V de Violencia. A propósito de V de Venganza y la evolución del superhéroe

Por Rosana López Rodríguez – Un estreno cinematográfico ha traído a los espectadores argentinos una nueva vuelta de tuerca acerca del tema del superhéroe: V de venganza.1 De larga tradición ficcional, este tema ha sido retomado una y otra vez desde el siglo XIX hasta nuestros días. En particular, buena parte de las películas norteamericanas se ha inscripto en dicha tradición: un hombre solo enfrenta los peligros sociales representados por individuos que ostentan poder (generalmente corrupto) a los efectos de vengarse a título personal por los daños que, en el pasado, esos personajes le han infligido. El siguiente paso es darle a su venganza un carácter más colectivo al transformarse en un defensor de todos los que se hallan en condiciones desfavorables (y corren los riesgos que el héroe mismo corría cuando era simplemente un “buen ciudadano”). El héroe es un superhombre que al llevar a cabo su venganza o la defensa de otros, no desdeña el uso de la violencia como método. No obstante, nunca cuestiona los sistemas sociales (sino los individuos que los representan) y reivindica la “buena moral” dentro de los límites que la sociedad burguesa impone. En este sentido, son individualistas y, en el mejor de los casos, reformistas. Representan una condena moral y ejemplificadora para aquellos que se desvían de la ley. Su mensaje es sencillo: para resolver los problemas sociales, sólo basta con ser buenos.

La nueva película en cuestión se ubica en el futuro de una Gran Bretaña totalitaria, en la cual sus gobernantes manejan la realidad cotidiana a discreción (toques de queda, informaciones falsas, etc.) para dominar a la población. En ese contexto, un personaje misterioso, que se nombra a sí mismo como “V” y cuyo rostro se oculta durante toda la película tras una máscara, inicia el 5 de noviembre una serie de atentados y asesina a varios miembros del gobierno (un general, un conductor de televisión, un obispo, una médica que ha trabajado para el ejército). ¿Qué daño ha recibido este héroe para encarar tamaña venganza? El personaje ha sido uno de los sometidos a una prueba con nuevos medicamentos llevada adelante por el gobierno. Prueba fatal para todos los que la sufrieron, menos para uno (ya imaginará usted quién) que sobrevive después de un incendio en el laboratorio, más fortalecido que nunca. Vivirá enmascarado para vengarse. Ese gobierno déspota que dispone de las vidas de las personas y que ha condenado a inocentes por las muertes producto de la prueba, esconde otro secreto: cárceles en las cuales “los indeseables de siempre” son sometidos a torturas. Encuentra una aliada en Evey, una muchacha común y corriente que prefiere no recordar que en su pasado también hay un episodio violento que cambió su vida: su hermano murió por la expansión del “virus” en experimentación, momento a partir del cual sus padres se convirtieron en activistas políticos contra del gobierno y terminaron secuestrados ante los ojos de la entonces niña de 12 años.

La intención de V no es solamente vengarse en términos personales, si bien lo hace. Tiene un plan más ambicioso: interfiere las emisoras televisivas para explicarle al pueblo que está siendo dominado por una dictadura y que debe unirse a él en la lucha. En un año (el siguiente 5 de noviembre) llevará adelante un atentado que destruirá el Parlamento británico, pero necesita la colaboración de todos para destruir la tiranía: “Si ustedes ven lo que yo veo, si ustedes sienten lo que yo siento y si ustedes buscan como busco yo, les pido que se unan a mí dentro de un año en la entrada del Parlamento. Y juntos les daremos un 5 de noviembre que nunca olvidarán.”

Los intertextos y los episodios del pasado

Detrás de una trama aparentemente sencilla, aparecen una serie de alusiones a otros textos que profundizan su significado. Es lo que se conoce en teoría literaria con el nombre de intertextualidad. La primera alusión es un intertexto musical: cuando V hace explotar el primer edificio realiza una puesta en escena musical con la Obertura 1812 de Piotr Illich Tchaicovsky. Esta obra describe la victoria de Rusia contra Napoleón y comienza con la declaración de la guerra. Los acordes de La Marsellesa muestran al invasor y cuando el conflicto finaliza, se oyen campanas y fuegos artificiales por la victoria de Rusia frente a la ocupación extranjera. Por debajo de los cañones se oye el himno nacional ruso que funciona como contrapunto de la marcha francesa.

El segundo intertexto es literario: la novela El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, cuyo protagonista, Edmund Dantés, es el modelo del superhombre vengador decimonónico que hemos descrito al comienzo. V es fanático de la película basada en esa novela, que funciona para inscribir su propia historia en esa tradición. Este género gozó de inmensa popularidad en Francia durante siglo XIX y el autor más famoso no fue, como podríamos sospechar, el ya mencionado Dumas, sino un escritor que hoy es para el gran público prácticamente desconocido: Eugenio Sue. Sue escribió un folletín, Los misterios de París, cuya popularidad hacía que los lectores lo acosaran por las calles o le entregaran dinero para sus personajes. Paradójicamente, el programa político de V está más cerca del Rodolfo de Los misterios… que del de Montecristo. Si el último sólo busca la venganza personal, tanto V como Rodolfo buscan una justicia colectiva.

El último intertexto literario es Macbeth, de William Shakespeare, uno de cuyos fragmentos V recita: “Creo que ahora me atrevo a ser hombre”. Funciona allí como recordatorio del valor constitutivo de la rebelión. Es contradictoria su presencia de este texto en la película, habida cuenta de que el tema de Macbeth es la condena a la traición a la Corona.

Estos intertextos sirven para colocar al personaje y su epopeya en una línea de sentido histórico. Es que V… contiene una lectura del pasado, del presente y del futuro de la libertad en la sociedad capitalista. Para comprenderlo mejor es necesario recuperar la historia que actúa de marco referencial de la trama y su protagonista.

Historia e historieta

V fue construido a imagen y semejanza de un personaje histórico contemporáneo de Shakespeare, Guy Fawkes. Junto con varios cómplices había preparado 36 barriles de pólvora que harían explotar el Parlamento, precisamente un 5 de noviembre, en respuesta al tiránico gobierno de Jacobo I. Descubierto el plan, los traidores fueron torturados, destripados y descuartizados. El complot recibió el nombre de “Conspiración de la Pólvora” y en la actualidad es un día de fiesta nacional en Gran Bretaña, celebrado con fuegos artificiales y máscaras de Guy Fawkes. Lo que se “festeja” es el “final” de la amenaza para la monarquía. V utiliza la máscara de Fawkes que así vuelve del pasado para vengarse.

El texto en el cual se basa el guión de la película es una novela gráfica, un comic, realizado por Alan Moore y David Lloyd, que comenzó a publicarse en Inglaterra en 1981. Los autores explican qué los llevó a recrear al personaje histórico: “Nuestra actitud hacia el gobierno ultraconservador de Margaret Thatcher fue uno de los motivos que nos empujó a crear el estado policial y fascista británico de Vendetta. La destrucción de este sistema era la causa primordial para la existencia de V.” Y aclaran que la suya “no es una simple historia sobre una batalla contra alguna malvada tiranía, sino una historia sobre el terrorismo, y si el terrorismo puede justificarse de algún modo. Y eso es algo que debemos tratar de comprender, si alguna vez queremos resolver el problema que nos acucia en el mundo real.” Al igual que Fawkes, V pretende originar una situación de caos que provoque la caída del régimen imperante: “Guy Fawkes era una especie de anarquista precoz. Parecía una inspiración perfecta para V.”

La antesala de las convulsiones revolucionarias

V es un superhéroe. Estos personajes suelen aparecer en momentos muy particulares. Gramsci, al revisar la ideología del superhombre, observa que el hecho que la pequeña burguesía italiana leyera masivamente los textos de Dumas y Sue, significaba que sentía la necesidad de una solución a la crisis que sólo encuentra en Mussolini, la forma fascista del superhéroe. Sin embargo, Umberto Eco identifica el éxito fabuloso de Sue con la crisis que antecede a la revolución del ’48, en la cual Los Misterios de París juegan un rol subversivo. Por derecha o por izquierda, hay acuerdo en que la aparición de superhéroes populares pareciera coincidir con épocas de crisis, que el ascenso de esta figura de ficción implica la cercanía de una revolución: un malestar colectivo que empieza a mostrar signos de necesidad de acción directa, una toma de conciencia acerca de la opresión y la explotación que asume formas individuales (Dantés) o más (V) o menos (Rodolfo) colectivas.

V es el más político (y por lo tanto, colectivo) de estos superhéroes. Dos frases lo retratan: la primera, “la gente no debe temer a sus gobiernos, los gobiernos deben temer a la gente”; la segunda, “la violencia se puede usar para hacer el bien.” V apela a las masas, pero sólo a su consenso, no a su acción dirigente. Si bien la población aparece, sobre todo al final, todo ha sido concebido, tramado y ejecutado por V, cuya principal motivación mantiene un carácter fuertemente individual. Evey tomará la posta dejada por V, quien reconoce el valor de las críticas que ella le hiciera: no sirve la violencia individual, es necesaria la acción colectiva. Tal vez no sería aventurado interpretar su nombre como la superación de V: E – Vey, la evolución de V. ¿Cómo interpretar el debate mundial que desató V…? No se puede no relacionar la explosión de edificios de la película con el ataque a las Torres Gemelas, ni el estado totalitario que controla la opinión pública y encierra y tortura, con el gobierno de Bush, ni el origen del protagonista, tan parecido al de Ben Laden.  Explícitamente  hay  una  reivindicación del terrorismo como forma de acción política.

Aunque los autores de la obra no lo afirman y el desarrollo mismo de la historia incluye una crítica a V en Evey, no se puede negar el efecto justificador del derecho a la rebelión y a la acción directa. Las propias palabras de V lo explican: “El edificio es un símbolo. Los símbolos dan poder a las personas. Solo no tiene sentido. Pero con suficientes personas, explotar un edificio puede cambiar el mundo.” El propio V se justifica a sí mismo en el recuerdo de Guy Fawkes en una frase de notable profundidad: [Fawkes fue] “un gran ciudadano que murió para recordarle al mundo que audacia, justicia y libertad son más que simples palabras. Son perspectivas.”

Precisamente, de eso se trata: de un cambio de perspectivas. Los ‘80 y los ’90 fueron los años del dominio liberal, del consenso de la pasividad parlamentaria, del triunfo de la democracia burguesa como desarme de la política obrera. Todo lo que cayera fuera de esos marcos era “terrorismo”, motivo ideológico que fue llevado a su máxima expresión por el gobierno Bush, sobre todo luego del 11 de setiembre. Con esa excusa, una verdadera mordaza ideológica, se pretende tapar el sol con las manos. V, de Venganza tal vez resulte un síntoma de un clima mundial que, pese a todo, no se deja engañar y reivindica el derecho a la acción directa, es decir, a la violencia. Le falta, indudablemente, un programa y una organización colectivos. Evey parece encarnar ese futuro.


Notas

1 Dirigida por James McTeigue y protagonizada por Hugo Weavings y Natalie Portman.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *