Un redoble por Yolanda Colom

Por Héctor Löbbe – A fines de abril de 2007, falleció (luego de luchar valientemente contra una cruel enfermedad) la historiadora, docente universitaria y secundaria, Yolanda Colom.

La generosidad intelectual y militante de los integrantes de Razón y Revolución me ha permitido el presente “redoble” en memoria de Yolanda, como humilde reconocimiento a una vida tan plena, tratando de saldar así una despedida que no pude darle en su momento. Conocí a Yolanda en los primeros años de la década de 1990, cuando tomé contacto con su trabajo (escrito en coautoría con Alicia Salomone) sobre el surgimiento de las Coordinadoras Interfabriles metropolitanas en 1975, publicado en Razón y Revolución.1 Para mi sorpresa, accedió inmediatamente a hablar sobre mi proyecto de estudiar ese proceso, iniciando desde ese momento una cordial relación. A partir de allí, fui descubriendo una persona sencilla y entrañable, sin una brizna de soberbia o pedantería. Me conmovió su actitud respecto a la tarea intelectual: lejos de “alambrar” los resultados de su labor, se puso a mi disposición, no sólo en lo relativo a su conocimiento sobre el tema, sino también facilitándome los documentos sobre los que había trabajado. Compartió contactos y debatió fraternalmente líneas de interpretación, respetando mis ideas. Por último, y no menos significativo, me acompañó, trabajando codo a codo en los archivos y en no pocas entrevistas a protagonistas de esa historia. En ese sentido, resultó fundamental para mi tarea el sentir el aliento y la confianza que me transmitió permanentemente a lo largo de la investigación.

Como los verdaderos maestros, nunca me enrostró sus trabajos previos, pero cuando fue necesario, me acercó con humildad los mismos. También, como sucede con aquellos que realmente amasaron la “historia”, nunca se jactó de su militancia ni se autovictimizó por los dolores que la misma le provocó. Escucharla hablar de los ’70 era como revivir esos años: sus alegrías y pesares, el orgullo por la lucha, las dudas y contradicciones que dejó esa experiencia. Pero hay algo más: Yolanda no se conformaba con una mirada nostálgica “y el dolor del ya no ser”. Todo en ella era (aunque por modestia no lo declamara) un rearmarse para seguir peleando. El respiro que se toma el boxeador cuando vuelve a su rincón a recuperar el aire, hasta el próximo asalto. Como pocas personas, se sobreponía una y otra vez de sus caídas, retomando en cada ocasión la tarea en el punto donde la había interrumpido. Recuerdo un encuentro, frente al Congreso, una tarde lluviosa y fría. Ella venía de una sesión médica, dolorida todavía por un desgarrador tratamiento, pero con los ojos brillantes, esperando marchar contra los represores del Proceso y contra la impunidad. En ese sentido, sabía muy bien con quien encolumnarse: formando con la Asociación de Ex–Detenidos y Desaparecidos, ratificaba su compromiso con el pasado pero también con el futuro, memoria en acción, para cambiar el mundo.

Como docente en la Universidad, su compromiso no fue menor: participó en la construcción de la Gremial de Filosofía y Letras y siempre se la contó como una consecuente luchadora por los derechos docentes.

Su obra historiográfica

Hasta aquí, el rescate de su actitud militante por una vida sin explotadores ni explotados. Pero sería injusto olvidar sus aportes en el campo de la historia, concebida por Yolanda como otro territorio en disputa, esto es, su rol de “historiadora militante”.

Si un historiador habla por sus obras, Yolanda eligió definirse y definir dentro de qué campo se ubicaba. Un listado de sus trabajos publicados incluye, además del ya mencionado estudio de las Coordinadoras Interfabriles, los dedicados a los Consejos de Fábrica en Chile (en la década de 1970), la CGT de los Argentinos, la relación entre clase obrera y peronismo y la masacre de Ezeiza.2 Todos estos trabajos son sólo una parte de su producción historiográfica, que se expresó también en múltiples ponencias, presentadas en distintas jornadas y seminarios. En este punto quisiera detenerme para destacar la importancia (en términos de avance del conocimiento histórico) que reviste el trabajo de Yolanda y Alicia Salomone sobre las Coordinadoras Interfabriles del Gran Buenos Aires. Hasta comienzos de la década de 1990, este decisivo proceso de organización y lucha protagonizada por la vanguardia obrera bonaerense (orientado por la izquierda revolucionaria), sólo había merecido parciales menciones en contados trabajos historiográficos, como los de Adolfo Gilly (1978 y 1983) y Andrés Thompson (1983) .3

Como en su momento no mereció una reseña que valorara sus aportes, vaya aquí un breve comentario acerca del trabajo sobre las Coordinadoras, en homenaje a la memoria de Yolanda. Su valor central radica en plantear (por vez primera) ese fenómeno organizativo en el área bonaerense como emergencia de un sindicalismo alternativo. Así, se repasa la coyuntura por la que atravesaba la Argentina, relacionando el surgimiento de las Coordinadoras con la experiencia acumulada por la clase obrera (Resistencia peronista, CGT de los Argentinos) y, en particular, el “Cordobazo”. Luego de caracterizar al año 1975, el trabajo describe la génesis y desarrollo de las Coordinadoras. Con un ágil relato se narran los acontecimientos que permiten mensurar el nivel de movilización obrera en todo el Gran Buenos Aires y Capital Federal, en el que las Coordinadoras se convirtieron en impulsoras y conducción natural del proceso de la Huelga General. Se resalta en particular y con precisión, como las direcciones burocráticas de la CGT en forma tardía se vieron obligadas a encabezarlo, a riesgo de ser superadas por las bases. En este aspecto, sobresale el lúcido análisis y documentación que demuestra la influencia decisiva que en las Coordinadoras tuvieron las fuerzas de la izquierda revolucionaria. El trabajo termina planteando algunas preguntas, que abren el camino de futuras investigaciones y debates: ¿fueron las Coordinadoras una creación espontánea de la clase obrera o fruto de la acción de distintas corrientes político-sindicales? Si esta última afirmación es válida, ¿cuál era la influencia de cada una de ellas?. Finalmente ¿fueron las Coordinadoras el embrión de algo nuevo, bajo una perspectiva socialista?

Resumiendo los principales aportes de este trabajo, pueden destacarse: la reconstrucción de los principales hechos (incluyendo los programas que se dieron esos organismos); el establecer la correlación existente entre las expresiones del sindicalismo clasista y combativo y el surgimiento de las Coordinadoras y plantear la potencialidad del proceso, trascendiendo su cariz puramente “sindical”.

La historiografía especializada en el tema4, en su momento, omitió la mención a este trabajo, ya sea para registrarlo como interpretación de la etapa o para discutir sobre su perspectiva. Ese “silencio” historiográfico, parece indicarnos no sólo una dificultad de carácter epistemológico al momento de reconstruir nuestro pasado reciente, sino también los debates que quedan pendientes acerca de la intervención concreta de la izquierda revolucionaria en ese pasado5. Yolanda no se amilanó ante tal “silencio” y perseveró por ese rumbo, ampliando el análisis a fenómenos similares en América Latina (como los Cordones Fabriles en Santiago de Chile, durante el gobierno de Salvador Allende6), siempre con la idea de realizar un balance de las experiencias de organización popular, para entender los motivos de la derrota de los procesos revolucionarios y extraer las conclusiones a futuro.

¿Porqué un “redoble por Yolanda”?

Los últimos años Yolanda los bebió con la misma pasión militante que tuvo toda su vida. Así, en las Jornadas de diciembre de 2001 estuvo en las calles, en su puesto de lucha, como siempre. Y más adelante, participó y aportó desde sus conocimientos prácticos y teóricos, en el movimiento de Asambleas Barriales. Yolanda (“militante historiadora”) comprendía que la historia no sólo es lo que nos pasó sino también la herramienta para construir otro futuro. Hasta último momento colaboró desinteresadamente, adecuando sus trabajos historiográficos al formato de la prensa política, en una actitud alejada de toda vanidad académica.

Tuve la suerte de poder acercarle un ejemplar de mi investigación y agradecerle lo mucho que había contribuido al mismo. En otro gesto más de su generosidad, me respondió con su luminosa sonrisa, agradeciéndome ella a mí por el reconocimiento.

Finalmente, ¿porqué un “redoble por Yolanda”? Según el diccionario, redoble es el sonido del tambor. El que nos convoca y nos mantiene alertas, prestos a la acción. Así, como un tambor humilde, incansable, imprescindible, fue la existencia de Yolanda. También nuestra tarea deberá ser un redoble, para honrar su ejemplo: multiplicar por dos, por tres, por muchos, sus esfuerzos. Con convicción en lo acertado y justo de la lucha y del triunfo de una sociedad que merezca ser llamada humana. San Fernando (Pcia. de Bs. As.), 15 de octubre de 2007


Notas

1Colom, Yolanda y Alicia Salomone: “Las coordinadoras inter-fabriles de Capital Federal y Gran Buenos Aires, 1975-1976, en Razón y Revolución, n° 4, Otoño de 1998. Puede consultarse en la página www.razonyrevolucion. org.ar
2Agradezco la colaboración del historiador Juan Hernández (compañero de Cátedra de Yolanda) y a Carolina, hija de Yolanda, para reconstruir este listado.
3Un estado de la cuestión (actualizado a agosto de 2006) en, Löbbe, Héctor: La guerrilla fabril. Clase Obrera e izquierda en la Coordinadora de Zona Norte del Gran Buenos Aires (1975-1976), Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006.
4Véase, por ejemplo: Godio, Julio: Historia del Movimiento Obrero, Corregidor; Bs.As.; 2000. Pozzi, Pablo y Alejandro Schneider; Los setentistas. Izquierda y clase obrera: 1969-1976, Eudeba, Buenos Aires, 2000.
5Recién en el último año se comienza a quebrar ese “silencio”. Véase, Löbbe, Héctor; op.cit. y Werner, Ruth y Facundo Aguirre, Insurgencia obrera en la Argentina 1969-1976, Ediciones IPS, Buenos Aires, 2007
6Véase “El poder popular en Chile: 1970-1973”, en Red Intercátedras de América Latina, n° 3, septiembre de 1999, Rosario.

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