Utopía bajo techo. Entrevista a Néstor Jeifetz, dirigente del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI)

Por Silvina Pascucci – El MOI (Movimiento de Ocupantes e Inquilinos) es una organización que lucha por el problema del hábitat y la vivienda de los trabajadores. Frente a la constante pauperización de la clase obrera -que ha llegado incluso al límite de dejar sin vivienda a una vasta y creciente proporción de trabajadores-, el MOI ha desarrollado varios proyectos cooperativos de construcción y planificación. Además, cuenta con un Centro Educativo Integral, varios talleres de oficio y un jardín maternal donde se aloja a los hijos de los cooperativistas mientras ellos realizan las tareas de ayuda mutua, es decir el trabajo en las obras. El Aromo se acercó hasta el edificio en el que funciona la Cooperativa El Molino, un antiguo molino harinero del año 1900 en pleno barrio de Constitución, en donde se está construyendo un complejo de 100 viviendas. En medio de la obra, nos contaron su historia y sus proyectos.

Néstor, contanos cómo nace el MOI…

La organización surge a mediados de los ‘80. Nace en este marco de ocupaciones de tierra y edificios, que ya comenzaba a generalizarse. Este fenómeno de toma de tierras es un fenómeno general en el país, pero también en todo Latinoamérica. Por lo tanto, el MOI nace de un movimiento real de los expropiados en Argentina.

En 1984 rearmamos la Cátedra de Diseño que teníamos en la Universidad de La Plata. Allí (en Arquitectura) hubo un profesor que fue maestro nuestro, Marcos Winograd, que impulsó básicamente dos cosas: una concepción de la arquitectura, llamada “arquitectura ciudad” y un perfil del arquitecto, que tenía que ver con la relación del programa político con el espacio urbano. El fenómeno de la ocupación más grande fue en la Bodega Giol, con 200 a 220 familias ocupantes. Ocupaciones de entre 50 y 200 familias, no hubo más de 10. El grueso de las ocupaciones era con menos de 50. Eso definió una pauta de complejidad a la hora de resolver los problemas de hábitat.

Estas ocupaciones determinaron la existencia del MOI, de la misma manera que las cátedras. Después de algunos pasos previos, la experiencia fundamental del MOI es el PADELAI. En realidad, ya estábamos trabajando en esas áreas, acercándonos a las problemáticas, investigando la situación de la gente que vive en inquilinatos y hoteles. Pero la marca fundacional de nuestra organización es la experiencia PADELAI. Fue una de las ocupaciones más grandes de la ciudad. A su vez, estaba localizada en una de las zonas más significativas.

El MOI ha tenido dos etapas con un año en medio: etapa de trabajo en ocupaciones de 1990 a 1998 aproximadamente, cuando nosotros íbamos a los edificios ocupados, eso lo hicimos por 10 años (hasta 1998), íbamos a los edificios a ver si podíamos ser parte del proceso de organización.

¿Cuál es la problemática habitacional en Buenos Aires?

Gran parte de las ciudades del continente se construyeron sobre la base de las tomas de tierras. En Latinoamérica, más de 230 millones de personas viven en condiciones de ilegalidad, vinculado a los procesos de ocupación. Entonces, ¿quiénes son los ilegales?, ¿los que ocupan o aquellos que generan las condiciones que obligan a la ocupación? Porque no son tres, ni cuatro casos, sino que más de la mitad de la población construye su hábitat en forma colectiva, por sus propios medios, ante lo que le ofrece funcionamiento de esta sociedad. Pero lo singular en el proceso de Capital Federal es el fenómeno de ocupaciones de edificio: no hay otra ciudad en donde la ocupación de edificios haya tenido la escala que ha tenido en Buenos Aires. La tomas de tierras y la de edificios tienen algunos fenómenos sincrónicos y simultáneos. Tienen, desde un punto de vista socioeconómico, un mismo perfil, pero se ponen en juego cosas muy diferentes. Las primeras son periféricas, se realizan sobre zonas donde los terrenos pueden valer un dólar, o un dólar y medio, pero no más que eso. Las segundas, en general, son en el centro de la ciudad, y el metro cuadrado allí cuesta US$ 200, US$ 300 o US$ 400 dólares. Entonces, en estos casos, el problema adquiere otro significado y pone más en visibilidad la cuestión sobre de quién es la ciudad. Bueno, ese es uno de los contextos preexistentes a los inicios de nuestra organización. Algunos de los movimientos piqueteros nacen también de este mismo fenómeno. No fueron un invento de la época de crisis, sino que ya tenían más de 15 años de existencia, porque la base fue el proceso de toma de tierras, y todo lo que ello conlleva en términos de organización y práctica social. Justamente, la crisis muestra la incapacidad del Estado de dar respuestas a las necesidades de la gente en términos de hábitat, pero la contracara de esto es que se demuestra, también, la capacidad colectiva de la gente de hacerse cargo de sus necesidades en forma colectiva. Se habla, en general, de “toma de tierras” pero el término preciso debería ser “construcción de barrios”, porque si vos analizas lo que la gente hace en estos procesos es construir barrios. Si uno observa la toma inicial y vuelve unos diez años después, le tienen que contar que eso había sido una toma de tierras. Porque no lo reconoce.

¿Y cómo es el proceso de ocupación?

Siempre hay tres ejes en el proceso, para que de buenos resultados: el primero es organización, el segundo la elaboración de propuestas y el tercero es la gestión. La etapa clave es, más bien, la organizativa. Por lo general, nosotros íbamos a los edificios ocupados con la idea de armar procesos cooperativos, con el objeto de pelear por la radicación en esos asentamientos ocupados. Pero estos procesos son voluntarios, con lo cual se va sumando aquel que considera necesaria la tarea. Teníamos que luchar muy fuerte, eso sí, contra los punteros. Los procesos cooperativos que nosotros desarrollamos son procesos conscientes, no de arriar a la gente como ganado, o detrás de bolsones o subsidios. Nosotros creemos que sí hay que subsidiar, pero despojarlos de la funcionalidad con la reproducción del sistema. Este es un tema fundamental que atraviesa a los diferentes movimientos. Insisto: el tema no es el rechazo al subsidio, sino desarrollar un proceso consciente, de reconstrucción de su dignidad, de recuperación de la confianza, de valores, etc. En el caso del PADELAI, la primer pelea que tuvo la gente, antes de que llegáramos nosotros, era la de expulsar a sujetos que, luego de la ocupación, pretendían imponer sus reglas para cobrar o sacar réditos económicos. Cuando nosotros llegamos ya se habían dado una organización suficiente para sacarse de encima a un tal Carmona, que en realidad era un “punterito” del PJ. El primer signo organizativo que dieron fue la de sacarse ese bicho de encima.

¿Cómo es la relación del MOI con el gobierno de Kirchner?

Nosotros no somos autistas. La relación con el Estado es central. Es la otra cara del trabajo. Los recursos y las políticas se las peleamos. Trabajamos en los contenidos de organización desde una perspectiva de poder, de una perspectiva que se enfatice en la necesidad de que la gente sea la que maneje las riendas del gobierno. Y eso, sin tener una práctica de interacción con el Estado, es imposible. Nosotros creemos que hay que ser gobierno para ser poder. Hay que tener una perspectiva de gobierno y una perspectiva de poder. Con respecto a este gobierno, creemos que no avanza en los temas centrales. No hay un sólo signo que pretenda revertir el proceso menemista. Con respecto a las organizaciones que antes estaban luchando de nuestro lado, pero que apoyan hoy al kircherismo, creemos que están equivocados. Por otro lado el 2000, no es los ’90. La mentira no se vende como antes. Me parece que hay un escenario latinoamericano estimulante e incentivamente. El progresismo -o los movimientos populares- que hoy son gobierno (Uruguay y Brasil, por ejemplo) han traicionado a sus propuestas originales. Visualizar esto permite una buena perspectiva, si es que logramos superar esas contradicciones.

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