Un nieto y una claudicación más – Por Stella Grenat

8064093099_0840b0eb4e_o_BYNSobre la recuperación de Guido Montoya Carlotto y los estrechos límites de la lucha de Abuelas

El programa de Abuelas es funcional al régimen social (la democracia) sostenido por la misma clase (la burguesía) que hizo desaparecer a sus hijos y se robó sus nietos.

Por Stella Grenat (Grupo de Investigación de la Lucha de Clases en los ’70-CEICS)

La recuperación de Guido Montoya Carlotto ocupó el centro de la escena durante varios días. Este hecho constituye un acontecimiento que debe ayudarnos a comprender los alcances y los límites de lucha por los DD. HH. en una sociedad capitalista como la nuestra. En este sentido, veremos como el camino recorrido por Abuelas empieza y culmina en el marco de un régimen social que responde a los mismos intereses que sostuvieron a los asesinos de sus hijos y a los apropiadores de sus nietos.

El programa de Abuelas

El núcleo inicial de las Abuelas se constituyó a fines de 1977, cuando un grupo se diferenció del resto de las Madres, a partir de un problema específico: la búsqueda de sus nietos. Ellas mismas se definían como “amas de casa”, que “no entendían nada de organización ni de política” y que, como tales, se denominaron Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos. Sólo después se asumieron tal y como serán reconocidas: Abuelas de Plaza de Mayo.1 De este modo, se separaron del resto de los organismos recortando con precisión los objetivos sobre los cuales construyeron su programa de acción: la restitución de sus nietos. Desde el comienzo, en plena dictadura, apelaron tanto a la acción directa (rondas en la Plaza, denuncias públicas y desde 1981 la marcha de la Resistencia) como a la jurídico-legal.2 El temprano conocimiento acerca de la complicidad civil en la desaparición/apropiación de sus nietos, no impidió que desde siempre apelaran a la vía judicial como un recurso más en su búsqueda.3

Con la llegada de la democracia, creyeron que “el Estado les devolvería a sus nietos”.4 La pronta evidencia de que esto no ocurriría no las alejó un ápice de sus objetivos y, junto a los métodos que venían desplegando, apelaron a la búsqueda de canales de diálogo con el Gobierno para cumplir su objetivo. De allí en más se ahondó la distancia con el resto de los organismos de DD. HH. y, en contra de la actitud frontal de Madres de Plaza de Mayo, afloró lo que desde entonces fue su rasgo distintivo: una actitud conciliadora con los poderes de turno que compartirán con Madres Línea Fundadora. De este modo, el “no meterse” en otros temas que no fuera el de la búsqueda de sus nietos se convirtió en su marca registrada.

Por esta línea, en el contexto de impunidad inaugurado por Alfonsín y profundizado por Menem, quién promovió la total amnistía de los asesinos, Abuelas siguió sumando puntos para su causa. En 1987, crearon el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), para resguardar las muestras de sangre de los familiares para compararla con la de los nietos. En 1989, la ONU incorporó los art. 7, 8 y 11 a la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que garantizan el “Derecho a la Identidad”: recibir por parte de sus padres un nombre y, por parte de su país, una nacionalidad, y que ambos aspectos no sean ocultados ni alterados. Asimismo, en EE.UU. se relacionaron con la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, una ONG que las contactó a Clyde Snow, fundador del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

En 1992, intervinieron en la creación de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), cuyo objetivo es buscar los niños desaparecidos y supervisar el cumplimiento del “derecho a la identidad”. En el marco de la reforma de la Constitución del ‘94, consiguieron la elevación a norma con jerarquía constitucional de la Convención, que previamente había sido sancionada como ley 23.849. Por este camino lograron que se reabrieran las causas por el robo de niños.5 Finalmente, a fines de los ’90 junto a otras organizaciones impulsaron la apertura de los Juicos por la Verdad. En todas estas posiciones, se encontraron enfrentadas a Madres, que al menos desnudaba los límites de la democracia a la hora de cumplir con demandas de tipo reformistas.

¿Avances?

Tal como lo señalamos, la búsqueda de Abuelas se circunscribe a la restitución de una identidad en abstracto: un nombre y una nacionalidad. En este marco, después de más de 30 años de búsqueda lograron la restitución de 115 nietos, menos de un cuarto del total.6 La celeridad buscada por ellas y el Ejecutivo nacional mediante la creación en 2012 de la Unidad de Apropiación de la Procuración General de la Nación, no mejoró los resultados.7 Y esto es así porque la metodología de búsqueda de las Abuelas (la identificación por el ADN, la presentación espontanea de los que tengan dudas o la apelación a las denuncias particulares) sigue poniendo el énfasis en las víctimas y no en los victimarios. Razón por la cual los juicios derivan de las restituciones y no a la inversa.

Estos hechos evidencian lo que dijimos respecto a las prioridades de Abuelas: la restitución y no el castigo a los culpables. Por eso, no extraña que intenten frenar la causa contra los apropiadores de Guido mediante la impugnación de Servini de Cubria.8 O que para cumplirlos mejor, avalen la privatización y el vaciamiento del BNDG, en tanto su traspaso a la órbita nacional supone, a la vez, circunscribir su accionar a los casos ocurridos entre 1976 y 1983.9

En síntesis, faltan nietos y sigue pendiente la investigación y el enjuiciamiento inmediato de todos los civiles y militares que participaron en la represión y en las apropiaciones. Esto desnuda, no solo los límites de la lucha de Abuelas sino el hecho de que ningún gobierno democrático tuvo una verdadera política de restitución. Es un absurdo suponer que con todos los recursos que posee un Estado no pueda encontrar a 500 personas. Los cierto es que ni siquiera se dieron los pasos mínimos para hacerlo, por ejemplo, la obtención compulsiva de sangre de todos los nacidos entre el ’73 y el ‘83. Ni hablar de la necesidad de la apertura total de los archivos de la dictadura.

A la derecha del movimiento

Tal como vimos, la organización de Abuelas surge como resultado de una ruptura por derecha con el resto de las Madres. Esta afirmación no significa negar la legitimidad y/o validez de su demanda. Sino reconocer que al cercenarla, al separarla del conjunto, Abuelas se alejó de los reclamos más generales que guiaban al resto de los organismos de DD.HH. La restitución de sus nietos se volvió prioritario frente al resto de las consignas, entre ellas la reivindicación de la lucha de sus hijos. Con el tiempo, esta distancia no hizo más que profundizarse.

Mientras Madres rechazaban rotundamente la colaboración con la CONADEP, el Juicio a la Juntas, las reparaciones económicas y los homenajes, Abuelas tendió puentes de diálogo con todos, y aprovechó todos los intersticios para hacer escuchar sus pedidos. Sin importar que, al mismo tiempo, se llevara agua para el molino de la reacción, otorgando legitimidad a un gobierno que no solo se negó a juzgar y condenar a todo el personal civil y militar que intervino en la dictadura, sino que además intentó borrar todo vestigio del sentido real de la confrontación de clase mediante la transformación de los revolucionarios en víctimas del terrorismo de Estado (no hay nada más cercano a la figura de victima que un bebe robado). Así se explica que aún durante los ’90, hayan avanzado en “su” lucha.

En medio de una nueva crisis, saltan a la vista las contradicciones: mientras festejamos el retorno de Guido, el Gobierno y la Gendarmería reprime trabajadores y mete presa a una nieta restituida. Por su parte, las Madres se hunden y desgastan junto al gobierno que eligieron defender.

Siguiendo por este camino, estos serán los resultados. Los DD. HH. no pueden garantizarse en el marco de un sistema social que prioriza la propiedad sobre la vida. Para resolver esta contradicción hay que construir el socialismo.

Notas

1 Abuelas de Plaza de Mayo: La historia de Abuelas. Treinta años de búsqueda, Bs. As., 2007, p. 19.

2 El primer habeas corpus colectivo fue presentados ante el Tribunal de Menores N° 2 de Morón, el 15 de mayo de 1977. Página 12, 9/4/2006.

3 En 1978, la Jueza del Tribunal de Menores de Lomas de Zamora les informó que no les entregaría a los hijos de “terroristas” y dispuso la internación de Emiliano Gines, un niño con síndrome de Down, en la Casa Cuna, donde murió por falta de atención. Abuelas…, op. cit. p. 26.

4 Abuelas…, op. cit. p. 45.

5 La primera querella por sustracción de menores fue presentada por Abuelas el 30/12/1996 y elevada a juicio por el Juez Federal Dr. Guillermo Montenegro en 2007.

6 No existe un dato preciso de la cantidad de nietos que faltan, Abuelas siempre estimó en 500 la cifra y el gobierno ha tomado de boca de ellas esa cifra: “según la información bridada por la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, aún restan ubicar cerca de 400 niños” (Resolución PGN N° 435/12, www.mpg.gov.ar).

7 En 2012 se habían alcanzo la restitución de 107 nietos y la condena de 51 apropiadores, desde entonces se han restituido 8 nietos más. Resolución PGN N° 435/12, www.mpg.gov.ar

8 La Nación, 30/8/2014.

9 Página 12, 26/8/2014 y 26/8/2014.

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