Una década de empleados pobres – Por Viviana Rodríguez Cybulski

Si usted cree que la intervención estatal en la última década promovió el fin del desempleo, de la precarización y de los salarios bajos en la Argentina, lea esta nota y entérese de cómo todo cambia… para no cambiar. 

Por Viviana Rodríguez Cybulski (OME-CEICS)

Mientras el pomposo “modelo de desarrollo con inclusión social” se desvanece con la devaluación y el ataque al salario, el Gobierno se vanagloria que, pese a todas las dificultades, defiende el empleo como forma de mejorar la distribución del ingreso. En su discurso, oculta a sabiendas el carácter del mismo que convierte esa afirmación en una farsa: en el período 2003-2012, en el sector privado registrado, se observa que las ramas que más empleo crearon son algunas de las que tienen las peores remuneraciones y altos índices de informalidad. Una explicación de por qué, pese al crecimiento del empleo, brotan los planes sociales para contener a obreros ocupados, pero que no alcanzan una vida digna.

Menos y peor

Lo primero que suele señalarse es la reducción de la tasa de desempleo como uno de los factores que posibilitaron mejores condiciones de vida para amplias capas de la clase trabajadora. Sin embargo, si bien se verifica un descenso en relación a los ’90, en el largo plazo los niveles de desocupación se mantienen altos.[i] Como si fuera poco, la generación de puestos de trabajo en el sector privado se estanca en 2009, momento en el que el empleo público se convierte en un mecanismo para sostener los niveles de ocupación.[ii] Lo que no se menciona, y menos se relaciona con el descenso de la tasa de desempleo, es la tendencia a la baja del salario real. Ya hemos analizado cómo, luego de la brutal caída del 2002, las remuneraciones no pudieron revertir su tendencial caída, a pesar de los aumentos posteriores. De hecho, la recuperación del empleo fue posible, en parte, por el abaratamiento del precio al que la clase obrera vende su fuerza de trabajo (ver gráfico 1).

Cuando miramos al interior del mercado de trabajo, la realidad choca con el discurso oficial. Si dividimos en tres grupos la totalidad de las ramas del sector privado formal, de acuerdo a las que perciben salarios altos, medios y bajos, encontramos que las ramas peor pagas en 2012 ocupan el 61,46% del mercado laboral en el sector privado. Las mismas en 2003 ocupaban el 58,5% del mercado laboral. En concreto, hablamos de casi 1.800.000 puestos de trabajo que perdieron los sectores de remuneraciones medias y altas en manos de las ramas de menor remuneración sobre un total de 2.620.260 puestos de trabajo privado formal creados. Si incluimos los 90’ observamos que durante la última década no solo no se revierte, sino que se profundiza esta tendencia previa (ver gráfico 2). Y, aunque se afirma que hay una reducción de la distancia entre las remuneraciones mejor y peor pagas, eso tampoco se verifica en el sector privado formal. La distancia salarial entre las ramas mejor remuneradas y el resto se viene profundizando, al menos, desde mediados de los ’90 y, durante la posconvertibilidad, la tendencia se acentúa. Para poner un ejemplo, mientras la rama Manufacturera ocupa para el 2012 el 20,23% del mercado laboral, vio distanciarse sus salarios, desde 1996 a esta parte, un 24% en relación a la rama Explotación de Minas y Canteras, que ocupa solo el 1,1% del mercado laboral en el mismo año. Es decir, no solo los puestos de trabajo creados son mayoritariamente en las ramas peores pagas, sino que estas ramas, que ocupan a la mayor cantidad de empleados, vieron descender sus salarios en relación a los mejor pagos.

En el mismo sentido, las dos ramas que más han incrementado su participación en el mercado laboral en la última década, Construcción y Hoteles y Restaurantes, son las que tienen mayores tasas de informalidad, luego de Servicio Doméstico. El empleo no registrado en Construcción ronda el 65,4% en el 2° trimestre de 2013, al tiempo que en Hoteles y Restaurantes la misma variable se ubica en 50,1% para el mismo período. A su vez, el nivel de informalidad y cuentapropismo para el conjunto de la economía se mantiene elevado. Para 2012, el 37,7% de los ocupados en áreas urbanas eran trabajadores informales y el cuentapropismo llegó al 21,82% en el mismo año, siendo que en 1985 era de 18,9%.Cabe mencionar que el salario de los no registrados se deterioró en relación al de los registrados, pasando de representar el 72% en el 2001 al 62% en 2013. Lo mismo puede decirse de los cuentapropistas. Mientras en 2004 los ingresos de estos representaban el 73% de los asalariados registrados, el porcentaje había retrocedido al 67% para 2012.

Asistencialismo para todos

 Después de analizar la evolución del mercado de trabajo, se vuelve evidente la imposibilidad de grandes sectores de satisfacer sus necesidades a través de su participación en el mercado laboral, por lo que las transferencias públicas se vuelven necesarias. Como ya vimos, en un contexto de crecimiento económico en la región,[iii] la política social contiene a fracciones de la clase obrera sobrante para el capital, a la vez que abarata el precio al que los ocupados venden su fuerza de trabajo.[iv] Estas transferencias, aunque mejoran relativamente las condiciones de la población sobrante, no revierten su condición y encuentran un límite en la posibilidad de ampliar el gasto estatal. Esto es así porque la política pública encuentra una determinación material que no depende del voluntarismo de turno. El novísimo Plan Progresar se inserta en esta lógica.[v] El Gobierno, que se jacta de haber combatido las políticas de los ’90 y logrado mejores y más altos niveles de vida para la clase obrera, no parece interesado en enterarse de la socialización de la pobreza en la Argentina en la última década. Este es un proceso que no está en condiciones de revertir.

Gráfico 1: Salario real (en $ 2008) y tasa de desocupación en el largo plazo.

viviana graf 1 EA77

Gráfico 2: Ramas de acuerdo a remuneraciones vs. participación en el mercado laboral

viviana graf 2 EA77

Notas

[i]Rodríguez Cybulski, Viviana: “Un corte y una quebrada. El eterno tango de los salarios argentinos”, El Aromo n° 72, mayo-junio de 2013.

[ii]Rodríguez Cybulski, Viviana: “Hambre para mañana. Los límites del empleo público”, El Aromo n° 66, mayo-junio de 2012.

[iii]Ver Kornblihtt, Juan: “Esto recién empieza”, en este mismo número de El Aromo.

[iv]Ver Seiffer, Tamara: “La máquina de subsidios. La clase obrera argentina y la política asistencial”, El Aromo n° 60, mayo-junio de 2011; Seiffer, Tamara: “La Asignación Universal en el banquillo”, El Aromo n° 73, julio-agosto de 2013.

[v]Ver Seiffer, Tamara: “Jóvenes baratos. El Plan PROGRESAR y los límites del capitalismo argentino”, en este mismo número de El Aromo.

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *