Una vez más, ¡Que se vayan todos!

De agosto a esta parte, la turbulencia política y económica aumentó y los tiempos de lo que se anunciaba gradual, se aceleraron. Primero, fue la crisis política con la aparición de los Cuadernos Gloria que pusieron al desnudo la llamada “patria contratista”. Luego, vinieron días calientes en lo económico, marcados la devaluación, que hizo trepar el dólar por arriba de los $ 40 pesos. A muchos les vino a la memoria las postales del 2001. Pero lo cierto es que aún con los importantes sacudones, Macri no está pensando en el helicóptero.

La causa de los cuadernos tiene todo el potencial para desatar un Lava Jato en nuestro país. Es decir, de impulsar una profunda crisis política, similar a la que en Brasil dejó a Dilma Rousseff fuera de la presidencia y a Lula momentáneamente en la cárcel. Estamos ante un hecho de corrupción generalizado que tiene en el ojo de la tormenta a lo que aún hoy es, lamentablemente, la principal oposición a Macri: el kirchnerismo.

Justamente, Mauricio lo utiliza para eso, para mantener a raya a Cristina. No la va a meter presa ahora, es más útil como rival. Pero como ocurre siempre en la política burguesa, los escándalos de corrupción amenazan con llevarse puesto potencialmente a todos, y puede volver como un boomerang. La obra pública funciona de ese modo: los empresarios de la construcción, a cambio de un sobre, consiguen la adjudicación de obras a nivel nacional, provincial y municipal. De allí que todos los políticos patronales, de todos los partidos y de todos los niveles, estén embretados. Mauricio debe moverse con cuidado.

Los Cuadernos Gloria, además, han tenido un gran valor educativo para todos. Frente a nuestras narices apareció el verdadero rostro de la burguesía argentina. Ya no de pelagatos como Lázaro Báez, sino de los grandes empresarios de la obra pública como Roggio, Techint, Electromecánica o IECSA. Nos gobiernan unos parásitos inútiles que nos condenan a la miseria mientras ellos se llenan los bolsillos. Los empresarios y sus políticos. Todos. Estamos hablando de coimas por más de 160 millones de dólares. Acá todos meten la mano en la lata. Y esa lata es nuestro bolsillo.

Del otro lado, la crisis económica vino a acelerar los tiempos del ajuste. La bomba explotó antes de tiempo y Macri se enfrenta a la necesidad de achicar más gastos, ahora que ni la deuda ni la soja alcanzan para sostener a la Argentina capitalista. La devaluación ya hizo parte del trabajo. Hoy nuestro sueldo vale mucho menos que unos meses atrás. Nos abarataron de golpe. A su vez, los exportadores aumentan su rentabilidad y Mauricio, que les había prometido menos impuestos, tiene que volver a incrementar las retenciones para sacar plata de algún lado.

A todas luces, se trata de un panorama complejo y explosivo. Pero nada ocurre espontáneamente. El helicóptero no está a la vuelta de la esquina e incluso si allí estuviera, lo cierto es que tomaría las riendas del país otra variante de la burguesía tan ajustadora como el macrismo. Llámese kirchnerismo, massismo o quien sea.

Por todo esto es que no podemos quedarnos de brazos cruzados y esperar a que las cosas pasen. Si queremos un destino diferente a esta Argentina que está moribunda y en bancarrota, tenemos que poner manos en el asunto. El primer paso es poner en pie una Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados, que reagrupe las fuerzas de todos los que están luchando e impulse a hacerlo a aquellos que aún no lo están. Allí se tiene que votar un programa y un plan de lucha, para que los trabajadores seamos un factor de peso nacional. Tenemos que empujar la crisis política, exigiendo que se vayan todos. Y tenemos que darle a la crisis económica la única salida posible: una salida socialista.

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