Violencia capitalista y luchas populares en México – Por Gloria Martínez González y Alejandro Valle Baeza

Los crímenes de Iguala han servido para que confluyan diversas demandas populares que vienen rebasando la capacidad de control del aparato capitalista. Lamentablemente, las luchas populares nucleadas por estos asesinatos no han enarbolado, hasta ahora, banderas anticapitalistas claras.

Por Gloria Martínez González y Alejandro Valle Baeza (Colaboradores)

El 6 de diciembre fue tomada simbólicamente la capital de México por una multiplicidad de movimientos populares. Es un episodio muy importante de las actuales luchas que conmemora la toma militar de la Ciudad de México, en 1914, por ejércitos campesinos de ese entonces. Hoy hay campesinos, movimientos urbanos, feministas, estudiantes, y sindicatos confluyendo sobre que el gobierno mexicano debería presentar con vida a 43 estudiantes desaparecidos y exigiendo la salida del actual presidente. Es una lucha de las victimas contra sus victimarios y, al mismo tiempo, una etapa más alta de las luchas populares en el país.

La portada de la revista estadounidense Time del 24 de febrero de 2014 ponía al presidente mexicano Peña y titulaba: Saving Mexico. Unos meses después el personaje, quien en una entrevista anterior no pudo mencionar cinco títulos de libros que le hubieran influido, lucha por salvar su pellejo político. El 104° aniversario de la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre, hubo manifestaciones antigubernamentales en todo México. Por ejemplo: “…unos 5 mil estudiantes, mineros de Cananea, padres de la guardería ABC, afectados por la contaminación del río Sonora, ferrocarrileros, feministas, ecologistas y braceros marcharon por la calles de Hermosillo- Sonora, tomaron la sede del Poder Legislativo local y advirtieron: ‘Hoy sesiona el pueblo, hay quórum’”1. Las protestas a lo largo del país exigieron la presentación con vida de 43 estudiantes guerrerenses y la salida del “salvador de México” del gobierno.

La causa inmediata de la presente crisis política mexicana fue el asesinato de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes, a lo que se suman 25 heridos, de una escuela para maestros de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, a manos de la policía local de la ciudad de Iguala. El ejército, presente muy cerca de los hechos, dijo no haberse percatado ni de los asesinatos ni del secuestro masivo. No obstante, intervino para expulsar a parte de los estudiantes que se habían refugiado en un hospital y entonces los amenazó con desaparecerlos después de espetarles que se merecían lo que les había ocurrido.

Los crímenes de Estado se cometieron el 26 de septiembre del presente año. Según el procurador de la República, los 43 desaparecidos habrían sido entregados por la policía a un grupo de narcotraficantes, que, para escarmentarlos, los asesino e incineró y después arrojó sus cenizas al río San Juan. Hasta el 6 de diciembre, hubo corroboración parcial de la versión oficial mediante pruebas de ADN que tuvieron que ser enviadas a Innsbruck (Austria) por la dificultad para identificar restos calcinados. El estudiante de 19 años Alexander Mora Venancio fue identificado de entre los restos calcinados.

El maridaje entre las fuerzas policiacas, el ejército, la marina y el narcotráfico es obvio desde hace tiempo en gran parte del país. Por ejemplo, el director del Instituto Nacional de Combate a las Drogas, el general del ejército, Jesús Gutiérrez Rebollo, fue detenido en 1997 por sus vínculos con el cártel narcotraficante de Juárez en Chihuahua. La simbiosis entre los grandes capitales y las fuerzas represivas no se limita a los capitales que prosperan con el tráfico de drogas. El 28 de junio de 1995, fueron asesinados por la policía en Aguas Blancas, estado de Guerrero, 17 campesinos y heridos 24 por un conflicto agrario.2 Un video de 16 minutos donde se apreciaba la masacre fue transmitido por el periodista Ricardo Rocha en la cadena privada de mayor difusión (Televisa). Rocha fue despedido de la televisora por ello. Los medios de comunicación, las fuerzas represivas y los políticos actuaron coordinadamente para reprimir campesinos y salir impunes. Entonces como hoy: “En este reino de la impunidad hay homicidios sin asesinos, torturas sin torturadores y violencia sexual sin abusadores”3, dice a propósito de lo ocurrido el 26 de septiembre el Tribunal Permanente de los Pueblos.

El finado politólogo boliviano René Zavaleta dijo en varias ocasiones en la UNAM que en un solo año en México había más muertos por razones políticas que durante toda la dictadura brasileña. No sabemos qué tan exacta es esa afirmación, pero indudablemente México se destaca, en el mundo, por su terrorismo de Estado. La violencia del capital se ejerce en todo el territorio con diversos grados y motivos. No obstante, ésta se concentra más en ciertos lugares. El estado de Guerrero es una de esas regiones. Desde los años sesenta del siglo pasado hubo una guerrilla campesina, la liderada de Genaro Vázquez, de inspiración socialista y más tarde la de Lucio Cabañas, asesinado por el ejército el 2 de diciembre de 1974.4 Ambos líderes eran profesores de enseñanza básica surgidos de la escuela para profesores Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. La misma escuela de los 43 desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. Los dos movimientos guerrilleros guerrerenses referidos tomaron las armas como respuesta a la extrema violencia gubernamental. La escuela Isidro Burgos fue fundada en los años ‘30 del siglo pasado. Desde hace mucho tiempo ha albergado una asociación que forma políticamente a muchos de sus egresados dotándolos de un carácter crítico anticapitalista. Sucesivos gobiernos han tratado de desaparecer las normales rurales de todo el país por su raigambre popular, especialmente a la escuela Isidro Burgos. Periódicamente, se les reduce el presupuesto y se trata de no contratar a sus egresados. La lucha popular ha impedido la desaparición de ellas. El ataque de este año a la de Ayotzinapa es notable solo por su brutalidad.

Sin embargo, no es el salvajismo de lo ocurrido en Iguala lo que explica la extensa movilización popular para exigir justicia: la explicación es que se precisa de un nuevo nivel de lucha política en México. Los crímenes de Iguala han servido para que confluyan diversas demandas populares que vienen rebasando la capacidad de control del aparato capitalista.

En una economía que ha venido creciendo mediocremente los últimos treinta años5, la población ha padecido la falta de trabajos aceptables.6 Sus defensas han sido variadas: la emigración, la defensa de la economía campesina, la creación de cooperativas, etc. Hay cerca de 11 millones de mexicanos potencialmente deportables en los EE.UU., pero una parte de los que no se van ha defendido la economía campesina.

El 13 por ciento de los trabajadores mexicanos están empleados en la agricultura y muchos de ellos interactúan o sufren con el narcotráfico. Los capitales asentados en la producción de drogas ilegales han prosperado en México pues disfrutan de una ganancia extraordinaria, una renta, por la cercanía del país con el mayor centro de consumo de drogas. La producción de marihuana, o cannabis, tiene origen precolombino. Pero, como el alcohol y el tabaco, su producción se ha disparado al producirse de manera capitalista. Como en toda producción capitalista el narcotráfico se diversifica: “la producción de heroína en las Américas básicamente se ha desplazado de Colombia a México y Guatemala, que conjuntamente parecen satisfacer la demanda hemisférica, la cual está basada en Norteamérica.”7 Las “mercancías” producidas son también la extorsión, el secuestro, etc. Como en todo el mundo el crimen organizado cuenta con el Gobierno para proteger sus intereses y con los capitalistas legales para complementarlos. No se ha inculpado a ningún funcionario financiero como parte de la “Guerra contra el narcotráfico” emprendida por el anterior gobierno en 2006 y continuada por Peña. La “guerra” gubernamental no busca impedir los negocios del crimen sino establecer un marco para el reparto de los beneficios extraordinarios. La rama del narcotráfico está en auge en México y, como en Colombia, una de sus actividades es la represión de los movimientos populares. Los ejércitos privados del narco sirven para hacer trabajos que no conviene asuman directamente las fuerzas gubernamentales. En el caso de los asesinatos de Iguala, la técnica de borrar todo rastro de las víctimas nunca antes había sido empleada por el crimen organizado y sí por el ejército mexicano, durante la “Guerra sucia” de los años setenta. Mientras haya posibilidades de ganancias extraordinarias, México será un “narco Estado” donde se expanden los crímenes junto con los ineficaces ejércitos legales quienes emplean asalariados y consumen armas y municiones que atiborran los bolsillos de capitalistas legales, sobre todo del complejo industrial militar estadounidense.

Lamentablemente, las luchas populares nucleadas por los asesinatos de Iguala no han enarbolado, hasta ahora, banderas anticapitalistas claras. El Estado capitalista mexicano ha debido hacer tres fraudes electorales para mantener los términos de su dominación en las últimas cuatro elecciones presidenciales. Par legitimarse después del de 2006, Felipe de Jesús Calderón instrumentó la “Guerra contra las drogas” que consiguió que el homicidio sea la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años (ver gráfico).

Las víctimas de Ayotzinapa fueron atacadas por el Estado por enarbolar una solución popular contraria a la educación capitalista. Si el Estado contó con el auxilio del narcotráfico, no altera sustancialmente los hechos. El capitalismo mexicano solo obedece los dictados de “acumulad, acumulad”, aunque al hacerlo deba producir muertes como la de los jóvenes guerrerenses que hoy nuclean una multitud de luchas populares y que quizás sean el inicio de una etapa de lucha anticapitalista en México. Que así sea.

Gra_Valle_Baeza

Notas

1 Hernández Navarro, Luis: “Ayotzinapa y la voz de la calle”, en La Jornada, 2/12/2014. http://goo.gl/kfqEbY.

Tan solo en Sonora se congregaron muchas protestas por diversos agravios. Por ejemplo, se recordó el 5 de junio de 2009 en Hermosillo, Sonora, México. Entonces hubo un incendio en una guardería privada donde fallecieron 49 niños y 76 resultaron heridos de entre cinco meses y cinco años de edad. Una de las propietarias del negocio es pariente del anterior presidente, el derechista Felipe de Jesús Calderón. Ni los propietarios ni los funcionarios que autorizaron la guardería, sin que ésta tuviera las condiciones de seguridad aceptables, fueron juzgados. Ver el video de la toma del Congreso sonorense en http://goo.gl/Yzkir7.

2 Véase http://goo.gl/OqC2P6 y http://goo.gl/qi4GNl.

3 “Sentencia de la audiencia final del Capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos”, 18/11/2014, en http://goo.gl/qTqssG, consultada el 20/11/2014.

4 En julio de 2011 fue asesinada una viuda de Lucio Cabañas y la hija de ambos trata hoy de asilarse en los EE.UU. por las amenazas mortales recibidas. Ver “La hija de Cabañas pide asilo a Obama”, El Universal, 4/12/2014.

5 Véase Martínez González, Gloria y Valle Baeza, Alejandro: México, otro capitalismo fallido, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2011. En 2014, con un crecimiento de 2.1%, México quedó ubicado en el lugar número 15 de 20 países de Latinoamérica –sin considerar a los del Caribe. CEPAL:Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe , 2014, pp. 6 y 7.

6 Véase Valle Baeza, Alejandro: “La situación de los trabajadores mexicanos”, en Razón y Revolución, nº16, Buenos Aires, 2º semestre de 2006, pp.7-70.

7 Organización de los Estados Americanos: “El problema de las drogas en las Américas: estudios producción y oferta de drogas, fármacos y precursores químicos”, Washington, 2013, pag. 7 en http://goo.gl/OYF0jX, Consultado: 25/11/2014.

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