Un mal menor para el macrismo. Las cooperativas cartoneras y el nuevo pliego licitatorio de recolección de basura

cartonero (1)Por Nicolás Villanova – TES-CEICS

Luego de varios años de disputas, las cooperativas cartoneras lograrían ser incorporadas al servicio de recolección de basura, a partir de una iniciativa del macrismo. En efecto, en el mes de agosto de este año vencen los contratos de las empresas prestatarias del servicio de recolección de residuos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Durante el mes de abril pasado, el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego Santilli, propuso realizar una audiencia pública para discutir un primer borrador del futuro contrato a presentar en la legislatura. El punto sobresaliente de la propuesta es el desdoblamiento de los residuos: los “húmedos” seguirán siendo recogidos por el servicio oficial, mientras que los “secos”, es decir todo el material reutilizable como materia prima para la producción de otros bienes, será recolectado por las cooperativas cartoneras ganadoras del llamado a concurso. De este modo, los pliegos del nuevo contrato apuntan a organizar esta tarea.(1)

No obstante, algunos artículos generaron controversias y la reacción de los representantes de los cartoneros. La segunda audiencia realizada en el mes de julio, donde se dieron a conocer las modificaciones, fue celebrada por las cooperativas como un paso histórico debido a su “reconocimiento oficial”.(2)En este artículo analizaremos los puntos centrales del contrato y sus cambios. Como veremos, el nuevo convenio no hace más que generalizar una situación de miseria para los cartoneros.

Un freno a la estrategia PRO

Como recordará el lector, el jefe de gobierno que ahora intenta incorporar a las cooperativas a la recolección de residuos secos es el mismo que en la campaña electoral para su candidatura del 2003 acusaba a los cartoneros de robar la basura a los vecinos y proponía “sacarlos de la calle” encarcelándolos.(3)Es también el mismo personal que a poco de iniciar su mandato en 2008 fuera el responsable político por el desalojo a palazos de los cartoneros asentados en Belgrano, luego del cierre del Tren Blanco.(4)En su intento por mantener esta política, el borrador inicial presentado este año planteaba evitar la tarea de los cartoneros en la calle eliminando los carritos. Todos los recuperadores, ya sean asociados o no, debían clasificar en los centros de reciclado. Sin embargo, la reacción de algunas cooperativas, entre las que se encontraban el Movimiento de Trabajadores Excluidos, El Ceibo, El Álamo, El Amanecer de los Cartoneros, Ecoguardianes y dos vinculadas directamente con la CTA, la de Recuperadores Urbanos del Oeste y Las Madreselvas, no se hizo esperar. Emitieron un documento contra esta política y amenazaron con movilizarse y concentrar frente a la sede del gobierno porteño.(5)Inmediatamente, el macrismo tuvo que dar marcha atrás con esta medida.
Otros cambios respecto de la propuesta inicial apuntan a la retención de ciertas condiciones favorables a las cooperativas vigentes. En cuanto a las zonas de prestación, el primer borrador proponía concursar por las 15 zonas de la Ciudad de Buenos Aires, dependientes de cada CGP, adjudicándose hasta dos por cada cooperativa. Además, el gobierno mantenía la facultad de ejecutar el servicio por sí o por terceros en caso de no ser bien cumplimentado por las asociaciones. Sin embargo, la situación fue modificada: el nuevo pliego señala que las zonas donde las cooperativas ya realizan su recolección no serán sujetas a concurso. Cabe destacar que se trata de barrios que producen una cantidad considerable de productos reciclables, como por ejemplo, Núñez, Belgrano, Palermo, Microcentro, Congreso, Once, Caballito y Flores.(6)No sólo mantendrán la posibilidad de recolectar en los barrios donde actualmente trabajan sino que, además, las cooperativas podrán concursar por dos zonas más de las convocadas a concurso (Art. 35°). También se respetará la permanencia de las asociaciones que actualmente gestionan los centros de reciclado (Art. 7°). Respecto del segundo punto mencionado, el nuevo pliego señala que el gobierno porteño no podrá delegar la ejecución del servicio a otros que no sean cooperativas, excepto en situaciones de fuerza mayor debidamente fundamentadas (Art. 8°). De este modo, la propuesta del nuevo contrato asegura la permanencia de las cooperativas existentes.
Entre otras medidas, el gobierno propone asociar a todos los cartoneros que actualmente no son miembros de ninguna cooperativa. Por este motivo, se compromete a realizar un censo para informar a cada organización adjudicataria la cantidad de recuperadores que deberá asociar. Quedará en manos de estas agrupaciones presentar un plan de trabajo sobre cómo los incorporará. No obstante, en la primera propuesta, el gobierno establecía una sanción para aquellas cooperativas en cuyas zonas prevalecieran cartoneros no asociados. Además, no dejaba en claro qué hacer frente a una posible interposición de recorridos entre cartoneros asociados e independientes. Dicha penalización fue eliminada, aunque se mantiene vigente un sistema de scoring que será implementado gradualmente frente a ciertos incumplimientos por parte de las contratistas. A su vez, en caso de superponerse los recorridos, las cooperativas deberán coordinar los horarios respetando las rutas preexistentes de los cartoneros independientes. Como vemos, las cooperativas cartoneras han logrado modificar y avanzar en algunos puntos de los pliegos defendiendo su tarea realizada en los últimos años. Sin embargo, otros artículos centrales no tuvieron la misma suerte.

Basura salarial

Los compromisos asumidos por el gobierno en el contrato a licitar también sufrieron algunos cambios favorables para las cooperativas. En primera instancia, se iba a otorgar un sólo camión por zona, uniformes y guantes para los cartoneros, equipamiento para los centros de reciclado, un pase libre y gratuito en transportes públicos por cada recuperador y un servicio de guardería, entre otros aspectos. El segundo borrador señala que “como mínimo” habrá un camión por zona (sujeto a evaluar una mayor cantidad según las características de cada ruta), una guardería por cada centro de reciclado, acceso al monotributo social, seguro de accidentes personales, uniforme e implementos de higiene y seguridad laboral, manteniéndose vigentes el resto de los puntos mencionados.
Sin embargo, hay dos elementos que no han sido cuestionados por las cooperativas y tampoco modificados: el salario y la relación contractual. En efecto, el convenio señala explícitamente que como contraprestación de los servicios realizados, el gobierno otorga a las cooperativas la disposición de los residuos permitiendo “gozar de su correspondiente beneficio económico” (Art. 6°). Dicho en otros términos, se mantiene el salario a destajo que hasta ahora rige en la actividad: la venta por kilo de material recuperable. Además, deja claramente establecida la imposibilidad de conformar una relación de dependencia o locación de servicios con el Gobierno (Art. 32°). Por último, tampoco ha sido modificado una de las obligaciones de las cooperativas que atenta directamente contra los cartoneros independientes: diseñar un plan cuyo objetivo sea “controlar los contenedores ubicados en la vía pública, para que los residuos colocados en los mismos no sean retirados o manipulados por terceras personas o recuperadores no registrados como personal de la Contratista” (Anexo II, punto 9). Si bien la basura colocada en esos contenedores no es abundante, dado que la mayor cantidad se obtiene de los comercios o de la calle, es probable que la puesta en marcha de esta medida genere conflictos entre cartoneros asociados e independientes.
De este modo, el nuevo convenio no hace más que generalizar una situación de miseria y explotación para los cartoneros: no sólo deberán recolectar la basura “seca” sino que además, tendrán que garantizar su venta para poder obtener un ingreso a cambio.(7)A pesar de haber conquistado algunos beneficios, los cartoneros de las cooperativas deberán realizar una actividad que requiere mucho trabajo por unas pocas migajas. Para peor, es probable que haya conflictos entre ellos mismos por la basura.

Un convenio colectivo para los cartoneros

No es llamativo que en un contexto de debilidad política, con pedido de juicio debido a las escuchas ilegales, el PRO deba realizar concesiones y, específicamente sobre los cartoneros, dar marcha atrás sobre su viejo intento de erradicarlos. Los beneficios logrados por las cooperativas deben entenderse en este contexto. Sin embargo, deberían ir más allá en sus demandas. Es lamentable que frente a la posibilidad de intervenir en la discusión de los pliegos del nuevo contrato, los representantes de los cartoneros no hayan propuesto un debate por un salario por tiempo, una jornada laboral, asignación familiar, vacaciones pagas, licencias por enfermedad, jubilación, obra social, todo regulado por un convenio colectivo firmado entre los recuperadores y el Estado. Es decir, todo aquello de lo que carecen los trabajadores cartoneros. En su lugar, las cooperativas aceptaron un convenio con una serie de cláusulas que les impide regular la situación laboral de los cartoneros en tanto obreros ocupados. Incluso, a sabiendas de que la misma tarea que van a desarrollar los recuperadores se encuentra regulada en otros convenios, como por ejemplo, la de los recolectores oficiales de residuos (encuadrados en el gremio de los camioneros). O bien, los clasificadores de papel y cartón reutilizable (los llamados “recorteros de papel”), quienes dependen de las empresas papeleras y realizan la misma tarea que se lleva a cabo en los centros de reciclado gestionados por cooperativas.
El problema del cooperativismo es el ninguneo del carácter obrero de los cartoneros. Detrás de la errónea concepción de “excluido” se encuentra un trabajador que es ocupado, que trabaja en condiciones intensivas por un salario escaso y a destajo. Los cartoneros debieran tomar nota de la lucha de otras fracciones de la clase obrera ocupada por la mejora de sus condiciones laborales, como la de los trabajadores de Kraft, del subte o, por qué no, la de los obreros del ajo en Mendoza, aquellos que formaron un sindicato para reclamarle a la patronal, luego de haber pasado por la experiencia asociativa.(8)

NOTAS:

(1) Véase los pliegos del contrato para la recolección de residuos secos en: www.residuosurbanos.org.
(2) Clarín, 28/07/2010.
(3) La Nación, 27/08/2002.
(4) Clarín, 22/02/2008.
(5) Página/12, 14/04/2010.
(6) Ídem, 17/07/2010.
(7) Para un análisis del proceso y condiciones de trabajo de los cartoneros asociados en cooperativas, véase Villanova, Nicolás: “Hongos kirchneristas”, en El Aromo, n° 44, 2008.
(8) Véase, Egan, Julia: “Por las tierras de Cleto. Cooperativas y trabajo en negro en las cooperativas ajeras de Mendoza”, en El Aromo, n° 55, julio-agosto de 2010.

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