Una reelectura mentirosa – Por Stella Grenat

Una reelectura mentirosa. Aricó, Gramsci, Althusser y la guerrilla argentina

Stella Grenat

Grupo de Investigación de la Lucha de Clases en los ‘70 – CEICS

El surgimiento de la nueva izquierda es un tema recurrente dentro de la problemática de los años ’60 y ’70. En general domina una interpretación que centra el eje explicativo en las sucesivas rup- turas sufridas por los partidos de la izquierda tra- dicional –el Partido Comunista Argentino (PCA) y el Partido Socialista (PS)- incapaces de conte- ner el impulso crítico de sus bases. En el caso del PCA, su ortodoxia, dogmatismo y verticalismo le habrían impedido promover el debate de los gran- des temas de una coyuntura nacional e interna- cional en profunda transformación; entre los más importantes,  la relación  de la izquierda  con   las

masas “huérfanas” del peronismo y las revolucio- nes cubana y china.

José Aricó, que con sus compañeros de la revista Pasado y Presente (PyP) rompió con el PC, ha di- fundido su versión de estos hechos.1  Según ella, desde fines de los ’50, la difusión del pensamiento de Antonio Gramsci abriría las puertas a la nueva acción política promovida por su grupo. Este au- tor vendría a llenar un vacío en la izquierda argen- tina: la ausencia de una “tradición teórica nacio- nal”.2  En este sentido, Aricó afirma que Gramsci les permitió introducirse en “los grandes proble- mas nacionales”3  y que en el descubrimiento de la experiencia italiana habrían vislumbrado “una forma de construir la acción política” que ellos de- bían adoptar.4  De este modo, para el autor, Gra- msci y el marxismo italiano habrían estado siem- pre del lado de los “contestatarios” y en contra de “los ortodoxos [en referencia al PC] que citaban a  Lenin,  o  a  los  soviéticos  como  Rubinstein”.5 Gramsci expresaría la “renovación” por izquier- da, Rubinstein el “atraso por derecha”, sostiene Aricó, identificando posición teórica con estrate- gia política. En esta línea de razonamiento, Ari- có defiende también que los postulados de Louis Althusser conducirían, también en forma directa, a una praxis política diferente. En Latinoamérica toda una generación habría encontrado en ellos la “base doctrinaria y política para una acción ca- racterizada por el voluntarismo.”6   Puntualmen- te, Althusser habría impulsado a las organizacio- nes guerrilleras y “terroristas urbanas” -expresión del “‘foquismo’ de matriz guevariana-castrista”-, a constituirse en vanguardias sustitutas “deposita- rias de una tarea histórica incumplida”.7

Sin embargo, las evidencias presentadas en esta nota, con respecto a las discusiones entre los que luego conformarían las FAL por un lado y Pasado y Presente por otro, refutan las consideraciones de Aricóymuestranquesetratadeunareconstrucción  a posteriori del pasado, intencionada y parcial.

 

Discusión versus acción

A mediados de 1969, un grupo armado al que de- nominaremos Grupo Cibelli (GC),8  cercado por las fuerzas represivas,9  tomará contacto con Luis María Aguirre, conocido como “Zarate” quien, decidido a emprender la lucha armada, lideraba un sector que acababa de romper con el Partido Comunista   Revolucionario   (PCR).   Reunidos para discutir la posible unificación, ambos grupos iniciarán una fuerte polémica teórica. El zaratis- mo había hecho explicita su adhesión a las formu- laciones de Louis Althusser antes de romper con el PCR, en un artículo publicado en la revista de este partido.10 En él planteaban que su análisis po- lítico estratégico, en torno a la necesidad de iniciar la lucha armada en la Argentina, se basaba en   la lectura de El Capital de Marx que,

a Althusser, lejos de tratarse de un texto económi-

co, condensaría la “teoría de una ciencia que des- borda y engloba lo específicamente económico.”11 Y reconocen que en este texto, en el que se consti- tuye la “historia como Ciencia, se produce la Re- volución Teórica de Marx.”12 Al contrario, los mi- litantes del GC enfrentan a “Zarate” apelando al teórico marxista Sergei Rubinstein:13

Lejos de ser superficial, el debate enfrentaba dos posiciones antagónicas respecto a un punto cen- tral de la teoría marxista: la cuestión de la con- ciencia. Y remitía, en última instancia, al proble- ma del conocimiento humano. Seguir a Althusser implicaba aceptar la separación planteada por este autor entre ciencia e ideología y considerar que el conocimiento, sólo asequible mediante una ardua y penosa práctica específica (la práctica teórica) era intransferible. Y, además, reconocer el carác- ter material de la ideología, impuesta desde fuera a los individuos mediante aparatos ideológicos de Estado ajenos a ellos mismos. El GC rechazaba estas ideas por mecanicistas y porque, alejándo- se del “joven Marx”, los althusserianos discutirían la concepción materialista dialéctica de ideología como falsa conciencia. Frente a Althusser, GC se presentaba como rubinsteniano:

 

“Una variante mucho menos mecanicista de la re- flexología, que era doctrina oficial del PC de la Unión  Soviética,  nosotros  nos  agarrábamos  de Materialismo y empirocriticismo mostrando que en realidad la reflexología mecanicista, en el fondo, era una deformación del propio empirocriticismo y era antirrevolucionaria porque negaba la dialéc- tica entre la estructura y la superestructura, entre el ser y la conciencia.”14

 

Desde esta perspectiva, que retoma la teoría ma- terialista dialéctica del reflejo, responde el Grupo Cibelli que se conoce en interacción con el mun- do.15 De modo tal que, lejos de tener un rol su- bordinado a estructuras ideológicas externas, los sujetos pueden avanzar en el conocimiento de la realidad oculta detrás de las deformaciones ideo- lógicas del mundo.

A partir de estos presupuestos, el GC desconfía de la práctica política que, suponen, deriva del althusserianismo. Según ellos, “este filósofo mar- xista  postulaba  la  necesidad  de  constituir  una vanguardia intelectual, portadora de la ciencia y la conciencia.”16  Al contrario, ellos consideraban que era necesario promover una práctica políti- ca de masas como condición necesaria para la re

volución. Y temían que el zaratismo, a pesar   de

sostener un discurso en el cual reconocían la   ne-

cesidad de acompañar la lucha armada con una práctica política tendiente a disputar las masas al peronismo, escondiese una posición foquista: “un pequeño núcleo de combatientes aguerridos, de- cididos y concientizados [capaces de] iniciar la lu- cha armada contra un régimen represivo, explota- dor y desprestigiado.”17

En resumen, el GC, siendo un grupo especializa- do en la formación y práctica militar, no sólo re- chazó a Althusser sino que adhería al pensamiento de Rubinstein,  un intelectual  que, paralelamente, era defendido por el PCA, al contrario de lo pos

tulado por Aricó.

La discusión duró varias semanas y no alcanzó ningún resultado positivo. Incapaces de encontrar un punto de acuerdo, ambos grupos decidieron dejar a un lado el debate y unificarse. Según Car- los Malter Terrada, uno de los miembros de la di- rección del GC, este sector “no haría referencia a Rubinstein” y “las referencias a Althusser queda- ron borradas.”18 La base de la fusión se sostuvo en la aceptación, por parte del GC, de una premisa zaratista: la convicción de que la acción conjunta limaría las diferencias teóricas que los distancia- ban. De este modo, a mediados de 1969 nació la organización político militar FAL que, en los años  siguientes,  desplegaría  un  significativo  ac- cionar armado. En consecuencia, la distancia que aparecía entre los dos grupos en el plano filosófi- co desaparecerá en la práctica concreta que ambos llevarán adelante.

 

Gramsci para guerrilleros

A pesar de las elucubraciones posteriores de Ari- có, lo cierto es que él y su grupo intervinieron en una de las experiencias más extrañas a la realidad nacional de los ’60. A mediados de 1963, Pancho Aricó aceptó, en nombre de la dirección de PyP, “participar en la tarea de [facilitar] contactos en otras ciudades y [ayudar] a construir lo que sería la red urbana del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP).” 19  Al contrario de los dichos de Aricó, el “gramsciano”, PyP fue partícipe práctico y entu- siasta de esta organización. Como miembro de la dirección del EGP, que integraban también sus compañeros de PyP, Aricó impartió conferencias a la pequeña guerrilla de Masetti. Según el testi- monio de Ciro Bustos:

 

“Pancho […] a pesar de su aspecto profesoral, se amoldó al rigor de la marcha [llegó] sin problemas al campamento […] compartió las vicisitudes de la campaña y soportó los males cotidianos.”20

 

Además, viajó a Cuba y el 21 de julio de 1964 le informó al Che el dramático  final del  EGP.21 A pesar del desastre, y lejos de una autocrítica, a fines de 1966 todos siguieron colaborando con Guevara para su futuro -y también desastroso- desembarco en Bolivia.22

De modo tal que, con su lectura de Gramsci, PyP no impulsó una estrategia acorde a la estructura social y política nacional y fue incapaz de supe- rar los límites de la “izquierda tradicional” para acercarse a la clase obrera, que tanto achacaron al PCA. En los años ’60, frente a la enorme masa de obreros sindicalizados de la Argentina PyP poco tuvo para ofrecer. Miró para otro lado y ayudó a construir dos experiencias digitadas por el Che en el marco  de su estrategia  diseñada  para internacionalizar la revolución cubana. En los ’70, Gramsci tampoco les sirvió para defender una  praxis que tendiera a la independencia política de la clase obrera, sino para entregarse en los brazos Monto- neros; y en los ’80, para constituirse en intelectua- les orgánicos del alfonsinismo y terminar de liqui- dar a las fuerzas revolucionarias.23

Este sucinto recorrido demuestra que, al contra- rio de lo que sostiene Aricó, no existió una corres- pondencia directa y mecánica entre pensamiento y acción política y que los debates intelectuales, en estos casos, fueron la máscara de posiciones que se tomaron al calor de los hechos.

Notas

1Aricó, José: La cola del diablo, Puntosur, Bs. As., 1988. Para un acercamiento a la experiencia de Pasado y Pre- sente ver, Burgos Raúl: Los gramscianos argentinos, Siglo XXI, 2004.

2Ídem. p. 70.

3Ídem. p. 72.

4Ídem. p. 74.

5Ídem. p. 211.

6 Ídem. p. 101.

7Ídem. p. 102.

8Este grupo que, venía actuando desde 1959, no firma- ba sus acciones razón por la cual no poseía un nombre que lo identificara.

9Eran perseguidos por haber ingresado a sustraer armas al Regimiento Nº 1 de Infantería de Campo de Mayo el 5 de abril de 1969, ver: Grenat, Stella: “Una espada sin cabeza. Los antecedentes de FAL (1959-1969), en

Razón y Revolución N° 13, invierno del 2004. 10Camilo y Gervasio Zárate: “Ciencia y violencia”, Teo– ría y Política, n° 2, marzo-abril de 1969. Camilo y Ger- vasio son los seudónimos de Luis María Aguirre y Mau- ricio Malamud.

11Ídem. p. 37

12Ídem. p. 37. La revolución teórica de Marx es el título de la obra de Luis Althusser que, junto a Para leer el ca- pital y el ensayo Ideología y aparatos ideológicos del Esta- do, fundaron la corriente  althusseriana.

13Específicamente se refieren al texto Rubinstein,   S.L.:

El ser y la conciencia, Grijalbo, México, 1976. 14Entrevista a Carlos Malter Terrada, realizada por la autora, julio de 2008.

15Según Rubinstein “la acción recíproca que se establece entre el individuo y el mundo; la vida, el hacer práctico del hombre, constituyen la premisa ontológica en vir- tud de la cual puede surgir, en el individuo, una actitud cognoscitiva respecto del mundo”. Rubinstein, op. cit. p. 27.

16Entrevista  a Terrada.

17Ídem. 18Ídem.

19 Bustos, Ciro: El Che quiere verte, Vergara, Bs. As. 2007. p. 161.

20 Ídem. p. 197

21“Entre marzo y mayo de 1964 la gendarmería ocu- pó toda la zona de actuación de la guerrilla, apresando poco a poco a todos sus miembros, vivos o muertos, con excepción de Masetti y Atilio [sus cuerpos nunca fueron  hallados] También  cayó  la  infraestructura  de Salta [y fueron detenidos tres contactos en Córdoba]”, Bustos, Ciro, op. cit. p. 209-210.

22Bustos, Ciro, op. cit. p. 278-281

23Para un detalle del revisionismo de los miembros de PyP y su paso a las filas de la socialdemocracia ver: Gre- nat, Stella: “Lucha Armada (contra el socialismo)”, El Aromo, n° 37, año V, julio-agosto de 2007.

 

 

 

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