Un oscuro porvenir – Por Verónica Baudino

13639803954_d193a49ce9_o_BYNLos programas económicos de los candidatos 2015

La reducción salarial y el ajuste reaparecen para todos los partidos burgueses, del color que sean y más allá de sus intenciones explícitas, como la única vía para garantizar la continuidad del capitalismo nacional.

Por Verónica Baudino (Grupo de Investigación sobre la Historia de la Burguesía Argentina-CEICS)

Abierta la carrera por la presidencia 2015 y en medio de una creciente crisis económica, las fracciones de la burguesía y los partidos políticos burgueses en campaña exponen sus diagnósticos y propuestas. Mientras el kirchnerismo apunta a polarizar con la oposición acusándola de intentar volver a recetas “neoliberales”, la burguesía antikirchnerista busca su candidato y se defiende mostrando el fracaso de la política de desarrollo económico en marcha. Detrás del palabrerío se esconde, sin embargo, una idéntica salida que invita a que los trabajadores sigamos pagando los platos rotos.

El fantasma “neoliberal”

El Foro de Convergencia Empresarial (FCE),1 que nuclea a los grupos capitalistas situados en la vereda opuesta al gobierno, viene señalando desde su nacimiento a principios de 2014 la necesidad de medidas económicas tendientes a la “liberación de las fuerzas productivas” (en palabras de Luis Betnaza, director del grupo Techint y vicepresidente de la Unión Industrial Argentina –UIA-) relajando la “excesiva” intervención estatal en la economía. Este cambio de rumbo de la política económica posibilitaría el desarrollo de las potencias de la economía argentina. ¿El resultado proyectado? La creación, en los próximos 10 años, de 3 millones de nuevos puestos de trabajo y un crecimiento sostenido de entre un 5% y 6% anual a partir de la capacidad de crecimiento que ofrecen los distintos sectores. “Este potencial se concentra fundamentalmente en el agro, exportaciones industriales y de servicios, infraestructura y vivienda, energía, complementación con Brasil, minería”, dice.2 En el último encuentro realizado en octubre, expresaron su apoyo a los lineamientos del Foro los candidatos Hermes Binner, Julio Cobos, Mauricio Macri, Sergio Massa, Ernesto Sanz y José Manuel de la Sota. ¿Cuáles son las propuestas en materia económica de los partidos de oposición que confluyen y pretenden congraciarse con este sector de la burguesía?

Ricardo Delgado, economista de Sergio Massa, clarificó las propuestas del candidato del Frente Renovador en el último Coloquio de IDEA (entidad miembro del FCE), celebrado en Mar del Plata. El punto más saliente es el relativo a la inflación, adjudicada por un lado a la emisión monetaria del gobierno, a la vez que a la falta de inversión. Este aspecto podría ser resuelto, a su juicio, mediante el “desmantelamiento de todas las trabas para operar en moneda extranjera”. El fin del cepo al dólar es una constante en las propuestas de la oposición, así como la eliminación de las retenciones al trigo y las economías regionales y la disminución a la mitad de las del maíz. Otro tema con el que Massa ha insistido en medio de la pelea de los sindicatos por el impuesto a las ganancias sobre el aguinaldo de fin de año, es la eliminación misma del gravamen: “Es una vergüenza que sigan encaprichados con cobrarle impuesto al trabajo, mientras no se lo cobran a la renta financiera”.3 Asimismo, apunta a un tema candente entre los capitalistas, prometiendo la derogación de la recientemente sancionada Ley de Abastecimiento. Miguel Peirano, economista del mismo partido, sostiene que el endeudamiento debe destinarse a incrementar la competitividad de la economía, y no a mantener el gasto fiscal además de que se debe preservar la Asignación Universal por Hijo (AUH), caballito de batalla de la política del gobierno actual. Por el mismo encuentro también se paseó Mauricio Macri, quien, en sintonía con Massa, considera que la inflación es generada por la política monetaria del gobierno. Francisco Cabrera, uno de los economistas del PRO, expuso la urgencia de aumentar las tarifas energéticas “al segmento de 30% de mayores ingresos” para disminuir los subsidios estatales y bajar el gasto fiscal. También propone la eliminación del cepo cambiario junto con las retenciones a las economías regionales y la disminución del 5% por año de ese gravamen para la soja.

El Frente Amplio-UNEN, por su parte, a través del economista Javier González Fraga, asegura la necesidad de controlar la inflación a partir de la reducción del gasto público y la emisión monetaria, y devaluar la moneda para potenciar las exportaciones agroindustriales:

“Con música de izquierda, como en la década kirchnerista, […] siempre el atraso cambiario fue una herramienta del populismo cortoplacista, ya que es la decisión consciente de los políticos que procuran conseguir apoyos fáciles, permitiendo que salarios industriales mediocres puedan comprar celulares, plasmas, motos, viajes y autos, todos productos importados”.4

Plantea un plan centrado en las PYMES, como generadoras principales de trabajo y riqueza, estimulado por la reducción de precios máximos y retenciones a las exportaciones del sector. Como contrapartida, propone incrementar los gravámenes a la renta y patrimonio.

Como puede verse, en su conjunto la oposición esgrime una serie de medidas tendientes a superar la crisis actual de la mano de una devaluación de la moneda, reducción del gasto público y de las retenciones. Proponen, en suma, un programa que privilegia a los sectores más eficientes de la economía nacional, que dada la impotencia general del capital que opera en Argentina se llevará puesto a más de uno de los capitales con quienes quieren congraciarse, dando por tierra las ilusorias estimaciones de crecimiento generalizado de las diferentes ramas y, por ende, la generación de lo que cínicamente denomina “empleo genuino”. Este programa significará una caída del salario real y un empeoramiento de las ya degradadas condiciones de vida de la clase obrera. En este contexto, no es extraño que aparezca como consigna la continuidad de la AUH. Esta política, así como tantas otras del kirchnerismo, no es producto de su bondad o virtuosismo. Es una forma de contención necesaria para asegurar una relativa estabilidad social, necesaria para la burguesía como clase y, por tanto, requerida por cualquier gobernante que responda a esos intereses.

La impotencia nacional y popular

El Gobierno defiende su gestión y así, la posibilidad de que uno de sus candidatos gane las elecciones de 2015, recalcando la supuesta grandiosa performance de la economía argentina. En el cierre de la Conferencia Anual Industrial de la UIA, en diciembre de este año, por donde también desfilaron los partidos de oposición en campaña, Cristina Fernández de Kirchner resaltó el crecimiento industrial de los últimos 10 años haciendo hincapié en la suba de utilidades de las 35 mayores empresas que cotizan en bolsa. Los números expuestos apuntaron a discutir la caracterización del arco empresario en base a la retracción de la economía en el último año. Especialmente de cara a la UIA, que más allá de las desavenencias internas, aún no quitó los pies del plato, y no se encaminó en una disputa abierta con el Gobierno. En este sentido, el discurso intentó mostrar las bonanzas económicas que obtuvo la burguesía que opera en Argentina durante su gestión, resaltando la promoción industrial que incluye los subsidios a los servicios como forma de abaratamiento de la fuerza de trabajo para los capitalistas individuales. Así intentaba rebatir las posiciones de la oposición política y el FCE en su pedido de “más mercado”.

Los candidatos del oficialismo que se proponen continuadores “puros” del modelo (Florencio Randazzo, Agustín Rossi), vienen batallando por ganarse su lugar remarcando el crecimiento y la inclusión. Daniel Scioli, a través de su economista Miguel Bein, a la vez que da cuenta de los logros del gobierno, mira hacia el Foro y propone reducir la emisión monetaria, las retenciones y eliminar los subsidios a los servicios: “Hay que pasar de la agenda de consumo y gasto público a la agenda de inversión, productividad, empleo de calidad y salarios altos”.5 Eufemismos que ponen en evidencia la necesidad del mismo ajuste que reclama profundizar la oposición.

Sobre nuestras espaldas

Tanto los paladines de la reducción del gasto estatal como el oficialismo sostienen un “modelo” basado en la renta agraria y su capacidad para sostener una industria incapaz de alcanzar los niveles de competitividad internacional. La situación de crisis mundial, la caída de los precios agrarios y las dificultades para tomar deuda presentan un escenario complicado para la burguesía argentina. En el ínterin, los salarios de los trabajadores siguen sin recuperarse -comparados con las últimas décadas6- y todo parece indicar que seguirán la misma tendencia en el futuro próximo. Las políticas del Gobierno no han sido más que paliativos para alimentar las ganancias empresarias y bajar los niveles de conflictividad social abiertos desde el 2001. Las políticas de ajuste que propone la oposición -en consonancia con las exigencias empresarias- no ofrecen mejores perspectivas y se ubican en la misma línea. Bajos salarios y ajuste reaparecen para todos los partidos burgueses como la única salida para garantizar la continuidad del capitalismo nacional.7 Para los trabajadores, sólo ofrecen más de la misma miseria de siempre. Es ya tiempo de mirar hacia otro lado.

Notas

1 Para un análisis de la composición y el programa del Foro, ver Sanz Cerbino, Gonzalo: “Marcar la cancha”, en El Aromo, nº 79, Julio-Agosto de 2014.

2 http://goo.gl/3hQ0OK.

3 La Nación, 30/10/2014.

4 La Nación, 19/11/2014.

5 http://goo.gl/FvlXkx.

6 Villanova, Nicolás: “Negreros”, El Aromo, n° 81, Noviembre-Diciembre de 2014.

7 Ver Kornblihtt, Juan: “Fin de ficción”, El Aromo, n° 80, Septiembre-Octubre de 2014.

 

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