Vienen con el puñal bajo el poncho…

El 13 de agosto se realizarán las elecciones primarias. En nuestra provincia, el cuarto oscuro tendrá 15 boletas. De esas, 10 son del peronismo, 3 de Cambiemos, 1 de Encuentro Social y 1 del Movimiento Socialista de los Trabajadores. Nuestro dinero (las PASO cuestan 2.800 millones de pesos) y nuestro tiempo se van a perder para que dos partidos burgueses resuelvan sus chanchullos internos.

Detrás de un discurso de unidad, el peronismo presenta diez listas. Lo que parece una dispersión un tanto inédita, en última instancia contribuye a que en torno a la lista oficialista orbiten las otras nueve que de movida poco tienen para disputarle al Frente Justicialista Somos Entre Ríos.

Somos Entre Ríos es la apuesta del gobernador Bordet y surge de la alianza con los ex gobernadores Jorge Busti y Sergio Urribarri. Es la lista de los hombres fuertes del peronismo y, a nivel provincial, es la expresión del fin del kirchnerismo como posibilidad de poder. Está encabezada por Juan José Bahillo –actual diputado provincial–, Mayda Cresto y Gustavo Zavallo.

¿Se acuerda que el peronismo acusaba al PRO de ser un gobierno de CEOS y empresarios? Bahillo no se queda atrás. Fue directivo de la Sociedad Rural de Gualeguaychu, de la Cooperativa Eléctrica y de Racing. Queda claro a quien le habla realmente cuando hace campaña con propuestas para potenciar la agricultura y la ganadería, con el chantaje de crear “nuevos puestos de trabajo”.

Obviamente, apoyándose en la billetera de Bordet, los candidatos del PJ se pasean inaugurando obras. Prometen, entre otras cosas, extender la red natural de gas y construir defensas para las crecientes. Sabemos, sin embargo, que son justamente eso: promesas que duran de acá a octubre. De noviembre hasta las próximas elecciones, seguiremos igual: comprando garrafas carísimas e inundándonos ante cada crecida, perdiendo lo poco que tenemos.
Las PASO le van a servir al gobernador para reafirmar su liderazgo en la conducción del PJ a nivel provincial y de traspaso final desde las filas del kirchnerismo al massismo, con quien se presentan alineados en esta ocasión . En efecto, el kirchnerismo participa en las internas con Unión Ciudadana, llevando en la cabeza de su lista a Jorge Barreto, actual diputado nacional, que tiene uno de los peores índices de asistencia al parlamento. Sus posibilidades reales son más bien nulas y en realidad juega a aparecer como el “kircherismo duro”, porque el grueso de esa fuerza ya se pasó a las listas del PJ.

Dentro de Cambiemos, la lista oficialista, avalada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, está encabezada por Atilio Benedetti, radical y director del Banco Nación. Su estrategia electoral está centrada en “continuar con el cambio”, es decir, continuar con el ajuste, los despidos y los tarifazos. Como Bahillo, lo que les preocupa son los negocios y la ganancia de los burgueses a los que representan. Para nosotros, lo de siempre: degradación de nuestras condiciones de vida, miseria y hambre. Entre ellos, no hay ninguna “grieta”.
Por fuera del PJ y del PRO está “Encuentro Social”, una alianza entre el Partido Socialista –ese partido que conduce la provincia del narcotráfico-, el Partido Comunista Revolucionario, Libres del Sur, Unidad Popular, resabios del Frente Renovador, referentes del Nuevo Espacio y del vecinalismo. Esa lista la encabeza Emilio Garbino, del massismo, y Verónica Magni, del socialismo.

¿Propuestas? Poco y nada. Lo que repiten es que no son ni el PRO ni el PJ, que son una tercera opción. ¿Pero son realmente eso? Lo más “concreto” que dijeron es que sus pilares son: defensa irrestricta de la Democracia; garantía de los derechos consagrados en la Constitución; honestidad, transparencia y sobriedad; combate contra la desigualdad; y un Estado presente, activo y abierto. Promesas bien abstractas que defienden esa “democracia” y esas leyes, por las cuales es perfectamente “legal” que miles no tengan cubiertas sus necesidades más elementales como comida, techo, salud y educación. No son ni el PRO ni el PJ, claro. Pero no son otra opción. Sencillamente no dicen lo que realmente van a hacer, porque eso es “piantavotos”.
Los candidatos patronales de Entre Ríos van a las elecciones escondiendo el puñal debajo del poncho. Ninguno presenta claramente qué es lo que pretende hacer, y cuando lo hace, mete la pata, porque las opciones que se barajan son todas formas de continuar con el ajuste y cuidar las quintas propias. Ni una palabra de la crítica situación que atraviesa el sistema educativo provincial, de la crisis en el sector avícola, de los despidos de trabajadores del rubro turístico, frigorífico y demás.
Más allá de estas opciones abiertamente patronales, está la lista del MST, encabezada por encabezada por Gabriel Geist, Luis Meiners y Nadia Burgos. Sus acciones de campaña denuncian el “modelo extractivista y sojero”. O sea, quieren que volvamos a producir como en el siglo XIX, nada dicen de quiénes se llevan realmente la riqueza del campo. Llaman a “enfrentar el ajuste y la precarización laboral” y “defender la educación pública”. O sea, mantener todo como está y, en el mejor de los casos volver al kirchnerismo, que ya sabemos de que se trata…
En fin, el MST propone una campaña que busca recuperar lo más potable del reformismo romántico, que hasta llega a proponer la Reforma Agraria. Una locura: si la soja crea riqueza, la cuestión no es erradicarla, sino quién se la apropia. La división de esos campos tan eficientes y con maquinaria tan moderna solo va a traer atraso y una menor producción. Lo que nadie se anima a discutir es si esas tierras tienen que expropiarse y pasar a manos de los trabajadores.
Para todos, del PJ al PRO, pasando por el MST y Encuentro Social, este es el único sistema posible. Todos creen que usted tiene que conformarse con lo poco (o nada) que le ofrece el capitalismo, un mundo hecho por y para los patrones. Nadie propone expropiar toda la tierra y utilizar las fabulosas ganancias para construir hospitales, escuelas, puentes, caminos, viviendas. Nadie propone una sociedad diferente. Una sociedad mejor: el Socialismo.
¿Ha pensado en perder el temor cuando envía a sus hijos a la escuela que corra peligro por electrocución, se le caigan los techos encima o contraiga alguna enfermedad infecto contagiosa por el mal estado de los sanitarios? Piense en el Socialismo.
En el socialismo se acaba la explotación y los obreros pueden disfrutar de todo el trabajo social y no sólo de la migaja, el salario, que le devuelven a fin de mes, los patrones, los burgueses. En el capitalismo, el tipo de sociedad en que vivimos, cada máquina nueva que se inventa, ahorra tiempo de trabajo. En manos de un capitalista, le permitirá echar a los obreros que sobren y apoderarse de una mayor ganancia. En el Socialismo, el destino del desarrollo tecnológico está en manos de los obreros, que bien pueden decidir que si la máquina ahorra tiempo, entonces podemos achicar la jornada de trabajo. ¿Se imagina lo que sería trabajar sólo cuatro o cinco horas por día? Hoy día es perfectamente posible: sólo con la fortuna de los millonarios se podría multiplicar varias veces el sueldo de un obrero común; con poner a trabajar a todos los vagos que viven de los obreros, pero viven mucho mejor que los obreros, los burgueses, los curas, los policías, los militares, los burócratas sindicales, se podría disminuir tranquilamente las horas de trabajo. Con repartir las horas de trabajo entre los obreros ocupados y los millones de desocupados, se lograría todavía más tiempo libre para todos. Eso es el Socialismo, una sociedad de las necesidades satisfechas decentemente y del tiempo libre.
Pero, ¿qué es el Socialismo? ¿No es eso que fracasó hace veinte años, cuando se cayó el muro? ¿Esos países donde te obligan a vivir como los gobernantes quieren? No. La experiencia de la Unión Soviética tuvo sus límites, sus problemas y sus errores graves, gravísimos. Lo mismo se puede decir de Cuba. Pero en esos países la medicina era gratis (en Cuba lo sigue siendo), la gente tenía derecho a una casa, el hijo de un obrero estudiaba en las mejores escuelas y llegaba a la universidad, no había desocupación ni miseria e incluso se llegó a un elevadísimo nivel de desarrollo técnico y científico (baste recordar que el primer satélite y el primer ser humano en el espacio fueron soviéticos). Con sus problemas, durante mucho tiempo le dieron a la humanidad un espejo, aún deformado y empobrecido, de lo que podía llegar a ser la vida bajo el Socialismo: una sociedad sin patrones, donde las fábricas, los campos, los comercios, los bancos, todo aquello con lo que se produce y reproduce la vida, es propiedad de los obreros y no de un puñado de explotadores que gracias a ello viven como faraones. Precisamente por eso los ricos y sus amigos hablan pestes del socialismo. Y, con ese miedo encima, ningún “izquierdista” se anima a defenderlo. Se avergüenzan de lo que deberían estar orgullosos.
Como todos le proponen seguir la rueda que nos llevó donde estamos y nadie ofrece una solución real, las elecciones estas no van a modificar su situación. Por eso, no les demos nuestro voto, votemos en blanco. Pero, también por eso, lo llamamos a pensar en otra sociedad: el Socialismo. Y, obviamente, a construirlo.

Castiguemos a los patrones

Votemos en blanco

Construyamos el Socialismo

Razón y Revolución Entre Ríos

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