Una para Coppola. Los enfrentamientos por la conducción de la CGT.

Martín Hermida

Laboratorio de Análisis Político – CEICS

Uno

Aquel 27 de noviembre de 2007, Abel Beroiz se disponía a retirar su Volkswagen azul del estacionamiento del Automóvil Club Argentino, en Rosario. Su misión era adquirir un céntrico sanatorio para la obra social de los camioneros.1 Habría recibido algunas amenazas, pero eso era moneda corriente para la mano derecha de Hugo Moyano.2 Esa tarde, dos hombres lo estaban esperando. Al llegar, Beroiz alcanzó a abrir la puerta de su coche y acomodarse antes de recibir dos balazos. Para mayor seguridad, le dieron dos puñaladas en el estómago. El gremialista manejaba los fondos del sindicato más poderoso de la Argentina. La prensa descartó la hipótesis de robo desde un comienzo. Al parecer Beroiz habría planeado trasladar la expedición de los certificados psicofísicos que habilitan a los camioneros como profesionales a la nueva sede de Venado Tuerto, lo que al parecer rompía algún negocio rosarino.3 Illiana Beroiz, su hermana, reveló que había sido amenazado de muerte.4 Sin embargo, hasta ahora no se ha logrado siquiera procesar a ningún autor material del hecho. Curiosamente, quien monitorea la investigación es el hijo de Beroiz, que, a su vez, es asesor jurídico en un organismo manejado directamente por Moyano: la Administración de Programas Especiales, institución encargada de distribuir la plata de las obras sociales.5

Dos

El intenso calor de Buenos Aires era mucho para Pascual Claudio Donato, por lo que decidió salir a la vereda. Hombre con olfato, no tardó en comprender que una moto merodeaba su casa. Apurando el paso, decidió volver y encerrarse. No contó con la rapidez de los tres jóvenes ni con la precariedad de su puerta de madera. De una patada, rompieron la entrada y pasaron. Sorprendentemente, no habría mediado ningún pedido de dinero. Pascual tampoco preguntó nada y agarró lo primero que encontró: un cuchillo de cocina. Inmediatamente, recibió dos balazos. El muerto, de 42 años, se desempeñaba como conductor de camiones. Trabajaba de chofer en la empresa embotelladora de Coca Cola y tenía en su poder un carnet de la Obra Social del Gremio de Aguas Gaseosas.6 Un sindicato que, en principio, está fuera de camioneros y por el que Moyano (hijo) pugnó por controlar.

Tres

Según el informe de la Policía Federal, aquel martes 11 de septiembre, Horacio Viviani, hermano del titular del gremio de taxistas, se habría suicidado.7 Sin embargo, algunas evidencias no parecen avalar tal hipótesis. En primer lugar, el muerto estaba en su auto, estacionado en la puerta de su casa. Un lugar muy extraño para decidir acabar con su vida. En segundo, a pesar de tener cuatro armas registradas, la que le disparó no habría estado a su nombre.8 Su ex mujer, Marcela Ríos, declaró que “el hermano era su único enemigo”.9 Horacio trabajaba desde hacía doce años en el área de prensa del sindicato e integraba el consejo directivo de la obra social de los taxistas, investigada por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), tras detectar un presunto desvío de dinero por parte de la cúpula del gremio.10

Cuatro

“La traición se paga con muerte”.11 Las palabras resonaban en la cabeza de Eduardo Miguel Orellana, el Protesorero del Sindicato de los Ladrilleros de La Matanza. Orellana habría pergeñado una estrategia muy riesgosa: entrar en una interna entre padre e hijos. Guillermo Yafar, Secretario General, habría sido denunciado por Gabriel, Walter y Esteban a causa de una presunta malversación de fondos de las obras sociales.12 Orellana apoyó a estos últimos y llegó a organizar una choriceada para promocionar su causa. El 1º de octubre, se cumplió la predicción de la madre de sus socios: mientras circulaba con su camioneta Isuzu, por la localidad bonaerense de Mariano Acosta, alguien lo interceptó. Orellana fue encontrado en la parte trasera, muerto. Las pericias afirman que lo habrían rematado con dos tiros en la sien.13

Eran cuatro indiecitos…

Estamos ante cuatro casos disímiles. En algunos, aparentes disputas gremiales. En otros, supuestos ajustes de cuenta ante presuntos hechos de corrupción. Lo que genera cierto escándalo público es que se producen en el mismo momento en que se desarrolla una interna feroz por la conducción de la CGT: todos estos casos se concentran en los últimos seis meses. Las conductas mafiosas dentro de los sindicatos no son patrimonio de la coyuntura actual, ni siquiera de la Argentina. Sin embargo, en los últimos dos años, los enfrentamientos parecen crecer en cantidad y en magnitud. En el acápite anterior, vimos la posible resolución de conflictos por la vía de la desaparición de ciertos elementos individuales. Las diputas sindicales recurren, también, a enfrentamientos abiertos: San Vicente, el que se dio en medio del conflicto del casino (entre el SOMU de Suárez y el de Juegos de Azar de Amoroso) y el que enfrentó al hijo de Moyano con Cavalieri en Luján. La proliferación de enfrentamientos de diverso tipo se desarrolla en el contexto de una interna bastante particular. No escapa a nadie el nombre de los líderes de ambas facciones. Por un lado, Moyano. Por el otro, Barrionuevo.

El resquebrajamiento

A comienzos del 2004, el intento de reconstrucción política del kirchenrismo acarició la posibilidad de una central de trabajadores unificada. Había que conciliar intereses disímiles y el gobierno apostó a la conciliación a través de la formación de un triunvirato, en julio de 2004. El proyecto duró nada más que un año. En julio de 2005, la fórmula tripartita estalló y Moyano asumió la conducción de una central cuya mitad fue vaciada. En efecto, aunque la prensa no lo haya resaltado, la CGT funciona con un Consejo Directivo sin la mitad de sus miembros. El grupo de los “gordos” tomó la decisión de no concurrir más a las reuniones ni participar en la conducción. Nos referimos a Oscar Lescano (Luz y Fuerza), Armando Cavalieri (Comercio), Carlos West Ocampo y Susana Rueda (Sanidad), Rodolfo Daer (Alimentación), José Pedraza (Unión Ferroviaria), Omar Maturano (La Fraternidad), Manuel Pardo (Smata) y Diógenes Salazar (Telefónicos).14 Juan José Zanola, por su parte, parecía aliado de Barrionuevo, pero más tarde se lo vio junto al dirigente camionero en Casa Rosada.15 Los datos del 2005 pueden ayudarnos a develar la paridad en la interna. En ese entonces, Moyano representaba a 1.111.980 afiliados con 370 congresales, mientras que los “gordos” contaban con 1.049.314 afiliados y 348 congresales.16 Hoy día, no se sabe aún a ciencia cierta con cuántos delegados cuenta cada bando. Sin embargo, parece predominar cierta paridad. Las especulaciones vinculan a Moyano con Julio De Vido y a los “gordos” con Alberto Fernández. De cualquier manera, un cuerpo sindical unifi cado resulta imprescindible para el gobierno, en una coyuntura inflacionaria y de discusiones paritarias. El intento presidencial de desplazar a Moyano culminó con un mayor acercamiento, a pesar de que la continuidad de su dirección ahonda el abismo entre ambas facciones. Las escenas que hemos descrito más arriba, si es cierto que forman parte de la película de la mafia sindical argentina, se repetirán una y otra vez.

Notas

1 http://prensadeargentina.blogspot. com/2007/11/muri-el-sindicalista-abelberoiz.html

2 http://www.diarioperfi l. com.ar/edimp/0212/articulo. php?art=4289&ed=0212

3 www.revista-noticias.com.ar/comun/ nota.php?art=1004&ed=1615

4 Clarín, 28 de noviembre de 2007.

5 Ídem.

6 http://www.telam.com.ar/vernota.php? tipo=N&idPub=85681&id=198175&dis =1&sec=4

7 http://www.lapoliticaonline.com/detalle-de-noticia/article/las-dudas-que-sobrevuelan-la-muerte-de-horacio-viviani/

8 Ídem.

9 Revista Noticias, nº 1604.

10 Ídem

11Clarín, 4 de octubre de 2007.

12http://www.lacapitalnet.com.ar/hoy/ Politrib/Noticias/200710032736.html

13Ídem.

14Véase www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=770589

15 Véase www.agcba.gov.ar/docs/8-10%20 AL%2014%20DE%20SEPTIEMBRE.doc

16Véase www.otrosambitosdweb.com.ar/ despachos.asp?cod_des=9560&ID_Seccion=92

 

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