Vencida. La debacle de Sancor y las tareas de la clase obrera – Damián Bil y Viviana Hansi

Vencida. La debacle de Sancor y las tareas de la clase obrera

La bancarrota de Sancor no es producto del cambio de gobierno, ni de la mala gestión, ni de la avaricia empresaria. Como se evidencia en sus números, es consecuencia de la crisis. La única salida es su estatización bajo control de los trabajadores.

Damián Bil y Viviana Hansi

OME – CEICS


 Sancor CUL se encuentra en una crisis terminal. Su situación es consecuencia de la crisis de la acumulación de capital en la Argentina. Una crisis del sector, poco competitivo y con un mercado saturado, y también de la estructura económica general.

La producción nacional de leche se encuentra estancada. Recién en 2011 se superó el volumen de 1999, con 10,3 mil millones de litros, aunque luego de 2012 experimentó una retracción. Mientras que durante el período 2010-16, la producción a nivel mundial creció en 1,9%, en la Argentina el movimiento fue nulo y alcanzó un techo en torno a los 11-12 mil millones de litros. Esta situación tiene que ver con dos fenómenos. Por un lado, un mercado interno saturado. Por el otro, la dificultad para sostener exportaciones.

A nivel interno, Argentina es un país de consumo per cápita elevado, apenas por debajo de Uruguay y los EE.UU. El indicador alcanzó un pico en la segunda mitad de los ’90 (casi 220 litros anuales), nivel que solo se reiteró de forma esporádica durante los últimos años. El consumo solo crece de forma vegetativa: se expande en términos absolutos al ritmo lento del crecimiento poblacional, e incluso con altibajos. Por ejemplo, durante 2016 se ubicó por debajo de los valores de 2001-2002.

En cuanto a las exportaciones, según datos de la Subsecretaría de Lechería, en 2013 se llegó al récord con casi 1.800 millones de dólares de ventas. No obstante, al año siguiente comenzó un descenso y en 2016 se ubicó un 54% por debajo de 2013, con el agravante de que los precios de los productos lácteos cayeron. Esa merma en las ventas se explica por Venezuela, que cae un 80% en sus compras entre 2012 y 2016, y del resto de los mercados. Solo Rusia incrementó sus compras argentinas, pero no compensa la retracción del resto de los destinos. De todas formas, aun siendo Argentina un exportador de segundo orden, cabe aclarar que esa salida tiene algunos límites. Tanto la leche como sus derivados son productos de difícil venta al exterior, por su ciclo de vida, entre otros motivos. Por eso, solo el 10% de la producción mundial se exporta (básicamente en polvo), siendo Nueva Zelandia, EE.UU., UE y Australia los que acaparan un 75% de ese flujo.

El sector en el país cuenta con una capacidad instalada para procesar cerca de 33 millones de litros diarios. Con el mercado interno saturado y la caída de las exportaciones, la actividad se sumió en una crisis de magnitud. La Serenísima anunció que a fines de julio cerrará una planta clasificadora de leche cruda en Rufino.[1] Según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, todos los eslabones de la cadena arrojan pérdidas.[2] El tambo tiene un saldo negativo de 50 centavos por litro, la industria pierde 21 centavos y el comercio, 13. La cadena de la leche arroja un resultado del -4,8%,  influenciado en buena medida por el costo de los fletes.

 

El caso Sancor

 

Sancor es la expresión más aguda del proceso. Es llamativo que buena parte de la izquierda agite la crisis y bancarrota del sistema, y cuando encuentra un caso testigo, recurra a un argumento de orden moral. Se asume que la empresa no está en quiebra, o bien que su crisis es pasajera, ya que habría amarrocado superganancias en años previos y podría salir de la situación utilizando recursos de la venta de sus negocios más atractivos y con más ajuste sobre los laburantes.[3] Es decir, de alguna forma sería un problema de gestión. No obstante, el inconveniente es más profundo. Al ser una entidad emisora inscripta en la Comisión Nacional de Valores, sus balances trimestrales y anuales son públicos, y están disponibles para descargar libremente en el sitio de la propia CNV. Un breve análisis financiero indica que la compañía es una empresa, en términos capitalistas, muerta. La sociedad cerró su último balance anual (30/06/2016) con una pérdida de 2.421 millones de pesos, superando la del ejercicio anterior (447 millones) y la del que cerró en 2014 (263 millones). Aun considerando la inflación, la del último balance es una pérdida seis veces mayor que la de 2015.

En cuanto a la situación patrimonial, el patrimonio neto se ubica en los -115.767.000$. El saldo negativo significa que las deudas contraídas superan al total del activo. En consecuencia, está en situación de insolvencia, imposibilitada de cumplir con su pasivo exigible. El Índice de liquidez (Activo Corriente sobre Pasivo Corriente, bienes/deudas cuyo plazo de conversión en efectivo/vencimiento es menor a un año) del período es 0,67. Esto significa que solo el 67 % de las obligaciones contraídas se pueden hacer frente en el corto plazo. Por eso la necesidad de líquido de la forma que sea, incluso bajo la forma de “crédito forzoso” de sus trabajadores, con descuentos al salario.

Las deudas financieras de Sancor CUL, obligaciones asumidas como fuente de financiación independiente del giro normal de la entidad, se elevan a la bonita suma de 3.725,9 millones de pesos, incluyendo deuda por prefinanciación de exportaciones por 2.697,7 millones (179 millones de dólares al momento de cierre del balance). Este apartado hace referencia a préstamos en moneda extranjera, otorgado al exportador previo al embarque de mercaderías, para financiar el proceso productivo.

La creciente insolvencia hizo que Sancor recurriera al otorgamiento de garantías y a la restricción de activos para hacer frente a diversas obligaciones. A junio de 2016, el valor de libros de activos ofrecidos en garantía ascendía a 3.331 millones de pesos. También, tiene una deuda con el BANDES de Venezuela, por 248 millones de pesos (16,5 millones de dólares), que se encuentra garantizado con prendas e hipotecas.

En las notas a los Estados Contables se aclara que, en virtud de los préstamos recibidos en concepto de prefinanciación de exportaciones, Sancor ha subordinado el cobro de operaciones de venta relacionadas del mercado externo y ciertas operaciones de venta del mercado interno al pago total de esa deuda. Esto significa que se han cedido  derechos de cobro de operaciones de venta del mercado externo, así como también del mercado interno. Estas cesiones se instrumentaron, en su mayoría, a través de la constitución de fideicomisos, que administran los flujos de fondos provenientes de la cobranza de los créditos cedidos. Para aclarar al lector: un fideicomiso es un contrato por el cual un agente (fiduciante) transfiere a otro (fiduciario) uno o más bienes (patrimonio fideicomitido) por un determinado tiempo o cumplimiento de una condición, manteniéndose estos bienes inmunes a los problemas comerciales de cualquiera de las partes en ese lapso, a favor de un beneficiario por el que se ejerce la administración de los bienes. La figura está ideada para que el patrimonio fideicomitido no pueda ser reclamado por acreedores ni se vea afectado por quiebras.[4] Sancor, debido a su situación crítica, recurre a este tipo de financiaciones, transfiriendo a los respectivos fideicomisos los derechos de cobro por la comercialización de sus productos en el mercado externo e  interno (incluyendo ventas en supermercados). A su vez, la Cooperativa asumió otros compromisos similares para girarle un préstamo de 7,8 millones de dólares a su subsidiaria Arla Foods Ingredients S.A.

 

Plata que se evapora

 

En agosto de 2016 se acordó la transferencia del  negocio de frescos, consistente en la producción de yogures, flanes, gelatinas y postres. Incluía las marcas, propiedad intelectual, dos plantas industriales, el know how y aproximadamente 500 empleados por un valor de 1.223,6 millones de pesos (105 millones de dólares). Los primeros resultados de esta venta pueden observarse en el balance trimestral cerrado en septiembre de 2016: el resultado fue positivo en 501 millones de pesos. Esto significa que la operación en tres meses se “comió” más de 600 millones de pesos, ya que sin considerar este negocio, el resultado hubiera sido negativo, con saldo de -718 millones. Aun sin disponer de los balances trimestrales cerrados en diciembre de 2016 y marzo de 2017, la situación actual de la empresa indica que Sancor ya se tragó el ingreso por esa venta. Un indicio lo arrojan los cheques rechazados a proveedores acumulados al 19 de junio de 2017, según el BCRA: 690,6 millones de pesos (más 286 millones rechazados que pudo abonar más tarde). Además, dejó de pagar cargas sociales y AFIP inició demandas de ejecución fiscal a Sancor, por aportes de seguridad social impagos en los períodos enero y febrero de 2017.

Bajo estas condiciones, la Cooperativa no tiene perspectivas de mejorar su situación si no media una “racionalización” profunda. El famoso crédito del gobierno vía FONDEAR, de 450 millones de pesos a ser administrados por un fideicomiso y condicionado a la reestructuración, alcanza para muy poco.[5] El Consejo de Administración ya dio pasos en esa dirección: el 30 de mayo se convocó a una Asamblea Extraordinaria, con el objeto de comprometer a los asociados en las futuras medidas de achicamiento, racionalización (cierre de plantas y despidos) e incluso asociación con inversores extranjeros o locales (sin mencionar nada del pago de salarios atrasados o diferidos).[6] Algunas de estas medidas son incluso ilegales, en términos de la normativa de cooperativas.

 

Sancor tiene un futuro (si es obrero)

 

Bajo estas relaciones, Sancor marcha hacia su quiebra o a una feroz reestructuración. Los trabajadores debemos pensar en una alternativa. Sancor está así porque, como toda empresa capitalista, está al servicio de generar ganancia para sus dueños. Si fuera estatizada y bajo control de los trabajadores, podría estar a la orden de las necesidades de la población argentina y no del capital. Pero solo sería viable si se constituye en el punto de partida de la reestructuración concentrada de toda la rama y la economía. Es decir, la consigna de Sancor Control Obrero no tiene que recrear la ilusión cooperativista, sino erigirse en un elemento para la lucha por el pode político.

Por ejemplo, si toda la población argentina tomara un vaso de leche por día tendría que duplicarse la producción destinada a leches fluidas en el país. Como parte de su política de marketing, en 2012-13 Sancor entregó 145.400 litros de leche a familias en situación de pobreza. Pero si el Estado tomara en sus manos esta política, eso podría ampliarse: existen alrededor de 4 millones de niños en la pobreza (según el Observatorio UCA). Si se garantizara apenas un vaso de leche diario a cada uno, la producción alcanzaría 288 millones de litros anuales. Sancor produjo en 2016 301,4 millones (aunque su capacidad de procesamiento es de 4,2 millones al día). Esta propuesta implicaría el aumento en casi el 50% de la producción. Ni hablar de lo que sucedería si se concentraran todas las empresas lácteas en una sola estatal. En lugar de destinar fondos que no sirven siquiera de salvavidas, y de seguir apostando a empresarios parásitos que solo buscan ganancia, los recursos podrían solventar un plan que dé respuesta a una necesidad social si la producción está controlada por los trabajadores y no por viejos/nuevos gerentes que lleven a lo mismo de siempre. Es decir, hace falta una economía planificada (por el proletariado, claro). Lograr que la crisis de Sancor no se resuelva a costa de sus obreros, depende del conjunto de la clase y de su organización.

Notas

[1]Clarín, 24/2/2017; https://goo.gl/jxNLNa.

[2]https://goo.gl/WYeEtj

[3]Ver La Izquierda Diario (https://goo.gl/pxXSMN, https://goo.gl/kuDKdE), sitio del Nuevo MAS (https://goo.gl/wB9gZQ, https://goo.gl/PW7dsY), o del PRT (https://goo.gl/tPqRKw).

[4]Infobae, 22/12/2011, https://goo.gl/nrHzNT.

[5]Cronista, 16/5/2017, https://goo.gl/1Q8sPr .

[6]La Nación, https://goo.gl/6myecd; y Acta 109 Asamblea Extraordinaria Sancor CUL, en sitio CNV.

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