) su maleabilidad por el Duhaldismo, fue casi arrojado al escenario de la política nacional con el sólo aval del padrinazgo duhaldista. Las acciones en términos políticos que sucedieran al triunfo electoral del 2003 (sobre todo el discurso con relación a los DDHH y la convocatoria a la participación principalmente juvenil por afuera de los aparatos ), tuvieron que ver tanto con la recuperación de la gobernabilidad del sistema como con la necesidad de ganar autonomía con relación a la estructura del Pj manejada entonces por Duhalde. La pasada hegemonía Kirchnerista de debe, en buena parte, al éxito de esa estrategia.
    Como ya expresamos en alguna oportunidad, la misión histórica el Kirchnerismo habrá sido, retrospectivamente, la de la recuperación de la gobernabilidad del capitalismo en la Argentina. De esta manera, las concesiones a los sectores populares gestadas desde el 2001 en adelante, fueron el resultado de la necesidad de re-legitimar el proceso de acumulación a la luz del ciclo de luchas gestado en el lapso 1996-2002.
    Una digresión. Existen hipótesis de periodización alternativas (un poco más pedestres, sin dudas), que intentan un análisis “K puro”, es decir datado desde la asunción misma de Néstor Kirchner. Es un error; sería tan limitado como analizar los primeros gobiernos radicales (1916-30) con prescindencia de su inserción y continuidad con el modelo agro-exportador, como analizar al gobierno de Viola sin poner de manifiesto su continuidad con la dictadura de Videla. En general, la mejor hipótesis de periodización es la que ofrece más eficientes explicaciones a los procesos y la que mejor puede expresar su derrotero y sus resultados, entendemos que la asumida más arriba puede dar cuenta con mayor precisión de lo acontecido durante los últimos tiempos.

    Sobre el significado del “modelo”

    En principio, una cuestión metodológica. A menudo, la discusión de café, o inclusive muchos debates pretendidamente intelectuales, gastan páginas en la discusión sobre el supuesto carácter progresista o reaccionario de tal o cual medida analizada en forma aislada. Así, se evalúa como progresista a la implementación de retenciones al campo y reaccionaria a la Ley Antiterrorista, progresista la Asignación Universal por Hijo y reaccionaria la aplicación el Impuesto a las Ganancias al salario. El balance de la gestión de gobierno surgiría de este modo de la valoración de cada medida aislada y la consecuente suma algebraica de lo progresista como suma y lo reaccionario como resta. Es una forma de ver las cosas, pero una forma que ofrece varios problemas. ¿Es progresista un dólar barato? Recordemos que Martínez de Hoz y el propio Cavallo favorecieron la baja del dólar cuyos resultados pudimos padecer. ¿Son progresistas las retenciones al agro? El creador del mecanismo de las retenciones en Argentina fue Aldalbert Krieger Vassena, ministro de economía del dictador Onganía, quien resulta imposible de ser imputado como progresista. Sin olvidar que a todo instrumento legal o técnico subyace un sesgo ideológico, más importante que el propio instrumento es a qué proyecto alimenta. En todo proceso político existen avances y retrocesos, concesiones y momentos de extrema dureza, pero lo significativo es cuál es el horizonte de esa construcción, es decir el proyecto tomado como un todo. Así, sin por ejemplo cuestionar el derecho del estado a capturar parte de la renta extraordinaria del agro a través de las mencionadas retenciones, tan importante como ello es observar qué es lo que se hace en definitiva con esa renta capturada en forma correcta, o sea, el para qué.

    A modo de primera aproximación hacia una definición del “modelo” que se desprende necesariamente de la hipótesis de periodización anterior, es inevitable destacar que todo el período ha sido atravesado por la experiencia social de los levantamientos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Pero esa experiencia social no sólo ha sido la valiosa experiencia de lucha de la clase trabajadora, sino, y tal vez principalmente, la de los sectores dominantes, que en ese entonces vieron tambalear el andamiaje político que legitimaba su capacidad de explotación y hacía estallar el régimen de acumulación sustentado en la convertibilidad. En ese contexto, el capital se vio obligado a responder, y respondió constituyendo un modelo neo-keynesiano, entendido como un conjunto de medidas estatales que contribuyen a sustentar un nuevo régimen de acumulación como forma de prevenir y contener las luchas sociales e integrar al grueso de los trabajadores en el circuito de consumo del capital. En la endémica ausencia de un partido propio, tuvo necesidad de mediar esa gestión a través, primero de Duhalde y su precaria legitimidad, y luego del gobierno de Néstor Kirchner. Ahora bien, a pesar de que el keynesianismo tiene muchos defensores entre el progresismo, que lo ve como una forma de capitalismo saludable, inclusivo, desarrollista, es necesario entender que no constituye un instrumento de los trabajadores, sino precisamente la respuesta del capital en “estado de emergencia” frente a los desafíos que le impone la lucha de clases. El conocido “gradualismo” que se defiende habitualmente desde el PJ cabalga sobre ese modelo, sin entender que éste sólo funciona como una estrategia defensiva del capital para momentos de crisis. Cuando ese mismo “capital amable” se reconstituye políticamente, retorna con la crudeza habitual a través del “ajuste”. Veámoslo en la práctica.
    Como se planteaba anteriormente, la posconvertibilidad se sustentó en principio en la suspensión de los pagos de la deuda externa a los acreedores privados, la devaluación y la apuesta al mercado interno. En este sentido, una de las claves del “éxito” inicial alude a la existencia de una capacidad instalada ociosa muy alta en la industria, que permitió incorporar (ante el aumento de la demanda) a tres millones y medios de trabajadores sin necesidad de que el capital realizara inversiones de magnitud, sólo la imprescindible para “realizar” la ganancia del período precedente. Entre el 2003 y el 2007, el PBI creció a “tasas chinas”, los trabajadores vieron crecer sus salarios en términos reales, aumentó la tasa de actividad, todo ello sin necesidad de afectar seriamente la tasa de ganancia del sector empresario. Fueron los “años de oro” del kirchnerismo. El retorno de las paritarias sólo fue posible en este contexto. Ahora bien, cuando la industria comenzó a funcionar a régimen , el aumento de la demanda agregada no generó nuevas inversiones que aumentaran la capacidad productiva y así la oferta; lo que aumentaron fueron los precios. El propio Kicillof reconoció, tiempo más tarde, que el origen de la inflación se hallaba en la insuficiencia de la oferta, es decir en los déficits crónicos propios del capitalismo argentino, un capitalismo acostumbrado a la protección estatal, no competitivo, monopólico, ineficiente y reacio al riesgo que supone la inversión. Esto no es resultado de un “gen” perverso, como el que el peronismo le adjudicaba a la vieja oligarquía argentina, es el desarrollo inequívoco de una construcción racional, que aprovecha las posibilidades disponibles de un país periférico como el nuestro.
    En ese momento, el modelo estaba muerto, o al menos en coma. Y es allí cuando reaparece la renta extraordinaria del agro. Sobre todo la tracción de la economía China invirtió los términos de intercambio de manera notable. De esta manera, los precios de los comodities se vieron ostensiblemente favorecidos frente a un mundo con exceso de manufacturas. La Soja, comoditie estrella de la economía argentina, se acercó a los U$S 600 , generando el financiamiento que necesitaba el modelo, para entonces exhausto, y garantizó la continuidad política del kirchnerismo, ahora de la mano de Cristina Fernández. Era entonces el momento de los BRIC, y ni la crisis internacional del 2008 impactó seriamente en la economía local. Ese momento es cuando el gobierno se decide a capturar la renta extraordinaria del agro a través del Ministro Losteau y la Res. 125. Su fracaso en esa maniobra es tanto el fracaso de la (torpe) tarea de ingeniería política de esa coyuntura, como también el del sistema de alianzas que había construido Néstor Kirchner, primero para llegar al gobierno y luego para conservarlo. De todos modos, la 125 estaba orientada a la posibilidad de que la soja conservara su precio internacional en el largo plazo, cosa que, fatalmente, no ocurrió.
    Por otra parte, mientras que el precio de la soja sirvió como sostén del modelo ya en problemas, el gobierno todavía pudo mantener el apoyo empresarial heredado de la administración anterior. La crisis del campo (que también diera inicio formal a la dura batalla contra en antiguo socio Magneto) todavía no significó una ruptura con el capital, que por entonces no encontraba interlocutores en una oposición fragmentada y sin propuestas alternativas. Sin embargo, el lento pero permanente declive del precio del principal producto de exportación argentino obligó a un gobierno imposibilitado de acudir con éxito al mercado voluntario de crédito a recurrir a la emisión sostenida de moneda para financiar un déficit fiscal creciente, mientras que las reservas internacionales caían en picada. Es allí cuando ese “capitalismo amigo” comenzó, primero tímidamente, a buscar alternativas al kirchnerismo, que finalmente pasó a ser descartable. Una aclaración; no es cierto, como proclaman los sectores ultra-liberales, que la emisión monetaria tenga como correlato necesario la inflación. A pesar de ello, si esa emisión se sostiene en el tiempo con un PBI estancado, tal el caso, la inflación llega más temprano que tarde. Se alienta la demanda con una oferta monopolizada, protegida e incapaz de satisfacerla, se emite para cubrir déficit fiscal, el resultado es uno solo.
    A pesar de que el modelo estaba en terapia intensiva, su administrador político seguía ganando elecciones. Primero la soja y después la emisión monetaria, lograron “patear para adelante” la crisis. Sin embargo, ante la incapacidad para relanzar el ciclo de acumulación de capital, ésta finalmente se hizo presente. Lo que los economistas llaman “restricción externa” comenzó a marcar el fin de un modelo artificialmente sostenido, con importante aval político, pero que evidentemente ya no ofrecía respuestas. Los años 2013 y 2015 mostraron la deserción creciente de la burguesía con relación al universo K. Macri, Massa y Scioli se disputaron el preciado rol de resultar los nuevos representantes del poder económico. El kirchnerismo ya había cumplido su función; constituir la principal agencia de legitimación política del proceso e reestructuración capitalista luego de la crisis de la convertibilidad. Lo hizo con eficiencia, aún a pesar de desprolijidad, corruptelas, desplantes y hasta arrebatos anti-imperialistas. También lo hizo recurriendo a una metodología que desbordaba sistemáticamente los límites del republicanismo liberal y burgués, que la ceñía a través de la Constitución Nacional. Esa lógica de funcionamiento, que teñía de épica hasta las decisiones administrativas más elementales, suponía que las medidas tomadas se justificarían por sus resultados. Tal vez alguna vez haya sido así, sin embargo, en la medida que el modelo chocaba contra sus propios estrechos límites, esa justificación ex post facto tornaba más frágil y perdía consenso social. Es esa mística la que convenció a la militancia (la camporista sobre todo) de que se estaba haciendo una revolución, cuando en realidad se estaba intentando normalizar el funcionamiento del capitalismo en la Argentina, tal como lo había planteado la propia CFK en varias oportunidades. Con todo, ese fuerte componente utópico, fundacional, se fue estrechando hasta llegar a los propios límites del cristinismo más puro y duro. En 2015, la enorme mayoría de los argentinos votó (aún inc0onscientemente) en contra de la utopía, casi resignada a un ajuste cuyos costos están siendo pagados por los trabajadores.
    El 2001 había puesto en crisis el sistema de representación (entre otras cosas), la burguesía se veía imposibilitada de realizar la tasa de ganancia, la sociedad se encontraba poderosamente movilizada y muy sensibilizada. El gobierno de Duhalde impuso las reglas económicas y sociales del modelo, Néstor Kirchner fue el factotum de la salida política a la crisis; las paritarias, los subsidios y posteriormente la AUH, fue el costo asumido a regañadientes. A los efectos del capital, Cristina Fernández (y con ella todo lo que su gobierno significaba) se tornaba redundante, superflua. Los antiguos “amigos”, que ahora disfrutaban las mieles de una sociedad “normalizada” (es decir, más o menos disciplinada) comenzaron a mirar otros horizontes, que ofrecían estrategias menos populistas para los tiempos del “ajuste” que no es otra cosa que la plataforma sobre la cual sustentar un nuevo modelo de acumulación de capital basado ahora en el endeudamiento. Sintomáticamente, el “modelo” de la posconvertibilidad no deja herederos claros, a los K, la burguesía los toleró, pero nunca los reconoció como propios. Hoy busca constituir una nueva derecha republicana con Macri y el Pro. Se está cerrando un ciclo, los últimos ecos del 2001 comienzan a apagarse; nos queda la experiencia de lucha y movilización. Ojalá que nos quede también la conciencia de los límites de los gobiernos populistas menos representantes de los genuinos intereses de los trabajadoras que salvavidas de la burguesía en problemas.

    Sergio A. Vazquez
    23 de diciembre de 2015
    sergiovazquez62@hotmail.com

  11. facundo dice:

    Buenas . ¿ Para comprar el aromo , Solo en el local de Salcedo? Lo leo siempre y me interesaría conseguirlo impreso.

  12. rodrigo dice:

    hola quisiera saber en donde hay un local donde pueda asistir en zona norte. mas específicamente en san frenando o tigre.
    gracias!!

  13. Oscar Mas dice:

    Hola me interesan los 9 libros de historia argentina que están publicitados en Facebook a $500, donde los puedo conseguir?, se puede pagar con tarjeta?.
    Gracias

  14. AAron dice:

    ¿Donde puedo adquirir su libro literatura y revolución en México?

  15. Daniel dice:

    Hola, buenas. Me gustaria recibir los articulos e informacion por correo, aca se los dejo! Mucha suerte con su trabajo, es espectacular. Saludos socialistas!

  16. eduardo lovotti dice:

    los voy a seguir con mas continuidad, muy buen criterio sobre el caso Maldonado y el juez Otranto

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